Los andalusíes de Tombuctú

Heinrich Barth acercándose a Tombuctú (grabado del siglo XIX, obra de Martin Bernatz)

 

Emilio Ciprés – Crónicas con Solera

Yawdar, o Yuder Pacha, que ya nombramos en nuestro artículo «Los renegados andaluces», fue uno de los generales más sobresalientes del naciente Imperio Marroquí del siglo XVI. No conocemos mucho de su infancia en la Península, pero al parecer nació en una familia de moriscos, alrededor del año 1569, en la actual provincia de Almería. Cuentan las crónicas musulmanas que era de baja estatura, astuto, de tez clara y ojos azules y que lo más probable es que llegara a la corte de Marrakech tras ser apresado en un asalto por los piratas berberiscos sobre las costas de su región natal. Una vez estuvo en tierras musulmanas, se convirtió al Islam y fue puesto al servicio del ejército de los sultanes marroquíes.

Tras participar en las principales contiendas de la región —entre ellas, la batalla de Alcazarquivir—, su oportunidad llegaría cuando, una vez asentado el poder saadí en la región, se vislumbrara la conquista del Imperio del Songhay. A través de esta conquista, Ahmed al-Mansur, heredero de su hermano Abd al-Malik —quien fue el victorioso pero fallecido monarca de la batalla de Alcazarquivir—, buscaba hacerse con el oro africano para financiar una campaña para invadir la Península —en aquel entonces, bajo el reinado de Felipe II—, con el apoyo de la Inglaterra de Isabel I. Un plan que, sin embargo, no llegaría a llevarse a cabo. La invasión a este imperio situado al sur del Sáhara fue justificada con la descendencia de este, directamente, del profeta Mahoma y que, como tal, los restantes reyes del Islam debían mostrarle vasallaje.

Yuder reclutó a un ejército de alrededor de seis mil efectivos para tal misión, entre ellos había aproximadamente unos dos mil arcabuceros, pero lo interesante es que la mitad de estos eran de origen andaluz y la otra mitad, renegados de otras nacionalidades. La caballería estaría formada por unos quinientos jinetes arcabuceros renegados —spahis— y habría unos dos mil lanceros de Mauritania y Marruecos, así como otros dos mil servidores entre camelleros y gastadores. De todo este contingente, las tropas más valiosas y mejor consideradas eran las de origen hispano y, en buena medida, las de origen andaluz debido a que portaban el armamento más avanzado.

El Imperio del Songhay estaba gobernado por Askia Ishap II, su capital se situaba en Gao y basaba su riqueza en los intercambios que se realizaban entre el corazón de África y Europa. El control de las rutas comerciales y de las minas más importantes de la región permitió a los monarcas de este imperio extenderse a lo largo de buena parte de los actuales países de la región del sur del Sahara.

Yawdar partió el 30 de octubre de 1590 desde Marrakech con dirección a la cuenca del Níger, cruzando más de dos mil kilómetros a través de tierras desérticas sahelinas y sufriendo una gran cantidad de bajas. Cuando ambos contingentes se enfrentaron en las cercanías de Tondibi, el pueblo songhay disponía de la superioridad numérica pero los marroquíes contaban con los arcabuces, que nunca habían sido vistos en aquella región, un hecho que propició que la victoria de Yawdar fuera aplastante.

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Mapa del Imperio de Songhay en el siglo XVI

Su avance a la capital, Gao, se vio frenado porque el general renegado quería que sus tropas se recuperaran tras la batalla. El monarca Ishap II y la nobleza aprovecharon esto para abandonar la capital y viajar a las ricas minas de oro, fuente de la riqueza de la región. Desde allí hostigaron a los invasores y la situación quedó en un punto muerto, por lo que el monarca ofreció su vasallaje a los marroquíes y les otorgó una ciudad, Tombuctú, que pasaría a ser el centro de poder en la región.

Debido a ello, en 1591, Yuder y los suyos entraron en Tombuctú, donde hizo un campamento militar. Convirtió la ciudad en la capital de un nuevo Pachalato que sería dependiente del Imperio Marroquí. Esta situación traería consigo la desintegración de un poder centralizado que mantuviera verdaderamente unida la región, ya que el poder de Tombuctú se circunscribía a las zonas aledañas del río Níger. En adelante, el antiguo imperio desaparecería y la zona se caracterizaría por la inestabilidad que surgió por los enfrentamientos entre las diferentes tribus de la región (tuaregs, bambaras, peules, etc.). Esta situación generó que el comercio a través del Sáhara se resintiera y que, sumado a la nueva situación geopolítica europea —que ahora miraba a las minas de plata americanas—, el comercio entre el corazón de África y Occidente desapareciera casi por completo. Los europeos sólo mantendrían puertos estratégicos en Guinea para mantener el flujo comercial de esclavos, necesarios para la explotación de los recursos del Nuevo Mundo. Dada esta circunstancia, la región del antiguo Imperio del Songhay perdió casi toda su influencia derivada del control de las rutas comerciales entre África y Europa.

Otro aspecto de sumo interés fue que, aunque el poder de Yuder fue efímero en la región, tras esta conquista se formó en Tombuctú la casta de los Arma, que estaba formada por los descendientes de los conquistadores que se establecieron en la curva del río Níger y que fue uno de los grupos aristocráticos más prestigiosos hasta bien avanzado el siglo XIX. La denominación Arma deriva del hecho de que los hispanos-marroquíes fueron los primeros blancos que portaron armas de fuego. La composición de este grupo no fue homogénea, puesto que su procedencia era en realidad muy diversa, ya que se mestizaron con las poblaciones autóctonas de la curva del Níger, especialmente con el otro grupo aristocrático de la región: los songhay.

Por otro lado, buena parte de los conquistadores de origen hispano regresaron al norte, a Marruecos, pero las comunicaciones entre Tombuctú y Marruecos se mantuvieron y paulatinamente nuevas fuerzas militares fueron llegando a la región. Igualmente esto no impediría que, tras un grupo esencialmente morisco e hispano, el poder dentro de estos contingentes fuera derivando hacia los árabe-bereberes. La denominación de este grupo, dentro de la curva del Níger, fue la de «landalusí», que evidenciaba que el origen de los Arma estaba, aunque fuera de una forma simbólica, en al-Ándalus.

El dominio de los Arma sobre Tombuctú perduraría, bajo vicisitudes de todo tipo, hasta el año 1833, cuando fueron derrotados definitivamente en una cruenta guerra frente a otro grupo étnico de la región, los pelues. Aunque, aun habiendo perdido el poder, siguieron realizando durante unas décadas más importantes labores administrativas en Tombuctú para los nuevos gobernantes.

Bibliografía

Cano & V. Millan (2006). De Córdoba a Timbuktu. Almuzara.

Llaguno, Antonio (2008). Tombuctú. El reino de los renegados andaluces. Dos siglos y medio de presencia hispana. Almuzara.

Llaguno, Antonio (2007). La conquista de Tombuctú. La gran aventura de Yuder Pacha y otros hispanos en el País de los Negros. Almuzara.

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