La Sauceda, nuestro particular Guernica

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Ermita de La Sauceda (Foto: Sebastián Chilla)

 

Sebastián Chilla

Inmersa en el actual Parque de los Alcornocales y a caballo entre la extensa Campiña de Jerez y la Serranía de Ronda se encuentra la aldea de La Sauceda, perteneciente al término municipal de Cortes de la Frontera. Este emplazamiento, de notable singularidad estratégica, paisajística y natural, fue escenario de uno de los episodios de mayor resistencia republicana al golpe militar del 18 de julio. El poblado, que contaba en época de la II República con dos escuelas, tres hornos, un molino y hasta una ermita –el mayor vestigio que se conserva tras el bombardeo–, estaba en pleno crecimiento en el año que comenzó la Guerra, quedándose precisamente sin concluir, debido al conflicto, una carretera que uniría la aldea con la localidad de Jimena de la Frontera. Aunque no se conoce con exactitud cuántos vecinos vivían en La Sauceda, se estima que fueran en torno a medio millar.

En las elecciones de 1936 que dieron al Frente Popular la victoria, el Ayuntamiento de Cortes de la Frontera eligió a Miguel Pérez Pérez –de mote Polonio, natural de Alcalá de los Gazules– como alcalde pedáneo de La Sauceda. La pedanía se convirtió desde julio de 1936 hasta octubre del mismo año en un foco de resistencia en el que además se refugiaron todos los que pudieron escapar de la persecución de las tropas sublevadas. De esta forma se deduce que La Sauceda aumentó considerablemente su población y acogió –gracias a su privilegiada situación geográfica– a represaliados de ciudades como Jerez de la Frontera, Alcalá de los Gazules, Ubrique, Jimena de la Frontera y poblaciones colindantes entre la Sierra de Grazalema, la Serranía de Ronda y el Campo de Gibraltar.

«El 31 de octubre, fuerzas del Batallón de Milicias del Puerto de Santa María, destacadas en este pueblo, acompañadas de los falangistas y voluntarios, emprenden una marcha hacia el lugar conocido por Puerto Galis, consiguiendo tras larga lucha vencer la resistencia de los elementos marxistas y establecer contacto con la columna que llegaba de Jerez de la Frontera mandada por el Marqués de Casa Arizón. La operación, como decimos, fue verdaderamente dura, pero se consiguió con la ayuda también de la aviación, que tomó parte en ella, poner en fuga a los que allí se habían hecho fuertes y aprisionar a muchos de ellos».

Eduardo Juliá Téllez en Historia del Movimiento Liberador de España

LaSauceda2 - Una de las edificaciones de la aldea, reconstruida como cabaña para turismo rural
Una de las edificaciones de la aldea reconstruida como cabaña para turismo rural (Foto: Sebastián Chilla)

La ocupación de la aldea de La Sauceda –tras tres meses de resistencia– no fue fácil. Así pues se proyectaron cuatro columnas militares que protagonizaron entre el 27 de octubre y el 2 de noviembre de 1936 la toma de La Sauceda y del vecino cortijo de El Marrufo, emplazamiento que luego fue utilizado como centro de ejecución y que se constituiría como una de las mayores fosas comunes de toda Andalucía. Uno de los encomendados a pacificar este núcleo de resistencia aislado de la Baja Andalucía fue el jefe de línea de la Guardia Civil de Ubrique, el alférez y luego teniente José Robles Ales, en combinación con otros tres destacamentos militares. Desde Jerez se dirigieron hacia este núcleo las columnas del Marqués de Arizón, quien precisamente leyó el bando de guerra sublevado en la ciudad, al mando del Duque de Abrantes y con la unidad del Requeté del Tercio de Nuestra Señora de la Merced. Por otra parte, las columnas procedentes de Alcalá de los Gazules fueron capitaneadas por Antonio Fernández Salas y las de Jimena de la Frontera, por el comandante Fermín Hidalgo.

A los destacamentos militares se le sumó la actuación de la aviación, con apoyo de la Legión Cóndor, formada poco antes por voluntarios de la Luftwaffe y que, meses más tarde, en 1937, protagonizaría uno de los episodios más famosos de la Guerra Civil Española: el bombardeo de Guernica. De esta manera podemos asegurar que en nuestra vecina aldea de La Sauceda tuvo lugar una de las primeras participaciones de voluntarios nazis, hecho que no sólo sorprende por su magnitud, sino por el desconocimiento que a día de hoy se tiene ante él en la opinión pública.

«Después de vencer grandes obstáculos esta misma columna se apoderan del cuartel marxista instalado en la hacienda denominada El Marrufo, continuando el avance hasta adueñarse de la aldea de La Sauceda de Cortes, destruyendo los reductos rojos y haciéndose numerosos prisioneros que son llevados a distintas cárceles […] Todavía quedaron diseminados algunos elementos por distintos lugares de las cercanías, pero con todos estos fueron acabando los falangistas, haciéndolos prisioneros, libertando a las personas que tenían secuestradas y como ya decimos, haciendo que por fin reinara la más absoluta tranquilidad».

Eduardo Juliá Téllez en Historia del Movimiento Liberador de España

LaSauceda3 - Cementerio de La Sauceda, recientemente construido, en memoria de las víctimas
Cementerio de La Sauceda recientemente construido en memoria de las víctimas (Foto: Sebastián Chilla)

Algunos investigadores han especulado con el hecho de que La Sauceda fuera un foco de resistencia de subvelados, salteadores o de moriscos, según algunas fuentes, ya en el siglo XVI. Así lo escribe hasta el mismo Miguel de Cervantes en su obra Coloquios de Perros, donde cita al licenciado Juan Sarmiento de Valladares –de sobrenombre el Destructor de La Sauceda– y que se suma a otras referencias literarias como la de Vicente Espinel, Vida del escudero Marcos de Obregón, o singularmente históricas como la de un capitán juzgado como rebelde en época de Felipe II. Seguramente, y nos permitimos la licencia de teorizar con ello, la ubicación estratégica de La Sauceda –en un valle de la Penibética entre dos serranías de vital importancia geográfica– haya sido precisamente el motivo de que este lugar fuera en más de una ocasión un foco de resistencia.

La ocupación y bombardeo de este emplazamiento entre octubre y noviembre de 1936 tuvo como resultado centenares de víctimas y detenidos. Detenidos y represaliados que, en su mayoría, fueron llevados a cabo al ya mencionado y colindante Cortijo del Marrufo –perteneciente al término municipal de Jerez de la Frontera–, donde se estima que pueden encontrarse los restos de hasta 600 personas ejecutadas. En los últimos años, entre El Marrufo y La Sauceda han estado trabajando la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo de La Sauceda y El Marrufo y el Foro de la Memoria del Campo de Gibraltar, que han conseguido comenzar el rescate de restos de ejecutados y la construcción de un cementerio que honra a estas víctimas de la represión franquista. Un episodio reciente que hemos querido trasladar a Crónicas con Solera no sólo por su trascendencia histórica, sino por su cercanía, singularidad, olvido y dimensión social.

 

Bibliografía utilizada y de interés:

  • García Bravo, L.A. (2014). Un valle de belleza y dolor. La tragedia de La Sauceda. Editorial Tréveris.
  • Perales Pizarro, J. C. (17/5/2004). El Marrufo, Fosa Común. En Diario de Jerez.
  • Moure, M. (13/12/2009). La fosa que dejó la Guerra en Jerez. En Diario de Jerez.
  • Juliá Téllez, E. (1944). Historia del Movimiento Liberador de España en la Provincia de Cádiz. Cádiz.
  • Asociación Jerez Recuerda (2007): Las cifras de la represión en Jerez de la Frontera tras el golpe de estado militar de 1936: una aproximación. En V.V.A.A. Revista de Historia de Jerez. CEHJ. pp. 137-180.

 

Este artículo fue publicado originalmente en la sección Crónicas con Solera de lavozdelsur.es

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