El ideario socialista de Ramón de Cala

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Emilio Ciprés

Ramón de Cala fue una de las figuras más importantes del siglo XIX jerezano, ya que estuvo presente en los principales acontecimientos políticos de la segunda mitad de este siglo y, como hombre polifacético, de él sabemos que fue poeta, político, periodista y ensayista. Jugó un importante papel en la Revolución de 1868 y durante la Primera República Española, debido a que llegó a ser vicepresidente del Congreso en las Cortes Republicanas, presentó el Proyecto de Constitución Federal de la República, que incluía un marco jurídico propio para Andalucía. Esto hace de él uno de los primeros autores modernos en reivindicar una política de corte federativo para Andalucía.

Inspirado en las ideas de Charles Fourier, Ramón de Cala fue pionero debido a su pensamiento de corte socialista y por conjugar este con su acción política. Su vida estuvo marcada por la profunda ética de vivir en base a su ideología, llevando esto a tal extremo que al final de su vida conocería la miseria.

«Primero que republicano he sido socialista. Las relaciones de mi infancia pusieron delante de mi entendimiento el espectáculo horrible de la miseria, más pronto que las injusticias del régimen político».

Ramón de Cala, El problema de la miseria resuelto por la harmonía [sic] de los intereses humanos, página 86.

Su pensamiento republicano se sustentaba en su ideal socialista, siendo el primero una consecuencia del segundo. Por lo que, antes de continuar, creo necesario profundizar acerca de la figura en la que se inspiró Ramón de Cala: Fourier. Este autor francés fue uno de los principales pensadores del llamado «socialismo utópico», surgido en Europa durante la primera mitad del siglo XIX y que fue precedido por dos hitos tan importantes como la Revolución Francesa y la Revolución Industrial. En esta época, se difunden por el viejo continente las ideas de los primeros pensadores socialistas: Cabet, Fourier, Owen o Saint-Simon. Las ideas del socialismo utópico, en nuestro país, tienen su más temprana acogida en la provincia de Cádiz, donde se difunde el fourierismo, así como en Cataluña, donde se difunde especialmente el cabetismo.

Frente a una visión más radical del cabetismo, Fourier proponía la asociación voluntaria de los trabajadores a través de la creación de los «falansterios» o «moradas de la falange» que conforman unidades compuestas por varios grupos de trabajadores que viven en comunidad dentro de un mismo edificio, organizados en cooperativas de producción y consumo. Los recursos y los medios de producción en estos falansterios estarían vinculados a los intereses comunes del grupo que acogiera en su interior.

«Se ha sentado vagamente como principio, que los hombres han sido creados para la sociedad, sin observarse que la sociedad puede ser de dos clases: fragmentaria y combinada, o sea el estado antisocialista y el estado socialista. La diferencia entre uno y otro es la que hay de la verdad al error, de la riqueza a la miseria, de las cumbres a la planicie, de las mariposas a los gusanos».

Charles Fourier, El Falansterio, página 8.

Este párrafo resume en gran medida el pensamiento de Fourier, pues, aunque el hombre vive en sociedad, la armonía dentro de esta es necesaria para que podamos decir que se vive con plena libertad. Esta serie de postulados serán recogidos por Ramón de Cala en su pensamiento, pero no debemos olvidar que, más adelante, veremos aparecer el llamado «socialismo científico», planteado por Engels y Marx y que se distinguían de socialismos como el Fourier, debido a que el francés no incluía premisas teórico- científicas del materialismo histórico. A lo largo del siglo XIX, tenemos que tener presente, surgirán las llamadas «ciencias sociales» tal y como hoy en día las conocemos, y estos autores comienzan a reflexionar acerca de los problemas sociales desde esta nueva óptica que paulatinamente va surgiendo y que desea erigirse como ciencia.

A priori, por consiguiente, no podemos decir que el pensamiento de Ramón de Cala provenga, por tanto, de los postulados que hoy en día entendemos como eminentemente socialistas, sino de unos que son anteriores. Esta serie de conceptos marcarán la vida y la obra de Cala, como veremos en adelante.

A lo largo del siglo XIX, en España vemos cómo cambia el régimen de propiedad con el paso del modelo del Antiguo Régimen al del liberalismo económico. Un punto de inflexión que podemos tomar a este respecto son las desamortizaciones de 1836 y 1855 que acabarán con la inmensa cantidad de tierra que mantenía sin uso la Iglesia y los diferentes Ayuntamientos del Estado. Este último aspecto será determinante, pues con la venta de las tierras del común, los campesinos esperaban obtener pequeñas parcelas para su subsistencia, pero, al final, hubo una gran acumulación de capital en muy pocas manos, especialmente en el caso andaluz, por lo que se creó una masa considerable de trabajadores del campo que vivían en condiciones miserables.

En este contexto político y social se criará Ramón de Cala, figura que llegará a ser de sobra conocida en su época por su amplia trayectoria política, pues llegó a ser concejal y alcalde, tuvo una reseñable participación en la Revolución de 1868 y llegó a ser diputado y senador. Autor de numerosos trabajos, cabiendo destacar entre ellos, Los comuneros de París: historia de la Revolución Federal de Francia en 1871, debido a su estancia en dicha ciudad, que le permitió escribir de primera mano un libro sobre los sucesos que estaban ocurriendo en la capital francesa. A través de esta obra, tenemos un relato de lo ocurrido, bajo el punto de vista del autor, y una serie de reflexiones acerca de la evolución del pensamiento socialista, de entre estas reflexiones me gustaría recoger la siguiente, pues, como explica Joaquín Carrera, nos muestra cómo Ramón de Cala intuyó la deriva autoritaria del comunismo.

«La Asociación Internacional de Trabajadores significa el organismo de la reforma que ha de realizar la emancipación de las clases desheredadas (…) legítima es su existencia y providencial su destino. Los buenos demócratas, los socialistas deben tenderle la mano y caminar con ella a un mismo fin; y si por ventura hallan errores en sus principios, discutirlos lealmente (…) Según mi parecer, razón tiene en abominar el salario… La tiene asimismo en combatir la presente propiedad individual. Pero se equivoca en la justicia del colectivismo, y se equivoca también inclinándose sin quererlo a un sistema autoritario que puede ser fundamento de reacciones y tiranías.

»¡Ojalá sean infundados mis temores, y ojalá pueda, rectificando mis juicios, pedir un puesto en la asociación de los hijos del trabajo y de la desgracia!».

Ramón de Cala, Los comuneros de París: Historia de la Revolución Federal de Francia en 1871. Tomo II, página 251.

Este extracto recoge una reflexión acerca de una evolución hacia el autoritarismo del socialismo. Recordemos que Ramón de Cala era seguidor del pensamiento de Fourier, del llamado socialismo utópico, pero ello no impidió que vislumbrara y viera la evolución de la izquierda hacia el socialismo científico y que fuera crítico con este debido a que planteaba una praxis política que empezaba a destacarse por la imposición de su ideal, imposición que rompía, a sus ojos, esa armonía social que tan importante era para su pensamiento y para la ejecución de sus ideas en la política.

Quizás, ligado a estas cuestiones, vemos que, en 1884, Ramón de Cala publicó El problema de la miseria resuelto por la harmonía [sic] de los intereses humanos con el interés de buscar soluciones a los problemas que vivía la clase obrera bajo su pensamiento y perspectiva política. Como parte de este ideario, vemos lo siguiente:

«Las reformas se deben hacer a la par en el orden científico y en el económico; pero en el caso de que se rompa el equilibrio, más vale que se avance en el último, porque si se consiguiera de cualquier modo que los obreros ganaran bastante y sobrado para cubrir las necesidades de la vida, ciertamen e [sic] que se ponían con esto solo más firmas cimientos para ilustrarlos y cambiar sus costumbres radicalmente».

Ramón de Cala, El problema de la miseria resuelto por la harmonía [sic] de los intereses humanos, páginas 97- 98.

Ilustrar a los obreros para cambiar radicalmente sus vidas es una de las claves de su pensamiento político porque, aunque es uno de los aspectos menos conocidos de Cala, sus iniciativas culturales son una clara muestra de la forma en la que llevaba a la praxis su pensamiento teórico. La mayor parte de sus proyectos, por tanto, estuvieron orientados hacia el sector de la educación y luchó durante muchos años por crear una biblioteca popular en Jerez que, finalmente, se materializaría posteriormente con la Biblioteca Municipal creada en 1873, que es a día de hoy la biblioteca pública más antigua de Andalucía. Además de esto, a lo largo del libro ya citado, Ramón de Cala hace un pormenorizado análisis de la situación de la miseria y de la marginación de los grupos más humildes de la sociedad y critica la situación de las mujeres y de los niños, proponiendo reformas inspiradas en la ideología de Fourier.

Esta búsqueda constante de soluciones para mejorar la vida de las personas le llevó a tomar a la Autonomía como eje de las relaciones de personas e instituciones. Su visión política vertebraría bajo el ideal de la Igualdad y de la Federación a ciudades, cantones, comarcas, regiones, etc. Su socialismo, por tanto, es radical a la hora de defender la libertad y, por esto, decidió involucrarse en primera línea en la «Gloriosa Revolución» de 1868, dirigiendo una partida de hombres hacia Cádiz para apoyar el pronunciamiento militar.

Encontraremos después a Cala en la defensa de la autonomía cantonal y en numerosos hitos de la lucha obrera y campesina del siglo XIX. Ramón de Cala, por tanto, defiende que sin una conciliación de las diferentes partes que conforman la sociedad y sin esa armonía no podemos llegar a construir una sociedad plenamente feliz y libre.

Otra manifestación de esa armonía la veremos en el proyecto de crear un falansterio en la provincia de Cádiz. El concepto de falansterio fue introducido en la región por Joaquín Abreu y Ortas, que en su exilio en Francia había conocido a Fourier, por lo que, a su vuelta, fue el encargado de divulgar estas ideas en el país y logró el apoyo de un financiero zamorano llamado Manuel Sagrario de Beloy que llegó a promover la construcción de un falansterio en el Tempul de Jerez en 1841, aunque el proyecto quedó abandonado por falta de apoyo institucional. Años después, en 1883, se crea una Comisión Provincial para la mejora de la clase obrera, en respuesta a los problemas socioeconómicos del momento y se complementa con la comisión de comisiones provinciales y locales. El objetivo de esta comisión era redactar un amplio cuestionario que recogiera las condiciones de la vida de la clase obrera, pero no sólo de los hombres sino también de los hombres y de las mujeres. En Cádiz, la comisión se constituyó en 1884 y se invitó a Ramón de Cala por ser una de las personas que más se había destacado en la defensa de las clases trabajadoras. En respuesta, Ramón de Cala hizo un voluminoso informe en el que plantea las ideas que había ido desarrollando hasta esa fecha.

En el informe, plantea que la solución al problema de la clase obrera se encuentra en la creación de falansterios y que estos serían lugares cómodos e higiénicos, que combinasen aislamiento y comunicación. El edificio dispondría de servicios comunes como una cocina, biblioteca o una iglesia y zonas de reunión como un salón. También habría talleres de trabajo y aulas para el aprendizaje.

Leyenda del plano
P – Plaza
L – Calle principal
b – Dependencias agrícolas
o – Dependencias de habitabilidad y servicios diversos
A – Paseo de invierno
S – Iglesia y teatro

Como he apuntado anteriormente, me gustaría señalar su pronta preocupación por la situación y las condiciones de vida de la mujer, a la que dedica un amplio espacio en su obra. Dicha preocupación radica en que Ramón de Cala da suma importancia a que todos los miembros de la sociedad vivan en completa y absoluta igualdad para poder disfrutar de la libertad. La mujer, por tanto, se encontraría entre los grupos más desfavorecidos de la sociedad y, por ello, le dedica estas palabras:

«Por una regla insostenible en el sentido de la justicia, y explicable por el hecho de que los hombres mandan, la pobre mujer se encuentra deprimida en la sociedad. Sus derechos están negados en algunos países, y disminuidos aun en los que de civilizados se precian. Viven bajo el poder de los hombres en un género de sumisión, que difiere poco de la servidumbre, templada solo por la galantería».

Ramón de Cala, El problema de la miseria resuelto por la harmonía [sic] de los intereses humanos, página 109-110.

Ramón de Cala es uno de esos claros autores que sentó las bases de un pensamiento social y político para el posterior desarrollo de postulados federativos, andalucistas y feministas. Por tanto, creo que podemos decir que el socialismo utópico de Ramón de Cala se encuentra estrechamente vinculado a la realidad social que observa en el Jerez y la Andalucía de su época. Quizás, por esto, a día de hoy, el término de «utópico» no haga justicia a la forma tan racional, sensata y clara con la que Ramón de Cala cuestionaba y planteaba alternativas para resolver los problemas del injusto mundo en el que vivía. Entendemos que dicho término provenga en gran medida de la oposición con el pensamiento marxista posterior, pero creo que es esencial reseñar que, si a día de hoy disfrutamos de una serie de valores que han sido asumidos por nuestra sociedad, fue gracias el esfuerzo de hombres y mujeres que, como él, creían en esta serie de ideales, frente a otros que se opusieron directamente a ellos.

Bibliografía

 

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