El Megalitismo, primera gran civilización europea que surgió en Andalucía

Dolmen de Menga, Antequera [Foto: IAPH]

 

José Ruiz Mata

 

Sobre el año 4800 hasta el 1300 a. n. e., se fecha la etapa megalítica para Andalucía, comprendiendo los períodos Neolíticos, Calcolíticos y parte del Bronce. Desde 4200 para el Alentejo portugués, 3800 para Francia y a partir de 3500 o 3000 para más al norte.

La necesidad de interpretar los restos documentales o arqueológicos hace que la historia sea la ciencia más subjetiva que existe. La historiografía oficial es un compendio de lo que se conoce, de lo que se intuye, lo que han aportado los pueblos vencedores y lo que interesa de la tradición; mediatizada por intereses políticos, sociales, culturales, económicos, religiosos… Una historia oficial no es totalmente cierta y demostrable, de hecho, posee muchas lagunas, sin embargo, se ha llegado a un compromiso general para defenderla, no tener que estar recomponiéndola a cada paso y que satisfaga los compromisos de los sectores influyentes. Como ejemplo se puede exponer que ciertas leyendas, como la de don Pelayo, se aceptan sin discusión y otras, como no interesan, se dan por erróneas. Se llega incluso a sostener que algunos personajes incómodos, como Averroes, son de origen oriental, por mucho que haya nacido en Córdoba, de familia autóctona, y su pensamiento sea totalmente occidental; de casos parecidos está llena la historia andaluza: Trajano, Adriano, Maimónides, Ibn Hazm, Abbad ibn Firnas, por no mencionar a otros personajes más modernos y suscitar controversia.

En la historia de España, y en particular en la de Andalucía, la influencia de la Iglesia ha sido crucial; sólo es español lo que esté sustentado por la religión cristiana. Por ello, la historia de Andalucía comienza con la llamada Reconquista, todo lo anterior es foráneo: tartesios, una creación oriental; Alándalus, una civilización árabe. Todo yacimiento arqueológico de importancia es aportación extranjera: fenicio, griego, romano, árabe… Hasta la flora parece venida de fuera. Es como si aquí nunca se pudiera haber dado una cultura nativa, como si los habitantes de este rincón del planeta fuesen un atajo de salvajes incompetentes. Aun así, se puede demostrar, en contra de la oficialidad, una continuidad ininterrumpida en Andalucía, a lo que al pueblo se refiere, desde la más temprana prehistoria hasta nuestros días. Aquí no existieron ni exterminios ni éxodos masivos, tan sólo cambios políticos y religiosos a los que la población se tuvo que adaptar; por ello, el carácter, la forma de ver el mundo, el arte, la manera de entender la religión, han sido siempre similares durante todas las épocas que esta tierra, este pueblo, ha vivido.

Dolmen de Ontiveros Valencina de la Concepción Foto IAPH.jpg
Dolmen de Ontiveros (Valencina de la Concepción) [Foto IAPH]

Dentro de este no querer reconocer nuestra historia, de no investigar para no tener que aceptar lo palmario, se encuentra el desconocimiento que se tiene de la primera cultura que surgió en esta tierra que ahora llamamos Andalucía: el megalitismo; término que procede de las palabras griegas megas (grande) y lithos (piedra), «grandes piedras», y que se comenzó a utilizar en el siglo XIX. A esta cultura, por su duración y por el amplio territorio que ocupó, se le puede considerar como una auténtica civilización. Una de las causas más notorias del desconocimiento sobre megalitismo es que, aun siendo contemporáneo a Summer y al antiguo Egipto, no aparece en los textos clásicos griegos, que son casi las únicas fuentes de las que bebe la historia oficial, por lo que nos tenemos que conformar, que no es poco, con estudiar los abundantes y magníficos restos que esta civilización nos ha legado por media Europa; sólo en España son más de 20.000 los dólmenes documentados.

Otro de los factores que dificultan la comprensión del megalitismo es el presentismo; estar convencidos de la superioridad de la sociedad actual frente a otros modelos sociales del pasado, creer que sólo puede evolucionar una comunidad ateniéndose a nuestras pautas actuales de desarrollo y a nuestra forma de tecnología. También son dañinos, tal vez absurdos, los pseudocientíficos que sostienen que las poblaciones salvajes y primitivas preindustriales y precapitalistas habrían carecido de los conocimientos y de las características organizativas necesarias para levantar estos monumentos, por lo que debieron de contar con la ayuda de otros seres venidos de otros planetas.

Según la oficialidad, la cultura megalítica surge en el sur de la península Ibérica hacia 4800 a. n. e. y persiste hasta el 1300 a. n. e., momento en que en Occidente se produce la crisis del Bronce Final y, en Oriente, la invasión de los Pueblos del Mar. Como si fuese una mancha de aceite, que es la forma en que el hombre se extiende explorando los terrenos que le son más próximos, la civilización megalítica avanza por el valle del Guadalquivir, Guadiana, frente atlántico de la Península y llega al centro de Francia sobre 3800 a. n. e. Mil años para adaptarse, para indagar, para crecer como pueblo. Entre el 3500 y el 3000 ya habían conquistado las Islas Británicas y parte de Escandinavia. Restos megalíticos se han encontrado también en el Mediterráneo occidental, sobre todo en el norte de África, llegando su influencia a Cerdeña e, incluso, a ciertas edificaciones de Creta.

Los tipos básicos de los monumentos megalíticos son el menhir y el dolmen, aunque su agrupamiento, la combinación de ambos o una mayor complejidad de las estructuras, dan lugar a una variada tipología entre las que destacan los alineamientos, los crómlech, los dólmenes de corredor, de galería o los de falsa cúpula o toloi.

De la utilidad de estos monumentos no se sabe nada, darles un carácter funerario es demasiado socorrido; haber encontrado restos humanos en su interior no es suficiente, también en las catedrales modernas existen enterramientos y no por ello su uso principal es funerario. Además, la relación de los dólmenes con el sol es algo demostrable (de los 300 dólmenes estudiados en Andalucía sólo tres no están orientado al orto), la importancia que se les daba a ciertos huecos por donde los rayos del sol debían entrar hasta el fondo de la estancia en una determinada época del año, la colocación de piedras concretas para provocar un efecto determinado con la luz; todos estos cálculos no serían útiles si luego se procedía a sellar la cámara tras los enterramientos. Con respecto a la orientación, luego vendrán algunos historiadores, como José Luis Escacena, que, según un programa no escrito, dirán que el templo hallado en el Carambolo está orientado al este por influencia oriental a través de los fenicios, obviando o desconociendo todo el pasado megalítico.

Algo a tener en cuenta es que la arquitectura megalítica no es oportunista, de personas que no sabían cómo construir con mampostería de materiales de dimensiones más manejables, sino que la elección de esas enormes piedras era concreta, tal vez basada en el simbolismo de la piedra con atributos humanos, vinculada, así mismo, a creencias sobre el paisaje y la Naturaleza. Se sabe que algunas de las paredes de los dólmenes estuvieron estucadas y con pinturas, aunque, tras tantos años, esos materiales se han disuelto y sólo se pueden apreciar sus restos.

Al analizar las construcciones, a primera vista llama la atención el peso de alguna de las piedras utilizadas; el cierre del techo de la cámara de Menga pesa 150 toneladas y varias de sus piedras superan las cien toneladas, algo que es corriente en otros edificios; aunque fuera de Andalucía, el menhir Brisé (roto), en Locmariaquer (Bretaña), es el mayor del mundo con veinte metros de longitud y unas 300 toneladas de peso. Esto nos hace suponer que debía de existir alguna relación entre la magnitud de la tarea y la recompensa del resultado que amortizara tan tremendo esfuerzo. Se supone que primero se debía estudiar la cantera, luego extraer la piedra, transportarla a varios o muchos kilómetros y colocarla en su lugar; piedras que se debían labrar para darle unas formas y proporciones que no son aleatorias. ¿Cómo tallaban, si supuestamente no conocían más metal que el cobre y todo lo más, el bronce, piedras tan duras como el pórfido o el granito? ¿Cómo transportaban las piedras? ¿Cómo las ubicaban en el lugar correcto? Tirar con cuerdas de un centenar de toneladas no es tarea fácil, cualquier error en los cálculos haría vascular la piedra o la clavaría en el suelo sin remedio; cualquier pequeño repecho se presentaría como un obstáculo poco menos que insalvable.

Al continuar con el estudio, se ve, como ya se ha dicho, que casi todos están orientados con la entrada al nacimiento del sol, como las catedrales góticas la tienen al ocaso; o sea, que existe una intencionalidad, posiblemente sobre la regeneración de la Naturaleza, la muerte y resurrección del dios Sol. También se observa la perfección de algunas medidas, como la de los diferentes tramos del corredor de la Pastora que tienen una diferencia entre ellos de milímetros; la simetría y proporciones geométricas homogéneas de algunos dólmenes; la continuidad simbólica o ideológica de las construcciones, que se mantienen tanto en edificios cercanos como en otros alejados por cientos de kilómetros. Todo esto hace pensar en un sistema muy elaborado sujeto a reglas muy estrictas, fruto de una intencionalidad clara. La unidad de medida de estos edificios, como ha demostrado Saulo Ruiz Moreno en su libro La senda de Akash, tiene su referencia con el segmento del paralelo terrestre donde está ubicado, así como ha demostrado que en diferentes casos existe una utilización casi reiterativa del número áureo.

Dolmen de la Pastora Valencina de la Concepción Foto IAPH
Dolmen de la Pastora (Valencina de la Concepción) [Foto: IAPH]

Lo expuesto lleva a deducir que los megalíticos tenían unos amplios conocimientos en mecánica, en comportamiento de materiales, en dinámica, que sabían mucho sobre nuestro planeta, su posición en el cosmos y de astronomía, que su teología debió ser compleja y, por supuesto, que necesitaban de la escritura y las matemáticas, únicas formas de realizar cálculos y de comunicarlos a las generaciones venideras. Debemos tener en cuenta que la escritura es imprescindible para el desarrollo de un pueblo, ya que si sus componentes tienen que memorizar las leyes, la historia, los descubrimientos, los cálculos y demás datos necesarios, poco margen intelectual les queda para evolucionar. La escritura es una forma de recordar sin tener que memorizar constantemente lo aprendido, una manera de dejar a las futuras generaciones la historia, las creencias, las leyes, los avances sociales y técnicos, sin obligarlos a retener esa acumulación de asuntos que los encorsetarían y, a la vez, que esas generaciones puedan adquirir sus propios progresos.

Pero, para mover las grandes moles y edificar esos monumentos, se necesita mucha mano de obra. Esto lleva a dos conclusiones: la primera, que ese concepto de un grupo de prehistóricos dedicado a la recolección, a la caza o a la pesca que de pronto les da por montar unas enormes piedras sobre otras, es imposible, no existe el necesario recurso humano. La segunda, que la necesidad más perentoria del hombre, como de cualquier ser vivo, es la de alimentarse; por lo que, para distraer a una importante parte de sus individuos de la obligación de buscar alimento, es necesario practicar una agricultura y una ganadería intensivas, que proporcionen el necesario excedente para alimentarlos, sobre todo teniendo en cuenta que ese sector de la población necesita mucho aporte energético debido a su esfuerzo. Aunque también cabe la posibilidad de que los trabajos de construcción se realizaran en los momentos en que el campo no necesita labor, lo que así mismo implicaría una agricultura especializada. El origen de la leyenda mitológica de Gerión es posible que proceda de esta época, por lo que, si este gigante era pastor de bueyes, nos aclara que no era ganadero, un ganadero no quiere un animal que sólo come y no sirve de semental, sino agricultor especializado, ya que los bueyes son los que se uncen al arado.

También se denota que debió ser una sociedad con algún tipo de jerarquía, impuesta o aceptada, con capacidad de organización, que provocara la necesidad de construir estas moles, realizara los cálculos necesarios, aunara los diferentes trabajos y tuviese la suficiente influencia como para que se obedecieran sus decisiones. Una jerarquía que inculcara en la sociedad los necesarios motivos que amortizara tan gran esfuerzo en una recompensa esperada, ya sea de carácter religioso, civil o científico. La comprobación de una intencionalidad y las estructuras tan definidas y homogéneas de sus construcciones lleva a deducir que eran fruto de un pensamiento muy elaborado y concreto, en el que el elemento interpretativo se debía ceñir a una filosofía bien desarrollada. Todo esto lleva a la conclusión de que se trataba de una sociedad compleja y evolucionada.

La cerámica asociada a esta cultura es la del vaso campaniforme, que aparece al rededor de 2000 a. n. e. y que tiene como supuesto lugar de origen la comarca de Carmona. Aunque su área de difusión es algo mayor, coincide en gran medida con la megalítica. Se distinguen tres tipos: el palmeado, que se distribuye por el Suroeste de la Península y Norte de Marruecos; el marítimo, que se encuentra por el norte de la Península; y el continental, propio del interior de Europa. Otro tipo de objetos relacionados con el megalitismo son los ídolos placa, fabricados comúnmente en pizarra de unos 15 centímetros de longitud media, que podían servir como amuletos y que han aparecido encima o en el costado de algunos esqueletos; los ídolos oculados en hueso, de pequeña factura se han hallado en algunos enterramientos; los ídolos cilíndricos, de mayor tamaño y fabricados en piedra marmórea, recuerdan a los betilos (casa o morada del dios), que no representaban al dios sino que pretendía ser su lugar de culto; y las estelas, losas de piedra talladas en una sola cara de entre el metro y medio y unos centímetros de altura, en las que la sencilla repetición y la constancia de las figuras representadas dan la idea de constituir un ideograma rígido y codificado, se han encontrado siempre fuera de contexto, por lo que no se tiene una idea clara de su utilidad.

Alberite I, Villamartín, Foto IAPH.jpg
Alberite I (Villamartín) [Foto IAPH]

De los asentamientos importantes de esta época hallados en Andalucía se pueden destacar los Millares, en Almería, una fortaleza con cuatro líneas de murallas y trece fortines, que acogió a una población de más de 1.500 habitantes desde 3250 a 2200 a. n. e. y que sin duda fue la ciudad europea más importante de la Edad del Cobre, aunque la oficialidad sostenga que no existieron ciudades en Andalucía hasta la llegada de los fenicios; su necrópolis conserva más de un centenar de tumbas megalíticas. Otro de los asentamientos fue el de Valencina de la Concepción (Sevilla), perteneciente al Calcolítico y con más de cien hectáreas de extensión. Una de las mayores concentraciones de dólmenes del mundo está a lo largo de casi ocho kilómetros a los lados del río Gor, entre Gor, Gorafe y Baños de Alicún (Granada), en el que se conservan 198 de los casi 250 que pudieron existir. El dolmen de Alberite, en Villamartín (Cádiz), tiene una antigüedad aproximada de 6700 años (corresponde al Neolítico), por lo cual se considera uno de los monumentos más antiguos que se conocen realizado por el hombre. El dolmen de la Pastora, en Valencina de la Concepción (Sevilla), posee un corredor enlosado de 42 metros, que lo convierte en el más largo encontrado hasta ahora. También se puede destacar el dolmen de Menga, en Antequera (Málaga), que, aunque de los más antiguos, está considerado la culminación de esta forma de expresión.

Como curiosidad se puede apuntar que casi todos los lugares europeos con cultura megalítica tienen en su nombre el sintagma gal: Portugal, Galicia, Galias, el País de Gales. El nombre con el que se denominaba la Andalucía de esa época no nos ha llegado, pero sí sabemos que los tartesios y sus antecesores desde el cuarto milenio navegaban por la costa atlántica y que llegaron hasta las Islas Británicas, lo que demostraría una continua relación entre los componentes de este pueblo y el porqué conocían los tartesios las minas de estaño en Gran Bretaña.

El pueblo que construyó los megalitos en Andalucía no se extinguió. Por diferentes causas que se desconocen, tal vez una de ellas fue la crisis del Bronce Final, dejaron las construcciones, pero continuaron con su vida en esta tierra. Es el momento, a partir del siglo XI a. n. e., en que se conoce a Tartesios, gracias a la aparición o regreso de los fenicios y al legado que han dejado los griegos, aunque estos no recalarán por las costas andaluzas hasta el siglo VII a. n. e. tartesios es el pueblo continuador de los megalíticos, por eso prosiguen con las navegaciones por el Atlántico, comerciando con sus productos, entre ellos las alabardas, la espada en lengua de carpa y la cerámica bruñida.

Los Millares Almería Foto Junta de Andalucía.jpg
Los Millares (Almería) [Foto Junta de Andalucía]

Con todo esto se puede afirmar que es el megalitismo la primera civilización que une a la Europa occidental y le da una identidad como pueblo en un tiempo tan temprano como el cuarto milenio. Que este pueblo es el sustrato de los tartesios, que serían conocidos por los romanos como turdetanos. No habrá más que seguir la historia para llegar a nuestros días y que nos sintamos orgullosos de tener unos antepasados tan magníficos.

Anuncios

5 Comments

  1. Te felicito Diego por tan brillante exposición que nos explica muchas cosas que desconocíamos. Espero que la vida te esté tratando bien y te mando mi abrazo. Tu amigo.

  2. Precisión: cuidado como empleamos conceptos contemporáneos al pasado, el megalitismo no surge en Andalucia simplemente por que en esas fechas no existía como tal. Sería mas correcto hablar en términos geográficos que no impliquen conceptos políticos territoriales, Sur de la peninsula Ibérica por ejemplo. Por otro lado señalar que la arqueología como rama de las ciencias sociales no es una ciencia exacta pero es científica en tanto en cuanto emplea el método científico para resolver hipótesis, partiendo del análisis y estudio de los restos materiales, por lo que sus planteamientos siempre están en continua revisión. Cualquier acercamiento al estudio del pasado que renuncie a la aplicación del método y criterio científico nunca será válido ni puede ser aceptado por parte de la comunidad científica, ya que las conclusiones derivadas de la mera intuición no dejan de ser pura literatura por muy bonita que sea no significa que sean ciertas. Saludos.

  3. Hola, tenéis noticias de otro tipo de estudios sobre los dolmenes. Por ejemplo de tipo antropológico, de manera que por comparación con otra sociedades, sepamos mejor su función. O de tipo telúrico.
    Saludos

Deja un comentario