El Fondo Kati: la biblioteca andalusí de Tombuctú

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Manuscritos del Fondo Kati

 

Emilio Ciprés

En los artículos de Crónicas con Solera Los renegados andaluces y Los andalusíes de Tombuctú, hablamos del importante papel que jugaron los andalusíes en el ascenso del Reino Marroquí del siglo XVI y en la caída del Imperio del Songhay, pero ¿de qué fuentes se obtienen estos testimonios?

Los diferentes autores tienen punto de partida el estudio de una colección documental manuscrita de más de quinientos años de antigüedad: el Fondo Kati, considerado toda una joya, que debió abandonar su sede natal –Tombuctú– debido a la toma de la ciudad por parte de grupos islamistas radicales durante el año 2012. Este hecho hizo que se propusiera Jerez como una de las posibles opciones para establecer la nueva sede del archivo. Así nuestro medio amigo, La Voz del Sur. A este respecto, invitamos a su lectura y reflexión, ya que en este espacio nos centraremos en la historia y en la importancia de un fondo caído totalmente en el olvido.

Esta biblioteca ha estado ligada durante siglos a la familia Kati, que dice descender del antepenúltimo rey visigodo, Witiza. Durante la conquista islámica de la Península, importantes familias de la región acabaron convirtiéndose al islam y, entre ellas, destacaba la familia de los Banu al Quti, que Ismael Diadié hace proceder del rey anteriormente citado. Los Quti –su nombre acabaría derivando en «Kati»– seguirían siendo una familia de importante influencia, motivo por el cual defiende con numerosa documentación histórica su entronque con la antigua nobleza peninsular.

Hasta el siglo XV, los Kati permanecerían en Castilla debido a múltiples alteraciones políticas derivadas de la lucha de poder entre diferentes candidatos a la corona, Ali ben Ziyad al-Kati, de la familia Banu al Quti, tuvo que exiliarse de Toledo alrededor del año 1468, pero llevaba consigo una importante biblioteca formada por libros de historia de al-Ándalus, de la vida de Mahoma, de matemáticas, medicina o filosofía. Tras arribar al continente africano, Ali ben Ziyad viajaría por las regiones subsaharianas e iría aumentando su biblioteca con adquisiciones bien documentadas de manuscritos de las caravanas que las portaban como buena moneda de cambio. Pero no sólo eso, sino que también decidiría viajar a La Meca como peregrinación y, a su vuelta, se establecería en la ciudad de Gumbu, capital del antiguo Imperio de Ghana. En esta ciudad, Ali ben Ziyad abriría varias hospederías para alojar a los comerciantes que hacían escala en la ciudad por ser un centro de paso caravanero.

No abandonaría su faceta de hombre de leyes y amante de los libros, ejerciendo de jurisconsulto y aumentando la biblioteca que trajera de Toledo. También contribuyó a financiar obras públicas en su ciudad adoptiva, como una pequeña mezquita. Sus actividades económicas le permitieron casarse con una miembro de la familia imperial, Khadija, sobrina del emperador Sonni Ali Ber. Esta unión servirá de precedente para marcar una tendencia que se iría confirmando posteriormente: la unión de hispanos de prestigio con familias poderosas de África.

Tras un regreso de 5 años a la Península, en la que estuvo comerciando, decidió volver a su nueva patria en el Songhay, donde murió en una fecha indeterminada y anterior a 1516. De la prole de Ali ben Ziyad, el primogénito fue Alfa Quti, más comúnmente conocido como Mahmud Kati, el primero de la saga familiar de los Quti africanos de la Curva del Níger. Estos descendientes hispanos se irían convirtiendo poco a poco en oriundos de la región.

Los Kati se emparentaron de esta forma con la familia imperial y se integraron plenamente en la sociedad Songhay. Mahmud Kati recibió una exquisita educación de manos de Muhammad ben Abybakr Sylla, el futuro emperador Askia Muhammad del Songhay, y entre las materias dadas destacaban las letras, el árabe, la gramática, la filología, la lexicografía, el derecho, la historia, la genealogía, las matemáticas, la astronomía, la medicina y la filosofía. Esto impulsó a este Kati a escribir una variada obra intelectual, de la que destaca el «Tarikh el-Fettach», que nos proporciona la historia de los grandes imperios negros de Ghana, Malí y el Songhay, así como de la aniquilación de los judíos de esta región africana o la conquista posterior de Yuder Pachá.

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Una antigua edición francesa del Tarikh el–Fettach

Esta obra de Mahmud Kati fue escrita, en realidad, por varios autores, aunque él fue el coordinador e impulsor. El tamaño sería tal que tendría que ser completada por sus descendientes y, por ello, aunque la primera línea se escribió en el 1519, no se vería su fin hasta 1665, cuando la finalizara su nieto Ibn al-Mukhtar. Una obra que sí parece exclusivamente suya es el «Tedzkire al-Ihwan», que no es ni más ni menos que una historia de la España preislámica y del exilio de los andalusíes en el continente africano, por lo que esta obra sitúa a este Kati como uno de los padres de la historiografía africana. También fue autor de un tratado de oftalmología, que introdujo en el África subsahariana una técnica muy avanzada para su tiempo de la cirugía ocular. Finalmente, encontramos escritos de diversas temáticas en las que se formó, referentes al derecho, la filosofía, la genealogía o la astronomía.

Otra cuestión es que este hombre llevaría a cabo una intensa actividad política y diplomática, ya que hasta 1529 desarrolló numerosos trabajos como gobernador de una provincia del imperio en el Songhay occidental –la Baghana–, llegando a ser ministro de Hacienda. Cuando en ese mismo año Askia Muhammad fuera alejado del poder, Mahmud Kati volvería al negocio familiar de las hospederías, abriendo algunas en Tindirma y en otros puntos de la ruta transahariana, al igual que siguió enriqueciendo la biblioteca familiar al incorporar a ella nuevos manuscritos de valor bibliográfico.

Al final de su vida, casi centenaria, abandonó Tindirma, dejando el cargo de cadí a su hijo primogénito, Ismael Kati, para acabar sus días en la ciudad de Arkoja, en la región de Mopti, cerca del Níger, donde falleció en 1593, aunque fue enterrado en Tombuctú.

Hoy día, buena parte de la biblioteca que comenzara Ali ben Ziyad ha sido rescatada por Amadú Diadié Haidara y su hijo Ismael, que han dedicado muchos años a buscar libros y manuscritos dispersos por distintos lugares de la Curva del Níger, especialmente Tindirma, Kirshamba y Gundam, en donde la familia Kati escondió parte de los libros ante la amenaza de los Peul a principios del siglo XIX. Agrupada parte de la biblioteca, el representante actual de la familia, Ismael Diadié, consiguió que el 25 de febrero del 2000 un grupo de intelectuales firmara un manifiesto en defensa del llamado Fondo Kati, cabe destacar de entre ellos a José Saramago.

Este fondo lo integran hoy más de 12.000 manuscritos, escritos fundamentalmente en árabe, castellano antiguo, francés y hebreo, que datan desde el siglo XII hasta el XIX, de entre los que podemos destacar cerca de cuatrocientos de origen andalusí. Estos permiten conocer las relaciones entre Sudán y al-Ándalus desde una perspectiva diferente. También alberga transcripciones manuscritas de gran valor, de variada temática, desde tratados de medicina, astrología, matemáticas, filosofía, teología o derecho, junto a obras históricas, prosa y poesía. Hay además una gran cantidad de documentos que recogen actas notariales, transacciones comerciales y parte de la correspondencia imperial de los Askia y de la misma familia Kati. Cabe señalar también las 6.162 notas escritas en los márgenes de estos manuscritos y textos, de una gran importancia documental en tanto que nos permiten conocer cronológicamente la historia de aquellos que los poseyeron, básicamente los Kati y sus allegados.

Queda patente la importancia de este archivo para la historia, no sólo de África o de Malí, sino de nuestro país. Debido a este motivo, creemos que el proyecto de colaboración propuesto por la Fundación Kati hacia nuestra ciudad no debe caer en olvido, ni por parte de nuestras autoridades ni por parte de la ciudadanía. Desde Crónicas con Solera esperamos haber contribuido con un pequeño grano de arena a conocer, divulgar e implicar a nuestra sociedad en la conservación y salvaguarda de este importante legado cultural.

Bibliografía

Llaguno, Antonio. (2007). La Conquista del Tombuctú. La gran aventura de Yuder Pacha y otros hispanos en el País de los Negros. Almuzara.

Llaguno, Antonio. (2008). Tombuctú. El reino de los renegados andaluces. Dos siglos y medio de presencia hispana. Almuzara.

 

Este artículo fue publicado originalmente en Crónicas con Solera de lavozdelsur.es

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