Guadalete: etimología y mitología

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Isá Ibn Kamar

 

Por más que se insista desde la academia en que la etimología de Guadalete entronca con «lete», esta teoría nunca me convenció.

En la mitología griega, el Letheo era uno de los ríos del Hades que las almas de los muertos debían atravesar, y en el que, al beber sus aguas, olvidaban la vida terrena. La teoría dominante nos indica que si «lete» es el Letheo, Guadalete significaría algo así como «río del olvido».

Aunque ésta es la versión más generalizada, desde mi punto de vista, mezclar una raíz árabe (wadi) con otra griega (letheo) siempre me resultó forzado y anacrónico. Forzado por cuanto a nadie se le oculta la tentación de todo cronista local de vincular su geografía patria con el mundo clásico para dar «empaque» a su historiografía. Y anacrónico, en el sentido de ser poco creíble que los griegos clásicos que arribaron a las costas tartésicas lograran imponer sobre los paisanos el nombre griego de un río (su río), y que mil años después (tras la expulsión de los invasores godos y el uso del árabe como lengua oficial de Hispania), sus descendientes siguieran denominándolo con el original toponímico griego. Dudo mucho que la exigua presencia griega en la Turdetania fuese capaz de imponer un toponímico griego sobre los muy urbanizados y organizados turdetanos de la época.

Una segunda teoría hace derivar el nombre del río de Wadi Lacca (o Lakka). Sobre «Lacca», he podido encontrar en la bibliografía dos posibles teorías; la primera, hace referencia a una ciudad romana ubicada posiblemente en la cercanía de la actual junta de los ríos. Otra segunda, relaciona Lacca con «lago», y nos traslada al paisaje tartésico y a la confusión de las fuentes geográficas clásicas sobre el Guadalete como una de las bocas del Guadalquivir, haciendo del Guadalete el río del «lago tartésico».

La relación entre Guadalete y Wadi Lacca se ha puesto en cuestión al considerar que, cuando las crónicas árabes hablan del «lago», se refieren a la laguna de la Janda y, por tanto, el Wadi Lacca sería uno de los ríos de dicha comarca (¿el Barbate?). Pero si esto es así, se reforzaría la idea de que la Batalla del Guadalete no se produjo en el entorno del río, sino en las proximidades de La Janda.

Las crónicas árabes (según el Ajbar Machmua, crónica anónima del siglo XI, escrita casi cinco siglos después de los hechos que narra) dicen al respecto lo siguiente:

«Estaba ausente de la corte, combatiendo á Pamplona, y desde allí se dirigió hacia el mediodía; cuando ya Tárik habia entrado, habiendo reunido contra éste un ejército de cien mil hombres o cosa semejante, según se cuenta. Apenas llegó esto a noticia de Tarik, escribió a Muza, pidiéndole más tropas y dándole parte de que se había hecho dueño de Algeciras y del Lago.

(…) Encontráronse Rodrigo y Tárik (que había permanecido en Algeciras), en un lugar llamado el Lago y pelearon encarnizadamente; (…)».

¿A qué lago se refiere? Por otro lado, la referencia a «un lugar llamado el Lago» nos indica una localización en la que, posiblemente, existió un antiguo lago desecado o colmatado en la época en que se recogieron las crónicas árabes, y que en la toponimia local se mantuviera como tal (pues de lo contrario, el cronista habría hecho referencia al propio lago, las «orillas del lago», las «proximidades del lago», etc.).

Por otro lado, teniendo en cuenta que las crónicas se redactaron en el siglo XI, si realmente la batalla hubiera tenido lugar en el entorno del Guadalete, el redactor habría citado el nombre del propio río (en vez del circunloquio «un lugar llamado Lakka»), por cuanto por aquellas fechas el proceso de arabización del territorio se encontraba consolidado y el Guadalete es un hecho geográfico de suficiente calado como para que, de haberse producido la batalla en su entorno, el redactor lo hubiese citado como tal.

Entonces (sin entrar aquí en la localización de este Lakka), si la batalla final entre Rodrigo y Tariq no tuvo lugar en el Guadalete (por entender que no se trata del Wadi Lakka), ¿por qué la tradición localiza este evento en el Guadalete?, ¿qué vinculación existe entre la batalla y el río?

Esta pregunta nos abre la puerta a una tercera teoría: el nombre del Guadalete hace referencia al «río de Tariq» y de ahí, la confusión entre la batalla de Tariq y el río de su nombre.

Pero vayamos por partes: ¿de dónde surge esta idea?

El nombre completo por el que se conoce a este guerrero (¿mitológico?) bereber es Ṭāriq ibn Ziyād al-Layti. La nisba «Al- Layti» indica su vinculación con la tribu de los Layt o Layth, clan de gran importancia en el norte de África y que llegó a tener relevancia en la historia de Andalucía.

Layt/Layth viene a significar «león fiero». Así, según se recoge en la Antroponimia Hispanoárabe, Layt es sustantivo («león»), bastante utilizado en la antigua onomástica árabe y ocasionalmente perpetuado posteriormente. Se refleja en DS Allayte, y tal vez, en los topónimos Darabalez y Guadalete.

Por otro lado, el topónimo «león» se encuentra muy vinculado al río Guadalete. Así, a una de sus fuentes, en Zahara de la Sierra, se le sigue llamando Bocaleones y en las proximidades de los Llanos de la Ina, en la misma zona donde la tradición localiza la famosa batalla, encontramos el cerro del León y la cañada del León.

En definitiva, estaríamos apuntando que la etimología de Guadalete procedería de Wadi al- Layti, esto es, el «río del león» o «río de Tariq». Así, al llegar los conquistadores castellanos a estas tierras y referirse al río de Tariq (el león), no tardaron en relacionar aquella cruenta batalla con el río del vencedor y de ahí, la confusión posterior en la localización del suceso.

Si el Guadalete ya no es el «río del olvido», es posible que perdamos una sugerente y poética relación mitológica del río con el mundo clásico.

Sin embargo, ¡que los amantes de las conexiones mitológicas de estas tierras con el mundo clásico y tartésico no desesperen! Unas puertas se cierran y otras se abren.

La dimensión mitológica de Tariq ha sido referida en numerosos estudios; sobre todo, para quienes adoptan una actitud crítica ante la perspectiva histórica dominante de un periodo medieval hispánico marcado por la idea de una «invasión árabe» (que no fue) y posterior reconquista (que tampoco lo fue como tal), la figura histórica de Tariq es cuestionable.

Sin entrar en la cuestión etimológica de los fundamentos germánicos del nombre y su función arquetípica en unos sucesos históricos que las fuentes árabes ensalzaron en crónicas que se redactaron, al menos, 500 años después de que realmente acontecieran, el nombre Tariq esconde sugerentes referencias mitológicas.

Tariq es un nombre árabe que se identifica con el Lucero del Alba (Venus) o estrella vespertina. Los amantes de la mitología tartésica habrán dado en este punto un salto de emoción y habrán vislumbrado la relación entre TAR-iq y as-TAR-té, la diosa fenicia que los latinos relacionaron con Venus.

Astarté es el nombre griego de la diosa semítica Ishtar, conocida por Oriente Próximo y el Mediterráneo oriental desde la Edad de Bronce a la Época Clásica. Astarté estaba relacionada con la fertilidad, sexualidad y la guerra. Su símbolo (entre otros, como la paloma) era el león y la estrella dentro de un círculo que representaba al planeta Venus.

También era conocida como Inanna, y bajo esta advocación, representaba el amor, la naturaleza y la fertilidad.

Y ahora vienen las hipótesis poéticas y sugerentes. ¿Será Tariq —el león— una representación mitológica de la dimensión guerrera de Astarté?; ¿los llamados «llanos de la Ina» no podrían ser una transliteración de Inanna?, ¿la actual ermita de la Ina estaría localizada en el mismo emplazamiento que un antiguo templo a la diosa de la fecundidad?

Alī ibn Mūsà ibn Sa’īd al-Magribī describe el Guadalete a su paso por Jerez y dice que, en este punto, el lugar está lleno de jardines y hermosos paisajes (y lo compara con el río de Sevilla). ¿No es éste el estereotipo del «paraíso» y fecundidad a que nos traslada el culto de Inanna?

En definitiva, desde una perspectiva mitológica, el Guadalete, el río de Tariq, sería sinónimo del río de Astarté que, en época antigua, desembocaría en lo que hoy son los llanos de la Ina, en donde se localizaría (¿actual ermita?) un antiguo templo u oráculo de Inanna.

Para cerrar el círculo, sólo nos faltaría localizar a Lakka, el lago; pero esto lo dejaremos para otra ocasión.

Isá ibn kamar

27 Rabi al-Zani 1439

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