Las Negras – Aguas Amargas. Cabo de Gata, Almería

Miguel Bueno Jiménez – Piedra

 

De playa en playa y vuelvo porque me apetece. El paisaje, las calas, los rincones que parecen esperar que los descubras tú solito, como si desde nuestros Neandertales nadie hubiese pasado por allí.

Las Negras es un caserío de Níjar con 349 habitantes, españoles solo el 45%, dominando entre los extranjeros la colonia alemana.

Aunque la leyenda hace referencia a que el nombre de Las Negras se debe a las viudas de los marineros del pueblo, que vestidas de luto recorrían las pedanías vecinas para pedir algo que llevarse a la boca, más bien creo que no es necesario recurrir a historias que se repetían en todos los pueblos. La colada andesítica que vuelca al mar toda su negritud en el llamado Cerro Negro es tan espectacular en las cercanías del pueblo que bien ha podido dar nombre al caserío.

A hora y media a pie, y a seis euros en barco, se puede llegar a la cala de San Pedro, con un manantial de agua que hace de ella un verdadero oasis, donde en su cueva te puedes embadurnar con lodo en un verdadero baño de barro «medicinal».

En el camino a Aguas Amargas, encontrarás los montículos blancos de bentonitas, arcillas originadas a partir de la alteración de tobas volcánicas, que tienen infinidad de aplicaciones. Solo hablaré de los lodos utilizados en perforaciones petrolíferas y de su uso en las camas de gato.

Las bentonitas tienen tal capacidad de adsorber, hasta 5 veces su volumen de líquidos, y son tan aglomerantes que en contacto con la orina forman bolas duras y secas externamente, de fácil manejo para retirarlas.

Los lodos bentoníticos, en perforaciones de miles de metros, se introducen por las «varillas» y salen al exterior arrastrando los detritos rocosos entre los tubos y las paredes, con lo que evitan el desplome de estas, que atraparían las varillas en caso contrario, parando el movimiento rotatorio del sondeo y claro, nos sacan al exterior la roca triturada para poder continuar sondeando.

En Aguas Amargas, encontramos la playa cubierta de los restos secos de Posidonia oceanica, planta con flores que forman las tan admiradas praderas submarinas, bioindicador de la calidad de las aguas marinas costeras y que los no informados confunden con algas. En el extremo oriental de la playa aún quedan restos del antiguo embarcadero de mineral de hierro, procedente de las minas de Lucainena de las Torres.

En las cercanías de la playa de los Muertos, entre el denso matorral que cubre el acantilado, tomé nota de una orquídea, florecida en el mismo mes de enero. Aunque la playa recibe el nombre de los restos de náufragos que las corrientes dejaban en su orilla, ahora es una cala encantadora sin ninguna construcción cercana.

 

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Este artículo fue publicado originalmente en el espacio personal de Piedra

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