La cerámica de almagra y el vaso campaniforme

Vaso campaniforme acebuchal

José Ruiz Mata
Autor de la recién estrenada obra “Megalitismo en el sur de la Península Ibérica”

 

La cerámica de almagra es una obra en arcilla tratada con almagre y cocida que se elaboró durante el Neolítico andaluz. Es por tanto una obra autóctona que emerge junto con el megalitismo.

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Vaso de cerámica almagra

La palabra almagre viene del andalusí almá ra, y éste del árabe clásico ma [a]rah, que significa «tierra roja». Se trata de una tintura, variedad del ocre rojo, lograda de manera natural del óxido de hierro obtenido de arcillas férricas descompuestas por la acción de los elementos.

Las piezas más representativas de esta corriente son las vasijas esféricas, aunque también se han encontrado recipientes de forma elipsoidal, ovoide, troncocónica y cilíndrica. Se caracteriza por su color rojo brillante, resultado del baño en almagre antes de cocerla. Su decoración es muy variada, presentando incisiones e impresiones acanaladas y cuerdas con motivos en relieve. A menudo ofrecen elementos de suspensión como asas de cinta, de pitorro, punte, tunes o mamelones.

Ejemplos de esa cerámica se han hallado en ajuares funerarios, ofrendas votivas o depósitos en cuevas de casi toda la geografía andaluza.

Su cronología se extiende desde mediados del V hasta finales del IV milenio, por lo que su comienzo coincide con el de la cultura megalítica en esta zona y, su final, con el del Neolítico.

Esta cerámica, aunque mucho menos elaborada, se considera la antecesora del vaso campaniforme, que aparecerá cuando el Neolítico dé paso al Calcolítico.

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La cerámica que se asocia de manera preferente al período megalítico en Europa es la llamada vaso campaniforme; su área de expansión, aunque coincide a grandes rasgos, es mayor que la megalítica a excepción del centro de Francia, países escandinavos y parte de Irlanda; pero se encuentra en el centro de la península ibérica, donde no se da el megalitismo (ver mapa). Coincide, como ya se ha indicado, con el período medio del Calcolítico y el Bronce Inicial.

Su nombre proviene del diseño particular de estas vasijas, con forma de campana invertida. Se presenta profusamente decorada por distintos tipos de dibujos dispuestos en bandas horizontales paralelas, incisas o impresas, con temas geométricos, rayados, ajedrezados. Su color suele ser marrón o marrón rojizo.

Su presencia está relacionada con la difusión de la metalurgia del cobre por Europa occidental, hasta el punto de haberse convertido en fósil director de esta expansión. Además de indicar el comienzo de la jerarquización de la sociedad pues, al ser muy laboriosa su fabricación, poseerla representaba un lujo solo al alcance de algunos dirigentes.

Andalucía y Portugal tienen la mayor concentración de esta cerámica, donde destaca Carmona, además de Écija, La Algaba y Marchena, lo que hace pensar que el foco originario estuvo en el valle del Guadalquivir para extenderse rápidamente hacia el centro de Portugal y, luego, por toda la Península y parte de Europa; algo similar a lo que debió de ocurrir con la cultura megalítica. Otra vía de difusión sería por el Mediterráneo hacia el levante, pues también en Andalucía se ha encontrado entre otros lugares en Los Millares, Tabernas, Mojácar y Orce. En el Alentejo han aparecido las más antiguas en Zambujal y Vila Nova de Sâo Pedro, además del estuario de Tajo.

Maluquer de Motes[1] opina que «con la aparición de la cerámica del vaso campaniforme, las alfarerías andaluzas adquieren un gran desarrollo, en particular a lo largo del curso del Guadalquivir. Este parece ser, en realidad, el momento en que cristaliza hacia la cuenca baja del río el centro de gravedad cultural. Carmona constituye el foco mejor conocido por ser la región en la que se han practicado investigaciones más intensas. La importante acrópolis que alberga la ciudad actual, fue ya una verdadera ciudad durante la Edad del Bronce, cuya población se hallaba ya jerarquizada. En sus alrededores, la zona de Los Alcores alberga importantes necrópolis utilizadas sin interrupción desde el tercer milenio hasta la época turdetana».

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C. Campaniforme, Écija.

Ana María Muñoz[2] establece el comienzo de la cultura del vaso campaniforme entre el año 2900 y 2500, con una mayor expansión entre 1800-1600.

Por los hallazgos, la cerámica campaniforme de la península ibérica se puede clasificar en:

  1. Marítimo, que se distribuye por toda la costa desde el Tajo, por el sur, hasta Cataluña, con penetración en la Meseta. Presenta como característica una decoración de puntillado en bandas horizontales que se extienden de la boca al pie. Frecuentemente presentan un engobe rojo brillante que recuerda la cerámica a la almagra, perteneciente al grupo neolítico andaluz.
  2. Continental, propio del interior que se adorna con motivos geométricos incisos y puntillados con líneas entrecruzadas o en ángulo, que resulta más elaborado que el anterior.
  3. Palmeado, que incluye copas de pie alto y decoraciones puntilladas geométricas. Se extiende por el suroeste de la Península y norte de Marruecos.

Otros autores diferencian cuatro grupos para la península ibérica:

  1. Palmela, de cuencos hemisféricos y anchas copas decorados con líneas puntilladas al principio e incisas después en horizontal, vertical u oblicuas. Se han documentado en Carmona y su área de expansión por estuario del Tajo y Extremadura portuguesa. Es el más antiguo de toda Europa.
  2. Ciempozuelos, que se extendió por los valles del Duero y Tajo. El vaso es inciso y con incrustaciones de pasta blanca. Su desarrollo es entre 2150 y 1650.
  3. Carmona, con decoraciones parecidas a las de palmela, se extiende por todo el Bajo Guadalquivir.
  4. Salamó, caracterizado por cerámicas decoradas abigarradamente con incisiones u hoyos impresos. Es propio del área pirenaica.

Cabe destacar cuatro usos para esta cerámica:

  1. Como elemento identificador de la comunidad.
  2. Como objeto relevante en ceremonias sociales.
  3. Como señal de riqueza depositado en las tumbas.
  4. Como símbolo de prestigio y poder.

Como ya hemos dicho, estos usos se deben relacionar con un proceso de jerarquización de la sociedad, ya que la acumulación de estos objetos, junto a puñales de lengüeta, puntas de flecha tipo Palmela, joyas de oro, brazaletes de arquero y botones de hueso con perforación en V, encontrados en las tumbas de hombres, diferencian a los individuos de determinados linajes o familias. En esta época aparecen los primeros enterramientos individuales, con ricos ajuares, junto a otros más modestos y colectivos. Es de resaltar que, aparte del ajuar funerario, existían diferencias en la colocación de los cadáveres: los hombres yacían sobre el lado izquierdo con la cabeza hacia el norte y, las mujeres, sobre el lado derecho con la cabeza al sur.

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Copa campaniforme acebuchal, Carmona

En la península ibérica aparece muchas veces de forma intrusita, ya que son del III milenio y suelen encontrarse en monumentos funerarios cuyos orígenes se remontan al IV o V milenio.

Según definió Alberto de Castillo en 1928, la cultura del vaso campaniforme presenta en la península ibérica unos rasgos comunes.

  1. Tumbas individuales en cista, fosa, cueva o intrusión dolménica.
  2. Un utillaje común, muy reiterativo, con puñales de lengüeta, puntas palmela, leznas biapuntadas de cobre, adornos de oro (como diademas de fina chapa, pocas veces decoradas), botones de hueso con perforación V, etc.
  3. La cerámica, con distintos estilos, es el elemento diferenciador principal. Ello no obstaculiza vínculos entre los grupos de Salamó y Ciempozuelos e igualmente entre Palmela y Carmona.
  4. Tienen un desarrollo cronológico entre el 2000 y el 1700 a. C. aproximadamente.

Las cerámicas no eran iguales en todas las zonas de su expansión, cada comunidad conformó un estilo propio aunque con una característica común morfológica. Según el historiador Harrison[3], se pueden distinguir tres grandes áreas europeas que se comportan con cierta homogeneidad:

  1. Meridional: abarca la península ibérica, Sicilia, Cerdeña, el Mediodía francés y el norte de África.
  2. Occidental: Países Bajos, Francia atlántica y las Islas Británicas.
  3. Oriental: los cursos altos del Rhin, Elba y Odier, más la cuenca del Danubio, aguas arriba de Budapest.

Algunos autores sostienen que la cerámica campaniforme, tras salir del valle del Guadalquivir y extenderse por Europa, regresó, a través del Ródano, con sus nuevas características a su lugar de origen. Por ello se pueden encontrar en Andalucía unas arcaicas y otras más evolucionadas.

Aunque con todo lo dicho, y tras un siglo de investigaciones, el fenómeno campaniforme continúa siendo uno de los enigma de nuestra Prehistoria. El concepto cultura se ha sido sustituido por el de fenómeno, ya que desde el final del Calcolítico y el Bronce Antiguo, existen gran variedad de culturas europeas que adoptan el vaso campaniforme solo como elemento del ajuar.

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Vaso campaniforme acebuchal

En 1900, Montelius creía que su procedencia estaba en Egipto, en el V milenio, pero pronto fue rechazada esta hipótesis por su desfase cronológico. Shmidt, en 1913, ya lo considera ibérico, pero sin aclarar las rutas de expansión. Es A. del Castillo el que sitúa su origen en Carmona para expandirse luego por gran parte de Europa. Bosch Gimpera refuerza esta teoría y plantea que la cerámica almagra puede ser el antecedente de la campaniforme. Savoir, en 1968, también sostiene su origen ibérico, iniciándose con el tipo marítimo, que evoluciona hacia el tipo continental Palmela y Carmona y, desde estos, el Ciempozuelos.

Ciertos motivos técnicos y decorativos del campaniforme ya existían en el Sur con anterioridad a la aparición de esta cerámica. En la cueva de la Dehesilla, en Jerez, provincia de Cádiz[4], se han encontrado motivos geométricos formando triángulos, rayados y paralelos que, según el C14, se fechan en el cuarto milenio. Esto no quiere decir que el campaniforme surja en Andalucía Occidental, sino que ciertos motivos técnicos, como ya hemos indicado, ya existían en esta zona 1500 años antes de que apareciera la cerámica campaniforme.

[1] Juan Maluquer de Motes, La civilización de Tartessos, p 187 s.

[2] Ana María Muñoz, «La civilización pretartésica andaluza durante la Edad del Bronce», Tartessos y sus problemas. V Symposium internacional de Prehistoria Peninsular, Jerez de la Frontera 1968, Universidad de Barcelona, 1969, p 41.

[3] Richard John Harrison, «Ancient people and places» The beaker folk: Copper Age archaeology in Western Europe, Londres, Thames and Hudson, 1980.

[4] Pilar Acosta Martínez y Manuel Pellicer Catalán, La cueva de la Dehesilla (Jerez de la Frontera), Centro de Estudios Históricos Jerezanos, Jerez (Cádiz), 1990, p 98 s.

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