Las metamorfosis de Aníbal González

Posted by
Plaza de España, Sevilla

 

Saulo Ruiz Moreno

El hermetismo en la obra de Aníbal González

Aníbal González Álvarez-Ossorio es una de esas figuras que, si bien resultan conocidas por muchos, siguen faltas del reconocimiento que merecen por la sociedad. Arquitecto nacido en Sevilla el 10 de junio de 1876, se formó en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid con las calificaciones más destacadas de su promoción. Fue alumno de Ricardo Velázquez Bosco, gran arquitecto eclecticista de principios de siglo XX, y de Vicente Lampérez, miembro de la Real Academia de la Historia, importante restaurador, arquitecto e historiador del arte. Su mujer, Ana Gómez Millán, era hija de José Gómez Otero, miembro de una saga de notables arquitectos sevillanos. Además, desde sus inicios trabajaría muy vinculado a sus primos Cayetano y Torcuato Luca de Tena y Álvarez-Ossorio, el primero, alcalde de Sevilla entre 1906–1907 y el segundo, un importante empresario y periodista de la época muy próximo a la alta sociedad, fundador del periódico ABC y la revista Blanco y Negro.

Entorno

Con estos antecedentes familiares y académicos, sumados a su pasión por la investigación documental –que le impulsaría a reunir una importante biblioteca– y sus viajes por España, Italia, Francia y Reino Unido, Aníbal González se presenta como un arquitecto bien posicionado socialmente y con una gran inquietud intelectual que le permitirán crear una obra tan característica que será capaz de dotar a Sevilla y su provincia diocesana (que en la época incluía a Huelva y Jerez de la Frontera) de una atmósfera genuina que aún perdura y se confunde con un tipismo anterior del lugar. Efectivamente Aníbal es una figura con tal capacidad metamorfoseadora del entorno que su obra se asimila con frecuencia a elementos típicos que son, en realidad, hallazgos propios de su intelecto muy bien adaptados a la remodelación urbanística de principios del siglo XX, la creciente industrialización, los cambios tecnológicos y las necesidades sociales de un mundo que está dejando atrás antiguos modos de vida. De hecho, según diferentes estudiosos de la arquitectura civil sevillana, sería durante un concurso de casas sevillanas de los años 10 del siglo XX que Aníbal González propondría como decoración de las calles el uso de los naranjos que se solían usar en los patios privados de las casas señoriales. Desde entonces, el olor a azahar en primavera es un rasgo característico del urbanismo del Bajo Guadalquivir, así como la recuperación del azulejo y la cerámica para la decoración exterior de las casas, el uso del ladrillo visto, el hierro forjado y repujado y el mármol.

La obra de Aníbal González derrocha intelectualidad y simbolismo, fruto tanto de su formación como de un entorno propicio. Habría que partir de que Sevilla, desde sus orígenes, ha estado permanentemente vinculada al hermetismo, una ciudad en la que el patrimonio histórico ligado a la Alquimia es extraordinariamente abundante y palpable, lo que ha permitido que los autores herméticos proliferen a lo largo de su historia. Pero además de haber nacido en esta urbe alquímica, en los antecedentes que ayudan a entender la obra de Aníbal González hay que tener en consideración el momento histórico de su etapa formativa. En toda Europa, el final del siglo XIX y los inicios del XX verán crecer en la intelectualidad una tendencia a la revisión histórica de lo más cercano, un paulatino auge de los nacionalismos y de la recuperación de una supuesta memoria ancestral de los lugares y sus gentes –en realidad, una memoria basada en la idea coetánea que tenían de la antigüedad, por lo normal muy sesgada por la representación idealizada un medievo de carácter épico–; este resurgir de viejas directrices y estilos dará lugar a la eclosión de todos los neos artísticos, a las recreaciones de mitologías y leyendas antiguas, a la puesta en valor de lenguas minoritarias y a la restauración de las supuestas esencias de pueblos desaparecidos milenios atrás. Una consecuencia directa de estas revisiones en el pensamiento y de esta vuelta –a menudo ficticia– a los orígenes es que durante el último tercio del siglo XIX proliferen las formas de pensamiento alternativo, se multipliquen las sociedades secretas y los círculos de pensamiento ajenos al oficialismo. Entre estos grupos es destacable la aparición de numerosas logias masónicas, ya que es una época convulsa y las sociedades secretas son muy atractivas para recomponer una filosofía social en cambio. Según Eduardo Enríquez del Árbol, hacia 1870 había solo 5 logias masónicas entre Sevilla, Córdoba y Cádiz, cantidad que aumentará hasta 54 en 1895; una tendencia que entrará en crisis tras las pérdidas coloniales y la guerra, pues sufrirá constantes persecuciones tras el declive del republicanismo y el número de logias caerá hasta 7 hacia 1900.

La catedral de Sevilla

puertaprincipe.jpg
Portal Sur de la Catedral de Sevilla

Otro elemento de valor para entender la figura de Aníbal González parte de 1866, fecha del primer proyecto de terminación de la catedral de Sevilla, firmado por el arquitecto Demetrio de los Ríos (1827–1892). Con este se pretendía culminar los portales así como afianzar estructuralmente el edificio. Sin embargo, estos trabajos quedarían paralizados por los diferentes acontecimientos políticos que mantenían en vilo a la población española del momento: la revolución de 1868 y la proclamación de la República de 1873. No será hasta 1876 cuando una comisión de Patrimonio Nacional en la que participaba el arquitecto Alfonso Fernández Casanova (1843–1915) alerte de la urgencia en la restauración y se impulsen los trabajos, que comenzarán en 1885 bajo la dirección de Fernández Casanova, que trabajaría con artesanos formados en las canteras de restauración de edificios civiles y religiosos de toda Europa de manera similar al modelo de las corporaciones medievales y siguiendo la influencia de Viollet Le Duc (1814–1879), famoso restaurador francés a quien se le debe el renacer –ciertamente subjetivo– del gótico. La restauración de la portada principal, el portal de la Asunción, concluiría hacia 1898. La del portal sur o de San Cristóbal abarcaría de 1888 a 1895, y la fachada norte o de la Inmaculada Concepción comenzaría ese mismo año de 1895 y se terminaría hacia 1927. Por lo tanto, Aníbal González vivió durante toda su vida este proceso de trasformación de la catedral, una restauración con una importante carga de simbología hermética según demuestran Bernard Roger y Jorge Camacho en su La cathédrale de Sévilla et le Bestiaire Hermétique, «La catedral de Sevilla y el Bestiario Hermético».

El Gallo Azul

galloazul
El Gallo Azul

Además del evidente contacto con el patrimonio hermético sevillano, se tiene constancia de que Aníbal González tuvo mucha relación con Jerez de la Frontera, principalmente con la familia Domecq, para la que realizaría diversas obras en la ciudad. En el trascurso de estas visitas habría tenido ocasión de disfrutar del interesante patrimonio hermético de Jerez y, en particular, de las extraordinarias aportaciones de Diego Moreno Meléndez, arquitecto jerezano del siglo XVII cuya obra trasmite una visión muy interesante de la alquimia –aspecto que ya se puso de manifiesto en Alquimia en Jerez. Principios del simbolismo hermético según sus monumentos–. Esta relación con Moreno Meléndez se haría patente con el proyecto de El Gallo Azul, obra pública promocionada por el consistorio jerezano y pagada por la familia Domecq a la que Aníbal González se presentó con el seudónimo Diego Moreno Meléndez. Este edifico representa una de sus obras más netamente alquímica y con un discurso hermético más desarrollado tal como se explica en Alquimia en Jerez.

Fuente de las ranas y los leones

fuenteranasleones
Fuente de las ranas y los leones

Una última influencia que podría haber tenido una importancia capital en la obra de Aníbal González vendría determinada por la veracidad de la hipótesis de Javier Corzo a propósito de la identidad de Fulcanelli. Según este investigador, el seudónimo Fulcanelli escondería al infante Carlos de Borbón y Borbón, casado en 1907 en segundas nupcias con Luisa de Orleans, miembro de una familia muy relacionada con Sevilla y su entorno. El infante, que residía en el palacio de Villamejor de Madrid, pasaría de las visitas esporádicas a residir en Sevilla a partir de 1914 hasta 1931, momento en el que como consecuencia de la proclamación de la II República se exiliaría en Italia y luego en Suiza, para regresar, en 1939, a Sevilla donde permanecería hasta su fallecimiento en 1949. Resulta bastante probable que dentro del círculo de Luca de Tena se incluyera el infante, sobre todo a partir de ser nombrado capitán general de Andalucía en 1921, por lo que el contacto con Aníbal González podría haber surgido en cualquier momento.

La obra de Aníbal González

Todos estos condicionantes van a influir en el amplísimo catálogo de obras tanto civiles como sacras en las que trabajará Aníbal González de manera incansable hasta su prematura muerte. Dentro de este inventario de obras se pueden distinguir dos etapas. La primera, que comprendería los años inmediatos a su licenciatura hasta 1909, es de tendencia modernista; pero a partir de ese momento su estilo deriva hacia el historicismo, donde entremezcla el neomudéjar con el neogótico, el renacimiento italiano y español. Este eclecticismo es una similitud estilística que comparte con el jerezano Diego Moreno Meléndez (1626–1700), que se adelantó doscientos años a estos movimientos arquitectónicos. Las obras de un carácter hermético más evidente se concentran en el segundo período, sobre todo a partir de 1916, caso de la Casa de las Conchas (Sevilla, 1916), la capilla de los Luises (Sevilla, 1917), diversas piezas en el parque de María Luisa (Sevilla, 1911–1928), la Plaza de España (Sevilla, 1927–1928), El Gallo Azul (Jerez, 1927) o la estación de ferrocarril de Jerez (Jerez, 1928). Esta concentración de obras herméticas en su última etapa quizá se deba a una mayor madurez intelectual o de estilo, mayor capacidad de decisión sobre el diseño de su propia obra o, quizá, que hasta ese momento no se hubiera topado con el inductor de su pensamiento simbólico; este momento coincidiría con la llegada de Carlos de Borbón a Sevilla.

mercurio-estacion_2-1024x683.jpg
Mercurio. Estación de Jerez.

Plaza de España, Sevilla

En cuanto al formalismo de sus propuestas, el simbolismo de Aníbal González es rico en personajes mitológicos grecolatinos y criaturas fabulosas, para cuya representación usa la cerámica, azulejos y bajorrelieves con ladrillo tallado. De manera paralela, aprovecha los trazos del edificio para dibujar jeroglíficos alquímicos de una forma bastante evidente, como ocurre con el atanor que esconde El Gallo Azul, el matraz aforado de la fuente de las ranas y de los leones del parque de María Luisa o el globo crucífero de la plaza de España de Sevilla. Algunos de estos lugares ya han sido comentados en Alquimia en Jerez.

Entierro de Aníbal González

Aníbal González morirá el 31 de mayo de 1929 a los 53 años debido a una infección intestinal. A causa de su renuncia como director de obras de la Exposición Iberoamericana por sus desavenencias con el Comité de Organización, apenas si había percibido honorarios, si bien había contraído cuantiosas deudas, por lo que muere en la ruina. Este hecho causó un gran impacto en su entorno, tanto es así que la sociedad civil hispalense, a propuesta del diario El Liberal, recaudaría a su fallecimiento fondos para construir una casa donde vivirán su viuda, Ana Gómez Millán, y sus hijos. La figura de Aníbal González era muy querida por la ciudad de Sevilla, fue un entierro multitudinario y por su capilla ardiente, instalada en la iglesia del Sagrario, pasaron las principales personalidades de la ciudad, incluido el infante Carlos de Borbón.

entierroanibalgonzalez.jpg
Entierro de Aníbal González en Sevilla

Saulo Ruiz Moreno
2 de febrero de 2017
Purificación de la materia por el fuego

Este artículo fue publicado en La Andalucía con permiso del autor. Visite su página web.

Deja un comentario