Quien paga, manda

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Sebastián Chilla

Que no te engañen. Cuando se habla de democracia, se omite a conciencia el adjetivo burguesa, al que habitualmente nos referimos los anticapitalistas para definir el sistema occidental de referencia en la actualidad. Mientras el poder económico prevalezca sobre el poder político, la democracia es una falacia del capital. Un caballo de Troya que se utiliza para imponer las reglas del mercado: quien paga, manda.

De esa forma se explican muchas de las incoherencias de nuestro mundo moderno. La libertad de prensa entre ellas. ¿Qué garantiza que una información sea veraz u obedezca a razones que vayan más allá de la comercialización de un producto, si su supervivencia depende directamente de su capacidad de venta? ¿Cómo puede mantenerse un medio de comunicación sin depender de las necesidades de los gobiernos de turno (y oposiciones, siempre que representen al capital) y/o de los intereses de las grandes corporaciones y lobbies del mercado? De ninguna forma. Porque, en menor o mayor medida, silencian o callan lo que luego pueda pasarles factura. Como dice el refrán: no muerdas la mano que te da de comer. Ladra… si quieres. Pero no muerdas.

Estas cuestiones me recuerdan a la charla que dio la brasileña Liz Feré este pasado mes de mayo en la Asociación de la Prensa de Cádiz. Esta periodista de Globo TV Paris y doctora y profesora de ciencias de la información en la Universidad Paris VIII habló de su experiencia como especialista en el mundo de la información. «En Brasil no hay una prensa que refleje lo que está sucediendo», recuerdo que llegó a entrever durante su intervención. La complicada situación que vive el país sudamericano es en los medios de comunicación de este país un arma de doble filo: el nuevo gobierno brasileño busca revertir la situación de progreso social y económico que estaba viviendo Brasil. Y para ello, utiliza como crítica un mal de muchos (y consuelo del campeón Temer): la corrupción. Ver para creer. Contando su experiencia, Liz Feré llegó a desear tener en Brasil los medios de comunicación que tenemos nosotros. Y no debe extrañarnos. Pero son, al fin y al cabo, grados de independencia (o dependencia) que se rigen bajo el mismo patrón y que se miden según lo que está en juego. Quien tiene… ya sabemos qué intereses va a defender.

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Liz Feré con Juan Manuel López Muñoz [Foto: Sebastián Chilla]

En Andalucía también lo vivimos (o sufrimos). La mayoría de los medios locales, provinciales y autonómicos viven a sueldo del político de turno y/o de los intereses que se mueven en el lugar. De esa forma se explica que, por ejemplo, las notas de prensa emitidas tanto por lobbies empresariales como administraciones públicas no tengan ningún tipo de revisión por parte de los medios que las publican. En ocasiones no solo no son revisables sino que la suscriben de arriba a abajo. El periodismo de investigación no existe en una tierra que también ha sido asolada por casos de corrupción, negligencias y sobre todo promesas vacuas. Lejos quedan las “editoriales” en la que la dirección de un medio periodístico pone los puntos sobre las íes y ejerce como verdadero fiscalizador frente a la opinión pública, sea de la línea ideológica que fuera. Hoy la pluralidad está bajo mínimos porque los medios funcionan como sucursales o franquicias de grandes corporaciones y gobiernos incorregibles. Frente a ello, un nuevo tipo de medio de comunicación lleva años intentando arrancar. La prensa digital ayuda. Pero, ¿hasta qué punto se puede competir contra los panfletos que el capital y el establishment reparte en nuestras calles y en nuestros bares, en ocasiones hasta de forma gratuita?

 

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