La memoria en un balde

[Foto: Juan Manuel López Muñoz]

Juan Manuel López Muñoz

La memoria de Andalucía está inscrita en la materia de los objetos que nos rodean. Nos impregnamos de ella cuando los vemos, los oímos, los saboreamos, los olemos y los tocamos.

Entendamos el término «objeto» en sentido amplio: puede ser el sonido de un verso o de un compás musical; puede ser un detalle arquitectónico o un paisaje; o en fin, un simple utensilio, por ejemplo, como este balde de la foto en una azotea.

Los objetos que nos rodean y las palabras que los nombran contienen nuestra memoria, y también nuestros olvidos. Por eso, la única manera de asegurar los recuerdos es mantener bien adiestrados los cinco sentidos.

Toda la información obtenida por ellos la guardamos en el cerebro, de ahí que creamos que la memoria está en nuestra cabeza. Pero dentro sólo está la copia, la parte filtrada.

En realidad, nuestros recuerdos están fuera, aunque a veces no sea fácil llegar a ellos, por estar sepultados bajo tierra o (a)negados por los pantanos.

 

 

 

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