Historia del flamenco (III). Pasado reciente, presente y futuro

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Antonio Mairena, por Manolo Machuca.


La Andalucía recupera el archivo de Triste y Azul: Flamencos Cabales en la Red.

Desde La Andalucía, vamos a rescatar las crónicas, los trabajos de investigación y el archivo completo de Triste y Azul: Flamencos cabales en la red, uno de los primeros espacios de Internet dedicado exclusivamente al flamenco.

Triste y Azul fue fundado por Manolo Chilla desde Buenos Aires, tierra que acogió a este jerezano forzado a emigrar en 1953. «Lolo» encontró en el flamenco una vía de comunicación con su tierra, Andalucía, desarrollándose como crítico e investigador flamenco. Rescatamos el archivo de Triste y Azul, perdido en la red durante estos últimos años, en homenaje a Manuel Chilla González, fallecido en Buenos Aires en septiembre de 2015, y a todos los que lo hicieron posible, sus colaboradores y sus técnicos.

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Manuel Chilla González

Antes de continuar en el tiempo, y habiendo pasado de la época, según se cree, de sus comienzos, vamos a charlar un poquito del baile. De este arte flamenco, que tuvo lugar mucho tiempo después que el cante, se estima que los primeros bailes datan del primer tercio del siglo XIX. Los llamados bailes de candil tenían este nombre debido a que su práctica se llevaba a cabo en patios de casas de vecinos, en ventas al aire libre o en ambientes bastantes sórdidos, por tal motivo, en las noches en las que la luna no alumbraba, usaban un «candil». La clientela pertenecía a la clase baja del pueblo, por lo cual entonces el baile de candil llegó a equipararse con un baile popular. Más adelante, se empezó a formalizar en sus diferentes estilos y modalidades y fue cuando ya se daban clases de enseñanza, principalmente en las escuelas de baile boleras. El baile de Triana que historió Estébanez en 1831 seguramente fue uno de estos bailes. Decía, en él, asistimos al baile de la rondeña por la Perla y su amante el Xerezano, que por la presentación que de ellos hace, se desprende que podían ser profesionales, igual que algunos de los cantaores presentes (el Planeta, el Fillo). Tres décadas más tarde, el barón Charles Davillier, quien en 1862 hizo un viaje por España en compañía de Gustavo Doré, del que nos ha dejado puntual testimonio, acudió a uno de estos bailes en la botillería del Tío Miñaro, donde oyeron cantar el polo a uno que llamaban el Barbero y acompañado a la guitarra por otro nombrado Cirineo y que fue bailado por la Candelaria. Vieron después bailar el zorongo y la rondeña, siendo gitanas las bailaoras y, según dice, se contaba entre las mejores de Triana. Probablemente aquellos bailes no eran aún danzas genuinamente flamencas. Los nombres de estilos aparecen muy mezclados con otros de estirpe anterior como la gallarda, la chacona, el ole, el jaleo y aún los identificados como flamencos, tal la rondeña que Estébanez vio bailar y en la que Concepción Carretero detecta influencia de la escuela bolera. Estébanez habla también de la caña, indicando que, por lo regular, no se baila y, a continuación, describe dicho baile.

No todos los estilos del cante son bailables, aunque últimamente, los jóvenes han ampliado el abanico de estilos para bailar, creando nuevos movimientos y pasos para complicar el baile de tal manera que los hacen muy difíciles, sacándoles su sencillez y naturalidad, sencillez aparente, porque esa misma sencillez los hacía de una belleza y estética incomparables. Los estilos bailables por naturaleza son los siguientes: soleá, seguiriya, alegrías, bulerías, caracoles, sevillanas, farruca, garrotín, tangos, martinete y zapateado.

Siempre se ha dicho de la guitarra que no apareció en el cante hasta la Edad de Oro, o sea, en los albores del siglo XIX. Los hechos así lo han demostrado, el cante en sus comienzos era a palo seco, pero no porque no se conociera la guitarra. De hecho, los gitanos tocaban un instrumento muy parecido a la guitarra; lo que ocurría es que no tenían la cejilla y entonces, tocaban muy arriba (mi) o por el medio (la), únicos tonos que conocían, así que los cantes por esta dificultad se tenían que hacer a palo seco. La primera etapa ya conocida con cierto rigor histórico es la de los guitarristas que podrían ser llamados pre-flamencos, es decir, guitarristas en una posición ambigua en la que interpretaban músicas cultas o populares. El Murciano es quizás el nombre más antiguo que se puede invocar con la convicción de que fue un guitarrista muy próximo al flamenco. Figura en cierto modo opuesta sería la de Julián Arcas, a quién Rioja y Cañete no dudan en considerar como «uno de los padres del Arte Flamenco».

En Jerez, y atribuida a Javier Molina, se considera que estuvo la primera escuela de toque flamenco. La figura gigante de Ramón Montoya lleva a un clasiquismo en que ya la guitarra es una disciplina, un estudio, una madurez. Otros grandes nombres de esta etapa son los Borrul, Luis Molina, los de Badajoz.

Con el esplendor de los cafés cantantes, el flamenco desarrolló todas sus facetas hasta fijar definitivamente lo que pudiéramos considerar clasiquismo. El baile adquirió un apogeo sin precedentes, puesto que era el mayor atractivo para el público. Fue el tiempo de las más grandes luminarias de todas las épocas: Juana la Macarrona, Gabriela y Rita Ortega, las Antúnez, las Coquineras, la Cuenca, Salú la hija del Ciego y Antonio el de Bilbao. Los cafés dieron también un gran impulso a la guitarra flamenca, fundamental para el espectáculo. En ellos ganaron fama una cantidad de tocaores importantes, el primero de todos, Paco de Lucena.

A Silverio Franconetti, genio de la seguiriya, se le considera el principal transmisor de los cantes de el Fillo en su interpretación no gitana; impulsó decisivamente los cafés cantantes, profesionalizando el ejercicio público del arte flamenco.

Siglo veinte, cambalache. No voy hablar de tango, pero sí me voy a referir a que, como dice el refrán, «en todas partes se cuecen habas». Esto viene a cuento porque hacia 1926, una ley fiscal promulgada en España gravaba con un impuesto del 10% a los cafés cantantes, en cambio, los espectáculos en espacios abiertos de más capacidad y más figuras en cartel pagaban únicamente el 3%, de tal manera que los cafés empezaron a declinar. A un empresario avispado llamado Monserrat se le ocurrió trasladar los espectáculo flamencos a espacios más amplios como las plazas de toros y llamarlos «óperas flamencas», de esa forma, se reducían los impuestos. También está la versión de que el nombre se le implantó a causa de la madre de la Niña de los Peines, que estaba viéndola ensayar un día y le gritó entusiasmada: «olé y viva la ópera flamenca».

De esa forma, la ópera flamenca tomó el relevo de los cafés cantantes, por primera vez el flamenco aspiró a conquistar públicos más amplios, dado que los espectáculos se hacían en recintos de gran aforo y a precios populares. Audiencias tan masivas influyeron necesariamente en que la calidad artística tuviera que rebajarse. Esta etapa estuvo marcada por estilos más ligeros, como fandangos y cantes de ida y vuelta. El fandango invadió todo el cante, en detrimento de los estilos de mayor enjundia flamenca. Lo mismo ocurrió con los cantes de ida y vuelta.

A partir de 1915, se produce un ciclo de baile excepcional con nombres como los de Antonia Mercé la Argentina, Pastora Imperio, Vicente Escudero y Encarnación López la Argentinita. Ellos llevaron el baile español y flamenco por los escenarios más importantes del mundo. Los cantaores más destacados en los espectáculos de ópera flamenca fueron, sobre todo, Pepe Marchena, además de Vallejo, Centeno, el Niño Gloria, Angelillo, Cepero.

Es lógico que quienes se tomaban el flamenco en serio entraran en estado de alarma por el futuro del cante jondo. Una de estas personas fue don Manuel de Falla, quien, en unión de otros intelectuales, pensaron en hacer algo por abortar la catástrofe y decidieron organizar un concurso de cante jondo, que se realizó en Granada en 1922. Precisamente en este concurso, un apenas adolescente Manolo Caracol obtuvo un primer premio y comenzó su carrera de éxitos en el cante flamenco y fue el que introdujo en los espectáculos el acompañamiento de piano y orquesta con sus famosas zambra, formando pareja con Lola Flores. Fue época de la aparición de grandes artistas de la guitarra flamenca, como el Niño Ricardo, Manolo de Huelva, Melchor de Marchena, Esteban de Sanlúcar y, en guitarra de concierto, Sabicas.

A mediados de la década de los cincuenta, después de la época de las óperas flamencas, se revaloriza el flamenco, se abre la era de los tablaos, se publican los primeros libros y ensayos sobre el flamenco, Antonio Mairena gana la tercera Llave de Oro del Cante y comienza una nueva era en el flamenco. Se publica la primera Antología del Cante en Francia por Hispavox, entre los primeros tablaos se cuenta con el Zambra de Madrid, González Climet publica su libro Flamencología y en 1956, se celebra el primer Concurso Nacional del Arte Flamenco de Córdoba. A mi entender, en el concurso organizado por Manuel de Falla en Granada y en este concurso nacional de Córdoba, fue donde se volvió a poner el cante flamenco en el sitio que nunca debió abandonar. Este concurso nos dio uno de los más grandes cantaores de la época. Me refiero a Antonio Fernández Díaz, Fosforito, que fue el triunfador absoluto, ya que ha sido el único que se ha llevado todos los premios por dominar el cante en todos sus estilos, además de que todos sus cantes fueron hechos con letras propias.

Antonio Mairena fue figura fundamental en el renacimiento del cante como intérprete y como estudioso y entendido, gran investigador del tema; otro cantaor de categoría que, con su contribución en todos los campos tanto didácticos como prácticos, aportó mucho al flamenco.

En el ciclo del baile teatral, tuvo su continuidad la etapa anterior con personalidades como Pilar López, Carmen Amaya, Antonio, a quienes siguieron, a su vez, Antonio Gades, Mario Maya, el Guito, Cristina Hoyos, Merche Esmeralda, entre otros.

En cuanto al cante, hubo muchos destacados, los clasificaré por escuelas. En los cantes de Cádiz, al principio de esta época, podemos nombrar a Aurelio Sellés, Pericón de Cádiz, Macandé, el Flecha de Cádiz, Manolo Vargas, Perla de Cádiz, el Beni de Cádiz, Chaquetón y, actualmente, todavía en actividad, el Chano Lobato, Rancapino, Pansequito, María Vargas. Continuamos con la escuela de Sevilla, de cuyos maestros anteriores podemos nombrar a Pepe de la Matrona, Bernardo el de los Lobitos, quedando actualmente Manuel Mairena, Jose Menese, Chocolate, Miguel Vargas, José de La Tomasa, Diego Clavel. Nos ocupamos de la escuela de Jerez, de los primeros de esta época podemos nombrar a Tío José de Paula, Juanito Mojama, Tía Añica la Piriñaca, el Borrico de Jerez, Sernita de Jerez, Agujetas el Viejo, Terremoto de Jerez, el Sordera, María Soleá, nos quedamos con los que todavía están en actividad: la Paquera de Jerez, Diego Rubichi, Manuel Moneo, Juan Moneo el Torta, Manuel Agujetas, Jose Mercé. Ahora, mencionaremos la escuela de Utrera y Lebrija, desde el Perrate, Fernanda y Bernarda de Utrera y terminando por Juan Peña el Lebrijano y Curro Malena. Llegando a Cartagena y la Unión, después de Antonio Piraña, ahora los más destacados son Pancho Cros y Encarnación Fernández. Para terminar, con los que hemos clasificado en la escuela Cordobesa, en los que como figura destacada tenemos a Luis de Córdoba, el Pele, y como figura sobresaliente, a Fosforito, merecedor sin duda alguna de la Llave de Oro del Flamenco.

Hasta 1985, estos son los nombres para destacar. Hay muchísimos más, pero no terminaríamos nunca de nombrarlos. Sobre personalidades que no se ciñeron a una escuela determinada, de los cuales también hay gran cantidad, podemos recordar a Juan Barea, Rafael Romero, Porrina de Badajoz y, más cercano en el tiempo, hasta la época actual a Gabriel Moreno, Ramón el Portugués y Carmen Linares.

Yo sé lo que ustedes están pensando: en la figura que no he nombrado para nada y que más conocida es en el mundo, no solo por su cante, también por las circunstancias que rodearon su vida. Me refiero a Jose Monge Cruz, Camarón de la Isla, pero les digo que para hablar de él, necesitaríamos muchísimo tiempo que no tenemos, así que prefiero no decir nada, porque diga lo que diga, me quedaría corto, habría que hacer una charla exclusivamente dedicada a su persona. Desde niño, su ideal era el ser torero, pero en su andar por las ventas y especialmente por la venta Vargas, aprendió bien el cante y cantaba para poder comer. En sus principios, cantaba puro flamenco jondo en Madrid, donde lo llevó Paco Cepero. Fue posteriormente apadrinado por Paco de Lucía y la influencia de Pepe de Lucía y el padre hicieron que innovara en su cante y le diera su estilo propio, lo que le dio nombre y fama en el mundo.

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Paco de Lucía, por Manolo Machuca

En la guitarra, hubo en este tiempo una transición, pues los grandes maestros vienen de la etapa anterior. A ellos se añadieron algunos interesantes como Luis Maravilla, Manuel Cano y Serranito, viniendo después la revolución con Paco de Lucía.

Futuro

Desde la revolución de la guitarra de Paco de Lucía, se incorporaron nuevos instrumentos como el cajón, el piano, la flauta, el contrabajo, violín y un largo etcétera. Paco de Lucía inició la etapa innovadora y marca el inicio de un esplendor sin precedentes por el número y calidad de grandes guitarristas al que le siguen, entre ellos, verdaderos magos del toque como G. NúñezCañizaresRiqueniTomatito y Vicente Amigo.

Enrique Morente es el creador de este tiempo. A partir del gran conocimiento que posee del cante ortodoxo, empezó a introducir novedades de mayor o menor calibre en todas sus interpretaciones, culminando su evolución en las obras Lorca y Omega. No obstante, en sus últimas presentaciones, está volviendo a las raíces.

Actualmente hay una generación de bailaoras y bailaores que mantienen el baile en cuotas de gran calidad: Javier Barón, el Mistela, Javier la Torre, Eva la Yerbabuena, Juan Ramírez, Joselito Fernández, Antonio el Pipa, Farruquito. Ellos marcan la pauta. Hay otros, como Antonio Canales, Joaquín Cortés, Belén Maya, Israel Galván y Sara Baras, que introducen en su baile elementos de novedad e investigación que influirán en el futuro.

El mestizaje en la música flamenca de los últimos tiempos está marcado por corrientes como por ejemplo el jazz, la salsa, la bossa nova y sones étnicos de muy diversas genealogía y geografía. En este terreno, los pioneros son los grupos Pata Negra y Ketama y posteriormente Navajita Plateá. También son muy importantes las aportaciones de hombres del jazz como Jorge Pardo, Carlos Benavent y Chano Domínguez.

Con esto termino mi escrito, con el que se puede estar de acuerdo o no. Cada uno tenemos nuestras vivencias y preferencias y en el flamenco es raro encontrar a dos que estén completamente de acuerdo en todo. Lo que sí puedo decirles es que lo expuesto está dicho con toda la honestidad del mundo.

Este artículo fue publicado en Triste y Azul en el año 2000

One comment

  1. El investigador local Luis Javier Vázquez Morilla ha realizado con su libro “ El Tenazas”. Eso es cantar por derecho, un magnífico trabajo que otorga auténtica justicia a Diego Bermúdez Cala, ganador por méritos propios del ya mítico Concurso de Cante Jondo celebrado en Granada en 1922 con organizadores de la enorme talla como Federico García Lorca, Manuel de Falla o Andrés Segovia entre otros.

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