Un oficio de larga tradición en Jerez: la espartería de los Hnos. Becerra

Manuel Becerra durante el encuentro con La Andalucía [Foto: Sebastián Chilla]

 

Emilio Ciprés

El oficio de la espartería guarda especial relación con la identidad cultural de Andalucía. El tradicional aprovechamiento del esparto, o de la Stipa tenacissima, se debe a la gran resistencia de sus hojas y a que crece en climas duros, de veranos e inviernos extremos y de escasas lluvias. El área del esparto se extiende desde el centro de la península ibérica hasta el Magreb, pero, tradicionalmente, se ha entendido que su trabajo era más habitual en las provincias costeras del Mediterráneo y en ciertas regiones del interior con climas muy duros, como Huesca o Guadalajara. Podemos decir que en toda Andalucía el esparto encuentra las condiciones adecuadas para su cultivo, pero la zona donde es más abundante este tipo de artesanía es en el extremo suroriental peninsular, en Murcia y Almería, en lo que Estrabón llamó Campus Spartarius. Esta distribución geográfica del esparto explica que antaño tuviera mayor difusión el trabajo de la paja en la zona más occidental de España y en Portugal.

Su utilización se remonta al menos al Eneolítico, los hallazgos de este período: sandalias, cestos, cuerdas, etc., muestran la riqueza de esta fibra en ciertas zonas de la Península y que, por su naturaleza silvestre, fue usada desde muy temprana época para fines muy variados. Es muy probable que, en la Antigüedad, fueran los fenicios los primeros en aprovechar esta riqueza peninsular, pero, según Plinio, fueron los cartagineses los primeros en explotarla para, fundamentalmente, la navegación, ya que era un material muy valorado por su flexibilidad y resistencia para la fabricación del utillaje naval.

Los productos derivados del esparto son muchos, desde el uso agrícola hasta el cotidiano, pues con él se hacen felpudos, aventadores, jaulas, persianas, costales, capachos para el prensado de la uva y el aceite, arreos, etc. Durante época romana, el esparto siguió utilizándose con estos mismos objetivos, esto se mantuvo en época visigoda y en el período musulmán. Su abundancia silvestre y su capacidad para ser tejido, además de su flexibilidad, hicieron de él un material indispensable hasta, prácticamente, el siglo XX. La planta crecía silvestre en tierras de mucha miseria y, en el caso de Andalucía, de gran abundancia de jornaleros, que quedaban desocupados durante gran parte del año y por ello, se desarrolló desde antiguo una industria casera cuyas herramientas y materia prima estaban al alcance de cualquiera. El trabajo del esparto era una tarea a la que muchos dedicaron sus momentos de paro, aunque era un oficio poco valorado social y económicamente hablando. Aun así, hubo talleres dedicados al esparto que se especializaron en este oficio de una forma profesional, compartiendo la dedicación hacia esta artesanía con otros quehaceres cuando el tiempo lo requería. De hecho, a comienzos del siglo XIX, podíamos encontrar en algunas ciudades andaluzas como Almería el gremio de esparteros. A medida que el siglo fue avanzando, el tradicional sistema del esparto, enfocado hacia una economía local, derivó hacia un modelo más comercial que buscaba satisfacer la creciente demanda exterior, tanto de otras ciudades como hacia las Américas, a través de los puertos de Cádiz y de Málaga. Finalmente, este tipo de talleres profesionales conocieron su práctica desaparición alrededor de los años setenta, ya que, con el éxodo rural y el abandono casi total de los trabajos del campo, hubo un cambio radical en las costumbres de las personas y, por ello, buena parte de estos talleres conocieron su fin.

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La espartería de los Hnos. Becerra, en Jerez de la Frontera [Foto: Sebastián Chilla]

En Jerez se ha trabajado tradicionalmente la artesanía del esparto y, en general, de las fibras vegetales que podemos encontrar por el Marco, como la caña, la palma, el mimbre o la enea. Pero el esparto destaca por su importancia, que radica en que la mayoría de los objetos al uso para las casas o para el trabajo de la viña se realizaban usando este material. En este sentido, en Jerez se utilizó una gran cantidad de cestos, por ejemplo, para la recogida de la uva y para las faenas del campo. Este oficio se aprendía en las casas y, buscando conocer un poco más acerca de esta profesión, fuimos a ver a Manuel Becerra, maestro artesano del esparto de Jerez de la Frontera, que nos recibió mientras trabajaba en la entrada de su tradicional taller de la calle Porvera.

Nada más llegar, parece que damos un salto hacia atrás en el tiempo, a una época distinta y en un lugar en el que el suave pero peculiar olor del esparto embarga el ambiente, creando un espacio con una personalidad propia. Como hacían antiguamente, Manuel Becerra utiliza, para hacer una persiana, tiras de esparto que, posteriormente, cose a mano. Cada tira va cosida una a la otra con paciencia y dedicación, buscando la mejor combinación, porque cada trabajo debe adaptarse, según él, a las necesidades de cada cliente.


¿Es difícil realizar una persiana?
Requiere de mucho tiempo y de mucho esmero porque cada tira es diferente, las hay que son más anchas, otras son más estrechas y debes seleccionarlas con cuidado para no estropear tu trabajo.

¿Se vende mucho esparto?
El esparto se vende ahora para las bodegas, también para particulares y también se lo llevan a otros países. Por ejemplo, la semana pasada mandamos un par de persianas a Francia.

¿Ahora está vendiendo más?
Sí. Ahora, como están de moda los tabancos, estamos vendiendo más a los bares, que se llevan más para decorar, buscan muchos objetos de esparto para su decoración. Antes, por ejemplo, se envolvían las damajuanas con esparto y ese tipo de cosas están volviendo poco a poco.

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Manuel Becerra trabajando en el interior de la espartería [Foto: Sebastián Chilla]

¿Cuántas generaciones lleváis trabajando el esparto?
Esta tienda está abierta desde el año 23. La historia es que mi padre estaba trabajando en una antigua espartería de la calle Lancería y los sábados y los domingos venía a esta espartería. Cuando ya el dueño se jubiló, mi padre se hizo cargo de esta tienda en el año 43, poco antes de casarse.

¿Se alterna este oficio con otras cosas?
Siempre se trabajaba el esparto, pero mi padre ya empezó a introducir otras cosas como las persianas. Porque el esparto tiene su fecha y, después, ¿qué haces? Antiguamente se iba a las bodegas y las botas se forraban de esparto para mandarlas fuera, pero hoy todo se hace en camión. Antes había muchos encargos para las viñas, pero ya no hay tanto trabajo en el campo.

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Manuel elabora una persiana de esparto mientras habla con La Andalucía [Foto: Sebastián Chilla]

¿Y esto estuvo a punto de perderse?
Esto nunca se ha perdido, pero sí es cierto que ahora, con el tema de la decoración, está volviendo. Pero, vamos, estas cosas artesanas, si las cobras por horas, no sale a cuenta. Estos trabajos son muy incomprendidos por la dedicación que tienen.

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Detalle de una silla de enea [Foto: Sebastián Chilla]

Pasamos al interior de su taller y allí nos muestra los trabajo que hace con las sillas de enea y de rejilla, oficio que aprendió también de su padre. «Con la de horas que tiene esto», nos dice. «¿A cuánto lo cobras? Le digas lo que le digas al cliente, siempre le va a parecer mucho. Estas sillas, las arreglas y merece la pena porque duran mucho tiempo, pero otras modernas no merece la pena, porque cada tira de la silla va puesta una por una».

¿Queda mucha gente en la ciudad dedicada al esparto?
Aquí en Jerez, esta es la única espartería que queda, pero me refiero a una que haga las cosas. Aquí, si tú me pides un cerón para la moto, yo lo hago.

¿Es Semana Santa una época fuerte?
Sí, porque hacemos los cinturones de cuerda para los nazarenos, los hacemos a mano con un enganche de cuero y cada cuerda va cosida a mano. También puedo hacerlo sin cuero, pero ahí ya depende de lo que el cliente quiera gastar.

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Detalle del trabajo de Manuel Becerra Becerra durante la entrevista [Foto: Sebastián Chilla]

¿Existe alguna escuela de oficios para aprender a trabajar el esparto?
No, no hay nada, pero a mí me gustaría, en el día de mañana, poder dar clase. Cuando me vaya a jubilar sí me gustaría enseñar este oficio.

¿Hay gente interesada?
Sí, claro, es algo bueno de conocer. Lo que sí digo es que son cosas que uno debe conocerlas desde chico, porque son muchos años de práctica, siempre tienes que ir aprendiendo cosas nuevas. Siempre tienes que diseñar cosas nuevas, probar a hacer cosas nuevas, no puedes decir «ya lo tengo todo aprendido».

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Becerra durante la entrevista [Foto: Sebastián Chilla]

¿Qué hace falta para dedicarse a este oficio?
Pues tener mucha paciencia, esto no puedes hacerlo con prisas, es un oficio de mucho tiempo y las prisas no son buenas para este trabajo.

¿El trabajo del esparto ha ido ganando fama?
Sí, yo pienso que está volviendo, porque hubo hace cuatro o cinco años un parón, pero ahora está volviendo más. Pasa un poco como con los tabancos, en Jerez hace 7 u 8 años quedaban dos o tres, pero ahora todo está lleno de tabancos, aunque sí es cierto que los tabancos también han cambiado mucho.

 

¿Y el esparto ha cambiado?
No, pero se han adaptado a lo que hay ahora. Nuestro taller lleva así de toda la vida de Dios, le cambiamos el suelo y lo adaptamos un poco, pero en esencia sigue siendo igual y la forma de trabajar tampoco ha variado.

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Interior de la espartería [Foto: Sebastián Chilla]


¿Cuál es el producto más popular que venden en su taller?
La persiana es lo que más gusta, también las lámparas para los bares y las cabezas de toro de esparto les encantan a los extranjeros, curiosamente. Pero lo que más hago son las persianas.

¿Cuánto trabajo tiene una persiana de esparto?
Muchísimo, realmente no puedo cobrarlo pensando en las horas. El único problema que le veo a este oficio es que tú tienes que cobrar pensando en el mercado, para no perderle dinero, no pensando en las horas que le estás dedicando. En el fondo, es una cuestión de mentalidad, porque la gente paga mucho por una persiana moderna, pero no piensan en la dedicación que tienen estos trabajos artesanos y se quejan por cualquier precio que le des. Igualmente, yo lo tengo claro, me quedan siete años para jubilarme y no voy a discutir más con nadie.

¿Cuántos artesanos del esparto hay hoy en día en Andalucía?

Que trabajen artesanalmente, no hay muchos; porque hay unos tres en Sevilla, pero también los hay en Córdoba, en Granada hay otro y en Almería. El tema es que ahora traen mucho esparto de Marruecos, que tú no lo diferencias, pero vale la mitad porque la mano de obra es muy barata, aunque claro, lo bonito es que tú hagas las cosas, que conozcas el trabajo, y poder hacer lo que te piden. Yo, por ejemplo, me pongo en la entrada del taller y eso es un buen reclamo, es bueno que te vean haciendo las cosas.

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Manuel Becerra con fotos antiguas de la espartería familiar [Foto: Sebastián Chilla]

Antaño, los esparteros tejían el esparto para confeccionar los objetos necesarios para el trabajo del campo y para el hogar, pero hoy en día, podemos ver en el tradicional taller de la familia Becerra cómo se combina esta tradición ligada a nuestra identidad con la experimentación y la adaptación hacia los nuevos tiempos, con una nueva gama de productos dedicada a satisfacer la necesidad estética de adorno tanto del turista como del cliente local.

 

Bibliografía

-VV. AA. (2005). Artesanías de Jerez. Asociación para el Desarrollo Rural de la Campiña de Jerez.

-Alarcón Ros, M. I. (1997). Un canto al esparto. En Exposición Artesanía local del esparto. Casa de Cultura, Ayuntamiento de San Miguel de Salinas.

-Castellote Herrero, E. (1980). La elaboración artesana del esparto en la provincia de Guadalajara. En Wad-Al-Hayara, Revista de Estudios de Guadalajara. 141-166.

-López de Aberasturi Arregui, J. I. (1998). La manufactura del esparto en Andalucía: dos mozarabismos léxicos. En Revista de Humanidades y ciencias sociales, IEA. 16, 203-216.

 

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