La voz exiliada de Margarita Xirgu

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Noelia García Millán

 

Preciosa y el aire

Su luna de pergamino
preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de Cristales y laureles.

Federico García Lorca

Margarita Xirgu Subirá fue una reconocida actriz pero también una mujer valiente y transgresora que llevó el teatro clásico español por toda España y Latinoamérica, enfrentándose a la censura y sufriendo por ello el exilio de su país natal. A la pena del exilio, se unió el dolor por la pérdida de su gran amigo: el poeta Federico García Lorca, asesinado por balas franquistas impregnadas de rencor e intolerancia.

Nacida en 1988 en Molins de Rey, Barcelona, y gran aficionada al teatro, pronto debutó como actriz profesional, llegando a interpretar el estreno de grandes obras de reconocidos autores.

En 1910, consigue formar su propia compañía de teatro y comienza a ganarse el prestigio en la escena española, convirtiéndose en una de las actrices más importantes de la época. Poco después, comienza su carrera internacional, debutando, con éxito, en Sudamérica.

Es una época en la que la cultura, hasta el inicio de la Guerra Civil Española, vive una etapa de esplendor, conocida como la Edad de Plata. La proclamación de la Segunda República generó en el país una fuerte inquietud cultural, que se tradujo en un intento de difundir el teatro clásico para acercarlo al pueblo. Dentro de esta política teatral republicana, el protagonismo de la actriz Margarita Xirgu y del poeta y dramaturgo Federico García Lorca fue indiscutible. La vida y trayectoria profesional de ambos está íntimamente unida, estableciéndose entre el poeta y la actriz una profunda amistad y admiración mutua.

Federico encarnó la esperanza republicana por dignificar el teatro español. El grupo de teatro ambulante La Barraca fundado por el autor consiguió difundir y promover la cultura teatral entre el pueblo. Gran revolucionario y anticapitalista, defensor de la libertad y la igualdad, Federico luchó por una sociedad más ilustrada pero sobre todo más humanista. Como intelectual, apoyó el proyecto cultural de la República, mostrando su compromiso con la izquierda, lo que levantó un sentimiento de odio en la derecha.

Por su parte, Margarita se muestra en escena como una actriz decidida e intrépida, atreviéndose a interpretar papeles en obras polémicas por la audacia de sus escenas y demostrando un interés especial por personajes femeninos de la literatura dramática que rompen con el perfil de la mujer tradicional.

Pronto, su dramatismo cautiva a Lorca, quien, desde que la ve actuar por primera vez, sólo piensa en escribir dramas para ella. Tras intentar, sin éxito, dada la represión de la dictadura de Primo de Rivera, que alguna compañía teatral se atreviera a representar su obra Mariana Pineda, el poeta le hace llegar a la actriz una copia del manuscrito. Margarita, cautivada por el personaje, una joven heroína granadina ejecutada por el régimen dictatorial de Fernando VII en 1831 por bordar una bandera liberal, se arriesga a representarla.

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Federico García Lorca Lorca, Margarita Xirgu y Cipriano Rivas Cherif, en el estreno de Yerma, en el Teatro Español de Madrid, el 29 de diciembre de 1934

La obra fue considerada una exaltación de la República por las alusiones a la libertad, lo que le valió a Federico la consideración del primer poeta republicano de España y a Margarita, el apodo de Margarita la Roja, por sus inclinaciones republicanas. Sin embargo, el estreno fue todo un éxito, lo que desencadenó para ambos numerosos homenajes, y marcó el inicio de una relación profesional entre el poeta y la actriz pero también de una gran amistad y admiración recíproca.

A partir de ahí, Margarita lleva a escena el estreno de todas las obras de su amigo el poeta. En 1936, Margarita emprende una gira por América a la que Lorca pretende unirse una vez finalice La Casa de Bernarda Alba, obra que está escribiendo. El poeta se despide de su amiga con la promesa de reencontrarse, sin saber que nunca más se volverían a ver. La Guerra Civil Española sorprende a Margarita en plena gira y ya jamás pudo volver, en vida, a su país natal. Federico, que habría salvado la vida si se hubiera subido a aquel barco, fue asesinado por el fascismo, el rencor y la homofobia.

Con la victoria de Franco, la actriz fue condenada por el Tribunal de Responsabilidades Políticas a la pérdida de todos sus bienes, a la inhabilitación para cargos de toda clase y destierro. La dictadura le arrebató todo, incluido a su gran amigo Federico García Lorca.

Margarita se ve arrastrada al exilio en Uruguay, donde decidió permanecer a pesar de la nostalgia. No podía regresar a un país donde habían asesinado a su amigo y donde la censura le impediría representar sus obras cuyo tema central eran la libertad y la opresión franquista.

La dramaturgia republicana fue así condenada al silencio y al exilio por la prohibición y censura instaurada por el régimen franquista para perpetuar la moral del nacional-catolicismo.

La censura calló a Lorca en España, pero la Xirgu decidió mantenerlo vivo desde el exilio, desde donde lucharía contra la dictadura franquista con sus únicas armas: dignidad, teatro y memoria. Ni el exilio, ni la muerte, ni las campañas iniciadas en su contra podrían separarlos.

Margarita comienza así una trayectoria profesional en el exilio sumamente intensa y, a pesar de ser mujer y de su condición de extranjera, llegó a fundar y dirigir en Montevideo la primera escuela de arte dramático donde se formaron grandes actores, entre ellos, Alberto Closas y Sancho Gracia.

Considerada como una revolucionaria de la escena, la Xirgu llevó al público sudamericano el teatro clásico español, manteniendo viva la obra de Lorca. La actriz nunca aceptó ni entendió el asesinato de su amigo el poeta, convirtiendo en un homenaje cada una de las representaciones teatrales de sus obras y creando así un espacio de protesta contra la intolerancia y el olvido. Todos sus estrenos iban precedidos de unos minutos de silencio como recuerdo al poeta.

En 1945, ya en el exilio, recibe la obra póstuma de Lorca, La Casa de Bernarda Alba, escrita especialmente para ella, y que estrena con gran éxito en el Teatro Avenida de Buenos Aires.

La actriz murió durante una intervención quirúrgica en Montevideo, el 25 de abril de 1969, y en 1988, la Generalitat repatrió sus restos mortales para enterrarla en su pueblo natal, cumpliendo sus últimas voluntades.

A lo largo de su vida y después de su muerte, Margarita recibió numerosos reconocimientos por su trayectoria profesional tanto en España como en Sudamérica, sin embargo, ninguno podría compensar la ausencia del poeta.

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