El megalitismo en el curso del río Gor

Vista aérea de Gor
Fotografías de José Ruiz Mata

 

José Ruiz Mata

Al bajar el puerto de la Mora desde Granada, pasado el cruce de Guadix, nos encontramos con la indicación «Gorafe». Tras tomar esa dirección, entramos en una carretera recta, larga y poco transitada que discurre por una planicie. De pronto, una curva muy cerrada nos hace prestar una rápida atención; los lugareños dicen que antiguamente esa curva era aún más cerrada y no eran pocos los que continuaron sin quererlo por el carril de enfrente.

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Aquí se inicia el descenso a un impresionante cañón de 20 kilómetros de largo y hasta 200 metros de desnivel; detrás hemos dejado varios de los yacimientos, pero ya volveremos a ellos. Tras un breve recorrido junto al río Gor, llegamos a Gorafe, un pueblo de apenas quinientos habitantes, acogedor y apacible, que se asienta en una de las laderas del cañón. La mitad de sus vecinos habitan en cuevas, algunas con más de cien años de antigüedad, que gracias a su temperatura constante, su interior siempre permanece a unos 20 grados haga mucho frío o calor en el exterior, al buen acondicionamiento y que jalonan toda la pared hasta llegar a la planicie, hacen de ellas una envidiable morada. En la actualidad, el viajero puede elegir entre hospedarse en un pequeño hotel o alquilar alguna de estas cuevas, lo que resulta una experiencia singular.

Gorafe, aparte de su privilegiada situación, tiene como particularidad ser la población, quizá del mundo, con más dólmenes. No se sabe cuántos hubo en el pasado, pues muchos fueron desmantelados a causa de las faenas agrícolas o la obtención de puestos de caza y otros siguen ocultos, pero se conocen 242, de los que se conservan unos 125 y, de ellos, se pueden visitar 37.

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Tras los estudios de Manuel García Sánchez y Jean-Christian Spanhi, entre 1955 y 1956, la ordenación territorial de los grupos y subgrupos quedó establecida de la siguiente forma:

  1. — Grupo de los Baños de Alicún (dólmenes 1 a 12). Es el más septentrional y se halla próximo a la unión entre los ríos Gor y Fardes. Se divide en tres subgrupos: Loma de la Raja, Llano de la Ermita y Haza del Toril. Están en el término de Villanueva de las Torres.
  2. — Grupo de la Sabina (dólmenes 13 a 63, más el recientemente incorporado 242). Situado a unos cinco kilómetros al sudeste del anterior, forma tres subgrupos: Llano de la Sabina, Cuesta de la Sabina y Los Castellanes.
  3. — Grupo de Las Majadillas (dólmenes 64 a 86). Es el conjunto más denso de toda la zona. Está situado frente al pueblo, en la pequeña meseta que existe bajo el borde del valle. El recorrido es de 2.150 metros y es la ruta que presenta mayor dificultad, pues se realiza desde el pueblo a través de caminos y senderos que ascienden hasta lo alto del cañón, pero es una visita obligada por la calidad del conjunto, del que destaca el dolmen 65, conocido como «la Cobertura» por servir de abrigo a los pastores. Desde arriba se contempla una espléndida vista del valle con el pueblo enfrente.
  4. — Grupo del Llano de la Cuesta de Guadix (dólmenes 87 a 100). Situado al noroeste de Las Majadillas, por la pobreza del material arqueológico aparecido, por su sencillez y reducidas dimensiones de sus construcciones, poligonal sin corredor, representa el tipo más arcaico de la zona: entre el Neolítico Final y el Cobre Antiguo (2500-2300 a. n. e.). Este es uno de los conjuntos que está en el término de Guadix.
  5. — Grupo Llano de Olivares (dólmenes 101 a 123 y el 240). Están alineados en el borde derecho del valle en un recorrido de cuatro kilómetros, desde la altura del pueblo hasta la curva por la que entramos al principio. Junto a esta curva, existe un área de descanso y un espectacular mirador sobre el barranco desde el que se puede apreciar la particular geología de la zona.
  6. — Grupo de las Hoyas del Conquín (dólmenes 124 a 143 más el 239). Está situado junto al anterior, a ambos lados de la segunda curva de bajada y a un lado y otro del río. En la margen izquierda, el subgrupo de la Umbría del Conquín y en la derecha, en dos rellanos intermedios, los de las Hoyas del Conquín Alto y Bajo. Aquí se han documentado las losas de cubierta de mayores dimensiones en el 134 y, además, con una altura 2,20 metros. A este grupo se le supone una fuerte influencia de la cultura de los Millares y se fecharía en el Cobre Pleno y Reciente (2400-1800 a. n. e.). De este conjunto destacaríamos el 141, un dolmen de corredor, trapezoidal, de puerta adintelada y considerable tamaño; su construcción debió de ser durante el Cobre Antiguo, anterior al resto del conjunto, y su uso, hasta el Cobre Final.
  7. — Grupo del Llano del Cerrillo de la Liebres (dólmenes 144 a 166). Ocupa una amplia extensión en el borde izquierdo del valle frente al anterior. Se le aprecia una influencia de los Millares con fenómenos de fusión cultural. Asimismo presenta bastantes sepulcros tardíos, llegando algunos de ellos a la época Argárica. Estos también están en su mayoría en el término de Guadix.
  8. — Grupo de la Gabiarra (dólmenes 167 a 181). Situado al sur del anterior, solo queda el 170; los demás fueron destruidos en la década de los setenta del pasado siglo para favorecer las labores agrícolas. Con influencia de los Millares, algunos perduraron hasta la época argárica, según los hallazgos cerámicos.
  9. — Grupo Llano de Carrascosa (dólmenes 182 a 189). Se extienden en cinco kilómetros al borde de la llanura derecha sobre el río Gor, frente al grupo anterior. Actualmente solo existen tres dólmenes del que cabría destacar el 186 «Sepultura Grande», que conserva parte de la cubierta. Están situados en el término de Gor.
  10. — Grupo de Torrecilla (dólmenes 190 a 192). Se encuentran al otro lado de la A92N. Construidos con grandes losas de piedra, están prácticamente arrasados. Existen dos posibles estructuras más en la zona, cubiertas por piedras de puestos de caza, en las que aparecen pequeños fragmentos de cerámica. Estos también pertenecen al término de Gor.

Los datos aportados por la arqueología indican que, al comienzo del tercer milenio, llegaron a estas tierras fuertes influencias culturales del Bajo Guadalquivir, por un lado, y de los Millares, por otro, iniciándose los primeros enterramientos colectivos en complejos megalíticos a extramuros de los poblados. En este contexto, el río Gor está considerado como el área más extrema del megalitismo de influencia atlántica. En relación con los Millares, tendríamos los desaparecidos tholoi, sepulcros circulares con cubierta de de falsa cúpula, excavados por Siret en la cabecera del río Gor. La utilización de estos tipos de necrópolis llegó hasta el Bronce Pleno, lo que abarcaría todo el tercer milenio.

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A lo largo del curso del río Gor se han identificado una serie de poblados con una datación que abarcaría desde el Neolítico Final al Cobre Pleno (c. 3200-2100 a. n. e.). Los dos más importantes son el de las Angosturas, en el término de Gor, y el las Hoyas del Conquín, en Gorafe. Las Angosturas es un poblado de reducidas dimensiones pero con un gran valor estratégico, lo que explicaría su permanencia, según el C14, desde 2500 hasta el 2030 a. n. e. Este poblado presenta cabañas de planta circular con zócalos de piedra, sobre el que se alzaban paredes de adobe, y techadas con ramajes y juncos con un apoyo central. Esta secuencia se completa con una fase ibérica e indicios de romanización. El de las Hoyas de Conquín está construido en una terraza a cuarenta metros sobre el cauce del río; presenta una muralla de piedra con adobe y posee una estructura de cabañas similar al anterior. Frente a él, al otro lado del río, existió un fortín vigía. Los habitantes de estos poblados serían los constructores de las diferentes necrópolis del río Gor.

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Para la construcción de los dólmenes se utilizaron lajas de roca caliza o conglomerado procedentes de la zona. Una vez terminada la estructura de piedra, se procedía a cubrir la construcción con tierra para formar un túmulo artificial al que se le añadían unos anillos perimetrales de pequeños cantos. El suelo de la cámara aparece enlosado en muchas ocasiones y, en otras, está formado por la propia roca del monte. En la mayoría se aprecia un corto corredor que da acceso a la cámara y, en la unión de ambos, existe, en las construcciones que lo han conservado, un arco de ingreso de forma oval o rectangular tallado en una losa de piedra. La orientación predominante de la entrada es sursudeste, oscilando en general de este a sur, en clara correspondencia a la salida del sol por encima de la Sierra de Baza en los distintos días del año. Las estructuras de las cámaras tienen diferentes formas: pentagonal, trapezoidal, heptagonal, poligonal, cuadrangular, rectangular; aunque siempre presentan un ensanche en el fondo que va disminuyendo hasta la entrada. La altura conservada oscila entre los 0,60 a los 2,20 metros; aun así, la mayoría no excede de 1,50 metros. En cuanto a los enterramientos, suelen ser múltiples en la época más antigua, el de mayor concentración es el 84 con 22 personas, a una tendencia a la individualidad en la Edad del Bronce. Esto nos hace pensar en el tránsito de una sociedad comunitaria a la concentración del poder, militar, político, económico o religioso, en un jefe que exigiría una singularidad a la hora de ser enterrado.

Estas características nos llevan a plantear una serie de hipótesis cuya verosimilitud es difícil de demostrar, aunque creemos que no están exentas de lógica. La forma de estos dólmenes nos recuerda la del útero materno y el pequeño corredor, la vagina; a esta idea ayuda lo relativamente bajo de los techos, algo que, a menos que aquellos hombres fueran pigmeos, obliga a permanecer dentro encorvado y a tener una mayor sensación de estar en un claustro materno.

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El difunto sería devuelto a la tierra, que es madre de todos los seres vivientes y, además, virgen, pues la tierra no necesita ser fecundada por ningún macho para procrear; hecho que podemos comprobar en el arco oval o rectangular que da acceso a la cámara, que se interpretaría como una representación del himen como símbolo de esa virginidad. El finado era colocado en posición fetal para un mayor significado de estar en el útero. La orientación de los dólmenes es al nacimiento del sol, que es quien regenera la vida. Esta unión entre el sol como generador y tierra como dadora de vida es muy común en las religiones antiguas. El hecho de que se hayan encontrado diferentes ajuares en los enterramientos nos lleva a pensar que no se concebía a la muerte como un trance sin más proyección, sino que el finado regresaría a la tierra y, a través de ella, a una nueva existencia. El difunto colocado como una semilla dentro del útero de la tierra al que el sol visita cada mañana y que, dada su mínima altura al aparecer por encima de los montes, puede entrar por el pequeño corredor, llegando hasta el fondo en algunos días del año.

El dolmen más antiguo del que tenemos noticia es el Alberite, en Villamartín (Cádiz), que data de principios del V milenio, por lo que este conjunto del río Gor sería posterior en unos dos mil años. También observamos que, mientras otros monumentos megalíticos podían tener otros usos, aparte del funerario, los de Gor parece que son únicamente para enterramientos, bien individuales o colectivos, dado las pequeñas dimensiones, sobre todo en altura, que en su mayoría presentan. Además, en otros dólmenes, los juegos de luces que realiza el sol dentro del recinto, la visión que desde su interior se presenta del paisaje y que los cadáveres han aparecido enterrados, nos hace suponer que debieron permanecer abiertos y dedicados a otros usos no funerarios; en cambio, en los del Gor, a parte del tamaño, los muertos eran colocados sobre el suelo, lo que nos lleva a suponer que la cámara sería sellada tras cada enterramiento.

En cuanto a la filosofía para la construcción de estos sepulcros, porque tuvo que existir una idea bien fundamentada, sino no hubiese perdurado su uso durante todo un milenio, debió de ser muy diferente a la que inspiró a dólmenes como el de Menga, en Antequera (Málaga), o el de Soto, en Trigueros (Huelva), de los que son contemporáneos. Tampoco poseen corredores prolongados como los del Romeral y Viera, en Antequera, los de la Pastora, Matarrubilla y Ontiveros en Valencina (Sevilla) o la Tumba del Gigante en El Gastor (Cádiz). De ello podemos deducir que serían comunidades rurales con poco desarrollo cultural, quizá por ser una zona apartada de las rutas comerciales, que fueron influidas tardíamente por la cultura megalítica y que ellos interpretaron a su manera, usando los materiales que tenían a mano y sin demasiadas complicaciones técnicas, que no ideológicas.

En la actualidad se ha creado el Centro de Interpretación del Megalitismo de Gorafe, que se ubica en la calle Granada de dicho pueblo, con una superficie de 560 metros cuadrados. Consta de cinco espacios expositivos: 1, Gorafe, centro del megalitismo; 2, La memoria de las piedras; 3, Los templos del más allá; 4, Gorafe y el valle del megalitismo; 5, Una tecnología muy moderna.

Para más información ver Antonio López Marcos, Descubre Guadix. Ruta del Megalitismo, Centro de Iniciativas Turísticas de la Comarca de Guadix y Diputación de Granada, 2012.

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