Las cenizas de Andalucía

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Cenizas del incendio de Doñana en una playa de la Costa de la Luz [Foto: Sebastián Chilla]

 

Leonor De Bock Cano

Se cumplen 81 años desde que el padre de la patria andaluza fue fusilado gritando «¡Viva Andalucía libre!». Y ha pasado todavía más tiempo desde que se lamentaba de haber visto de niño en Archidona a los jornaleros pasear su hambre por las calles del pueblo. Desde entonces, han cambiado modos y formas, el caciquismo tiene otros nombres, pero el fondo del retraso y marginación de Andalucía frente a otras comunidades de nuestro país no ha cambiado tanto como debería tras treinta y cinco años de gobierno socialista.

Un gobierno que se ha apropiado sólo de la parte más superficial y folclórica del ideario de Blas Infante, figura que desconoce la mayoría del pueblo andaluz hasta el punto de creer que se trata de un nombre más de una calle o de un colegio. Los casi 500 millones de euros que se inyectaron recientemente en Canal Sur siguen sin servir para aumentar la cultura de la población. Más bien, la cadena fomenta la tauromaquia en horario infantil o muestra procesiones, ferias y romerías, por no hablar del autobombo de la «Andalucía imparable» o de la trivialidad de la mayoría de los programas que ofrece.

Y no hablemos ya de la falta de memoria histórica en la enseñanza pública andaluza, es decir, del silencio en las aulas sobre la guerra civil, la posguerra y la dictadura franquista, que debería ser de estudio obligatorio en todos los niveles educativos. Esta ausencia es también evidente en los espacios públicos.

El primer problema de los andaluces, sin embargo, es el desempleo. En este aspecto, Cádiz y su provincia son las más castigadas, siendo Sanlúcar y Jerez las que se llevan la palma, después de Linares. En esta última población, la tasa de paro es del 44,5 %; en Sanlúcar, del 37% y en Jerez, del 36,05%. Por contra, en San Sebastián sólo hay un 9,2% de desempleo; en Sant Cugat del Vallés, un 8,9% y en Pozuelo de Alarcón, un 8%. Las cifras del INE muestran, además, que el paro femenino es siempre superior al masculino y, por tanto, afecta sobre todo a las familias monoparentales, casi siempre encabezadas por una mujer. Recordemos la magnífica película Techo y comida del jerezano Juan Miguel del Castillo. Son mujeres que, además de carecer muchas veces de un puesto de trabajo o de una pensión, tienen que cuidar a los hijos en solitario y hacerse cargo a la vez de las tareas domésticas.

Esto deriva en pobreza y exclusión social, –el 43,2% de los andaluces la sufren–, una pobreza que golpea especialmente a los niños (48,1%). Niños que sólo comen una vez al día, cuando están en el colegio, lo que tiene devastadoras consecuencias físicas y psicológicas. El 12% de los andaluces está en situación de pobreza extrema, es decir, sobrevive con menos de 332 euros al mes. La solución no es sólo que los comedores escolares funcionen también durante el verano, sino diseñar políticas activas de empleo, sobre todo para los sectores más vulnerables de la población, y establecer una renta básica que asegure unos mínimos vitales dignos.

Otro sector desamparado es la juventud, que por muy preparada que esté y por muchos títulos que esgrima, no encuentra oportunidades en su tierra y tiene que emigrar a otras zonas de España en el mejor de los casos o a Londres, París, Berlín, o incluso más lejos, en el peor, para emplearse la mayoría de las veces en puestos mal pagados o en trabajos precarios.

Se crea así una situación de desarraigo familiar, de pérdida de los vínculos con el entorno, como ocurre y ha ocurrido con todos los migrantes a lo largo de la historia, y un evidente descenso de la natalidad. La gente joven que se queda no puede independizarse, no puede comprar o alquilar una casa, no puede crear una familia y luego dicen algunos que son egoístas, que no quieren tener hijos, que son ninis.

Han vuelto situaciones que creíamos superadas; se ven en las calles de nuestras ciudades y pueblos escenas propias de otros tiempos, como el limpiabotas, el vendedor de higos chumbos, los comercios y negocios cerrados, pedigüeños por todas las esquinas, músicos, cantaores o bailaores espontáneos a cambio de unas monedas… En Jerez, si nos paseamos por ciertas calles del casco histórico, encontramos un escenario post-bombardeo: casas desconchadas o a punto de derrumbarse, palacios en estado semirruinoso, solares convertidos en vertederos de basura, aceras imposibles, pasos de cebra que ni se ven, farolas rotas que no se arreglan desde hace años. Y si hablamos de Sanlúcar, las calles siguen desconociendo el uso de camiones de riego, de manera que los pies se pegan al asfalto, dando una imagen turística de la ciudad totalmente degradada, por mucho que se alaben los langostinos y la manzanilla.

Podemos hablar de las comunicaciones, con la construcción del AVE con destino a Granada paralizada hace dos años y el difícil acceso por tren a esta ciudad y a Almería. En Jerez se ha abierto, por fin, después de una década, el edificio de Radioterapia y parece que han empezado a funcionar las urgencias en La Milagrosa, pero continúan las situaciones tercermundistas en los hospitales públicos con urgencias colapsadas, sobre todo en los periodos vacacionales y listas de espera interminables para una operación.

También seguimos teniendo el PER, la ocupación de fincas por jornaleros y su encarcelamiento, la enrevesada madeja de corrupción de los ERE, los bonos sociales, los submarinos nucleares en Rota y Gibraltar, los narcos que campan a sus anchas en La Línea, Barbate o la misma Sanlúcar, el hotel ilegal de El Algarrobico en el cabo de Gata, los suspensos en los informes Pisa frente a la media nacional e internacional y los desastres ecológicos nunca bien explicados ni castigados como el de los vertidos tóxicos de Boliden en el entorno del Parque de Doñana, la joya de nuestra tierra, que ahora hemos visto con dolor convertido en cenizas en una considerable extensión de 7000 hectáreas.

¿Negligencia, especulación urbanística, almacenes de gas natural Fenosa…? Me temo que nunca lleguemos a saberlo.

Entre tanto, Andalucía arde.

FUENTES

Leonor de Bock Cano es miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía, doctora en Filosofía y Letras y catedrática jubilada de instituto.

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