La «nueva historia» de Cataluña (y el mundo)

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Detalle de la portada del libro para niños Petita Història de Catalunya (2013), que habla, entre otras cosas, de un «Imperio Romano Catalán» que se habría extendido desde el sur de Francia hasta Atenas.

 

«¿A quién quieren engañar mis insultadores, detractores y perseguidores intelectuales? Llevo       “siglos” tratando con mentes como las suyas. Hace siglos que están ahí y hace siglos que hacen        exactamente lo mismo. La historia está llena de ejemplos estremecedores. Son encarnaciones de        una pseudo-libertad de pensamiento que ataca, escarnece y desprecia todo aquello que no se     ajusta a sus conceptos preconcebidos y predeterminados».

Jordi Bilbeny [1]

 

A principios del pasado junio, un diario valenciano publicaba el siguiente titular: Un contert retrà homenatge a Gambeta 25 anys després de la seu mort. («Un concierto rendirá homenaje a Gambeta 25 años después de su muerte».)[2]

Resulta que «Gambeta» es la traducción al valenciano del nombre artístico de José Monge Cruz, el cantaor de San Fernando mejor conocido como Camarón de la Isla. De un camarón a una gambita, desde luego el lapsus es perdonable. Algunos bromean que es un caso para Google Translate. Otros zanjaron que está en sintonía con los vientos que soplan en el Levante…

No hay mala fe detrás. Seguro que al becario de turno ni se le ocurrió que el titular que tecleaba apresuradamente, mientras fantaseaba con salir a fumarse un cigarrito o levantar ya el campamento, podía tener connotaciones políticas. Le parecía de lo más natural llamar a Camarón «Gambeta». Seguro que ni había oído hablar del Institut Nova Història de Barcelona, creado en 2007. Eso no ocupa muchos titulares, aunque sea uno de los síntomas más reveladores de lo que está sucediendo tras las bambalinas del actual procés independentista catalán.

Según los investigadores del Institut Nova Història, vinculados en su mayoría a la Assemblea Nacional Catalana (ANC), la historia de els països catalans ha sido hábilmente manipulada desde el siglo XVI para atribuir a Castilla las excelencias de Catalunya, de modo que es preciso reescribir el pasado de ambas «naciones». Como no se fían de la documentación posterior a dicho siglo, pues la mayoría serían falsificaciones de esta inmensa conspiración sin parangón (conocido) en la historia humana, tienen suficiente espacio para elaborar una Historia Nueva. El Institut se autodefine, pues, como «una Fundación de estudios e investigación sobre la tergiversación de la historia que Cataluña y los antiguos reinos de la corona catalanoaragonesa sufrieron –y sufren todavía–, por parte de la corona castellana, corona que terminó apropiándose del poder de la monarquía hispánica»[3].

Si bien para el establishment académico las «naciones» son un invento de los siglos XVIII y XIX, y quizá no el más afortunado de ellos, los investigadores del Institut han establecido que la nación catalana existe desde, por lo menos, el siglo VII a. C. Su capital no era otra que Tartessos, ubicada en la actual Tortosa (Tarragona). Cataluña civilizó a los griegos y los romanos, construyó un Imperio que se extendía por todo el Mediterráneo, participó en la defensa de Constantinopla, fundó una Sociedad de Naciones en el siglo XI y saludaba a los siglos XV y XVII como la nación más avanzada del orbe, la «madre de la cultura europea»[4], a cargo de un imperio que la historia catalanófoba llamó, aviesamente, Corona de Aragón, borrando así la decisiva aportación de Cataluña.

En consonancia con el gran relato del nacionalismo catalán, la Guerra de Sucesión Española (1701-1714) habría sido en realidad una Guerra de Secesión: la dinastía de los austrias, tolerante con el modelo político y económico catalán, dejó sitio a la represión centralista de los borbones, que continúa hasta el día de hoy. Esta colonización castellano-borbónica no ha perdido su carácter invasivo y violento, pues la nación catalana nunca se rebajó a ser asimilada por sus bárbaros conquistadores. De hecho, se afirma que los catalanes colaboraron con los movimientos de independencia de antiguas colonias españolas, como Argentina. Los ecos de esta fricción permanente alcanzan a la Guerra Civil, cuyo objetivo, según ha averiguado un miembro del Institut, era «hundir a Cataluña, nada más»[5].

Los investigadores de la Nova Història simplemente ahondan en los presupuestos de este gran arco argumental. Para ellos, cuando la celosa Castilla sometió a Cataluña por la fuerza de las armas, sofocándola bajo el centralismo borbónico, plagió su refinada cultura y comenzó a pergeñar una Gran Conspiración «historicida» que ninguneará a la cultura catalana de cara a las generaciones futuras. Los culpables de esta histórica censura fueron, alternativamente, el Tribunal Constitucional, la Conferencia Episcopal, la Corona borbónica y el Santo Oficio castellano. Todas estas instituciones parecen haber tenido entre sus objetivos principales el menoscabo de los catalanes para mayor gloria de los castellanos.

Nuestro amigo Camarón, o Gambeta si ustedes quieren, no ha sido aún objeto, que sepamos, de esta meticulosa revisión de la historia, pero sí Miguel de Cervantes, que en realidad se llamaba Joan Miquel Servent, nació en Jijona (Alicante) y era muy probablemente un hijo de Miguel Servet, otro «catalán universal», pese a que los historiadores castellanos se empeñen en afirmar que era aragonés[6]. Joan Miquel Servent, vulgo Cervantes, escribió su Quixot en catalán: la versión castellana será posterior. Aunque existen muchas traducciones que igualan e incluso superan a los originales, ésta no parece ser el caso, pues los neohistoriadores del Institut han certificado que «es una mala traducción de un original escrito en catalán»[7]. Desgraciadamente, ese «original» superior al Quijote que hoy conocemos fue destruido por los incivilizados castellanos y nunca más podremos gozar de su lectura. Sin embargo, es posible apreciar la ideología catalanista del Quijote incluso en la defectuosa versión castellana a la que tenemos acceso, porque sus primeros capítulos están ambientados en Jijona (identificable pese a las referencias manchegas, meramente decorativas) y porque, en la famosa escena de la purga de libros (del capítulo 6 de la primera parte), los únicos volúmenes que se salvan de la quema son los de aquellos autores cuyos apellidos –según ha concluido el Institut– tienen raíces catalanas. En estos y otros detalles[8] habría cifrado Servent su orgullosa catalanidad, pese al acoso de las autoridades castellanas, que terminarían apropiándose de su obra[9].

Miquel Izquierdo i Perán posee pruebas de que Joan Miquel Servent terminó emigrando a Inglaterra, para seguir propagando las glorias catalanas por el mundo. Su pseudónimo será nada menos que William Shakespeare. Izquierdo ha llegado a tal conclusión tras aplicar a las obras de ambos un código alfanumérico masón del siglo XVII. Parece que Cervantes-Shakespeare dejó algunas pistas para futuros investigadores catalanistas armados con códigos alfanuméricos: según este autor, Will en catalán es «seré» y am es «soy», por lo que Will-i-am quiere decir «seré y soy». (Además de ser uno de los nombres ingleses más comunes.) Y el apellido Shakes-peare es una variación de Sir-vent (Cervantes)[10].

Una vez se admite la existencia de esta represión sobre la literatura catalana, las materias de investigación se multiplican. Uno de los investigadores asociados al Institut, Lluís Maria Mandado, se vio largo tiempo azorado por una duda filológica, que resumía del modo siguiente: «El Cantar de Mio Cid no tiene ninguna métrica ni rima, parece escrito porque sí»[11]. Tras diez años de estudio, Mandado logró averiguar por qué intuía que el Cantar es un poema más bien ripioso: porque, como el Quijote, también es una mala copia de un original catalán desaparecido. Esto puede probarse con facilidad, pues, si uno trata de traducir cualquiera de sus versos a este idioma, recobran inmediatamente toda la consistencia métrica perdida en una tosca traducción que, de nuevo, no llega a las suelas de los zapatos del original. El Cid, por lo demás, no existió como un individuo aislado, sino que se trataba de un linaje catalán del que participaron varios heroicos caballeros, cuyas gestas se combinaron para dar lugar al personaje que protagoniza el Cantar.

El lazarillo de Tormes (ambientado en Tormos (Valencia) y escrito por un tal «Joan Timoneda», quien, como el autor de La Celestina, ocultó su catalanidad bajo el anonimato) y la obra conservada del Marqués de Santillana y de Garcilaso de la Vega (de nombre verdadero, Galceran de Cardona i Requesens) también son traducciones de originales catalanes, resituadas en ambientes castellanos, y que tienden siempre a lo defectuoso. Parece que los castellanos, en su rudeza, no acertaban ni a traducir estas obras maestras… Quevedo, por otro lado, simplemente plagió de los anales de esa  gran literatura catalana que no ha llegado hasta nosotros. Lope de Vega se atribuyó un gran número de traducciones, pero su ritmo de publicación le delata…

Cervantes, catalán; Shakespeare, catalán; el Cid Campeador, catalán… ¿Cristóbal Colón? Ah, vostè se refiere a Joan Cristófol Colom i Bertran, que no zarpó desde el puerto de Palos de la Frontera (Huelva), sino desde el puerto de Pals (Gerona), para pisar tierra americana con 78 años de edad (para que cuadren las fechas).  Según el estudioso Pep Mayola, el hijo de Colón, Ferran, pasará a la historia como Erasmo de Róterdam (parece que la Gran Conspiración anticatalana es de calado universal). Don Cristófol Colom fue «embajador de la Generalitat»[12], en palabras del neohistoriador Jordi Bilbeny, quien está convencido de que la difusión en España de la imagen de Colón como un hombre cruel con los indígenas americanos encaja cronológicamente con el descubrimiento inapelable de su catalanidad…[13]

La conquista de América fue íntegramente realizada por catalanes: Hernán Cortes era, en realidad, Ferran Cortès; Francisco Pizarro, Francesc Pinós De So i Carròs; Amerigo Vespucci, Aymerich Despuig… El nuevo continente será «descubierto, conquistado, evangelizado y poblado por catalanes»[14], que desembarcaron por primera vez en él, vía Canadá, en 1477. (Todo ello fue profetizado siglos antes por el filósofo catalán Raimon Llul[15].) Los catalanes organizaron la sociedad americana de acuerdo con su estilo de vida catalanesco, empleando por ejemplo la figura del virrey, desconocida en Castilla. Uno de los investigadores estrella del Institut, Víctor Cucurull, nos recuerda que todavía está extendido el uso de la lengua catalana en todo el continente americano, «del sur, del centro y del norte»[16]. A ella se debe el seseo del español americano; no, como piensan otros, a las variantes lingüísticas andaluza o canaria. En memoria de los descubridores y evangelizadores de América, las islas Malvinas llevan el nombre de los Illots des Malvins (Baleares) y las banderas de Estados Unidos o Cuba son versiones de la bandera catalana (pero no de la senyera, sino de la independentista estelada, que los historiadores oficialistas, sin embargo, creen de principios del siglo XX). En 2001 comenzó a celebrarse en Arenys de Munt un simposio anual dedicado a estas cuestiones, llamado Simposi sobre la descoberta catalana d’Amèrica. Otros foros y conferencias, polémicamente auspiciados por los poderes públicos, han tenido o tienen lugar en Montblanc (Tarragona) o Crespiá (Gerona). En ellos, además de teorías sobre la conspiración «historicida» castellana, se han puesto en circulación impresos de la Asociación Plural 21 que informan de que «el sida no es una enfermedad a tratar (tampoco alternativamente) sino un montaje made in USA que hay que deshacer». «Queremos vivir en una Cataluña que se declare territorio libre del montaje SIDA»[17]. Parece que, cuando uno empieza con esto de las conspiraciones, es difícil parar…

En cuanto a la lengua catalana, algunos estudiosos catalanistas la sospechan una lengua de raíz no indoeuropea y madre del euskera, puesto que en los valles pirenaicos de Cataluña proliferan los topónimos de origen vasco.

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Un «soldado» con un uniforme «semejante» a la Coronela de Barcelona y el emblema de las cuatro barras, representado por los indios anasazi de Arizona. Para Francesc Jutglar, la viva prueba de que los primeros colonizadores del continente fueron catalanes.

Grandes figuras de la historia catalana son, por resumir: Don Pelayo, que no era asturiano sino de Llívia (Gerona); la mayoría de reyes godos; Catalina de Aragón; Fernando de Magallanes; Santa Teresa de Jesús (Teresa Enríquez de Cardona), nacida en Barcelona y abadesa del monasterio de Pedralbes; Diego Velázquez; Fray Bartolomé de las Casas (Bartomeu Casaus), de Molins de Rei; Marco Polo (Jaume Alarich «de Perpinyà»);  Gonzalo Fernández de Córdoba (Joan Ramon Folc); Juan Ponce de León; los hermanos Pinzón; Juan Sebastián Elcano (Joan Caçinera del Canós) y San Ignacio de Loyola, que ha sido víctima de una errata histórica, pues en realidad es «d’Oriola» (Orihuela, Alicante). Incluso Santa Claus está basado en la figura de Pere el Negre, aunque otros argumentan que es Sant Nicolau, de Alicante: el caso es que es «catalán», o, en su defecto, valenciano[18]. Leonardo da Vinci (Lleonard della Rovere) no nació en el pueblo italiano de Vinci, sino en el pueblo catalán de Vich (Barcelona): era «un hijo perdido de la casa real catalana seguramente de Nápoles»[19]. Los estudiosos debaten si su Gioconda retrata a la Virgen de Montserrat o a Isabel de Aragón. La catalanidad de Leonardo la delata él mismo en las características montañas de sus cuadros, que representan su querido macizo de Montserrat.

Como podemos apreciar, las investigaciones del Institut diluyen lo catalán en un océano de nombres que la mayoría cree castellanos (y, en ocasiones, extranjeros). Pocos movimientos independentistas se han atribuido las glorias del opresor que repudian. Quizás estas teorías sirvan para justificar, in extremis, un aprecio latente por la cultura «española» que unas orejeras ideológicas impiden plantear de otro modo. Por ejemplo, uno de los investigadores explicaba que la aparente apropiación de literatos castellanos está apoyada en que nadie puede creerse que el Siglo de Oro tuviera lugar en la atrasada Castilla, y que en la literatura «catalana» de la época debe de haber algo importante después del Tirant lo Blanch. También la cocina catalana, de menor renombre que otras gastronomías peninsulares, habría sido víctima de esa competencia desleal[20]. El investigador Víctor Cucurull zanjaba que Cataluña «es España. Lo que no es España es «eso» [Castilla]»[21]. Reivindicando, como reivindican, a Francisco Pizarro, Don Pelayo o el Cid Campeador, así como el espíritu bélico de su pueblo[22], los del Institut Nova Història parecerían más ranciamente españolistas que la mayoría de españoles. ¡Hasta sueñan con celebrar la Diada (Día de Cataluña) el día 12 de octubre![23] A otros, por el contrario, ni siquiera España les satisface: corren rumores de que Miguel Ángel y Martín Lutero están siendo cuidadosamente investigados en este momento por los neohistoriadores.

Como decíamos al principio, frente a los miembros del Institut Nova Història, existe un consenso entre los historiadores del establishment en datar el comienzo de las ideologías nacionalistas, no en el siglo VII a. C. y su hipotética Tartessos catalana, sino en los siglos XVIII y XIX. Precisamente por eso, la idea de nación estaba ligada a otras ideas propias de aquel tiempo, abundante en teorías racialistas, que proporcionaban un fundamento teórico a la reestructuración geopolítica que exigían las incipientes naciones. Era natural que los padres de los diversos nacionalismos basaran las nuevas divisiones territoriales en las presuntas diferencias raciales, en las que las élites intelectuales creían ampliamente. El vasco Sabino Arana, por ejemplo, pedía la expulsión del País Vasco de los maquetos (los españoles o sus descendientes) y de los vascos que simpatizaran con ellos, hablaran castellano o negaran sus elucubraciones sobre la raza vasca[24]. El catalán Pompeyo Gener dividía España en trazos más generales: arios catalanes y sureños semíticos[25]. Uno de los investigadores del Institut defiende la catalanidad de los conquistadores de América con el argumento de que nadie podría creerse que fueron extremeños, pues éstos, debido a su constitución física, ni se plantearían semejantes empresas náuticas[26]. De nuevo, una cuestión genética, si no racial. Puede ser significativo que la «nueva historia» catalana consista no tanto en estudiar o ensalzar los logros y descubrimientos de unos personajes célebres, sino en reivindicar sus genes y su lugar de nacimiento. Al parecer, incluso tuvieron la cortesía de estudiar el árbol genealógico del político Artur Mas, para descubrir que es descendiente directo del embajador de la Generalitat del siglo XV, Cristófol Colom (Cristóbal Colón)[27], quien era descendiente a su vez del primer banquero de Europa.

En un magistral cuento de Jorge Luis Borges, llamado Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, los sucesivos añadidos a una misteriosa enciclopedia van cincelando en secreto el curso del mundo:

            «El contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su            rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de         ángeles. Ya ha penetrado en las escuelas el (conjetural), «idioma primitivo» de   Tlön; ya la enseñanza de su historia armoniosa (y llena de episodios             conmovedores) ha obliterado a la que presidió mi niñez; ya en las memorias un    pasado ficticio ocupa el sitio de otro, del que nada sabemos con certidumbre –ni             siquiera que es falso. Han sido reformadas la numismática, la farmacología y la      arqueología. Entiendo que la biología y las matemáticas aguardan también su             avatar… Una dispersa dinastía de solitarios ha cambiado la faz del mundo».

Uno corre el riesgo de sentir aquel vértigo al repasar el prometedor currículum que, pese a su corta vida, esgrime el Institut. En 2013 recibió el Premio Nacional Lluís Companys por parte de las autoridades de Sants–Montjuïc (de ERC). Figuras políticas de la talla de Carme Forcadell, Carod Rovira y Artur Mas se han manifestado a favor de la «nueva historia» catalana, y Jordi Pujol felicitó personalmente por carta al jefe de investigación Jordi Bilbeny, el 30 de marzo de 2012, asegurándole que las teorías de sus libros «son muy convincentes» y transmitiéndole su alegría de que «poco a poco van haciéndose hueco»[28]. Bastar darse un paseo por el Museu d’Història de Catalunya, en Barcelona, para comprobar lo sólidas y antiguas que son las raíces de estas teorías. La clave está en los detalles: el Museu fecha los comienzos de la «nación» catalana en el siglo VIII; en un mapa, el título «Principado de Cataluña» aparece bastante más grande y vistoso que el del «Reino de Aragón»; el Imperio de Carlos V, como incluía a Cataluña, es llamado «Imperio Hispánico» en lugar de «Español»; y a partir del triunfo borbónico de 1714 se insiste en la «durísima represión» por parte de un «régimen absolutista, ineficaz y corrupto», que dio lugar a una «larga posguerra» (expresión que se repite literalmente más adelante, aplicada al franquismo); desde entonces, intentos de modernización como la Constitución de Cádiz (1812) fallarán irremediablemente debido a la «concepción centralizada» del Estado.

Pero la sensibilidad revisionista trasciende las estrictas fronteras de los debates de los historiadores, y empapa el sentir general. En mayo de 2012, el distrito barcelonés de Ciutat Vella consagró una plaza al inventor de la teoría de la catalanidad de Colón, el peruano Luis Ulloa. En abril de 2017, un sindicato de profesores realizó un estudio comparativo de manuales de Ciencias Sociales de 5º y 6º de Primaria, publicados por las siete principales editoriales con distribución en Cataluña, y concluyó que existe adoctrinamiento ideológico, pues «se reducen a la mínima expresión los contenidos de geografía e historia española; se pone como ley principal al Estatuto de Autonomía; se da a entender que Cataluña es otro país de la UE o se convierte el Reino de Aragón en la inexistente “corona catalanoaragonesa”»[29]. La Generalitat, en la misma tónica, ha preferido llamar  a la corona de Aragón «los reyes catalanes»[30] y al mar Balear el «mar català-balear»[31]. En agosto de 2017, el Ayuntamiento de Sabadell emitió un informe que declaraba fruto de un «modelo pseudocultural [sic] franquista» la consagración de espacios públicos a personajes como Antonio Machado, Goya, Luis de Góngora, José de Espronceda, Tirso de Molina, Quevedo, Calderón de la Barca, Bécquer o Mariano José de Larra. (Sus redactores no parecen estar al tanto de los últimos descubrimientos sobre la catalanidad de algunos de esos personajes.) El informe proponía cambiar el nombre a la plaza Antonio Machado, el cual sería un literato «españolista y anticatalanista»[32]. En cuanto a Jordi Bilbeny, el líder del Institut Nova Història, licenciado en Filología catalana, se está doctorando actualmente en Historia moderna por la Universitat de Barcelona, posición que le permitirá impartir clases universitarias. De tanto esforzarse por salirse de lo conocido, Cataluña se está volviendo, si no una nación independiente, por lo menos sí una realidad alternativa, un universo paralelo. Quién sabe si aquel becario valenciano que tradujo Camarón por «Gambeta», y al que seguro que sus superiores penalizaron por una errata que se hizo viral en las redes, no llegará a ser recordado como un mártir del pancatalanismo, o bien como aquel erudito que descubrió que «la Isla» de Camarón se refería a Mallorca…

No es cierto que todas las investigaciones heterodoxas en Cataluña estén auspiciadas por el Institut Nova Història y sus controvertidos descubrimientos. Desde el Ars Magna de Raimundo Lulio hasta la Hiparxiología de Francesc Pujols, las luminarias del pensamiento catalán siempre fueron dadas a elucubrar intrincados sistemas lógico-matemáticos con aspiraciones universales. El ingeniero agrícola Juli Gutiérrez Deulofeu ha estudiado en profundidad la «Matemática de la Historia», inventada por su abuelo Alexandre Deulofeu, que ofrece predicciones infalibles gracias que la historia disfruta de un número de leyes fijas, como que todos los imperios tienen una duración exacta de 550 años. Estas complejas leyes matemáticas le han permitido predecir que «la independencia de Catalunya llegará en el 2029» o que «en los próximos 1700 años todo el mundo occidental pensará y vivirá de acuerdo con la manera catalana», aunque es preciso señalar que su planteamiento es más clásico y no incluye dentro de esa cultura catalana a personajes como Cervantes, Leonardo da Vinci o William Shakespeare[33].

 

[1] https://www.inh.cat/blog/Quan-els-documents-i-les-proves-no-canvien-ni-davant-l’escarni-ni-les-amenaces

[2] http://blogs.publico.es/strambotic/2017/06/gambeta/

[3] http://www.vozpopuli.com/espana/Colon-Jordi_Bilbeny-Cataluna-Historia_0_834516579.html

[4] Por supuesto, Castilla era, en la época dorada del «Imperio Mediterráneo Catalán», «el Reino más pobre de Europa a finales del siglo XV», sin burguesía, ni capitalismo, ni vías de comunicación, ni organización comercial, «sin puertos, sin un clima benévolo y una economía estable» (https://www.inh.cat/articles/Castella,-el-regne-mes-pobre-d’Europa-a-final-del-segle-XV).

[5] http://www.gacetanautica.es/secciones-ampliada.php?ln=01&sc=0&id=1517&_pagi_pg=&regreso=1517

[6] Cuando todo el mundo sabe que su pueblo natal, Villanueva de Sigena (Huesca), «es una población catalana de administración aragonesa» (http://www.heraldo.es/noticias/aragon/huesca_provincia/2013/01/17/cha_acusa_institut_nova_historia_ubicar_villanueva_sigena_cataluna_218703_1101026.html).

[7] http://www.dupalu.com/2015/08/una-fundacion-financiada-por-la.html

[8] Como el propio nombre Quixot, que al revés es tòxic o «tóxico», lo cual, en un uso psicológico muy contemporáneo («personas tóxicas», etcétera), vendría a referirse al hombre castellano, que  «es visto por el catalán consciente como un ser arrogante, soberbio e intoxicador, que ha perdido el juicio, porque se ha creído lo que ha leído y que, por razón de su alienación, no puede percibir la realidad tal como es y sólo ve su propia paranoia» (https://www.inh.cat/articles/-Quixot-vol-dir-Toxic).

[9] Eso no impide que la locura de Alonso Quijano sea vista como un símbolo de «las conquistas inexistentes de los castellanos, sólo vivas en los libros retocados, en su imaginación desvinculada ya totalmente de la realidad» (https://www.inh.cat/articles/Don-Quixot-i-les-gestes-i-conquestes-inexistents-dels-castellans).

[10] http://www.elmundo.es/cataluna/2016/04/13/570e97d6ca4741d7718b461d.html

[11] http://www.libertaddigital.com/espana/2016-02-29/el-cid-campeador-otro-catalan-segun-la-historiografia-separatista-1276568852/

[12] http://www.lavanguardia.com/cultura/20100817/53984500052/jordi-bilbeny-cristobal-colon-fue-embajador-de-la-generalitat-residio-en-barcelona-y-participo.html

[13] Tan inapelable que sirve de base para teorías aún más arriesgadas, como que los catalanes estuvieron en Sri Lanka, básicamente porque su capital se llama Colombo «y a estas alturas ya casi nadie duda de la catalanidad de Colom» (https://www.inh.cat/articles/Possibles-rastres-de-cultura-catalana-a-Sri-Lanka). Para historiadores menos catalanistas este nombre fue introducido (adaptando uno anterior) por los portugueses, que sí controlaron la ciudad.

[14] https://okdiario.com/espana/cataluna/2015/11/25/bandera-estados-unidos-esta-inspirada-nuestra-estelada-28696

[15] https://www.inh.cat/articles/Ramon-Llull-descobreix-America

[16] https://www.youtube.com/watch?v=T2l9rGO7eu4 (minuto 5:31).

También en la Francia medieval estaba extendido, desde los Pirineos hasta el Rin, el uso del catalán-occitano (https://www.inh.cat/articles/Quan-el-catala-es-parlava-a-tota-la-Franca).

[17] https://elpais.com/ccaa/2014/11/24/catalunya/1416826845_827782.html

[18] http://laccent.cat/lorigen-nostrat-de-santa-claus/

[19] http://www.elcorreo.com/bizkaia/culturas/201510/20/quien-catalan-20151019193351.html

[20] https://www.inh.cat/articles/Jaume-Fabrega-Espanya-s-ha-apropiat-de-la-nostra-cuina-i-dels-nostres-exits-

Los colaboradores del Institut se lanzarán a defender la universalidad del alioli, presuntamente exportado por Cataluña a Oriente Medio y a Sudamérica (https://www.inh.cat/articles/L-allioli-i-el-rastre-de-la-cuina-catalana-al-mon). Hasta en la isla de Aitutaki (Nueva Zelanda) descubrirán una salsa de ajo y especias llamada aioli (https://www.inh.cat/articles/Anecdotes-d’Aitutaki-L’Allioli-i-la-processo).

[21] https://www.youtube.com/watch?v=T2l9rGO7eu4 (min. 6:10). (Véase https://www.inh.cat/articles/Espanya-no-sempre-ha-estat-Castella)

[22] https://www.inh.cat/articles/Tenim-els-catalans-esperit-bel-licos-

[23] https://www.inh.cat/articles/12-d’octubre-Diada-nacional-de-Catalunya

[24] Antonio Elorza, Tras la huella de Sabino Arana: los orígenes totalitarios del nacionalismo vasco, Madrid, Temas de Hoy, 2005, pág. 88.

[25] http://voz-castellana.blogspot.com.es/2014/01/castellanofobia-pompeu-gener.html

[26] https://www.youtube.com/watch?v=m6XDKVk-xEQ (min. 3:20).

[27] Este dato se repite en muchos lugares (por ejemplo, http://www.antena3.com/noticias/espana/colon-vinci-son-catalanes-segun-grupo-historiadores-nacionalistas_201407085751ede94beb2837bbfb5ff9.html), pero no conocemos una fuente directa. Un artículo del Institut (https://www.inh.cat/articles/%5bEl-Confidencial%5d-Era-Colom-un-noble-catala-) explica que el 26º presidente de la Generalitat era familiar de Colón y, para dar una perspectiva temporal, añade que el entonces presidente Artur Mas era el número 129, pero no  indica que éste sea también su familiar.

[28] http://www.elconfidencial.com/espana/cataluna/2014-07-03/jordi-pujol-y-carod-se-suman-a-la-teoria-de-que-colon-y-los-pinzon-eran-catalanes_155815/

[29] http://www.elmundo.es/cataluna/2017/05/17/591c52e0468aeb1c4e8b4609.html

[30] http://web.gencat.cat/es/temes/catalunya/coneixer/cultura-llengua/#bloc4

[31] https://lapaseata.net/2017/07/11/mar-catalan-otra-mentira/

[32] http://www.abc.es/espana/catalunya/politica/abci-ayuntamiento-sabadell-plantea-quitar-callejero-machado-goya-o-quevedo-espanolistas-201708151043_noticia.html

[33] http://sociedad.e-noticies.es/auguran-que-catalunya-dominara-occidente-los-proximos-1700-anos-106681.html

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