Revolución del pan y el queso: Iznájar, Córdoba

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Por Miguel Bueno Jiménez. «Piedra»

Fotografías de Miguel Bueno Jiménez

Iznájar, un pueblo de 4.714 habitantes en el corazón de Andalucía, haciendo de límite entre las provincias de Córdoba, Málaga y Granada, está rodeado de dos mares: un mar de olivares y un mar de agua dulce.

El mar de olivos se ve interminable desde cualquier ruta por la que se acceda al pueblo, y el pantano que lleva su nombre, el mayor de Andalucía, recoge las aguas de Sierra Nevada a través del río Genil, y casi aíslan al pueblo en una península.

Iznájar, del árabe Hisn-Ashar, significa «castillo alegre» y entre los años 1010 y 1025, fue capitalidad de reino taifa de Habus ben Maksan, hasta que en 1025 trasladó la capital a Granada.

Además de la belleza del enclave, su casco, limpio como una patena, su castillo y su gran iglesia, nos ha llamado la atención el azulejo recordando la revolución republicana de 1861, conocida como la Revolución del pan y el queso, que levantó a los campesinos contra Isabel II.

El bando de Rafael Pérez del Álamo no tiene desperdicio:

«CIUDADANOS:

Todo el que sienta el sagrado amor a la libertad de su patria, empuñe un arma y únase a sus compañeros: el que no lo hiciese será un cobarde o un mal español.

Tened presente que nuestra misión es defender los derechos del hombre, tales como los preconiza la prensa democrática, respetando la propiedad, el hogar doméstico y todas las opiniones».

Rafael Perez del Álamo, breve apunte sobre la Revolución del pan y el queso

El 28 de junio del 1861, al grito de «Viva la República y muera la reina», 600 hombres al mando de Rafael Pérez del Álamo (Loja, 1829 – Arcos de la Frontera, 1911), tomaron el cuartel de la Guardia Civil de Iznájar (Córdoba) y su ayuntamiento.

Al día siguiente, 29 de junio, entran en Loja. Feudo del cacique de Isabel II, el general Narváez. La rebelión se extiende por Archidona, Íllora, Huétor Tájar y Alhama de Granada.

El día 3 de julio, las fuerzas gubernamentales del capitán general de Granada, Serrano del Castillo, se dirigen hacia Loja y ante el temor a los desastres de la guerra, la población pide a Pérez del Álamo que abandone el pueblo, retirándose este con sus 6.000 hombres hacia Alhama.

Rafael Pérez del Álamo, de profesión albeitar (herrador y senador de bestias), se comporta como un verdadero estratega y saca a todos sus hombres de Loja sin ninguna baja. Desde Alhama intenta llegar a Granada, pero sus fuerzas son derrotadas en la pedanía de Las Pilas, cerca de Zafarraya (Granada).

Al finalizar la revolución, son fusilados 116 hombres y deportados otros 400. Pérez del Álamo consigue huir y se refugia en Madrid. Al año siguiente, Isabel II, en un viaje por Andalucía, decreta la amnistía de todos los sublevados, incluido su cabecilla Rafael Pérez.

Aunque la revolución de Loja fue una rebelión popular, con honda admiración en toda España por su disciplina y respeto hacia la vida y las propiedades, desde un principio se intenta tergiversar sus fines.

Ya el periodista y escritor sevillano Joaquín Guichot en su Historia general de Andalucía de 1868 duda de las ideas y motivos de la revuelta, y actualmente el silencio es tal que ni siquiera se recoge en La gran enciclopedia de Andalucía publicada a inicios de la autonomía.

El propio Pérez de Álamo en Apuntes sobre dos revoluciones andaluzas sale al paso de lo escrito por Joaquín Guichot:

«Pero voy a contestar una a una todas las preguntas del Sr. Guichot: ¿Qué bandera enarboló aquel jefe? La de la Democracia. ¿De qué naturaleza fueron sus aspiraciones? De naturaleza republicana. ¿De dónde partía y a dónde se dirigía? Partía de una monarquía hipostática e iba a una república humana. ¿Contra quién se levantó en armas? Contra la monarquía y la dinastía. ¿Qué es lo que quería derribar y qué tenía preparado para el día en que el éxito coronase sus esfuerzos? La primera parte de esta pregunta está ya contestada, y la segunda parte puede ser contestada diciendo: Muchos de los que me rechazaron cuando me vieron vencido, habrían acudido presurosos en mi auxilio para preparar aquello que habíamos de sustituir lo derribado».

Pérez del Álamo

El nombre de «Revolución del pan y el queso» le vino dado por ser el avituallamiento que recibieron sus hombres por los vecinos de Iznájar. La principal reivindicación fue el reparto de la tierra, al no llegar ninguno de los beneficios de la Desamortización de Mendizábal a los jornaleros andaluces.

 

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Este artículo fue publicado originalmente en la página de Miguel Bueno Jiménez. «Piedra».

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