El pabellón español en la Exposición Universal de París de 1937

 

El pabellón español en la Exposición Universal de París de 1937 (Museo Reina Sofía)

 

Isabel Almagro Franco

 

INTRODUCCIÓN

El pabellón de España en la Exposición Universal de París de 1937 fue una obra emblemática, adelantada a su tiempo y que mostró al mundo, no sólo los adelantos técnicos artísticos y culturales de los que nuestro país era capaz en esos momentos, sino que también representó una muestra de democracia y libertad frente al golpe de Estado y frente a los fascismos en un momento en que Europa no los había combatido aún.

Además, es una obra que no se conoce demasiado, las circunstancias políticas en las que se desarrolló y el fatídico desenlace así como la consecuente dictadura, hicieron que el silencio se impusiera sobre una magnífica obra de arte que no merece ser acallada y olvidada sino, por el contrario, ser conocida y promulgada a los cuatro vientos.

Quiero destacar asimismo a dos personas fundamentales, una de ellas, Fernando Martín, profesor de la Universidad de Sevilla, que leyó su tesis sobre este tema en 1976, aunque no pudo publicarla hasta 1983, y cuya obra fundamental y temprana es una de las primeras que clarifica y estudia este tema tan controvertido en una época tan azarosa aún. Gracias a él y a sus clases, los alumnos desvelamos este misterio y pudimos conocer una parte de la historia que ha sido voluntariamente desdibujada y olvidada.  La otra, Josep Renau, a quien no se le ha agradecido lo suficiente su colaboración y responsabilidad, no sólo con el pabellón y su labor tanto artística como museográfica en el mismo, sino también su papel fundamental y trascendente en la conservación y salvaguarda de nuestro patrimonio histórico-artístico. Espero que restaurar su memoria y poner de relieve los acontecimientos que fueron olvidados sirva de homenaje y reconocimiento a esta personalidad de nuestra historia, valiente, cumplidor, eficaz y honesto, cuyo recuerdo lleno de agradecimiento sincero pretendo revivir.

 

  1. SU GESTACIÓN Y CONSTRUCCIÓN

La primera notificación oficial francesa invitando a España a participar en la exposición que se tiene proyectado celebrar en el 37 en París es recibida el 22 de diciembre de 1934. España contesta aceptando el 18 de febrero del 35 y solicitando información del evento. Francia contesta a dicha petición poniendo énfasis en el patrimonio cultural español y su producción artística así como los recursos turísticos de los que disponía nuestro país.

Tras diversas gestiones entre el gobierno español y francés y ambas embajadas sobre el terreno donde iría situado ese pabellón así como otras vicisitudes relacionadas con el mismo, el 17 de julio de 1936 es nombrado Carlos Batlle comisario general de la exposición del pabellón.

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Cartel de la Exposición Universal de París 1937

Fatídicamente, el día siguiente, como todos conocemos, se produjo el golpe de Estado militar que paralizó momentáneamente, pero en ningún modo suspendió, la intervención española en la Exposición de París de 1937. Además, el golpe de Estado y la posterior defensa de la democracia así como la lucha contra él transformaron radicalmente la idea de mostrar en el pabellón el arte español del momento, además de los recursos turísticos españoles. En su lugar, se procedió a hacer del pabellón una muestra de los acontecimientos que estaban ocurriendo en España y a mostrarlo como un bastión de la democracia y la paz ante tan desgraciados acontecimientos.

El cambio de embajador trajo como consecuencia el nombramiento de un nuevo comisario de la exposición, José Gaos, rector de la Universidad de Madrid, que nombró a los arquitectos Luis Lacasa y Josep Lluis Sert como arquitectos del pabellón. A partir de estos acontecimientos, se creó un comité para la organización de trabajos relativos a la exposición donde los verdaderos artífices y los que tomaron las decisiones más relevantes fueron, aparte de sus arquitectos y el comisario de la exposición del pabellón, los Ministerios de Propaganda e Industria Pública y Bellas Artes, cuyo director era Josep Renau, de quien hablaremos más adelante por el papel  primordial que tiene en los acontecimientos, y la oficina de Turismo, rodeados de un competente equipo y ayudados por distintos servicios del Estado.

Así, el desarrollo de los desgraciados acontecimientos bélicos que acontecieron a la República española, marcaron decididamente el rumbo de la exposición del pabellón y lejos quedaron los iniciales planteamientos de mostrar el arte y el turismo español. Por el contrario, se convirtió en un pabellón de Estado que mostrase la barbarie de la guerra y la defensa de la democracia y la paz por encima de los fascismos.

Desde la colocación de la primera piedra y la apertura del pabellón pasaron sólo 5 meses. La inauguración oficial tuvo lugar el 12 de Julio de 1937. En dicho acto, se pronunciaron dos emotivos discursos del embajador de España en París y del comisario del Pabellón, que fueron una total toma de conciencia de los trascendentales momentos por los que pasaba España.

Como muestra, extraigo 2 párrafos del discurso de Ángel Ossorio (embajador en ese momento):

«Una guerra internacional desatada sin razón alguna por los pueblos fascistas que sólo esperan devorar a España para acometer a otros pueblos libres, Francia entre ellos».

Y más adelante: «Todos los amenazados y perseguidos de hoy salvaremos unidos el tesoro que la historia nos confía. Y en un mañana leve y pacífico, disfrutaremos el orgullo de haber comprendido que el mundo no se mueve por la fuerza, sino por la razón del espíritu».

Y más adelante: «Mientras algunas gentes estúpidas o malvadas preguntan si es verdad que hemos vendido el Museo del Prado, nosotros defendemos tenazmente ese y otros tesoros de los bombardeos con predilección de los aviones fascistas, erigimos nuevas escuelas, multiplicamos nuestras publicaciones, exhibimos en el extranjero a nuestros intelectuales y hacemos, en suma, una valoración del pensamiento tan grande o mayor que la de nuestra defensa armada. Y es que estamos enterados de que, a la larga, el destino de los pueblos no lo trazan los explosivos sino el cerebro».

Al principio, se pensó que la arquitectura del pabellón sería de carácter historicista, más acorde con lo que se venía haciendo en la arquitectura española del momento. De hecho, Lacassa, uno de sus arquitectos, estaba más relacionado con esta tendencia. Sin embargo, Sert, el otro arquitecto, más vanguardista y reconociendo de forma inteligente la premura del tiempo y los escasos medios de los que se disponía, consideró que era necesario acercarse mejor a la arquitectura del estilo internacional y al funcionalismo.

 

  1. EL PAPEL DE JOSEP RENAU

El 9 de septiembre de 1936, Jesús Hernández, ministro de Institución Pública y Bellas Artes, nombró a Josep Renau director general de Bellas Artes (DGBA). Era la primera vez que este joven y comprometido artista ocupaba un cargo de vital importancia. Los acontecimientos y la trascendencia de sus decisiones y organización mostraron la valía personal de este gran artista, no sólo en el campo de la organización de una gran exposición como la del Pabellón de España en la Exposición Universal de París, sino también en la conservación de nuestro patrimonio histórico-artístico.

En su primera visita oficial a París, el artista valenciano trató de cumplir la misión que le había sido encomendada por el Gobierno de la República. Según sus propias palabras, «una misión eminentemente política, invitar a numerosos artistas españoles que residían allí a participar en la lucha antifascista exponiendo alguna de sus obras en el pabellón».

Renau tuvo un papel protagonista en la organización de la participación de los artistas así como en la organización del pabellón. Al principio, se pensaba inaugurar el primero de mayo. De hecho, después de poner la primera piedra a finales de febrero del 37, se trazó un plan de actuación con el fin de agilizar la organización. A principios de marzo, se realiza una reunión a la que asisten los ministros de Estado, Propaganda e Instrucción Pública, así como representantes del País Vasco y Cataluña, donde se acuerda utilizar el pabellón como propaganda de la lucha antifascista que se estaba produciendo en España.

Renau
Renau

En su segundo viaje a París, Renau, a propuesta de la OIM y de su presidente, el museógrafo griego E. Foundoukidis, publicó un informe que fue el punto de partida de los nudos temáticos y visuales que se desarrollarían más tarde en el pabellón. Ya en  España, el 22 de abril de 1937, bajo la supervisión de la Delegación de Bellas Artes, se encargó de acopio del material artístico madrileño que envió a Valencia y de allí a París. Fue una comisión la que se encargó del envío y organización de estas obras. Además, la DGBA realizó un concurso dirigido a todos los artistas de la España republicana con el fin de seleccionar sus obras para el pabellón, y para tal fin, se realizó un cartel y un folleto con las bases de dicho concurso.

La inauguración del pabellón tuvo que aplazarse varias veces. Finalmente, llegó el segundo envío de material a comienzos de julio, coincidiendo casi con las obras enviadas desde España que llegaron a París el 7 de Julio. Así, el 12 de Julio pudo finalmente realizarse la inauguración. Renau asistió a la misma y se pronunciaron varios discursos, uno de Gaos, el comisario del pabellón, otro del comisario general francés y otro del embajador de España en París, Ángel de Ossorio, como hemos citado anteriormente.

Se hizo una doble inauguración, el sábado 10 para los periodistas y el lunes 12, la inauguración oficial a la que asistieron además de las autoridades, unas 400 o 500 personas.

Se puede atribuir a Renau con total seguridad la responsabilidad de la organización, la configuración del resultado gráfico final y la unidad temática de la exposición. Se constata, además, una implicación directa en muchos casos, como organización de la impresión de fotografías en Photographies L.Gros (según se constata en las facturas conservadas) así como la difusión cultural y propaganda de la España republicana en el pabellón a través de carteles y publicaciones, y también la confección de varios álbumes de artistas que se vendieron en el mismo.

Después de la inauguración, Renau continuó en París atendiendo a las instalaciones gráficas y preparando una conferencia que daría ante la OIM.

También se hizo cargo de la responsabilidad de organizar el desmontaje del pabellón una vez finalizada la Exposición Universal, donde se realizó un inventario y se organizaron y redactaron las condiciones de entrega y custodia de las obras, dada la premura de desalojar urgentemente el pabellón. La devolución se retrasó por diversos motivos y, finalmente, se hizo cargo la Recuperación del Patrimonio acabada la guerra.

  1. ANÁLISIS Y SIGNIFICADO DEL PABELLÓN

Debemos tener en cuenta que, al igual que los demás que circundaban en la exposición, el pabellón español era un edificio efímero, cuya misión era contener obras de arte y exponerlas, mostrarlas y enseñar con ellas.

Pasado el tiempo, nos damos cuenta del ímprobo esfuerzo que tuvo que hacer la República para construir un pabellón de tan alta calidad en tan adversas y trágicas circunstancias para España.

Dentro de los fines a conseguir por la exposición de pabellón y su obra, podemos establecer tres objetivos claros:

  1. Ser portavoz al mundo de la situación en que se encuentra España
  2. Definir con precisión los objetivos del gobierno de la República
  3. Señalar la lucha heroica del pueblo español

Teniendo en cuenta esto, el material y su arquitectura, logran una simbiosis entre continente y contenido para completar el discurso que pretende mostrar al mundo. Nos hallamos ante una construcción moderna, clara, racional y flexible, cuyas formas expresan ligereza y transparencia, motivada por los materiales empleados, estructura metálica y cristal. Una estructura que sigue los cinco puntos de Le Corbusier y que, museísticamente, sigue uno de los esquemas más avanzados en el modo de mostrar una obra de arte de todo el siglo XX, adelantándose a prestigiosos museos contemporáneos (utiliza un modo de circulación en un sentido que usó el Museo Guggenheim de Nueva York de Wright en 1959).

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El Gernika de Picasso en el pabellón español

Ya en su inauguración fue considerado uno de los mejores pabellones del recinto, citado por Inglaterra y Francia.

La segunda planta estaba dedicada a las artes plásticas y la artesanía, dividida en 2 secciones, la primera dedicada exclusivamente a las artes, con una parte permanente y otra para exposiciones temporales, con diseños, carteles y pinturas. También existía un espacio dedicado a temas de actualidad española con fotografías de la Guerra Civil.

Analizando el significado del pabellón bajo perspectiva ideológica, hay que reconocer su carácter publicitario, al ser un manifiesto, alegato y testimonio de la situación de nuestro país en esos momentos. El pabellón fue una potente llamada de atención a los regímenes democráticos, políticamente afines y al mundo, de que viniesen en ayuda de la República. El tema del pabellón se basa en el golpe de Estado y la consecuente Guerra Civil así como de la alternativa que da el gobierno de la República ante tan tremendo atentado a la democracia y la libertad.

La presencia de Federico García Lorca en el pabellón reforzó la idea de ser un edificio que representaba la libertad. De hecho, se puso un gran retrato del poeta junto a una serie de ejemplares de su obra Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías en el Servicio de Publicaciones, situado en la planta baja del pabellón.

Así, el arte toma en el pabellón su más amplío sentido de compromiso con la realidad, haciendo que las obras allí expuestas no sólo nos den una visión de síntesis del arte español de aquellos momentos, uno de los periodos más fecundos y brillantes de nuestro arte de vanguardia, unido a la actividad cultural desarrollada en España en el periodo de la República. Las obras expuestas y su arquitectura constituyen una intencionalidad específica que enlaza con la guerra, con la democracia y con la libertad. Basta citar algunos títulos como El payés catalán en rebeldía de Miró, El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella de Alberto (Sánchez Pérez), Madrid 1937 de Horacio Ferrer, la Montserrat de Julio González y el mismo Guernica, de lo que hablaremos más adelante.

De hecho, la mayoría de artistas e intelectuales estaban del lado de la República y no dudaron en ofrecer sus servicios a su causa. Todos los artistas que exponen en el pabellón participan de la idea de comunicar y expresar la situación dolorosa que vive España en esos momentos así como de ofrecer una imagen sentida del pueblo español en horas críticas. Analizando esta obra, hay dos factores que nos llaman poderosamente la atención:

  • La síntesis de las Bellas Artes, que muestra pintura, escultura, fotografía, carteles, etc., integrados de forma armónica y museísticamente inteligible.
  • El mensaje coordinado por sus organizadores, Josep Renau y sus arquitectos Luis Lacasa y Josep Lluis Sert. Donde, además de lo expuesto, destaca también el tratamiento que se hace a la mujer de forma igualitaria y respetuosa, de hecho, toda la escultura ubicada en la parte exterior está dedicada a la mujer.

Destacan también los carteles del pabellón, que tenían como misión informar mediante la imagen y la palabra de los hechos del Gobierno de la República, formación del Ejército y milicia popular, la ideología y la educación. Además, en uno de los fotomontajes que aparecían expuestos en el pabellón, podían leerse los versos de un poema de Lorca, “Ciudad de los gitanos”, dedicado a Jerez:

«¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle
con las torres de canela».

Luis Buñuel fue nombrado coordinador de Propaganda al Servicio de la Información en la Embajada española en París. Además, el Gobierno republicano le encarga la programación cinematográfica del pabellón. De este modo, fueron proyectadas doce películas y documentales de carácter histórico, cultural y político, aunque sólo tres de las producciones hacían referencia a la situación bélica de España. Buñuel ofició, además, como productor del único largometraje presentado en la muestra: La hija de Juan Simón (1935).

BIBLIOGRAFÍA

  • MARTÍN, FERNANDO. El Pabellón español en la Exposición Universal de París en 1937. Universidad de Sevilla. Sevilla, 1983.
  • CABAÑAS BRAVO, MIGUEL. Renau y el pabellón español de 1937 en París, con Picasso y sin Dalí. Universidad de Valencia,
    Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (España).

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