Juan Antonio Bardem y el compromiso del cine político

 

Daniel Vila

La industria cinematográfica nacional queda prácticamente devastada tras la Guerra Civil. Así, queda relegada a tres centros neurálgicos: Madrid, Valencia y Barcelona. Los largometrajes que nacen tras la victoria ofrecen una nueva visión: la lucha de las dos Españas. El franquismo enfatiza quiénes son los vencedores y los vencidos: la España real y eterna dirigida por el caudillo y la Anti-España, dirigida por extranjeros, comunistas y separatistas. El héroe nacional es alabado y el enemigo, demonizado. Durante la dictadura, el cine nacional copiará el modelo propagandístico de los totalitarismos, el pacto de cohabitación con el cine de Hollywood, la formación de una élite profesional desde la enseñanza pública y el sindicato único. Así pues, los éxitos que, dentro o fuera de España, logra el cine disidente antifranquista, son tan residuales como anecdóticos. Critica la censura y la corrupción del régimen. Mediante este espectáculo de masas, se intenta adoctrinar a la sociedad y ensalzar a los grupos que apoyaron el levantamiento militar de 1936.

Juan Antonio BardemTras el franquismo, parte del cine español reivindicó la España de los perdedores. A través de ésta, se reivindicó la lucha contra el falseamiento de los hechos, la creación de una memoria nueva a través del cine de grandes autores como Juan Antonio Bardem o Luis García Berlanga. El cine de Bardem transciende la mediocridad de su época. Su trabajo tiene vocación de denuncia. Ésta se acrecienta tras la dictadura. Su tono es más solemne que el de Berlanga. Al no ser el cine de Berlanga un cine de contenido político explícito, su mirada llega a ser mucho más incómoda y penetrante que la de cualquier cineasta de su época. La risa alivia la tentación del llanto. El cine berlangiano parte de la melancolía para apuntar a la ironía. Berlanga y Bardem coinciden en 1947 en la primera promoción del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid. Berlanga: «Bardem y yo éramos renovadores, pero no llegamos a inquietar al cine oficial. Preparamos nuestras primeras películas como si fuéramos a construir la torre Eiffel: dibujos, alzados, a qué altura debía ir la cámara…». Respecto a Bienvenido Mr. Marshall, recordaba que durante el rodaje midió mucho sus palabras para no chocar constantemente con Bardem: «Al menos, el filme trataba de cosas más cercanas, naturales, divertidas y distintas a las que se filmaban por aquel entonces. Había tres condiciones previas: que saliera Lolita Sevilla, que pasara en Andalucía y que fuera de risa. Se estrenó sin mucho éxito, pero la mención especial al guion que ganamos en Cannes la convirtió en un acontecimiento». La película marca el punto más álgido del cine español durante aquellos años.

Hoy, queridos lectores de La Andalucía, nos centramos en una película fundamental durante la transición, Siete días de enero, de Juan Antonio Bardem.

Siete días de eneroLa película Siete días de enero, estrenada en 1979, más allá del tapiz propagandístico, no olvidemos que su directo Juan Antonio Bardem era un reconocido comunista y autoconvencido hombre de partido, narra el atentado terrorista perpetrado por la extrema derecha dos años antes contra abogados laboralistas de Comisiones Obreras con despacho en la calle Atocha. Ofrece una reconstrucción fidedigna de lo que fue la Matanza de Atocha la noche del 24 de enero de 1977.

Creo que describe perfectamente al espectro social de la izquierda militante que el director tan bien conoce. Su daguerrotipo es brillante. No obstante, el retrato de la extrema derecha me parece poco acertado. Las voces de los familiares franquistas parecen impostadas, estereotipadas y falsas. Tal vez sea cierto error de guion. Un novelista hubiera perfilado mejor los personajes. Al estar firmado por un periodista como Gregorio Morán, próximo a Mundo Obrero, se pierden ciertos matices que, sin duda, por otra parte, gana el enfoque izquierdista de la historia, mucho más rico y atractivo. El guion va en la línea del cine político y he ahí donde radica su fuerza y, por ende, su flaqueza.

Se nos presentan dos bandos claramente opuestos. Por un lado, el de la izquierda (los abogados laboralistas): personajes idealistas, bondadosos, pacíficos, en pos de la libertad y el futuro. Por el otro, la extrema derecha hija del franquismo (Alianza Apostólica Anticomunista): viejo orden, autoritarismo, nacionalcatolicismo. Al fin y al cabo, todo se reduce formalmente a la eterna lucha entre buenos y malos.

Funeral por los abogados laboralistas.jpg
Funeral por los abogados laboralistas

Estamos ante un drama político de clara vocación propagandística. Pese a todos los estereotipos, la primera mitad resulta entretenida con la aparición y presentación de cada personaje y sus bandos. Suficiente suspense. Su culmen, la matanza. Las detenciones. De ahí, deriva en documental apasionante. Toda la segunda parte es documental. Tristísimo. Redondea el primer tramo.

La película Siete días de enero fue galardonada con el Gran Premio del Festival de Moscú. Su director, Juan Antonio Bardem, comentaba al respecto: «creo que el jurado del Festival de Moscú ha sabido valorar en Siete días de enero que es la primera película española en la cual se nota que el dictador ha muerto».

La matanza de Atocha tuvo un peso específico en la legalización del Partido Comunista el 9 de abril de 1977. Esto es: la Transición estaba hecha y el proceso constituyente del posterior año desembocaría en una democracia homologada al contexto Europeo. Con todo lo que esto tiene de irónico y equidistante para el hombre de la calle.

Deja un comentario