Gonzalo de Cos: «Trato de colorear con melodías los claroscuros»

 

Daniel Vila

 

El pasado sábado 17 de febrero, Gonzalo de Cos presentaba en Madrid su último trabajo, Los Clásicos, en la sala LiberArte, en pleno corazón de Lavapiés. Fue un concierto sincero que encandiló a un público entregado. Se vio a un De Cos enérgico y con ganas de seducir al respetable. El músico jerezano luce confiado. Sabe que posee un repertorio contundente y que el viento sopla a su favor. La gira empezó en Valencia a finales de enero y, por ahora, se alargará hasta fin de año. Quedamos al día siguiente para conversar tranquilamente alrededor de un café en las proximidades de la estación de Atocha.

 

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Portada de Ezequiel Barranco para el single Los Clásicos, de Gonzalo de Cos

 

Acabas de arrancar la gira de presentación de Los Clásicos. ¿Cuáles son tus primeras impresiones? ¿Cómo reacciona el público?

Estoy muy orgulloso de lo que he creado con este disco. Hay muy buenas impresiones, el equipo humano es insuperable y las ganas no se ven afectadas por problemas que hayan surgido. Siempre que haces kilómetros de carretera para presentar un nuevo trabajo, tienes opciones de tener muy buena recepción del público o encontrarte algo desolados los conciertos. Son la cara y cruz, la apuesta que tenemos que hacer para tener la opción de tocar para mucha gente fuera de casa y tener una gran noche. Lo que sí es cierto es que siempre te traes a casa experiencias y aprendizajes y esas ganas de salir a tocar nunca desfallecen.

Háblanos de Los Clásicos. ¿Cómo fue el proceso de creación?

Ha sido un trabajo cocinado a fuego muy lento. Hemos preproducido cada uno de los cortes semanas antes de la grabación de éstos, dándole vueltas de tuerca a los temas hasta intentar sacarles el máximo partido; creo que lo hemos conseguido. Después de esto, llegábamos todos, en los días de grabación, y nos poníamos manos a la obra, vistiendo cada uno de los cuerpos que habíamos creado en preproducción.

 

¿Con qué equipo técnico contaste?

Este trabajo no habría sido posible sin la ayuda a los mandos de Juan Antonio Mateos y de Julio Cable, así como de la banda que me ha acompañado en la grabación: Juanjo Ruiz, Álvaro Marabot, Juan Antonio de Rus y Ernie McGomma. Todos hemos dejado algo de nosotros mismos en este disco y creo que se ve reflejado bastante bien tanto en las tripas del disco como en el físico, que también es una obra de arte a manos de Ezequiel Barranco.

 

¿Qué sonido buscabas?

Salía de las sombras del rock alternativo cercano a los 90, con influencias de Los Piratas en su mayor parte, y buscaba volver al arraigo de lo que siempre he bebido, el pop rock. Gracias a la producción, al instinto o a algo energético, hemos incluido unos tintes de folk americano muy interesantes, muy presentes en los conciertos acústicos.

 

¿Alternarás conciertos acústicos con otros con banda?

La vida del cantautor con banda es una vida complicada. Por desgracia, las condiciones que tenemos los que vamos de un sitio a otro son muy precarias. Puedo permitirme ir con banda a los conciertos en los que saco algo de beneficio económico, puesto que en la mayoría cubro gastos más que nada. A pesar de esto, creo que hay gente muy preparada y predispuesta a escuchar conciertos acústicos, el desnudo del acústico es algo interesante. Tienes que conquistar tú, sí o sí, al espectador, no hay más vueltas de hoja, ni maquillajes, el cantautor versus el espectador.

A principio de febrero, estrenabas el primer corte, «Nina». ¿Por qué la elegiste para lanzar el disco?

A mi parecer, todos los cortes del disco son temas con peso e importancia. No obstante, «Nina», aparte de todo eso, era una canción muy sentimental. Me abrí en canal para escribirla y cantarla. Es una canción con gloria y barro, respaldada por una música potente y pegadiza. Son los ingredientes idóneos para un single.

«Nina» tiene frases muy poderosas y un envoltorio musical muy potente. ¿Recuerdas algo de su creación?

Julio Cable, uno de los productores, llegó con la preproducción en la cabeza de «Nina» completamente clara. Estuvimos dándole algunas vueltas, cambiando temas estructurales e incluimos las frases con slide. Era muy común en la grabación del resto de temas tener ciertos debates entre todos sobre qué incluir y qué excluir. Con «Nina» fue mucho más sencillo. Ese riff es magia pura.

¿Qué esperas del álbum? ¿Piensas que con Los Clásicos has encontrado tu sonido?

No me gusta establecerme en un sonido. Soy una persona perfeccionista y que le gusta estar siempre en continuo aprendizaje. Lo que sí que tengo claro es que ha sido un paso de gigante hacia adelante en mi trayectoria musical. Sigo haciendo canciones y creo que siguen el mismo patrón de Los Clásicos, pero no es algo que me plantee como fijo. Las canciones surgen según el momento y eso no podemos controlarlo.

 

 

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Gonzalo de Cos en LiberArte. Fotografía de Jorge Naranjo.

 

En Los Clásicos, De Cos suena más que nunca dueño de su arte, un estilo en sí mismo. Un álbum sólido emparentado estilísticamente con clásicos de la talla de Harvest de Neil Young, Car wheels on gravel road de Lucinda Williams o Me mata si me necesitas de Quique González. Pareciera que el traje de cantautor y el de dandy crooner le permitiese al guitarrista rock expresarse en una paleta generosa de colores al servicio de su propio mensaje: aprovecha el tiempo y sé consecuente en tu vida. Estamos ante un álbum sobre el desencanto, la pérdida de valores, el brillo de la ausencia y la deslealtad. El autor explora en las fosas abisales de la incomunicación. A vueltas de todo, sobreviviendo a millones de resaca, vivo y bien vestido, De Cos indaga en las consecuencias de sus actos. En este elepé podemos disfrutar de un sonido heterogéneo que oscila entre el country de Johnny Cash y las guitarras ecualizadas de Tom Petty & The Heartbreakers, sobresalen unos textos luminosos trabajados con el rigor del buen artesano que se ha sumergido en los mares del mejor rock de autor en castellano. Desde la temática amorosa del amor después del amor hasta explorar en las fosas abisales de la incomunicación. De la nube negra a la literatura egográfica.

 

Gonzalo, ¿de dónde salen las canciones?

En mi caso, las canciones nacen de un corazón herido pero se desarrollan luego en la cabeza. Es un proceso de maduración. Hay momentos para hacerlo y momentos para esperar mirando el folio en blanco sin que surja nada. El arte, a veces, también es tiempo de contemplación esperando la composición.

 

¿Vienen antes las letras o las músicas?

Hay veces que vienen una primero y otra más tarde. Otras, en cambio, vienen ambas juntas y se convierten en un hilo del que tirar. Para seguir con el símil textil, tengo que decir que en muchas ocasiones hay que descoser lo cosido y empezar de nuevo.

 

¿Eres muy persistente o te das tiempo para airearte y recapitular? ¿Peleas a la contra o esperas a la canción?

Hay días y días. Algunos te despiertas y te quieres comer el mundo. Otros, cuesta levantarse de la cama. Es el barro y la gloria de la que habla Quique González siempre. Yo tengo mucho de barro en las canciones pero trato de colorear con melodías los claroscuros.

¿Qué desordena tu taller?

Mi taller tienen que derruirlo para ponerme a escribir sobre él. Bebo de experiencias propias. Por tanto, resulta complicado ser un río de composiciones. Un tema inevitablemente presente es el desamor. Me cuesta escribir sobre el amor feliz, el de pareja. Prefiero debatir sobre la ausencia o la pérdida.

 

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Portada de Ezequiel Navarro para el single Nina, de Gonzalo de Cos

 

¿Cómo fue el concierto en LiberArte? Tuviste un público caliente. ¿Ayuda o intimida? Tengo entendido que vuelves en abril. ¿Sientes que vas ganando terreno y aliados?

El concierto en LiberArte creo que ha sido la mecha de mis futuras citas con Madrid. Fue una noche de comunión entre el público y yo, creo que he ganado aliados para próximas noches. La siguiente cita será en la Wharf73 el 7 de abril y ya estoy calentando motores y preparando esa noche. Madrid ardió el sábado 17 de febrero, pero prometo que en abril habrá más.

 

¿Amenazas con convertirte en clásico?

Soy un amante de lo ajeno. Me devora la mente pensar en el siguiente trabajo. De hecho, ya estoy desarrollando ideas. Aún no me planteo el dónde o cuándo generar este nuevo material; lo que sí tengo claro es que quiero que sea una nueva experiencia a recordar. Y, claro está, espero que recele el cuidado, que sea un clásico más.

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