Mariana Pineda y Federico García Lorca: Una mirada feminista desde el siglo XXI

 

Dibujo de Mariana Pineda, de Lorca

 

Trad. Prof. Elda Munch Comini*

*Facultad de Ciencias Médicas. Universidad Nacional de Rosario. Rosario, Provincia de Santa Fe, República Argentina. Email to: eldamunch@gmail.com

 

Nota Preliminar

El artículo que aquí presentamos está extraído del ensayo «Influencia y relevancia de la obra Mariana Pineda de FGL en la crítica literaria, la problemática de género y la traducción literaria español-inglés desde un enfoque histórico», de nuestra autoría, el cual obtuvo el segundo premio en el Concurso de Ensayo 80° Aniversario de la Visita de Federico García Lorca a la República Argentina y que fuera oportunamente publicado en el número especial del boletín semestral online Giralda, órgano del Instituto Iberoamericano de Estudios Andalusíes, entre las páginas 41 y 54. El instituto tiene sede en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, República Argentina.

 

  1. Introducción

Mariana Pineda es la primera pieza teatral escrita por FGL en 1923. Protagonizada por Margarita Xirgú y con los decorados de Salvador Dalí, se estrenó en el Teatro Goya de Barcelona en 1927. La obra tuvo un éxito rotundo en su estreno y en las cinco representaciones siguientes, previas al cierre de la temporada teatral de la compañía[1]. Posteriormente se la representó exitosamente en San Sebastián y el 12 de octubre de 1928, fue reestrenada en el Teatro Fuentealba de Madrid, donde se mantuvo diez días en cartel[2].

Considerada mediocre por la crítica especializada en comparación con el resto de la producción teatral de FGL, un estudio riguroso de su estructura interna y elaboración revela la gran riqueza de recursos literarios empleados y el trabajo quasi arqueológico llevado a cabo para desentrañar los hechos históricos y producir luego un giro poético: la Mariana lorquiana será la heroína legendaria, cuanto más que la de los registros históricos.

FGL perteneció al Romanticismo literario, que tuvo su correlato en las Artes Plásticas y en la Música y que en la Historia del Arte introdujo los conceptos de Libertad y Amor, leit-motiv de la existencia de la humanidad. Para los románticos, el ser humano luchó históricamente en pos de la libertad de toda opresión y el Amor era el valor moral que otorgaba verdadera dimensión humana.

Para Federico, el compromiso del artista no residía en la creación artística per se, sino en la íntima relación de esta con el contexto donde cobra existencia. Toda su producción mantiene estos principios: el arte es la vía para expresar con sensibilidad y belleza impar, los problemas más acuciantes de las minorías sociales de España en general y de Andalucía en particular; compromiso que alcanza las cumbres discursivas en sus Conferencias y en Poeta en Nueva York. El tratamiento que otorga a su Mariana Pineda es coherente con su concepción romántica, presenta a la heroína lírica que vivió y murió por Amor a la Libertad. Brinda dimensión poética a los hechos documentados que rodearon a este caso en Granada en 1831, bajo el absolutismo de Fernando VII. En la elaboración, los hechos reales son el medio para yuxtaponer personajes históricos y literarios, para mostrar determinadas facetas de personalidad de sus protagonistas, para producir los climas de opresión y represión reinantes en la época, así como para imprimir al lenguaje coloquial toda la poesía, brillo y esplendor que el lenguaje coloquial tiende a sustraer[3].

Pero una es la Mariana lorquiana y otra, la Mariana histórica. Federico consideraba que mostrar la historia era trabajo de historiadores; su interés era homenajear a la heroína de su Granada natal desde la lírica, una Mariana más próxima a la leyenda popular gestada casi en el momento mismo de su deceso. (…)

  1. Contexto de Producción

En septiembre de 1923, los García Lorca viajaron a Málaga y se alojaron en el Hotel Hernán Cortés. El 13 del mismo mes, el general Primo de Rivera dio un golpe de Estado en Barcelona, alegando la necesidad de tal acción «para salvar la Patria» de la ineficacia de los políticos[4]. Primo de Rivera se autoproclamó presidente de la Junta Militar, declaró el estado de guerra, suprimió las libertades públicas, impuso la censura de prensa, abolió las Cortes (salvo los socialistas) y los ayuntamientos legalmente constituidos fueron sustituidos por juntas militares. El rey Alfonso XIII aceptó la nueva situación, generando la indignación de los intelectuales y del pueblo. El general golpista había declarado que su intervención sólo sería provisional y duró 7 años[5].

Por entonces, Federico maduraba la idea de elaborar una obra de teatro cuya protagonista principal fuera Mariana Pineda. Se había familiarizado con esta historia desde muy pequeño, en Fuente Vaqueros y cuando la familia se trasladó a Granada, la ventana de su habitación daba a la plaza donde aún se erige la estatua que la recuerda. Durante la primavera, había comenzado a investigar sobre Mariana y consultó a Antonio Gallego Burín, quien estaba trabajando en un libro sobre ella. Federico le comentó su proyecto y se interesó especialmente por Pedrosa[6].

En una carta a Melchor Fernández Almagro, le expresó su vivo interés por la vida sentimental de Mariana y en especial, si había bordado la bandera por amor a Fernando Álvarez de Sotomayor[7] [8]. Fernández Almagro le respondió que coincidía totalmente con el enfoque e incluso le manifestó la conveniencia de exaltar la figura de Mariana en relación con el momento político que atravesaba España, ya que, según opinaba, Primo de Rivera constituía un regreso al siglo XIX[9]. Federico comenzó a trabajar de inmediato y antes de fin de año, le leyó el primer borrador (perdido) a José Mora Guarnido y al que corrigió considerablemente en reiteradas oportunidades, quizá por las condiciones de censura imperantes en España[10].

FGL planteó que la obra tiene dos niveles: uno, inmediatamente accesible para el público en general y otro, para quienes «la sepan ver». En este doble fondo, Gibson descarta toda intencionalidad de crítica política al régimen primorriverista por cuanto Federico la había concebido antes del golpe de Estado y adjudica este nivel más profundo a su tratamiento del tema del amor (Mariana despliega toda su actividad política y muere por amor a Fernando Álvarez de Sotomayor, personalidad pusilánime en el drama lorquiano) o a la actitud cínica de la burguesía granadina que nada hizo por salvar a Mariana del cadalso, o, tal vez, a un elemento inadvertido por los críticos de entonces: la preocupación de FGL por el amor y la muerte, temas preeminentes en toda su producción[11].

El 29 de abril de 1929, la compañía de Margarita Xirgú puso nuevamente en escena Mariana Pineda en el Teatro Cervantes de Granada (desaparecido). La obra tuvo gran éxito y el 5 de mayo se organizó un banquete en honor de Margarita y Federico en el Hotel Alhambra Palace, donde se pronunciaron algunos discursos y FGL se refirió a las dificultades que enfrentó antes del estreno en 1927. Fue autocrítico al afirmar que Mariana Pineda era una «obra débil de principiante» que ya no respondía en absoluto a su actual criterio sobre el teatro[12], con importante influencia de Luigi Pirandello[13]. Años más tarde, al estrenarse el drama en Argentina, Federico le explicó a un periodista de qué modo se familiarizó con Mariana desde pequeño, cómo entonces comenzó a indagar en torno a ella y a qué conclusiones arribó[14]. (…)

  1. El caso Mariana de Pineda

Mariana de Pineda nació en Granada el 1° de septiembre de 1804, segunda hija sobreviviente de María de los Dolores Muñoz y Bueno, de Lucena, Córdoba, plebeya, y de Mariano de Pineda y Ramírez, capitán de navío, retirado, de Guatemala, noble[15], y fue asesinada en garrote vil el 26 de mayo de 1831 por el verdugo José Campomonte[16], con 26 años, viuda y con dos niños pequeños. Sus padres no estaban legalmente casados, dado que la condición de noble de su padre no lo permitía y entre 1804 y 1805, sus padres litigaron por la herencia. Antes de morir en 1805, el padre testó a favor de Mariana reconociéndola como hija natural y nombró tutor y curador a su hermano José.

Su madre desapareció al agotarse sus posibilidades[17] de percibir siquiera una parte de los bienes de don Mariano. José de Pineda era invidente, de 47 años al hacerse cargo de su sobrina. En 1806, cuando Mariana tenía sólo 2 años, decidió casarse con una prima suya, menor de edad, quien no quería criarla. Fue un matrimonio arreglado por la madre de la novia para restablecer su situación económica. Don José murió en 1812 y en su testamento ordenó cumplir con las decisiones judiciales sobre la herencia paterna de Mariana[18]. El matrimonio de su tío significó para Marianita otro cambio de hogar, ahora al definitivo con sus tutores, don José de Mesa, confitero, y su esposa, doña Úrsula de la Presa.

El Sr. Mesa fue su tutor y curador ad bona. En 1814, le adjudicaron a Mariana los bienes heredados pero en 1820 no había cobrado aún los réditos de esas propiedades. Pese a todas las acciones interpuestas por don José de Mesa, por su esposo después y finalmente por ella misma, los réditos quedaron en poder de su tía, la viuda de don José de Pineda[19]. En 1819, Mariana tenía 15 años cuando se casó con don Manuel de Peralta y Valte, de 25, de Huéscar, Granada, militar retirado del Ejército en 1818[20]. El matrimonio duró tres años por la muerte de Manuel en 1823[21]. Este poseía algunos bienes, fue apoderado de un vecino de Motril y con Mariana tuvieron dos hijos, José María y Úrsula María, quienes en 1823 tenían 26 y 9 meses, respectivamente.

Sus albaceas testamentarios fueron Mariana y sus tutores[22]. Mariana inició su activismo político en 1824. Asistía a reuniones de liberales, conseguía los pasaportes falsos, mantenía y recibía correspondencia bajo nombres ficticios con los exiliados de Gibraltar y entre éstos y los presos en la cárcel de Granada, a quienes asistía a diario. Gran parte de las tareas de inteligencia estaban a su cargo. Estuvo próxima a contraer matrimonio con Casimiro Brodett y Carbonell, de 26 años, destacado militar liberal, pero los tribunales no lo purificaron. Entre 1825 y 1827, Mariana se ausentó de Granada. En 1829 lo impurificaron nuevamente y en 1830 Brodett y Carbonell se asiló en Cuba, retornó a España en 1834 y se incorporó al Ejército hasta su muerte en servicio, en 1837[23]. No obstante, se desconocen las causas por las que no pudieron casarse[24].

Antes de que Ramón Pedrosa y Andrade llegara a Granada, Mariana y su criado, Antonio Burel, fueron procesados por primera vez por causa de infidencia, tras la delación del revolucionario Romero Tejada, preso en Málaga. Merced a su defensor, sobre Mariana no recayó sentencia alguna. Más tarde, Pedrosa intentó reactivar la causa, sin éxito[25]. En 1825, Fernando VII nombró a Pedrosa Alcalde del Crimen de la Real Chancillería de Granada. Fue el juez que la condenó a muerte por garrote vil y su nombre, sinónimo de fanatismo, intolerancia y tiranía. Estaba enamorado de Mariana, pero ella lo rechazó y la sentencia a muerte por causas políticas también estuvo relacionada con este rechazo[26].

En 1828, Mariana organizó la fuga de la cárcel de Granada de su primo y amante, don Fernando Álvarez de Sotomayor, de 33 años, militar liberal, activo conspirador. Procesado y sentenciado a pena de muerte en 1827, se fugó disfrazado de fraile y días después, huyó a Gibraltar. La Policía requisó la casa de Mariana sin probarle nada, la rodearon de espías y el alcalde de la cárcel de corte fue relevado de su cargo[27]. Ese mismo año, Mariana se mudó a la casa que habitó hasta su muerte, a pocos metros de la campiña granadina, donde vivía con su hijo, un criado y dos criadas. En 1929 murió su tutor, doña Úrsula se mudó con ella y nació su tercera hija, Luisa, hija de Peña y Aguayo, señorito andaluz. Mariana la reconoció como hija natural, la confió a un ama y se complicó aún más su situación económica. Intentó vender dos propiedades heredadas, cobrar los réditos adeudados y los bienes heredados por su hijo[28].

A comienzos de 1831, tras el fracaso de los alzamientos de Torrijos y Manzanares, Mariana ordenó interrumpir el bordado de una bandera masónica que se enarbolaría en un inminente alzamiento liberal. Pedrosa sospechaba de su actividad conspirativa y por una delación, logró iniciarle proceso por causa de infidencia. El 18 de marzo de 1831, en un reconocimiento en su casa hallaron la bandera y los letreros que doña Úrsula trató de esconder infructuosamente. Quedaron bajo arresto domiciliario con vigilancia policial[29] por 9 días; Mariana intentó fugarse sin éxito[30] y luego fueron trasladadas al Convento de Santa María Egipciaca[31].

Desde el inicio del proceso, Pedrosa le insistió con que delatase a sus cómplices a cambio de indulgencia, pero estaba consternado frente a su mutismo[32] [33]. Mariana permaneció en el convento hasta el 24 de mayo, cuando la trasladaron a la Cárcel Baja para ajusticiarla el 26.

El 19 de marzo, Pedrosa elevó un completo informe de lo hallado al ministro de Gracia y Justicia, don Francisco Calomarde, quien adoptó medidas urgentes y remitió la resolución real que ascendió a Pedrosa a Alcalde de Casa y Corte, en lugar de don Andrés Oller, liberal amigo de Mariana, designado fiscal en la causa. El ascenso otorgó poder a Pedrosa para condenarla a muerte. El proceso duró 2 meses. Su defensor, don José María Escalera, tuvo 24 horas para estudiar el caso y preparar el escrito. Le negaron toda posibilidad de apelación y le formularon un cargo falso que nunca conoció. El 26 de abril le notificaron el fracaso del litigio por la herencia paterna y simultáneamente, la sentencia a pena de muerte suscrita por Oller, fundada en el artículo 7° del Decreto del 1° de octubre de 1830, tras 4 días de juicio.

Fernando VII firmó la sentencia que llegó a Granada a fines de mayo. Oller fue destituido poco después y rehabilitado en 1833, cuando depusieron a Pedrosa. El 24 de mayo, la trasladaron del beaterio a la Cárcel Baja y Pedrosa temía una rebelión popular. Allí estuvo 2 días, hasta su ejecución en el Campo del Triunfo de la Inmaculada. En la cárcel le notificaron la sentencia, pero se negó a declarar. A su confesor le expuso su estado patrimonial y la situación de sus hijos. Todos sus bienes fueron confiscados y Pedrosa inutilizó las cartas dirigidas a su hijo y a su tío, presbítero. La ejecutaron el 26 de mayo por la mañana. La trasladaron al cadalso en mula por su origen noble.

Iba un nutrido grupo de funcionarios de justicia, sacerdotes y militares. Todas las desembocaduras del Albaicín estaban llenas de mujeres que lloraban ante su entereza. Llegaron refuerzos de tropa presintiendo un amotinamiento y el complot organizado para salvarla y matar al verdugo falló a último momento[34]. Fue enterrada en el cementerio de Almengor y esa noche, dos figuras de negro ingresaron al camposanto y clavaron una cruz en la tumba innominada de Mariana[35].

  1. Estructura Socio-Política Granadina

En la sociedad granadina decimonónica, las clases sociales estaban bien diferenciadas; no se permitía el matrimonio legítimo entre un hombre y una mujer de distintas clases sociales[36]. El concubinato constituía una transgresión con consecuencias imprevistas y perjudiciales para los hijos de estas uniones, a quienes inscribían como hijos naturales, no como hijos legítimos[37]. Ser hijo natural era considerado un defecto[38], término que demuestra claramente la diferencia entre hijos legítimos y naturales en la legislación de la época; responsabiliza a estos últimos de su propia situación y adquiere su valor real en el aspecto patrimonial a través del Mayorazgo, institución del derecho civil español cuyo objeto era perpetuar en la familia la propiedad de ciertos bienes con arreglo a las condiciones dictadas al establecerla o, a falta de ellas, a las prescritas por la ley[39].

Según Peña y Aguayo, estaban «por las fundaciones excluidos de la sucesión los hijos naturales»[40]. Antonina Rodrigo disiente con el autor[41]. El diccionario de la RAE clasifica y explica los distintos tipos de Mayorazgo y es probable que en estos litigios estuviera en juego la interpretación de las normas vigentes[42].

Otra institución eran los matrimonios entre varones adultos y mujeres púberes[43]. Constituían uniones desiguales, patriarcales, para asegurar una descendencia fuerte y sana de niñas bonitas, saludables y vírgenes, lo que implicaba violencia de género. Violencia sexual, porque eran iniciadas por varones mucho mayores que ellas, dando lugar a una relación asimétrica, de poder; asimismo, porque el aparato reproductor materno no estaba lo suficientemente maduro y en elevado porcentaje, el embarazo no llegaba a término o el bebé moría durante la primera infancia. Violencia moral, porque a las mujeres no se les permitía rebelarse frente a estas situaciones; violencia social, porque la sociedad lo legitimaba mediante regulaciones; violencia psicológica, por el impacto producido en el aparato psíquico de las mujeres, que pasaban de la pubertad a la edad adulta sin poder de decisión alguno sobre sus propias existencias.

A las mujeres les estaba vedado ejercer profesión y participar en política. Sólo las mujeres del pueblo bajo desempeñaban oficios ligados a su condición femenina: criadas, modistas, bordadoras, cigarreras, amas de lactancia, etc.[44] Recién en 1882 se creó la Primera Obediencia Mixta de la Masonería Española[45]. Sin embargo, Mariana de Pineda no fue la única mujer de ideas liberales con un profundo compromiso político-ideológico. Otras opositoras también lucharon por la libertad, la justicia y la democracia como Carmen, desde el sindicalismo[46], respaldando a los revolucionarios[47]. El control social era estricto. La Iglesia católica desempeñaba una importante función. Las partidas de bautismo, matrimonio y defunción, las confesiones de los contrayentes, los padrones parroquiales anuales, las fórmulas de rigor en testamentos y escrituras[48], los conventos-cárcel[49] como el de Santa María Egipciaca, donde se recluía a todas aquellas mujeres que habían transgredido el orden social impuesto[50], dan cuenta de ello.

Pero a menudo, la Iglesia fue el lugar de encuentro de los conspiradores, lo cual se facilitaba cuando algún sacerdote pertenecía a la masonería[51]: La feroz represión impuesta por el régimen absolutista a los opositores no extinguió el espíritu profundamente librepensador que fermentaba en su seno[52]. Y en ese contexto, fueron especialmente las mujeres y el pueblo bajo quienes asistieron al asesinato de Mariana para despedirse de la revolucionaria querida ya entonces en toda Granada, a expresarle su solidaridad con su presencia y su llanto[53]. Este caso representa todas las formas de violencia contra la mujer y contra la niñez ejercidas por la sociedad española y andaluza decimonónicas.

Las mujeres y la niñez españolas estaban atravesadas por formas específicas y transversales de violencia. Específica en tanto dominación por género en las mujeres y por colectivo etáreo en los niños; transversal, por cuanto no discriminaba clases sociales. La dependencia de los niños del mundo adulto es total; los aspectos biológicos, psicológicos-afectivos y económicos-sociales para su subsistencia y desarrollo están estrechamente vinculados con la atención y cuidados de los adultos a cargo. Esta dependencia da lugar a complejas relaciones afectivas entre niños y adultos, así como a estrategias de supervivencia infantil. Los mismos adultos que los crían y afirman amarlos son quienes en no pocos casos los maltratan. Pero el maltrato puede adoptar distintas formas dirigidas a generar sometimiento, pérdida de la voluntad, resignación y desvalimiento[54] [55].

Los hijos de Mariana quedaron desvalidos tras el asesinato de su madre. Úrsula María, la mayor de las niñas, falleció tiempo después que su padre y a la muerte de su madre, de haber vivido, hubiera tenido 9 años. En 1831, su hijo mayor, José María, tenía 10 u 11 años y la menor de las tres, Luisa, apenas 2[56].

La violencia ejercida contra sus hijos fue ideológica, estaba legitimada por el paradigma de esa sociedad. Moral, puesto que por su ascendencia noble y según la escala de valores vigente, no pudo criar a Luisa, su hija natural. Política, porque las consecuencias del proceso se extendieron a su hijo quien, desde 1837, cuando comenzó a servir en el Estado, estuvo ocho veces vacante por cambios en el gobierno hasta que en 1856, las Cortes Constituyentes acordaron concederle una pensión.

Psicológica, porque quedaron sin afectividad ni contención. Económica, porque todos los bienes de Mariana y sus hijos fueron confiscados. José María quedó a cargo de su curador, don José Garzón y Berrueso, párroco de Nuestra Señora de las Angustias, confesor de Mariana, quien le gestionó una plaza efectiva de subteniente en la 5ª Compañía del 3° Batallón del Regimiento de África 7° de línea y falleció sin dejar descendencia, circa 1895[57]. Hay cierta opacidad en la biografía de Rodrigo, con respecto a quién quedó a cargo de Luisa y dónde vivió entre 1831 y 1836, cuando fue a vivir a casa de su padre[58]. En 1837, cuando tenía 8 años, el Ministerio de Hacienda le concedió 69 reales anuales de pensión hasta que contrajese matrimonio, cuando le otorgarían una dote equivalente a ocho anualidades[59]. En 1846, con 17 años, Peña y Aguayo la reconoció como su hija y en 1852, la instituyó heredera de todos sus bienes, reconociéndole su derecho[60]. Luisa se casó con don Valverde y Orozco, tuvo dos hijos, José y Dolores Valverde y Orozco y murió de tuberculosis en Francia, a los 25 años[61].

  1. Conclusiones

Mariana Pineda fue una figura central en la historia andaluza decimonónica, aun cuando hasta las corrientes historiográficas más progresistas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX se hayan empeñado en ocultarla por su incorrección política y por el temor a respaldarla en un contexto de autoritarismo, opresión y represión. Puso en cuestión la ilegitimidad de un régimen absoluto y corrupto, defendió las libertades públicas y la igualdad entre los sexos, convirtiéndose en precursora de las ideas libertarias difundidas en España desde fines del siglo XIX, así como de las luchas por los Derechos Humanos libradas en todo el orbe desde el siglo XX.

Con la misma libertad con que eligió tener al menos dos amantes, rechazó a Pedrosa; cambió el tradicional concepto de honor femenino basado en la pureza sexual, por el de la incorruptibilidad de los principios éticos y de la lealtad ideológica; enfrentó a la violencia institucionalizada con la coherencia de sus actos. Podría incluso afirmarse que su estrategia frente a Pedrosa fue exacerbar su condición de mujer. Si los mandatos sociales imponían a las mujeres ser calladas y no ceder a los requerimientos masculinos, Mariana procedió en tanto tal. Fue una protofeminista. El contexto político revela los límites de liberales y masones para articular estrategias en aras del respaldo popular necesario para derrocar al absolutismo.

Era el proyecto revolucionario de una élite que sumó a comerciantes, miembros del clero y hombres del pueblo que ingresaban al Ejército como salida laboral. La revolución política, con las breves experiencias de 1812/1814, moderada, y de 1820/1823, más radical, construyó un poder endeble. La inexperiencia liberal en el gobierno y las propias pujas internas lo debilitaron demasiado; la oposición realista era muy fuerte por su tradicional estructura de poder y el proyecto liberal estaba construido desde el interior de un régimen absolutista. En la práctica, a pesar del idealismo, no dejaba de ser un proyecto patriarcal y autoritario, en contraposición con las propias causas de lucha, libertad y democracia. El objetivo era acceder al poder para producir cambios estructurales, mas no se plantearon generar cambios ideológicos en la superestructura social. (…)

Mariana y Federico están unidos más allá del drama lírico. Además de ser granadinos, de provenir de familias acomodadas y de recibir una esmerada educación, ambos pudieron elegir entre continuar entre una vida acorde con sus respectivos orígenes sociales o desarrollar lo que asumieron como compromiso de vida, las luchas por la Libertad, los Derechos y la Justicia. El deslumbramiento que provoca la historia de Marianita en las almas sensibles es el que en ellas provoca la pluma de Federico. La magia cautivante que emanaba de la heroína es la que emana de la retórica lorquiana. La inteligencia y agudeza de Mariana para conspirar es la de Federico para otorgar existencia y voz a oprimidos y marginados.

El amor y desvelo de Marianita por sus hijos es el de Federico por la niñez, plasmado en La niña que riega la albahaca y el príncipe preguntón, obra infantil para títeres[62]. La coherencia ideológica de Mariana para con el proyecto liberal es la de Federico desde sus 18 años para con las causas populares, lo cual pone de relieve en Mi Pueblo[63]. El clamor de Marianita contra el rey, el gobierno y las tropelías de su proceso cometidas por Pedrosa al ser notificada de la sentencia de muerte en su celda de la Cárcel Baja[64] fueron las palabras firmes de Federico frente al pelotón de fusilamiento, en defensa de la libertad. Y elogió la causa del pueblo, que era la de él y la obra que realizaba frente a la barbarie y el crimen[65]. El acoso sexual de Pedrosa a Mariana como forma de violencia de género fue el tiro de gracia por el ano que el miembro de la CEDA Juan Luis Trescastro Medina le infligió a Federico por homosexual. La entereza de Marianita frente al cadalso fue la marcha segura y serena de Federico frente al piquete que lo asesinaría al cabo de unos instantes[66].

Y el acompañamiento de las granadinas y del pueblo bajo a Mariana en su marcha final fue la formación del Batallón Mariana Pineda para intervenir en el cerco y toma de Granada y rescatar el cadáver de su hijo más preclaro en 1936[67]. Mariana decidió ejercer su propia sexualidad cuando a las mujeres no les estaba dado tomar decisiones propias y Federico asumió su homosexualidad cuando transgredir mandatos sociales significaba el desprecio y la descalificación desde los sectores de poder, que con el ascenso de los regímenes autoritarios en Europa devino en persecución y muerte, como también ocurrió con los judíos, gitanos y opositores políticos.

Federico no fue un poeta folklórico ni un militante tradicional de izquierdas ni un señorito andaluz. Ante un amigo se definió: «Yo soy un campesino andaluz. Tú no sabes que en lugar de decir “anduve”, digo “ande”. Pues sí, lo hago muchas veces en mis conferencias». Y luego ratificó: «Yo no soy un intelectual. Yo soy un campesino andaluz[68]». Comentando reacciones a su espectáculo La Barraca, expresó:

«A los señoritos y elegantes, sin nada dentro, a esos no les gusta mucho, ni nos importa a nosotros. Van a vernos y luego salen comentando: Pues no trabajan mal. Ni se enteran. Ni saben lo que es el gran teatro español. Y luego se dicen católicos y monárquicos y se quedan tan tranquilos[69]».

En 1934, tras la adscripción de Alberti al PC, comentó:

«El artista y fundamentalmente el poeta, es siempre anarquista, en el mejor sentido de la palabra, sin que deba ser capaz de escuchar otra llamada que la que fluya dentro de sí mismo mediante tres voces: la voz de los muertos, con todos sus presagios, la voz del amor y la voz del arte[70]». (…)

Federico García Lorca fue la estrella más fulgurante de la Generación del ’27. Su paso por este mundo fue un ejemplo de conducta de vida. Su Mariana Pineda se tornó en referencia insoslayable para quienes deseen adentrarse en esta historia, ora para conocerla, ora para recrearla. Sus obras representan el equilibrio perfecto entre apertura, armonía, belleza, compromiso ideológico, contenido, identidad cultural, pasión, raigambre, universalidad y valores ético-morales. Federico marcó un hito en la cultura hispanoamericana y mundial; tras su partida, ya nada volvió a ser lo que era. Las personas de bien de todo el mundo clamaron ante su muerte. Se multiplicaron hasta el infinito los estudios sobre su vida y sobre su obra en todas las lenguas. Quienes terminaron con su existencia, apenas lograron eso. La estrella de Federico, tal como la de Marianita, potenció aún más su brillo. Los convirtieron en mártires, símbolos, luminosos faros que guían los caminos del Amor, los Derechos Humanos, la Fraternidad, la Igualdad, la Justicia, la Libertad y la Memoria.

  1. Bibliografía consultada

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AAVV. (1838). «Yo no soy un intelectual. Yo soy un campesino andaluz». Revista Documentos Históricos de España. N° 10. Bs As: Servicio de Propaganda España.

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[1] Gibson, Ian. (1998). Vida, Pasión y Muerte de Federico García Lorca. 1898-1936. Plaza & Janés. España.

[2] Gibson, I. (1998). Op. Cit.

[3] García Lorca, Federico. Mariana Pineda. Traducción al inglés, Introducción y Comentarios de Harvard, Robert G. (1993). Hispanic Classics. Aris & Phillips. 3rd. Impression. Warmister.

[4] Gibson, I. (1998). Op. Cit.

[5] Rodrigo, Antonina. (1979). Mariana Pineda. Heroína de la Libertad. Plaza & Janés. España.

[6] Gibson, I. (1998). Op. Cit.

[7] FGL dice textualmente: «(…) ella resulta mártir de la libertad siendo en realidad (según incluso lo que se desprende de la historia) víctima de su propio corazón enamorado y enloquecido. Es una Julieta sin Romeo y está más cerca del madrigal que de la oda». En Gibson, I. (1998). Op. Cit.

[8] El Diccionario de la Lengua Española de la RAE brinda la siguiente definición para madrigal: «del it. madrigale. 1. Poema breve, generalmente de tema amoroso, en el que se combinan versos de siete y once sílabas. 2. Composición musical para varias voces, sin acompañamiento, sobre un texto generalmente lírico». Tomo II, p. 1289. En la misma obra se encuentra la siguiente definición de oda: «del lat. Oda y este del gr. Composición poética del género lírico, que admite asuntos muy diversos y muy diferentes tonos y formas y se divide frecuentemente en estrofas o partes iguales». Por su parte, Ofelia Salvador y Nélida Kovacci en la Antología de Textos Literarios definen la oda como composición poética de tono exaltado y alegre, p. 249. Finalmente Morner, Kathleen y Rausch, Ralph en el NTC’s Dictionary of Literary Terms definen la oda como «A long and elaborated LYRIC poem, usually dignified and exalted in TONE and often written to praise someone or something or to mark an important occasion (…)».

[9] Gibson, I. (1998). Op. Cit.

[10] Gibson, I. (1998). Op. Cit.

[11] Gibson, I. (1998). Op. Cit.

[12] Gibson, I. (1998). Op. Cit.

[13] Gala, Antonio. Paisaje con Figuras. Mariana Pineda. Sin mención de lugar ni fecha. Gentileza (qepd) Prof. Esther Nora Mingorance.

[14] «(…) Mariana de Pineda fue una de las grandes emociones de mi infancia. Los niños de mi edad, y yo mismo, tomados de la mano, en corros que se abrían y cerraban rítmicamente, cantábamos con un tono melancólico que a mí se me antojaba trágico: “¡Oh!, qué día tan triste en Granada/que a las piedras hacía llorar/al ver que Marianita se muere/en cadalso por no declarar”. Un día llegué, de la mano de mi madre, a Granada: Volvió a levantarse ante mí el romance popular, cantado también por niños que tenían las voces más graves y más solemnes, más dramáticas aun que aquellas que llenaron las calles de mi pequeño pueblo, y con el corazón angustiado inquirí, pregunté, avizoré muchas cosas y llegué a la conclusión de que Mariana Pineda era una mujer, una maravilla de mujer, y la razón de su existencia, el principal motor de ella, el amor a la libertad». En: Rodrigo, Antonina (2008). Mariana de Pineda. Memoria Viva. Cuadernos del Museo. Edad Contemporánea. N° 13. Primera Edición. Granada.

[15] Rodrigo, A. (1979). Op. Cit.

[16] Rodrigo, A. (1979). Op. Cit.

[17] Rodrigo, A. (1979). Op. Cit.

[18] Rodrigo, A. (1979). Op. Cit.

[19] Rodrigo, A. (1979). Op. Cit.

[20] Rodrigo, A. (1979). Op. Cit.

[21] Rodrigo, A. (1979). Op. Cit.

[22] Rodrigo, A. (1979). Op. Cit.

[23] Rodrigo, A. (1979). Op. Cit.

[24] Rodrigo, A. (1997). Mariana Pineda. Heroína de la Libertad. Madrid: Compañía Literaria.

[25] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[26] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[27] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[28] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[29] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[30] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[31] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[32] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[33] En Mariana de Pineda. Memoria Viva, Rodrigo expresa: «(…) Su insobornable sentido de la ética mantenía perplejo al poderoso Pedrosa, Alcalde del Crimen de la Real Chancillería (…)».

[34] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[35] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[36] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[37] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[38] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit., p. 244. En la Confesión del Contrayente, Manuel de Peralta y Valte, se expresa: «(…) pues no ha hecho voto de guardar castidad, religión, ni dado palabra de casamiento a otra persona que a doña Mariana Rafaela Pineda, de estado soltera, de esta misma vecindad, y a quien sin embargo del defecto con que se halla, de no ser hija legítima de matrimonio, se la quiere cumplir y casarse con la susodicha (…)». El subrayado es mío.

[39] RAE. (1992). Diccionario de la Lengua Española. Vigésima Primera Edición. Tomo II. Pp. 1340-1341. Madrid: Editorial Espasa Calpe.

[40] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[41] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit. La autora señala que existe discordia entre lo afirmado por este autor y los hechos reales, puesto que los bienes adjudicados por la Justicia a Mariana de Pineda, eran los que formaban parte del vínculo fundado por doña Guiomar Maldonado, en Loja, mientras que los bienes libres otorgados por su padre, mediante escritura en 1805, quedaron en poder de Dª Tomasa Guiral, su tía.

[42] RAE. (1992). Op. Cit. Puede que en el litigio haya estado en juego la condición de Mariana de ser segunda «hija natural», sobreviviente, y las interpretaciones respecto de qué tipo de Mayorazgo correspondía en este caso, y si el vínculo fundado por Dª Guiomar Maldonado existía especificación expresa de la línea de sucesión, o si se trataba de un Mayorazgo irregular.

[43] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[44] En el libro de Rodrigo, A., si bien no se hace un análisis de género sino un exhaustivo estudio biográfico sobre los hechos históricos que rodearon la vida, trayectoria política y el proceso a Mariana de Pineda, se desprende claramente cuáles eran las condiciones de vida de las mujeres de la época. Por su parte, las mujeres nobles, tal el caso de Mariana, sólo podían ser amas de casa, madres y esposas abnegadas y amables anfitrionas de tertulias.

[45] Munch, Elda. Caso Mariana de Pineda: Género, Política y Arte. MIMEO. Tercera Parte. Capítulo 7: España después del asesinato de Mariana. Pp. 134-135.

[46] Mingorance de Mauro, Esther Nora. Carmen, ¿Sólo una mujer de leyenda? Conferencia. Ciclo: Viernes Culturales. Agrupación Andaluza de Rosario. Junio 15 de 2001.

[47] Rodrigo, A. en Mariana de Pineda. Memoria Viva, plantea: «La participación de la mujer en los períodos absolutista o liberal fue decidida y tenaz: La represión la sufrían tanto las de tendencia liberal y afrancesada, como las absolutistas y las ultrarrealistas. Por el hecho de ser madres, esposas, hermanas o hijas de los conspiradores de uno y otro bando, fueron humilladas, encarceladas en arresto domiciliario o desterradas. (…) Sin embargo, en trances críticos, su actuación se aceptaba, como en el Trienio Constitucional, en el que llegarían a constituir escuadrones de milicianas, según el historiador Josep Fontana, en su obra Cambio Económico y Actitudes Políticas de la España del siglo XIX (…)».

[48] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[49] Vidal Galache, B. «Las leonas del Hospicio». Pp.50-56. En: Revista La Aventura de la Historia. 2:19:2000. Activistas políticas, mendigas, adúlteras, ladronas, prostitutas, infanticidas, mujeres que se rebelaban contra la autoridad de sus padres, hermanos, maridos, o que eran sospechadas de siquiera mirar a otro hombre que no fuera su novio o marido, por lo general impuesto por los padres.

[50] Telefilme en cinco capítulos: Proceso a Mariana Pineda RTVE. Dirigida por Rafael Moreno Alba. Protagonizada por Pepa Flores.

[51] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[52] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[53] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[54] Miller, Alice. Por tu Propio Bien. (1992). Segunda edición. Trad. de Juan del Solar. Barcelona: Tusquets.

[55] Los objetivos del maltrato enunciado con los niños, también se verifican en las mujeres que lo padecen o en otros colectivos víctimas de relaciones opresivas. Estudios históricos del pasado y del presente en todo el mundo e investigaciones en otras disciplinas de las Ciencias Humanas y Sociales, han dado cuenta en ello en innumerables producciones. Su relevancia se observa en el espacio preeminente que la temática adquiere en Psicología, Sociología, Ciencias de la Salud y Ciencias Jurídicas.

[56] Rodrigo, A. (1997). Mariana de Pineda. Heroína de la Libertad. Madrid: Compañía Literaria.

[57] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[58] No obstante, en Rodrigo, A. Mariana de Pineda. Memoria Viva, este hecho parece aclararse por cuanto de la lectura puede inferirse que la niña quedó con sus padres adoptivos, Teresa Pedregosa y Miguel Martín, quienes a 12 días del ingreso de Luisa a la Casa Cuna, en mayo de 1829, les fue confirmada por ser hija natural. Es a la casa de este matrimonio que Mariana va a visitar a su hija, durante los turbulentos días de tal año.

[59] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[60] Al respecto manifiesta Rodrigo: «(…) Irresponsable, reconocerá a su hija pasados los peligros y los años, luego ya, bien situado, consolidada su carrera política, cuando la vinculación con el nombre de Mariana de Pineda, o perjudicaba su futuro. (…) En la introducción del libro que le dedicó a Mariana, aparecido a los cinco años de su ejecución, omitió su relación amorosa con ella y que confesaría en su testamento, a la hora de su muerte. (…)».

[61] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[62] Tejerina Lobo, Isabel. (2006). La literatura dramática infantil y el teatro de títeres. De García Lorca a la actualidad. Biblioteca Virtual Universal a través de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. www.biblioteca.org.ar

[63] Su primer escrito en prosa. Citado por Gibson, I. (1998). Op. Cit.

[64] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[65] AAVV. (1838). «Frases Vibrantes en Defensa del Pueblo y de la Libertad». Revista Documentos Históricos de España. N° 6. Bs As: Servicio de Propaganda España.

[66] AAVV. (1838). Op. Cit.

[67] Rodrigo, A. (1997). Op. Cit.

[68] AAVV. (1838). «Yo no soy un intelectual. Yo soy un campesino andaluz». Revista Documentos Históricos de España. N° 10. Bs As: Servicio de Propaganda España.

[69] Sorel, Andrés. (1977). Yo, García Lorca. Colección Biblioteca «Promoción del Pueblo». N° 12. Madrid: Editorial Zero S. A.

[70] Sorel, Andrés. (1977). Op. Cit.

2 Comments

  1. Todo comentario que pueda hacer, es poco, es un trabajo impecable. La sensibilidad de la autora Sra profesora Elda Munch, queda plasmada en estos textos. Los personajes son irrepetibles. Elda Munch, con su capacidad, ha brindado en un solo texto, un homenaje doble, a FGL y a su inspiradora Mariana Pineda. Ser coherente en estos momentos políticos, no es común, y es de mucho valor, muestra la buena madera de la que está hecha la Sra Munch. Me emocionó y quiero agradecerle que haya elegido a M.Pineda, como ejemplo de la lucha por la libertad y el amor. Estoy conmovida, y quiero hacerle llegar mis felicitaciones.

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