El primer paso

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Pedro Burruezo

Recientemente, acabo de visitar de nuevo Sevilla, una de mis ciudades andaluzas preferidas. En esta ocasión, he viajado a la capital bética desde donde vivo, Sant Feliu de Guíxols, para impartir una conferencia-concierto titulada Mística y música sufí en el siglo XXI. Me acompañó en este concierto Maia Kanaan, a la viola y a la voz. La conferencia-concierto se llevó a cabo en uno de los salones del Palacio de los Marqueses de la Algaba y estaba dentro de la programación de la Cátedra Al-Ándalus de la Fundación 3 Culturas. Vino mucha gente y fue una velada preciosa. Procuré, con mi música y mis comentarios, acercar al público lo que es la vida y el sentimiento de un sufí de nuestros días, tarea harto difícil. El público, muy atento, nos lo puso mucho más fácil de lo que merecemos.

Explico todo esto para, a continuación, hacerles llegar, queridos lectores, que la música tiene muchas cosas buenas. Una de las mejores es que te permite visitar muchas ciudades y países distintos y, a la vez, conocer a personas de interés. En todos estos años de músico itinerante, he tenido la suerte de conocer y de tocar con personajes tan diferentes como Robert Wyatt, Wafir S. Gibril, Sisa y un largo etcétera. El mundo del arte también me ha permitido conocer a personas que, más allá de la actividad artística, desde diferentes disciplinas del conocimiento, tienen mucho que decir a una sociedad que camina cada vez de forma más acelerada hacia el precipicio… con una desconcertante alegría.

En la citada velada sevillana, tuve la fortuna de conocer y, luego, de cenar… con Emilio González Ferrín, cuyo libro Historia general de Al-Ándalus (Almuzara) es muy revelador. Para el historiador, «el libro sigue a Américo Castro en el sentido de que tenemos que habitar nuestra historia. No se entiende Al-Ándalus sin Valencia, Zaragoza y Toledo. Al-Ándalus es un primer Renacimiento europeo, pero, como está escrito en árabe, los europeos no lo reconocen como tal». Efectivamente, el Renacimiento llegó a Europa a través de ciudades como Córdoba, donde la ciencia, la literatura, la búsqueda de la belleza… eran lo normal. Sin embargo, parece que nos avergoncemos de ello. ¿Por qué no empezamos a reivindicar a autores como Ibn Al-Arabi o Averroes como fundamentales de nuestro pasado y de nuestro futuro? Si queremos un mañana en convivencia, armonía, serenidad y riqueza (inmaterial)… sería un buen primer paso.

 

Pedro Burruezo es músico y compositor, hortelano orgánico y redactor jefe de The Ecologist

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