La maza

Fotografía de Miguel Parra

 

Juan Manuel López Muñoz

Las herramientas construyen ante todo relaciones, sirviendo como intermediarias entre las personas y los objetos del mundo. Al usarlas, modificamos el estado de cosas al tiempo que mostramos nuestras habilidades y debilidades para conseguirlo.

Una maza, como esta de la foto, pone al usuario en relación con un objeto blando, de madera o de yeso, por ejemplo. Sirve para golpear con delicadeza (valga la paradoja), con el fin de transformar algo sin romperlo ni destruirlo. Con cada golpe, la maza también se resiente, pues ella misma es también un objeto blando.

Trabajar con maza significa sopesar, estimar y valorar las fragilidades de los materiales. Ante la maza, el objeto se amolda manteniendo su integridad. Por el contrario, ante el garrote, la cachiporra, el palo o el bastón, el objeto golpeado se astilla, se quiebra y se destroza.

Lo mismo vale para el lenguaje, que es la herramienta que más usamos en el día a día. Hay palabras-maza y palabras-garrote. Algunos prefieren las primeras mientras que otros usan sobre todo las segundas, dependiendo de la manera en que cada uno entiende su misión en el mundo.

 

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