La Semana Santa «andaluza» en Cataluña

 

Francisco García Duarte

Podemos decir que las procesiones de Semana Santa han resurgido en Cataluña con fuerza, gracias a los andaluces, en la última década del siglo XX y en los primeros años del XXI, en aquellas localidades en las que se había perdido esa tradición como Barcelona, Manresa, Santa Coloma de Gramanet, Hospitalet o El Prat; y las procesiones impulsadas por andaluces conviven con las tradicionales de Cataluña en ciudades como Mataró, Tarragona o Badalona.

En muchas de estas procesiones, llama la atención que la simbología, la estética y la puesta en escena —si no lo propios nombres de las cofradías— son andaluzas. Como en Andalucía, los costaleros mecen los pasos dándoles ese aire humano al sufrimiento del Cristo y dan ternura al dolor de su madre. Las «levantás», como la del Nazareno de la procesión del Viernes Santo de Mataró, hacen que los esfuerzos de quienes van bajo las «trabajaeras» nos recuerdan el esfuerzo diario de la vida. «La salía» a rodillas de la Virgen de la Angustias por la puerta de la iglesia de San Jaime de Barcelona nos recuerda las estrecheces de la vida. Las saetas que lanzan al Cristo o la Virgen en la puerta de la Casa de Andalucía del Prat, las marchas procesionales de la banda de la Asociación Cultural Andaluza 15+1 de Hospitalet, el redoble de la banda de tambores del Centro Cultural Andaluz de Mollet del Vallés que acompañan al Gran Poder hasta la catedral de Barcelona… son expresiones de un pueblo que se estremece al son de marchas interpretadas por unas bandas de música que son elemento esencial del clima sonoro, y que rompe en olés cuando desde una acera o un balcón, fluye por martinetes una saeta que se oye en el más absoluto silencio. El barroquismo de los tronos, la profusión floral, la exuberancia de los mantos de la Virgen, las expresiones de su cara, hacen que la imagen de la Madre de Dios avance majestuosa entre la muchedumbre. Con Él y con Ella, van sobre los costaleros la forma de entender la vida y la muerte de los andaluces.

Ello es debido a que los impulsores de estas cofradías son «andaluces». Y citamos lo de andaluces entrecomillado porque no sólo nos referimos a personas nacidas en Andalucía, sino también a otras que —sin serlo— viven y sienten la Pasión al estilo de Andalucía. Esa es la percepción de la sociedad catalana: «la mayoría de las procesiones de Cataluña tienen su origen en la añoranza de inmigrantes andaluces que no se han resignado a prescindir de una tradición tan arraigada y sentida en su lugar de origen».[1]

Son variadas las circunstancias en las que se han desarrollado estas cofradías. Las hay que han nacido directamente de una asociación andaluza donde una parte de sus miembros han sentido la necesidad de expresar su fe «a su manera». Es decir, como dicen los antropólogos, los miembros de una comunidad emigrante sienten la necesidad de reproducir sus símbolos identitarios dentro de la sociedad de acogida. En este caso podemos poner como ejemplo —entre otros— las cofradías nacidas en la Casa de Andalucía del Prat, de Manresa, de Lleida o de la Colonia Egabrense de Santa Coloma. En otros casos, ha sido un grupo de andaluces los que se han asociado y han creado directamente una cofradía, bien extrapolando una advocación de su ciudad o pueblo, o bien creando nuevas advocaciones. En el primer caso podemos encuadrar la Cofradía de la Virgen Macarena y Cristo del Gran Poder, de Barcelona, y en el segundo, la Cofradía 15+1 de Hospitalet de Llobregat.

En general, las procesiones andaluzas en Cataluña han nacido por la necesidad de muchos andaluces por revivir fuera lo que ellos han vivido en sus lugares de origen, aunque al ser los promotores de zonas diferentes de Andalucía, esta extrapolación sólo se ha quedado en una Semana Santa «a la andaluza», donde se mezclan características peculiares de diferentes zonas o bien se improvisan nuevas, en consonancia con los recursos con que cuentan las cofradías.

Todas han nacido del voluntarismo de un grupo de amigos o de una asociación andaluza ya constituida para otros fines pero que ha sentido la necesidad de incluir entre sus actividades culturales una de las más importantes manifestaciones identitarias del pueblo andaluz, como es la Semana Santa.

Las procesiones, además de los aspectos puramente religiosos, conllevan otros que reflejan la idiosincrasia del pueblo andaluz que, como apunta el antropólogo Isidoro Moreno: «también se refleja en la forma humanizada de llevar las imágenes, costaleros y no por medios mecánicos, para que cobren existencia viva, cuasi-humana; en la manera de relacionarse con ellas —relación de distanciamiento respetuoso respecto a los Cristos, en los que se proyecta el padre humano, la familiaridad con las Vírgenes, que encarnan los papeles idealizados de la madre terrena e incluso de la novia—; de hablarles —saetas de consuelo o de piropo, gritos y vivas exaltados o diálogo silencioso e intimista—; de tratarlas cual si fueran verdaderos seres reales —ritual de vestirlas, del besamanos, del reflejar luto por los hijos fallecidos, etc.».[2]

El componente cultural-étnico que se pone de relieve en las manifestaciones religiosas de Andalucía y que se hace más patente en las procesiones andaluzas que se desarrollan en Cataluña es una de las causas —aunque no la única— del rechazo explícito e implícito de una parte de la Iglesia catalana hacia este tipo de celebraciones. De hecho, la mayoría de ellas se han consolidado por la fuerza de los hechos. Es decir, que en muchas ocasiones se han realizado las procesiones al margen de la Iglesia y la autorización ha llegado cuando ya se habían consolidado. Incluso hay casos en que después de muchos años se siguen haciendo procesiones sin que la Iglesia tenga nada que ver, como ocurre con las que organiza la Cofradía 15+1 de Hospitalet.

Aunque aún hay ejemplos, atrás van quedando las reticencias de la Iglesia de Cataluña hacia estas manifestaciones de fe tan distintas a las tradicionales de esa tierra. Eran otros tiempos cuando se hacía callar a un espontáneo que se lanzaba a cantar una saeta al paso de un Cristo. Ya va cambiando la actitud de algunos párrocos que se negaban a abrir las puertas de la parroquia a los pasos procesionales por considerarlos ajenos al verdadero sentimiento religioso. Se va «normalizando» la relación hermandades-iglesia y parte de las mismas cofradías, que en principio nacen como «laicas», van siendo reconocidas por la Iglesia. A ello también ha contribuido la dignificación —sobre todo por el aumento de los medios económicos de las cofradías— de los desfiles procesionales. Todavía queda latente esa lucha soterrada entre la Iglesia y las cofradías por el control de las imágenes. Esa pugna es la que lleva a muchas hermandades a tener sus propias sedes en las que guardan y rinden culto a sus titulares.

Hospitalet

Hablar de la Semana Santa en Hospitalet es hablar de la Asociación Cultural Andaluza Cofradía 15+1. Esta cofradía nace en un bar del barrio de Pubillas Casas de la localidad de Hospitalet, cuando un grupo de amigos, añorando la Semana Santa andaluza, deciden sacar en procesión una estampa de la Virgen sobre una mesa del bar con unas cuantas velas sujetas en botellas de cerveza. Lo que comenzó como una forma de paliar la añoranza por la Semana Santa de sus pueblos, por parte de 15 personas, ha llegado a ser con el tiempo la mayor manifestación pública de carácter religioso de Hospitalet y de las mayores de Cataluña[3] junto a la procesión de la Macarena y el Cristo del Gran Poder por el centro de Barcelona. Con el tiempo, de la estampa de la Virgen se pasó a imágenes de escayola y después a tallas de madera; de los cascos de albañil, escobas y retales que llevaban los romanos, a los vistosos trajes y atuendos comprados en Lucena; de los tambores de latas de pintura, a los últimos diseños de las bandas que acompañan a los pasos[4]. De procesionar sólo una Virgen el Viernes Santo a sacar nueve pasos durante toda la semana, desde La Borriquilla el Domingo de Ramos hasta el Cristo Resucitado el Domingo de Resurrección.

Esta cofradía se autodenomina Asociación Cultural Andaluza Cofradía 15+1[5] y, a pesar de los intentos del Cabildo catedralicio por llevarla a los rediles y cánones eclesiásticos, siempre ha llevado a gala su carácter «laico» y andaluz, ya que sus imágenes no residen en iglesia alguna, ni sus procesiones están respaldadas por la jerarquía eclesiástica, incluso, hacen su «estación de penitencia» en el Hospital de la Cruz Roja de la localidad.

Estas características han llamado la atención de los antropólogos que han estudiado este peculiar «fenómeno de masas». La Semana Santa de Hospitalet es claramente andaluza, no sólo por ser una asociación andaluza su organizadora, sino también por la estética de los pasos, los costaleros (225 en las diferentes procesiones de 2003), las marchas, las saetas de los cantaores de las entidades flamencas de Hospitalet (Peña Antonio Mairena, Asociación Cultural Andaluza Claveles o la Tertulia Flamenca de l’Hospitalet).

Castelldefels

Castelldefels es una ciudad que ha crecido con el aluvión de emigrantes, entre ellos los andaluces, que se agrupaban, sobre todo, en el barrio de Vista Alegre. Allí, en el templo de Nuestra Señora de Castelldefels se hacía un viacrucis en el interior, hasta que un grupo de andaluces decidieron sacarlo a la calle con una talla de un Cristo crucificado existente en el Templo. Eso fue en 1986 y con el tiempo el viacrucis dio origen a la creación de la Hermandad del Cristo de la Paz de Castedelldefels. La talla del crucificado fue donada a la Hermandad y como no tenía nombre, le pusieron —debido a los conflictos bélicos de la época— Cristo de la Paz, que dio nombre a una cofradía que fue creciendo y aumentando el número de imágenes, completando sus procesiones todo el ciclo de la Semana Santa.

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Semana Santa en Barcelona

Barcelona

En 1965, se crea en Barcelona la Pontificia y Real Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima de la Esperanza Macarena, con sede en la parroquia de San José y Santa Mónica situada en Las Ramblas barcelonesas. Desde los primeros años de su creación, saca sus imágenes a la calle por el centro de la ciudad. Sus dos advocaciones son una clara traslación a Cataluña de las originarias de Sevilla, siendo la primera procesión «andaluza» que se celebró en tierras catalanas.

Sus inicios, como los de otras hermandades, no estuvieron exentos de dificultades por los problemas con una parte de la Iglesia autóctona. Hoy es, junto con la de Hospitalet, la procesión con más asistencia de personas, teniendo sus momentos más álgidos de asistencia en el «encuentro» entre la Virgen y el Señor, delante de la catedral donde miles de personas contemplan la escena, y en el cante de las saetas desde un balcón de Las Ramblas barcelonesas, donde se ubica la emisora que acoge el programa «Tocadiscos Flamenco» de Ricardo Romero, que organiza el Viernes Santo un certamen saetero en el que participan varios cantaores. ¡Hasta 14 saeteros le cantaron al Gran Poder y a la Macarena «catalana» en 1989![6].

La Hermandad Ntra. Sra. de las Angustias es la segunda cofradía «andaluza» que se crea en Barcelona. En 1990, un cordobés de Priego, Rafael, y un catalán que era hermano de La Macarena, Alberto Sanahuja, le piden al párroco de la iglesia de Sant Jaume de Barcelona permiso para arreglar y adecentar una imagen de la Virgen de las Angustias que había en la iglesia un poco arrinconada y abandonada. Aunque al principio el párroco mostró sus reticencias, al final aceptó, y con el tiempo se crea la Cofradía de la Virgen de las Angustias.

Desde un primer momento, la aspiración de los primeros hermanos fue la de procesionar con su Virgen, cosa que consiguieron en 1998, haciendo estación de penitencia a la Catedral. Al principio, salía a la calle muy sencilla, en andas, pero en los últimos años procesiona en su nuevo trono gracias a la colaboración de un grupo de costaleros de la Cofradía 15+1 de Hospitalet que, después de estar toda la mañana en la procesión de su cofradía, sacan a la Virgen de las Angustias —de rodillas— de la iglesia de Sant Jaume, donde se localiza su sede parroquial.

Santa Coloma de Gramanet

Santa Coloma es una ciudad de aluvión que había perdido la tradición de las procesiones de Semana Santa en los años cincuenta. En 1993, el Centro Cultural Andaluz Colonia Egabrense decide impulsar la creación de la Cofradía de la Vera Cruz y María Santísima de los Dolores, que en 1995, después de 35 años sin Semana Santa en la ciudad, y pese a las trabas de una parte de la Iglesia Colomense que había influido en el arzobispado para que no se reconociera, consigue procesionar el Jueves Santo de ese año al margen de la Iglesia.

Esta Entidad andaluza es la que ha impulsado cada año la mejora de la Semana Santa Colomense con aportaciones constantes, incluida una centuria romana y nuevos pasos.

Lleida

En la ciudad de Lleida, se mezcla la procesión autóctona con la importada, no sólo de Andalucía sino de otras zonas. Así, en 1998, de los trece pasos que desfilaron el Viernes Santo: La Santa Cena, era del centro gallego de la ciudad al que acompañaban sus gaitas y timbales; El Cristo al calvario, de la Casa de Aragón al que acompañaba los timbales de la Cofradía del Prendimiento de Zaragoza, y El Santo Crucificado, de la Casa de Andalucía que tuvo la participación del saetero onubense Eduardo Hernández.[7]

Mataró

En Mataró se había perdido casi por completo la tradición de realizar procesiones en Semana Santa, cuando a mediados de los ochenta empiezan a organizarse algunas en barrios periféricos habitados, principalmente, por andaluces. Las primeras son organizadas por grupos de personas que desean revivir la Semana Santa de su tierra. Son procesiones —como la del Cristo Nazareno del barrio de Cerdanyola— en las que apenas cuentan con una imagen prestada y un grupo de personas con velas acompañando a la imagen. Su decisión de procesionar por el centro de la ciudad no es entendida por parte de la sociedad mataronense, ni por la Iglesia de la localidad que consigue del obispado que se traslade al cura de la parroquia de María Auxiliadora, Juan Villegas, que había apoyado las procesiones de Semana Santa promovidas en el barrio de Cerdanyola por andaluces. Este hecho indigna a una parte de la población de Mataró, que participa en una manifestación el 10 de Septiembre de 1993 para reclamar al obispado que no traslade al cura, manifestación que terminó en pelea según recogía el diario El País: «Un millar de personas se manifestaron por las calles de la ciudad y se concentraron ante el Foment Mataroní, donde el obispo auxiliar, Joan Carreras, clausuraba un curso de catequistas. Los ánimos se crisparon cuando un seminarista y otros catequistas increparon a los manifestantes con frases como “charnegos, volved a vuestro barrio” y otros insultos que fueron contestados por los feligreses… /… La manifestación del pasado viernes, que contaba con el apoyo de las casas regionales andaluza y extremeña, congregó también a miembros de hermandades y asociaciones vinculadas a la vida parroquial. Los convocantes aseguran que el obispado traslada al párroco Villegas porque un sector de la curia del centro de Mataró ha presionado en este sentido, molesto por el aperturismo que Villegas ha introducido en la parroquia y por el apoyo que ha dado a las procesiones de Semana Santa, promovidas por asociaciones de inmigrantes».[8]

A pesar de los problemas de «incomprensión» que surgieron en los primeros momentos de las cofradías «andaluzas», poco a poco se fueron apagando los resquemores y estas procesiones de los barrios de emigrantes como la de Nuestro P. Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de la Esperanza (Cerdanyola), Nuestro P. Jesús Cautivo y Ntra. Sra. de los Dolores (Rocafonda), y Ntra. Sra de la Soledad (Cirera) incentivó el resurgir de otras cofradías «autóctonas» creándose así una coordinadora de hermandades que organiza el Viernes Santo una de las mejores procesiones de la Semana Santa en Cataluña, en un desfile conjunto que se podría calificar de ejemplo de simbiosis cultural al mezclar la «seriedad» de las cofradías del Santo Sepulcro y del Santo Cristo de la Agonía o de la Buena Muerte, con el barroquismo de los pasos de los barrios, que ya cuentan con muchos más cofrades y medios, y donde los costaleros con sus «mecías» y «levantás», junto al cante de saetas, le dan un tono andaluz.

Además de su participación en la procesión general, algunas de estas hermandades también procesionan en solitario otros días como una clara muestra de su «personalidad», que queda diluida en la común. Otros de los elementos andaluces de la Semana Santa de Mataró es el pregón de Semana Santa y el Festival de Saetas que organiza cada año, el Domingo de Ramos, la Hermandad de Nuestro P. Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de la Esperanza.

Manresa

En esta ciudad del interior de Cataluña, existía una tradición de procesionar el Viernes Santo, por el centro de la ciudad, los pasos del Sepulcro y el Crucificado precedidos de los soldados romanos (els armats). Esta costumbre se cortó en 1982, quedando reducida a los actos del interior de la iglesia de la Seu.

En 1999, un grupo de socios de la Casa de Andalucía decide sacar en procesión el Viernes Santo una imagen de la Virgen Macarena, venerada dentro de la Entidad, y que procesionaban en romería. Así se crea dentro de la Casa de Andalucía la Hermandad de La Macarena y se ponen en contacto con el arzobispado de Vic, del que depende Manresa. Este se opone a las intenciones de los devotos andaluces, pero ante la insistencia de éstos de hacer la procesión, con o sin el consentimiento del arzobispado, éste «tolera pero no autoriza» la procesión, según nos testimonia Francisco Saavedra, un destacado miembro de la cofradía que estuvo en esas conversaciones. La decisión de la Casa de Andalucía es bien vista por los miembros de els armats, que incluso habían animado a la Casa de Andalucía a participar en la Semana Santa manresana. Ese mismo año sale, después de 22 años sin procesión, otra vez a las calles de Manresa. El paso estrella de esa procesión es La Macarena, con sus costaleros que, llevando el paso en andas, la mecen, la levantan, y durante su recorrido, le cantan saetas. También le acompañan madrinas de mantilla y un nutrido grupo de nazarenos y personas con velas. El barroquismo de La Macarena contrasta con la sobriedad de los otros pasos. Fue todo un éxito de público y cinco años después ya está consolidada en una perfecta integración entre las «formas andaluzas» y las «autóctonas».

Pineda de Mar

En Pineda, al igual que en Hospitalet, también es una procesión impulsada por un grupo de amigos en 1985 la que da origen a la creación de una cofradía de penitencia. Pero en este caso es el propio párroco del barrio de Pueblo Nuevo en Pineda de Mar el que anima a un grupo de amigos a realizar una procesión con motivo de la Semana Santa.

Ese primer año, tuvieron que pedir «prestada» una imagen de la Virgen a la parroquia de Pineda de Mar. Al año siguiente, ya constituida la cofradía, adquiere una imagen de la Virgen de los Dolores al taller «Arte Cristiano» de Olot. Posteriormente se compra en el mismo taller la imagen del Cristo Yacente que fue bendecida por el Obispo de Girona. Estas dos imágenes son las que dan nombre a la Cofradía Virgen de los Dolores y el Cristo Yacente.

Lo que parecía que iba a ser una buena relación entre la cofradía y la Iglesia, se trunca en 1987, cuando el obispo cambia al párroco del barrio de Pueblo Nuevo, dando órdenes de no permitir la entrada de las imágenes a la iglesia si salían en procesión durante la Semana Santa. La tensión fue enorme y las imágenes se tuvieron que guardar en un almacén particular desde donde salieron procesionalmente durante los diez años siguientes hasta que la cofradía consiguió su propia casa de hermandad. En 1999, añaden un nuevo paso de Jesús Nazareno que, en el 2000, procesiona por primera vez portado por mujeres.

Otras localidades

En Badía del Vallés, la Cofradía Andaluza Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores, además de adorar y procesionar estos pasos en la Semana Santa, realiza otras actividades ajenas a las religiosas como es la participación en los carnavales, en el Día de Andalucía, en la fiesta mayor de la ciudad, Cruz de Mayo, etc.

En Sant Vicenç dels Horts, la Hermandad Cofrade del Cristo de la Salud y Ntra. Sra. de la Soledad en compañía de la Buena Gente (popularmente conocida como Cofradía de la Buena Gente) procesiona al estilo andaluz el Jueves Santo por las calles de la localidad desde 1999.

En Badalona, se combina la Semana Santa autóctona con la importada, en este caso por la Hermandad del Santísimo Cristo Redentor y Nuestra Señora de la Soledad, que se funda en el barrio de Llefiá en 1984 por un grupo de emigrantes, no sólo andaluces. En los primeros años, realiza su estación de penitencia saliendo desde su sede. Es a partir de 1994, tras su aprobación canónica por parte del arzobispado de Barcelona, cuando realiza la estación de penitencia desde la parroquia de San Antonio de Llefiá, sede canónica de la Hermandad, finalizando en la parroquia de la Salud.

En la ciudad de Tarragona existe una gran tradición de procesiones de Semana Santa que no se ha interrumpido hasta nuestros días, siendo una de las más importantes de Cataluña.

A principios de los noventa, un grupo de andaluces quiere participar activamente, con entidad propia en la Semana Santa tarraconense, y tratan de constituir la Cofradía andaluza de la Penitencia, que al querer aprobar sus estatutos eclesiásticos tienen que cambiar el nombre por el de Cofradía del Cristo del Buen Amor (aunque popularmente se le conoce como la Cofradía de los Andaluces). Poco después, se aprueban sus estatutos eclesiásticos y en 1996, tras casi un año de trabajo, le entregan la talla del Cristo del Buen Amor, obra de la escultora reusense M. Mercé Bessó, que procesiona desde entonces acompañada por una banda de cornetas y tambores de la propia cofradía. Es la única imagen que procesiona con costaleros bajo el trono y a pesar de que ha habido intentos, no se le puede cantar saetas a ningún paso por expresa prohibición de la Iglesia.

Al margen de la procesión del centro de Tarragona, un grupo de andaluces organizan en el barrio de Bonavista, habitado mayoritariamente por personas procedentes de Andalucía que acudían a trabajar al cercano polo químico de Tarragona, otra procesión al estilo andaluz donde sí se cantan saetas, se le llama «guapa» a la Virgen y los pasos van adornados con gran cantidad de flores. Esta procesión sale el Viernes Santo y consta de tres pasos, La Soledad, El Cristo Crucificado y La Dolorosa. La cofradía se crea a mediados de los años setenta, y aunque al principio se quiso legalizar canónicamente, «algunos problemas y desavenencias» —según nos comenta Jordi, el hermano mayor y el único joven de la cofradía— hicieron dimitir a la Junta. Poco después resurge, sin estar reconocida oficialmente por la Iglesia, aunque —paradójicamente— salen los pasos de la iglesia local. En los últimos años, también se realiza otra procesión «andaluza» en el municipio cercano de La Canonja.

En El Vendrell (Tarragona), existe desde 1990 la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas y Nuestra Sra. del Consuelo, que tiene una especial vinculación con el pueblo de Utrera cuyo Consejo de Hermandades y Cofradías le concedió el nombramiento de Hermandad Filial Honoraria. El carácter andaluz de esta cofradía le llevó incluso a encargar imágenes y enseres en Andalucía con el objeto de conseguir la mayor fidelidad con la estética andaluza de la Semana Santa.

En el Prat de Llobregat, se había perdido la tradición de las procesiones, si exceptuamos la procesión que los gitanos del barrio de San Corme habían realizado durante unos años. Se puede decir que ha sido la Casa de Andalucía la que ha contribuido a la recuperación de esta tradición de la Semana Santa en la localidad con la creación de la Cofradía de Jesús Crucificado y la Virgen de los Dolores, cuyos pasos salen desde la sede de la Entidad. Antes de salir a la calle por primera vez en 1996, hacían su propia procesión dentro del local social. En 1999, fue reconocida canónicamente y desde entonces, hacen estación de penitencia en la iglesia de la localidad. Además de los pasos de la Virgen de los Dolores y del Cristo Crucificado, que salen el Viernes Santo, también procesionan la Borriquita el Domingo de Ramos.

En Sant Boi de Llobregat, la Cofradía del Santo Cristo de la Agonía y Ntra. Sra de los Dolores, que tiene su sede en la iglesia de San José Obrero del barrio de las Cinco Rosas, procesiona sus pasos desde el 2002 al estilo andaluz, donde no faltan los costaleros, la banda de música, las saetas…

En el municipio barcelonés de Masquefa, se creó en 1982 la Asociación Cofradía del Cristo Crucificado y Nra. Sra de los Dolores, que organiza una procesión por las calles del municipio donde no falta ninguno de los elementos típicos identificables en cualquier procesión andaluza. Todo comenzó por la iniciativa de varias personas en un bar, que sentían la añoranza de sus procesiones. Durante dieciocho años, han salido en procesión desde la iglesia sin estar reconocida canónicamente, primero con el Cristo Crucificado y, a partir de 1998, con un nuevo paso de la Virgen de los Dolores. A partir del año 2000, estando de Hermano Mayor Domingo Álvarez, se reconoce canónicamente.

También en el barrio de Fátima de la ciudad de Igualada, un barrio que nació a partir de 1953 con la llegada de los andaluces y extremeños, se realiza una procesión «andaluza» desde primeros de los años noventa. La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores realiza tres procesiones; el Jueves Santo, que sacan a la Virgen y al Nazareno; el Viernes Santo, a la Virgen y el Santo Sepulcro y el Domingo de Resurrección, a un Resucitado. Las saetas, los costaleros, las mantillas y los nazarenos no faltan en este barrio «andaluz» de poco más de mil habitantes[9].

Francisco García Duarte, miembro del CEHA

Del libro: El Ideal de Blas Infante en Cataluña, propuestas para una historia del andalucismo en la emigración. Editado por el CEHA (2007)

[1] El País, 9-4-98.

[2] MORENO NAVARRO, Isidoro: Cofradías y Hermandades andaluzas. Biblioteca de la cultura andaluza, 1985, p. 172.

[3] El País-Cataluña, del 11-4-2004, subtitulaba la crónica sobre la precesión de L’Hospitalet: «La procesión laica de L’hospitalet se ha convertido en la más multitudinaria de Cataluña».

[4] Una descripción de la procesión de la Cofradía 15+1 en sus primeros años la podemos encontrar en el trabajo de Botey Vallès, Jaume: «La immigració 55-75 a Catalunya fins ara. Identitat ètnica i identitat de classe». Resum p. 222 del doc. 0.10CON 1995 del Centre d’Estudis de l’Hospitalet. Descripción que contrasta con la que hace, 17 años después, Clara Carme Parramon i Homs en Setmanes santes d’inspiració andalusa a l’Hospitalet. Quaderns d’estudi, nº 16, abril 1999, Centre d’Estudis de l’Hospitalet, pp. 115-159.

[5] El 15 es por los quince fundadores y el +1 por la ciudad de Hospitalet.

[6] «Saetas en las Ramblas», artículo de Hilario Estévez publicado en la Revista Fragua, nº 8 de abril de 1989.

[7] Diario La Mañana, lunes 6-4-98.

[8] El País-Cataluña, 12-9-93.

[9] Fuentes de información sobre la Semana Santa: «Cruz de Guía, Semana Santa 2003, Guía de la Semana Santa “andaluza” en Cataluña» publicada por la FECAC. y Revista Raíces Andaluzas. Número de Enero-febrero de 2003; Revista Amigos de Andalucía, nº 22, de abril de 2003 y reportaje sobre la Semana Santa en el número de marzo de 2004 y entrevistas con miembros algunas cofradías.

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