Los renegados andaluces

 

Por Emilio Ciprés – Crónicas con Solera

Generalmente, cuando hablamos de la expulsión de los moriscos, solemos olvidar a un nutrido grupo de personas que abandonó voluntariamente nuestras tierras a lo largo del siglo XV y XVI. Estos eran los llamados «renegados» y eran aquellos que, aun habiendo nacido cristianos, decidieron pasarse a las filas del islam. Hasta este punto, podríamos hablar de sencillos conversos, pero lo que más los caracterizaba era su más que significativa participación en las actividades militares y administrativas que llevaron a cabo en los diferentes reinos musulmanes del norte de África. Serían, de hecho, junto con los moriscos, los hispanos que más activamente colaboraran en los proyectos de estos reinos.

Para entender todo esto, habría que decir que durante el siglo XVI se da el período de mayor esplendor del Imperio otomano y ello desencadenó, junto con la ascensión de Portugal y España, continuos conflictos entre unos que buscaban extender su imperio por Europa y otros que anhelaban expandir sus reinos a través de las nuevas fronteras marinas. La inserción de renegados europeos en los ejércitos otomanos, y su vertebración en otras partes de su Estado, fue una constante que, rápidamente, sería asumida por los magrebíes de África —entre otros—, en un intento por imitar a la principal potencia de su religión.

Es evidente que había casos en los que se obligaba a estas personas a formar parte de las tropas islámicas o a trabajar para los conquistadores, pero lo que resulta sorprendente es que muchos de ellos prefirieran renegar de su fe y aceptar voluntariamente el islam para colaborar con ellos. Este hecho es el que resultaba intolerable para las autoridades cristianas y, especialmente, para la dinastía de los Habsburgo de España y Austria, ya que esta se había alzado como la gran defensora de la cristiandad en Europa. Por lo tanto, cabría preguntarse: ¿qué empujaba a una persona a todo esto?

A este respecto, entendemos que el motivo esencial que motivaba a un renegado son las expectativas de ascenso social dentro de las sociedades musulmanas de la época, muy superiores a las que había en la sociedad cristiana. Un ascenso que responde y depende de los méritos personales de cada individuo, algo que resultaba ser muy atractivo tanto en España como en otros países cristianos, ya que esta coyuntura viene dada por el origen familiar de cada persona.

Por otro lado, hay que recalcar que no fue militar la única función de estos renegados, pero sí es cierto que, para la sociedad cristiana de la época, resultaba terrible ver a estas personas luchando e incluso dirigiendo a ejércitos de musulmanes contra los propios cristianos. Uno de los renegados más sobresalientes y emblemáticos fue Sulayman del Pozo, que se crió en una familia de canónigos de Córdoba. Capturado en Orán en 1558, se le brinda la oportunidad de regresar y decide permanecer en tierras islámicas. Renegando de esta forma de su fe, pasa a formar parte de las diferentes contiendas que tuvieron lugar en el norte de África, siendo fundamental su participación en la batalla de Alcazarquivir, también conocida como la Batalla de los Tres Reyes, en 1578.

La zona del Magreb y de Marruecos estaba dividida en diferentes reinos y tribus, no siendo hasta la llegada de la dinastía saadí cuando se logró unificar la región. La Batalla de Alcazarquivir enfrentó a dos pretendientes al trono de la dinastía saadí: Muhammad al-Mutawakkil y su tío Abd al-Malik. El rey Sebastián de Portugal asistió a esta batalla apoyando a Muhammad al-Mutawakkil, pero la contienda acabó decantándose por Abd al- Malik. Todos los monarcas fallecieron en ella, de ahí que se denominara Batalla de los Tres Reyes. Este resultado supuso el fin de los intentos portugueses e hispanos por dominar la región y situó a Marruecos como una potencia emergente en la zona. Por otro lado, con el fallecimiento del rey Sebastián, se produjo la unión de las dos Coronas ibéricas en manos de Felipe II.

Los españoles culparon a Sulaymán del Pozo por la derrota del candidato apoyado por los cristianos, ya que su actuación como oficial del ejército del otro pretendiente saadí fue crucial. Este representativo ejemplo subraya que los renegados estuvieron presentes en las diferentes contiendas que tuvieron lugar en África y en el Mediterráneo pero tradicionalmente ha despertado poco interés por parte de los historiadores españoles.

Conocer cómo fue la vida de estos renegados resulta complicado, pues en las fuentes islámicas hay pocos datos con respecto a su vida anterior a la conversión. Por otra parte, de las fuentes cristianas no nos han quedado muchos testimonios. Los cronistas musulmanes sólo hacen referencia a su vida tras renegar de su antigua fe como es, por ejemplo, el caso del almeriense Yawdar, que conquistó a finales del siglo XVI el Imperio del Songhay, uno de los mayores reinos africanos de la historia, situado entre los actuales Níger y Burkina Faso.

Estos renegados y exiliados eran muy valorados en el territorio norteafricano y la mayor parte procedían de la península ibérica. No todos habían aceptado esta conversión voluntariamente y muchos de ellos eran moriscos expulsados a la fuerza de sus territorios de origen. También hay que decir que otros eran, sencillamente, mercenarios. Los moriscos constituían, aun con esto, el grupo más numeroso de exiliados y la mayoría eran procedentes del antiguo Reino de Granada y del Valle del Guadalquivir. Al final, todos ellos fueron formando barrios en ciudades como Fez o Marrakech, y en muchos casos acabaron formando parte de la élite social y cultural de la ciudad debido a su formación, ya que estos grupos traían al norte de África las técnicas y modos de trabajo europeos. Eran conocedores, por ejemplo, de los modos de la fabricación de la pólvora y por ello, los sultanes saadíes hicieron con los renegados y moriscos de origen hispano milicias especiales que emulaban a las otomanas con su cuerpo de jenízaros y, por su conocimiento de las costas andaluzas y levantinas, engrosaban las diversas tripulaciones de corsarios que saqueaban las costas cristianas.

Todas estas actividades, ya fueran militares, administrativas, artesanales o de otro tipo, hicieron que participaran y ganaran un gran prestigio en la sociedad marroquí de la época. Llegado el momento, nombres como el de Suleyman o Yawdar serían recordados por los cronistas musulmanes por su esencial papel en los anhelos de expansión territorial de dicho país que, por su situación geográfica, estaba destinado a perder preponderancia. Europa, por su parte, estaba dejando de explotar en exclusividad los recursos originarios del corazón de África —lugar del que estos territorios hacían de intermediarios—, para poner el ojo en las nuevas rutas ultramarinas que se abrían por el Atlántico.

Bibliografía

Cano & V. Millan (2006). De Córdoba a Timbuktu. España. Almuzara.

Llaguno Rojas, Antonio (2008). Tombuctú. El reino de los renegados andaluces. Almuzara.

Kinder & W. Hilgemann (2006). Atlas Histórico Mundial (I). De los orígenes a la Revolución Francesa. Madrid. Akal.

 

 

Este artículo fue publicado originalmente en lavozdelsur.es

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