La debla y el manguindoy, antiguos estilos gitanos

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Bohémiens en marche, de Alfred Dehodencq (1860).

 

La Andalucía recupera el archivo de Triste y Azul: Flamencos Cabales en la Red.

Marcelo Romero Yantorno
Archivo de Triste y Azul

 

Si bien la inmensa mayoría de los «palos» flamencos que se conocen lleva nombres provenientes, como es natural, del castellano de Andalucía, hay un cierto número de formas del cante cuyos nombres reconocen un origen extrapeninsular, ya sea americano, africano, o también, en al menos dos casos (1), que veremos a continuación, de origen puramente gitano: la debla y el manguindoy. Analizaremos aquí brevemente estos dos estilos y el origen de su nombre.

La debla, poco frecuente en la actualidad, y cuya forma conocemos principalmente por la versión que de ella dejara grabada el genial Tomás Pavón, es uno de los estilos más antiguos y puros, lo cual ya queda evidenciado por su nombre, gitano antiguo, proveniente de una forma del idioma romanó (2), desaparecido en España largo tiempo atrás. Se trata de un cante «a pelo», de la familia de las tonás y los martinetes, de difícil ejecución, sobre unas cuartetas que al final repiten a modo de breve estribillo la palabra que le da el nombre, con algunas variaciones. Esta palabra, precisamente, ha sido objeto de cierta controversia en cuanto a su etimología. Según una creencia, entre otras, difundida sobre todo en el siglo XIX, cuando del romanó en España ya sólo quedaban restos aislados, en el caló, el nombre de este cante sería la alusión al nombre de un antiguo cantaor (un tal Blas Barea).

Sin embargo, como ya lo mencionara Clavería (3), hoy en día se considera que la frase con que se cierra a menudo este cante y que le da su nombre, como se ha dicho, es precisamente una reliquia del antiguo romanó, el mismo que hablan, con variaciones dialectales, los gitanos de muchos países de Europa Oriental o las Américas. Proviene la palabra de la forma de caso vocativo del gitano (o) Devel («Dios», origen de nuestro Undibé, Ostebé, etc.), precisamente Devla, usado por ejemplo en carácter de exclamación (« ¡Oh, Dios!», como en el cante) y que se oye en cualquier dialecto gitano de hoy (4). Es interesante notar que en el nombre del cante en cuestión, a menudo esta palabra ha adquirido la terminación del diminutivo (–ica) dialectal castellano, mostrando un antiguo ejemplo de una lejana etapa de la fusión de la lengua romaní con la castellana (5), proceso que, con el tiempo, daría lugar al caló de nuestros días.

El otro estilo motivo de este artículo es el manguindoy, una de las formas, a menudo y con razón llamadas «pre-flamencas», que se conocen de la música popular andaluza del siglo XVIII. Es éste un viejo baile gitano que aparece en documentos del siglo XVIII, asociado a formas que hoy llamaríamos «festeras», de un carácter «indecente» para la moral de las clases altas de la época y que, como conjetura P. Lefranc, bien puede ser el antecesor directo de los tangos y su abundante «parentela» (6). Ya en 1746, en el Libro de la Gitanería de Triana, se la alude como la danza «atrevida» de una bailaora trianera, y unos años después el inglés Swinburne refiere que los gitanos de Cádiz bailaban «un baile indecente que se llamaba Manguindoy…prohibido bajo las más severas penas». Para descifrar el misterioso nombre de este estilo, que aparece por vez primera bailado por gitanos en el siglo dieciocho, hay que recurrir al caló, o al romanó que todavía se hablaba por aquellos años en algunos lugares de España (7).

En efecto, en la lengua gitana, en su variante más conservadora, como es el caso de los dialectos de los Balcanes, el arliya o, en algún caso, en el muy difundido kalderash se usa aún el antiguo gerundio del verbo, que lleva la terminación –indoy, documentado asimismo en el caló antiguo sobindoy, «durmiendo» (8), en esencia, la misma forma que aparece en el castellano dialectal «al liquindoy», una mezcla de castellano y el romanó dikhindoy, «mirando». Así, el nombre del gitano baile del manguindoy no debe ser otra cosa que, valga la redundancia, el romanó mangindoy: «pidiendo»; «manguelando» en caló. Recuérdese también la palabra, hoy un tanto en desuso, «mangante», cuyo origen, según ha demostrado Clavería, es igualmente romanó.

En conclusión, si bien el aporte fundacional gitano al cante como tal no hay quien lo ponga hoy en duda, siempre vale la pena tener en cuenta, y como testimonio de aquello, la existencia de estas formas antiguas, cuyo mismo nombre es de origen puramente gitano.

NOTAS

(1) La giliana, hermana del jaleo, y de la cual se ocupara en su momento el gran Antonio Mairena, es otro cante histórico puramente gitano, al parecer asociado a los corridos, por compás de soleá bailable, poco conocido fuera del ambiente familiar gitano. Lo que sabemos de este cante, inclusive alguna grabación, proviene en buena parte de lo recogido y hecho por el gran cantaor de los Alcores. El origen de su nombre no está claro, y hay quien lo asocia al nombre propio Juliana, y por ello al del cantaor jerezano Tío Luis el de Juliana, del siglo XVIII. Una hipótesis muy aventurada sería conectarlo a la palabra romaní gili («canción», si bien se pronuncia «guilí»), de donde proviene el caló guillabar (pero no gillabar). En todo caso, se trata de un cante puramente gitano cuyo nombre está íntimamente ligado al mundo caló.

(2) El romanó, más propiamente llamado romani chib, es la lengua propia del pueblo gitano, cuyo origen está en la India antes de nuestra era, y que mantiene su vitalidad a través de varios dialectos, especialmente en países de Europa Oriental y las Américas. Desciende de una variedad del sánscrito, la lengua sagrada de la India, y en España, a donde llegó en el siglo XV. Fue fundiéndose en la estructura española hasta perderse como lengua independiente, dejando en su lugar el caló, que a menudo se considera una variante más del castellano.

(3) Clavería, C: Estudios sobre los Gitanismos del Español. En C. S. I. C., revista de Filología Española, anejo LIII, Madrid, 1951.

(4) Las palabras o frases usadas en exclamaciones, invocaciones a Dios, etc., (función exclamativa) suelen conservar «congeladas» en el tiempo y forma lingüísticas perdidas en el habla corriente.

(5) Ver de mi autoría, y con abundante bibliografía al respecto, Del romanó al caló, a la luz de los testimonios escritos

(6) Lefranc, P. Sobre los tangos y sus parentescos. En tristeyazul.com

(7) Una forma española de romanó bien documentada que se habló hasta principios del siglo XX es la catalana. Ver, por ejemplo: Ackerley, Frederick. The Romani Speech of Catalonia. En Journal of the Gypsy Lore Society, 1914, new series: 8, pp. 99-140.

(8) Torrione, M. Diccionario caló-castellano de don Luis Usoz y Río. Toulouse, 1987 p. 54. Estas formas de gerundio son relativamente comunes en muchos dialectos romanó.

 

Este artículo pertenece al archivo de Triste y Azul.

La Andalucía recupera el archivo de Triste y Azul: Flamencos Cabales en la Red.

Desde La Andalucía, vamos a rescatar las crónicas, los trabajos de investigación y el archivo completo de Triste y Azul: Flamencos cabales en la red, uno de los primeros espacios de Internet dedicado exclusivamente al flamenco.

Triste y Azul fue fundado por Manolo Chilla desde Buenos Aires, tierra que acogió a este jerezano forzado a emigrar en 1953. «Lolo» encontró en el flamenco una vía de comunicación con su tierra, Andalucía, desarrollándose como crítico e investigador flamenco. Rescatamos el archivo de Triste y Azul, perdido en la red durante estos últimos años, en homenaje a Manuel Chilla González, fallecido en Buenos Aires en septiembre de 2015, y a todos los que lo hicieron posible, sus colaboradores y sus técnicos.

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