Noticias históricas sobre el faro de Chipiona

Jesús Caballero Ragel

 

Probablemente el faro de Chipiona existió antes de que hubiese población alguna en el lugar. Según nos apunta Estrabón, la Turris Caepionis fue construida por el cónsul Quinto Servilio Cepión en el 140 a.C., en plena República romana, aunque no es descartable que ya existiese un faro en épocas anteriores. Es probable que el antiguo faro se situase donde está hoy el Convento de Regla, alertando a los barcos que venían del Estrecho del peligro rocoso que representaba el enclave rocoso de Salmedina, y a su vez, del complejo acceso al río Betis (Guadalquivir) debido a las formaciones rocosas que rodean la costa. El nombre del faro sirvió para nombrar a la población que existió en las cercanías del faro: Caepionis, posteriormente Chipiona.

De hecho, sabemos por fuentes históricas que un faro anterior al actual se situaba en la torre del primitivo templo de Regla, quizá por este doble motivo de ser centro religioso y alumbrar a los marineros, lugar donde estuvo el afamado Templo del Lucero de las fuentes clásicas. Según otros historiadores dicho faro no se situaba en la torre de esta iglesia, sino en la torre de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la O.

En 1862 se decidió hacer un nuevo faro, pero variando su localización. El nuevo sitio elegido, situado en la denominada Punta del perro, era un lugar más estratégico para orientar a los barcos que intentaban adentrarse en el Guadalquivir. Seguramente, ya en estas fechas se pudo señalizar convenientemente el entramado rocoso de Salmedina. Por ello, se rechazaron otras localizaciones como la propia roca de Salmedina o la Hacienda de Breva, esta última por estar alejada de la costa pese a ser el punto más alto del lugar.

El actual faro es obra del ingeniero de caminos, canales y puertos, Jaume Font Escolá. Proyectado en 1863, no se inauguró hasta 1867. Anteriormente se desechó otro proyecto del ingeniero Eduardo Saavedra de 1857. El badalonés Jaume Font, nacido en 1834 y fallecido prematuramente a los 46 años, se distinguió en otras importantes obras como la canalización del río Guadalquivir, la construcción del nuevo Puerto de Sevilla o trabajos en el ferrocarril de Sevilla a Huelva. Siendo Ingeniero jefe del distrito de Sevilla se le encomendó la realización de este nuevo faro de primer orden.

Jaume Font concibió el nuevo faro como si se tratase de una columna conmemorativa romana, al estilo de las de Trajano o Marco Aurelio. Sobre una base rectangular erige una columna cilíndrica de 62,6 metros de altura y 69 metros sobre el nivel del mar. Era sabedor de que construía el faro más alto de España, y aún hoy lo sigue siendo.

Concibió la cimentación con una base de fundición, primitiva utilización del hormigón armado. El faro se alza sobre una roca natural, a algo más de 6 metros sobre el nivel del mar. El capitel de la columna sostiene un balconaje y la primitiva linterna, que albergaba el aparato óptico de la por entonces afamada casa francesa de Henry Lepaute. Se remataba con uno de los primeros pararrayos colocados en España. El pedestal rectangular servía de vivienda a los tres torreros (fareros) y sus familias que se alternaban en la vigilancia del faro. La torre se erige de forma colosal sobre el paisaje marítimo.

El faro tardó 4 años en construirse por la dificultad en su construcción a base de muros cilíndricos, escalera con bóveda helicoidal de piedra, difícil adaptación de las piedras en curvas, etc. De hecho, el propio Font tuvo que crear en el propio lugar una clase de geometría elemental, descriptiva y de estereotomía para poder enseñar a los canteros lugareños a trabajar las curvadas sillerías de piedra arenisca y ostionera. Éstas fueron extraídas en canteras cercanas de Chipiona y Rota, así como de la Sierra Carbonera de Algeciras. También fueron empleadas losas de Tarifa, según nos relata el historiador, Manuel Jurado Domínguez.

Hubo que contratar 8 canteros especializados de Galicia para aligerar la construcción. Destacó como capataz auxiliar de la obra el Sr. Olivares, así como el inspector de obra, Lucio del Valle y el jefe de inspección, Carlos Cortés. El Sr. Merelo resolvió el problema final de la adaptación de la bóveda esférica a los muros cilíndricos. Entre todos ellos realizaron este monumento de clásica belleza e ingeniosa practicidad. No se puso en funcionamiento hasta 1867, cuando fue oficialmente inaugurado. El costo total de las obras, sin incluir el aparato óptico, fue de 469.323,937 escudos, según nos apunta el citado historiador, Manuel Jurado Domínguez.

Como anécdotas curiosas hay que citar que se apagó voluntariamente en 1898, cuando en plena Guerra en Cuba contra EEUU se temió una invasión de esta potencia americana. Algunos faros de la costa española, como el de Rota, fueron entonces demolidos por este motivo. También fue apagado durante la Guerra Civil por el temor del bando franquista a poder orientar a barcos del bando republicano.

El faro de Chipiona, el más alto de España, tercero de Europa y quinto del mundo, es un elogio a la laboriosidad de su diseñador. Hoy día sigue alertando del peligro de las costas como desde antiguo lo hiciera la Turris Caepionis, enseñoreándose en su soberbia altura sobre la hermosa playa de Regla.

Este artículo fue publicado originalmente en Diario de Jerez y Jerez en la Historia

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