Razón de los villancicos andaluces

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Manuel Ríos Ruiz
Archivo de Triste y Azul

 

Hace más de cuatro décadas felicité a un buen número de personas con el siguiente villancico-ocurrencia: «Un hombre casto. /La mujer pura. /El niño santo. /El buey. La mula». José María Pemán lo denominó como el «villancico mínimo». Lo recuerdo hoy que es el día y la noche de los más fervorosos villancicos, especialmente de los villancicos andaluces, porque tienen unas características especiales que han sido estudiadas por el folklorista Miguel Romero Esteo, poniendo de relieve la legitimidad regional de los más antiguos: La Virgen lleva una rosa en su divina pechera, Campana sobre campana, Madre en la puerta hay un niño más hermoso que el sol bello, Ay, del chiquirritín, La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va, Hacia Belén va una burra, rin, rin… Y sobre sus orígenes, teoriza:

«En cuanto al concretísimo origen de los villancicos, unos tuvieron origen en una rondalla de mozos, otros en un convento de las monjas de clausura, otros en el sacristán organista o el cura de un pueblo.

Y desde luego, en el talento compositor y sensibilidad musical —culta o inculta— de una singular persona concreta con su propio nombre y apellidos, por más que el villancico inventado resultara finalmente de autoría anónima en todo caso, y un sector poblacional inicial lo asumiera colectivamente como propio y comunitario. O en otras palabras, en el acervo de antiguos villancicos hay villancicos de origen conventual, y otros de origen pastoril o serrano, y otros de origen aldeano, y otros de origen parroquial en pequeña ciudad agrícola, y otros de origen mozuelo, y otros de origen casero».

En Jerez, los antiquísimos villancicos andaluces, que posiblemente datan de la Edad Media, debido a la renovación franciscana del cristianismo popular, se han aflamencado, partiendo principalmente de los gitanos del barrio de Santiago y popularizados por el cantaor Rafael Ramos Antúnez, al que bautizaron en Sevilla con el nombre artístico de «el Niño Gloria» debido a su versión por bulerías del villancico Gloria al recién nacido, que además de interpretarlo en los cafés cantantes, lo grabó en disco.

Este aflamencamiento de los tradicionales villancicos andaluces lo han continuado otras voces flamencas, tanto jerezanas como de otras localidades, y sobre todo, se ha acentuado a partir de la serie discográfica «Así canta nuestra tierra en Navidad», iniciada hace un cuarto de siglo por el Coro de Villancicos de la Cátedra de Flamencología, dirigida musicalmente por el guitarrista Parrilla de Jerez y producida por Cinterco, con el patrocino de la Caja de Ahorros. Lo cual dio lugar a la revitalización de las clásicas zambombas. Toda una efeméride.

Este artículo pertenece al archivo de Triste y Azul.

La Andalucía recupera el archivo de Triste y Azul: Flamencos Cabales en la Red.

Desde La Andalucía, vamos a rescatar las crónicas, los trabajos de investigación y el archivo completo de Triste y Azul: Flamencos cabales en la red, uno de los primeros espacios de Internet dedicado exclusivamente al flamenco.

Triste y Azul fue fundado por Manolo Chilla desde Buenos Aires, tierra que acogió a este jerezano forzado a emigrar en 1953. «Lolo» encontró en el flamenco una vía de comunicación con su tierra, Andalucía, desarrollándose como crítico e investigador flamenco. Rescatamos el archivo de Triste y Azul, perdido en la red durante estos últimos años, en homenaje a Manuel Chilla González, fallecido en Buenos Aires en septiembre de 2015, y a todos los que lo hicieron posible, sus colaboradores y sus técnicos.

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