Villa Romana de Salar (Granada), siglo I d. C.

Castillo de Hernán Pérez del Pulgar (Ciudad Real, 1451-Granada, 1531). Hernán el de las hazañas, que tomó la alquería fortificada de Salar en 1486 con solo 80 hombres.

 

Miguel Bueno Jiménez, «Piedra»

Caña de azúcar (Saccharum officinarum) y drago (Dracaena draco) en la villa romana del siglo I d. C.:

No significa que en la vega de Salar se cultivase caña de azúcar y dragos en el siglo I. El clima, al igual que en la actualidad, no lo permite por las bajas temperaturas de la zona. Aunque en época romana Andalucía disfrutase de un clima un poco más cálido que el actual, después vendría la pequeña Edad de Hielo sobre el año 1.000 de la Edad Media.

Lo mismo que no existían delfines ni leopardos ni ninguno de los peces que aparecen representados en los mosaicos, tampoco se cultivaban, ni en la vecina costa malagueña, los cultivos subtropicales que hoy son normales.

Los mosaicos lo montaban talleres especializados llegados de la misma Roma. Los grandes terratenientes traían los operarios de la metrópolis. El contacto con Roma, podemos decir que era casi diario, el garum de las factorías de la costa malagueña se vendía en los mercados romanos y seguro que también el aceite de Salar. Era muy apreciado el garum de chanquetes (Apia minuta) fabricado en la factoría de Malaka a la misma orilla de la bahía.

Hoy, se pueden ver las piletas en el patio del antiguo edificio de Correos, actual rectorado de la Universidad de Málaga, en el paseo del Parque.

Se han descubierto factorías romanas del siglo I a. C.: para obtener la púrpura de los cornetos, búsanos o cañaíllas (Murex sp.) en Canarias. De cada caracol solo se puede sacar una gota del apreciado colorante, por eso el gran valor y el que solo pudiese ser usado por los emperadores para colorear sus capas.

Se ha comprobado que la factoría canaria fue montada por romanos gaditanos, las ánforas de garum tienen sellos de Gades, la actual Cádiz.

La caña de azúcar, aunque no se cultivase en la costa malagueña, sí sería conocida por los romanos en sus contactos con Asia. Se da por cierto que los árabes propagaron su cultivo en el mediterráneo hasta la costa granadina y malagueña.

Debemos indicar que los especialistas romanos tenían modelos sacados directamente del original. Los detalles de leopardos, los distintos tipo de peces (se puede saber la especie de cada uno por el detalle de sus teselas), el drago y las cañas son verdaderos retratos. No ocurre lo mismo con los grandes pintores holandeses del siglo XVI, como Rubens, que pintan muchas veces los leones de oído, sin tener cerca una copia del modelo original.

La villa romana se encuentra en los aledaños de Salar, población cercana a Loja (Granada), en la vega del río de Salar, enterrada bajo varios metros de arcilla de las avenidas del río a lo largo de cerca de 2000 años, de inundaciones, y rodeada de modernos cultivos de espárragos y los clásicos olivares que cubren la mayoría de las tierras vecinas.

Destaca el gran diámetro de sus columnas, como si ya los romanos construyesen con normativas asísmicas en una zona de gran actividad sísmica como es el oriente granadino por la vecina falla de Alhama.

Actualmente, solo hay excavada una parte de la villa, pero es merecedora de una visita por la belleza y originalidad de sus mosaicos.

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Este artículo fue publicado en el espacio personal de Piedra

 

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