Los orígenes del movimiento campesino en Medina Sidonia

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Emilio Ciprés

Normalmente, cuando estudiamos o leemos acerca de los movimientos sociales en la España del s. XIX, las obras que tratan el tema suelen prestar buena parte de su atención al movimiento obrero de los mayores núcleos industriales del centro y norte del país. Por supuesto, las reivindicaciones de otras áreas suelen quedar en un plano secundario y no hablemos de las luchas del campo, que en buena medida quedan olvidadas o mencionadas someramente. Queremos mostrar, a través del pequeño ejemplo de Medina Sidonia (Cádiz), cómo fue la aparición y la evolución del movimiento campesino en el s. XIX en Andalucía y manifestar cómo, a su vez, este puede relacionarse claramente con las reivindicaciones de su región.

A lo largo del siglo XIX, la abolición de los señoríos y la desaparición de los mayorazgos –institución que defendía que el primogénito de la familia heredara todas las propiedades– marcaron un cambio profundo en las relaciones en el campo de todo el país. Esta transformación no se realizó desde las bases sociales sino desde el poder, es decir, fue un intento de imitar al nuevo modelo de prosperidad ligado al liberalismo económico que imperaba en toda Europa.

Pasaremos del «señor feudal» a nuestro famoso «señorito», es decir, a una oligarquía de burgueses terratenientes. Este trasvase de poder de la nobleza a la burguesía no se realizó sin alteraciones en Andalucía, pues hubo muchos pleitos señoriales en los que la antigua aristocracia intentaba hacer valer, ahora con su dinero, su poder. Esto produjo protestas entre el campesinado, que pedía el uso y el disfrute de las fincas que estuvieran cerca de sus poblaciones. En estas protestas, la provincia de Cádiz jugó un papel fundamental y, en especial, localidades como la de Bornos o Alcalá de los Gazules, ya que estas, a través de sus ayuntamientos, se enzarzaron en importantes y representativos pleitos contra el duque de Medinaceli.

El poder político local será fundamental para consolidar el nuevo modelo de propiedad de la tierra liberal y, en este nuevo sistema, la tierra pasará a manos de una minoritaria burguesía liberal. El caso que nos ocupa, el de Medina Sidonia, fue especialmente emblemático en este sentido porque el Ayuntamiento era el mayor hacendado de la tierra, o al menos así quedaba constatado en el año 1774. Esta circunstancia hizo que muchos jornaleros del pueblo creyeran que podrían llegar a ser propietarios de una pequeña parcela y, en líneas generales, apoyaron este cambio de modelo, pero al final, las diferentes desamortizaciones beneficiaron a los vecinos pudientes de la localidad. Un informe de la situación establecía en 1902 lo siguiente: «Más de 10.000 hectáreas de terreno de propios se repartieron en pequeñas parcelas entre los vecinos de esta ciudad en 1855 y sucedió que muy pocos conservaron las tierras y que la inmensa mayoría de los agraciados la enajenaron de seguida».

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Andaluces de carga, de Emilio García del Moral.

Esta tendencia se mantuvo y, a la altura de 1930, cuando este proceso se había consolidado, 41 fincas ocupaban cerca de la mitad de todo el término municipal. Este reparto tan desigual provocó un descenso de la población del pueblo en la segunda mitad del s. XIX, ya que, al no poseer industria y siendo la propiedad de la tierra el principal elemento definidor de estatus, el trabajador del campo asidonense, al igual que el andaluz, dependerá completamente de las faenas que aparecían en cada estación.

Estos trabajos resultaban insuficientes para buena parte de la población, por lo que mujeres y niños se veían obligados a trabajar, ya fuera en el campo o en el servicio doméstico. Por otro lado, la situación en el pueblo en el ámbito educativo era dramática, ya que el analfabetismo alcanzaba proporciones verdaderamente alarmantes, pues alrededor del 84 % de la población era analfabeta. Cuando había carestías o problemas climatológicos, la población local sufría especialmente por su dependencia del campo y todo esto hacía que los jornaleros vieran mayores oportunidades de futuro en otras ciudades, siendo esta una de las razones por la que muchos emigraron a municipios cercanos como Jerez de la Frontera.

El censo de 1860 nos muestra que Medina poseía 12.858 habitantes, pero, al comenzar el siglo XX, esta población se había reducido a 11.040 y nos parece llamativo que su población en 2015 fuera de 11.749 habitantes, mostrando que no se han dado alternativas laborales atractivas para vivir en este municipio.

Podríamos pensar que a lo largo del s. XIX existió una clara conciencia de clase en el pueblo, pero esto no sucedía así, pues las protestas que se daban eran espontáneas y desorganizadas. Los objetivos apenas estaban definidos y los participantes eran de una heterogénea procedencia social. Normalmente, en España se tiende a pensar que esta conciencia de clase se desarrolla entre 1868 y 1875, pero este elemento será un producto de lenta sedimentación en este tipo de localidades. En un primer momento, en Medina esta conciencia de clase estaba ligada al republicanismo, pero posteriormente veremos que la población se desencanta y se adhiere al apoliticismo de los anarquistas.

En Medina aparecerá este pensamiento obrero ligado al republicanismo local. La primera noticia de los internacionalistas asidonenses no ligados a esa tradición republicana de la que hablamos, la conseguimos gracias a la correspondencia recogida en las Actas de los Consejos y la Comisión Federal de la Región Española de la AIT del año 1872, de un tal Diego Rodríguez Vargas, que comunica su adhesión a la Internacional a comienzos de septiembre, gracias a sus contactos con un militante de Cádiz. Tras esta adhesión, se formará rápidamente un pequeño grupo de 20 afiliados que pedirán estatutos y útiles para propaganda.

A finales de 1872, la Federación Local de Medina estará plenamente asentada y participará en el Congreso de la Sección Española de la AIT que se celebró en Córdoba, enviando a un representante del pueblo, un carpintero llamado Manuel Castillo Díaz. Al mismo tiempo, la división entre bakunistas y marxistas tendrá eco en el pequeño pueblo, ya que desde Cádiz intentarán influenciar al grupo asidonense para que, sin éxito, se acerquen a los postulados marxistas gracias a la entrega de ejemplares políticos de esa tendencia.

Proclamada la Primera República, los federados de Medina pidieron un local para celebrar sus sesiones el día 19 de febrero, pero la solicitud fue rechazada. Este y otros hechos harán que se origine un gran desencanto hacia la República que hará que los internacionalistas asidonenses se desvinculen de los postulados republicanos para simpatizar con el ideal apolítico anarquista.

 

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Desconocemos la participación de estos primeros anarquistas en los sucesos que terminaron con la creación del breve cantón de Medina, pero sí sabemos que la clandestinidad acaecida en España entre 1874 y 1881 llevó a que desaparecieran todos los datos de la ciudad entre las Federaciones del país. Posteriormente, con la ya legalizada Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), reaparece una sección constituida por 46 panaderos en agosto de 1882 y, más tarde, se crearía otro grupo formado por los jornaleros.

El movimiento en Medina entrará a formar parte de los llamados moderados o legalistas a lo largo de este período y por ello, censuraron las actuaciones de «la Mano Negra», aunque ello no los alejaría de la represión posterior que hubo en la zona. Durante la misma se produjeron diversas luchas internas que, sumado al declive general de la FTRE, tuvieron como consecuencia la desaparición de la sección de agricultores; aunque los panaderos, mejor organizados, perduraron e incluso llegaron a establecer una tahona para dar ocupación a los ocho parados que tenían para que pudieran fabricar pan y ganarse así un sustento, siendo este un pequeño ejemplo de cooperativismo en un pueblo andaluz. Aun así, esta situación asfixiante hará que los anarquistas acaben desapareciendo de la localidad y, debido a esto, las nuevas organizaciones, que surgen ya a finales del siglo, lo hacen bajo la órbita del republicanismo reformista.

Podemos decir, por lo tanto, que hubo un período de protesta que alcanza su punto álgido a mediados de siglo y que buscaba un reparto de tierras más equitativo ante la nueva reforma liberal de la tierra, que sustrajo del dominio del municipio muchas propiedades. Dicha protesta fue frustrada y la llegada de ideas internacionalistas hará que el anarquismo tome fuerza en la localidad ante el desencanto de la actuación política durante el período republicano. La represión de la Restauración posterior hará que el movimiento, que iba tomando fuerza, acabe desintegrándose hasta que se adhiera, a través de una reconversión ideológica, a las tesis reformistas del republicanismo. Igualmente debemos recordar que estas vicisitudes afectarían fundamentalmente a las vanguardias del movimiento en el municipio, pues la mayor parte de sus bases eran jornaleros que apenas sabían leer o escribir y que, por ello, verían muy lejanas esta serie de disputas teóricas. Por lo tanto, la ausencia de una alternativa real de vida digna para las gentes humildes del pueblo hará que se produzca una continua emigración hacia Jerez de la Frontera, foco económico de este período en la zona.

 

Bibliografía

  • Andalucía pueblo a pueblo – Fichas Municipales. Medina-Sidonia. (s.f). Recuperado el 22 de noviembre de 2016 de http://www.juntadeandalucia.es/institutodeestadisticaycartografia/sima/ficha.htm?mun=11023
  • Caro Cancela, Diego (1990). «La formación del movimiento obrero en Medina Sidonia (1872-1900)». En Trocadero, revista de historia moderna y contemporánea, Nº 2, 117-134.
  • González de Molina, Manuel & Gómez Oliver, Miguel (coord.) (2000). Historia contemporánea de Andalucía (nuevos contenidos para su estudio). Junta de Andalucía.

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