El castellano y Alándalus

Hasday Ibn Shaprut en la Corte de Abderramán III (Dionís Baixeras, 1885)

José Ruiz Mata

Partamos de la idea de que Alándalus no fue la creación de unos extranjeros venidos del desierto sino una fundación autóctona, la progresión de lo hispano-romano. Alándalus tiene más sintonía con Occidente, aunque su religión oficial fuese el islam, que con unos camelleros de Oriente. Textos como El collar de la paloma, de Ibn Hazm (Córdoba, 994-Montíjar, 1064), El filósofo autodidacta, de Abentofail (Guadix, Purchena o Tíjola, 1105-Marrakech, 1185) o la extensa bibliografía de Averroes (Córdoba, 1126-Marrakech, 1198) son suficientes como para demostrar que Alándalus fue el primer Renacimiento europeo, pues la filosofía que de ellos emana nada tiene que ver con el medievo norteño ni con el Islam oriental. Poetas que le cantan al vino, al amor, mujeres poetas, en esa época solo se dan en Alándalus y servirán de inspiración a los futuros juglares y trovadores que recorrerán media Europa.

Dejemos claro que Alándalus no fue ni un transportista de ideas, que porta una mercancía si importarle su valor, como nos quieren hacer creer algunos historiadores de extraña benevolencia, ni un asimilador obtuso y esponja de las corrientes que llegaban de Oriente, como pretenden demostrar otros. Alándalus asimiló, para su beneficio y avance, toda una filosofía que le llegaba de la antigüedad, compartió con el resto del mundo civilizado los conocimientos y descubrimientos de una manera consciente sin importarle la religión o cultura de su interlocutor. Alándalus no es el resultado del islam de su época, sino que el islam se desarrolló gracias a las aportaciones de diferentes pueblos, entre ellos del andalusí. Pero tenía que ser musulmán por varios motivos, entre ellos: el islam era el resultado del cristianismo unitario opuesto al poder del emperador, el cristianismo romano se había convertido en un enemigo de cualquier avance científico («todo lo que hay que saber ya está en la Biblia», «la medicina, la filosofía, son asuntos del demonio»), como le sucederá posteriormente al islam fundamentalista.

Los llamados baños árabes, tan extendidos por Alándalus, son la continuidad de las termas romanas, por lo que habría que denominarlos baños andalusíes. El perímetro de algunas ciudades andalusíes es de diseño romano. Los enterramientos en Alándalus se realizaban, al igual que en la época romana, en los bordes de los caminos. Aunque quizá el mayor logro fuese regresar al concepto de Estado y abandonar la lucha partidista de la época visigoda, por lo que se vuelve a desarrollar la obra pública, tan abandonada durante años.

El idioma que se hablaba en Alándalus sería, al principio, un protorromance que tras la islamización fue trufándose de muchas palabras traídas de árabe. El árabe se convirtió en el idioma religioso, el oficial del Estado, el de las grandes obras literarias y de pensamiento, pero el pueblo continuó hablando esa mezcla de romance-árabe. Ibn Hazm nos informa que era raro encontrar a un poeta que escribiese en árabe, él sí gracias a su cultura y posición social. Esto de idioma religioso y de Estado no nos debe sorprender, durante muchos siglos, en Europa el idioma de las ceremonias religiosas y el de la escritura culta fue el latín y no por eso el pueblo se expresaba en este idioma.

Han querido llamar a Alándalus la tierra de las tres culturas, algo erróneo. Su cultura era una sola, la andalusí, solo que en ella convivían diferentes religiones; entre las que destacaban el islam, el cristianismo mozárabe y el judaísmo. Hemos dicho cristianismo mozárabe para diferenciarlo del proclamado por Roma, el andalusí era proveniente del arrianismo y del priscilianismo, unitarios, mientras Roma era trinitaria, institucionalizada por Constantino I. En Alándalus, el islam se extendió fundamentalmente por las ciudades, mientras las zonas rurales, sobre todo en aquellas más alejadas de las vías de comunicación, se mantuvieron dentro del cristianismo; incluso algunos autores señalan que los mozárabes eran superiores en número a los musulmanes.

¿Hablaban los cristianos y judíos andalusíes en árabe?, no tenían por qué. Para solucionar este problema existen historiadores que opinan que los musulmanes hablaban en árabe y los mozárabes en romance. Esto es algo ilógico, pues en las ciudades convivían ambas sociedades y de alguna forma se tendrían que comunicar, no iban a estar más de cinco siglos sin hablarse o buscando traductores. En la actualidad se ve que en zonas como el sur de los Estados Unidos, en las que conviven dos comunidades de diferente idioma, de manera natural surge un habla que es compendio de las dos lenguas; algo así sucedería en Alándalus.

La palabra Gibraltar, que muchos traducen como «montaña de Tariq» por ser por allí por donde parece que entró este personaje en la Península, creemos que es más correcto hacerla provenir del latín gibba, «joroba», y tarif, que en árabe significa «punta»; lo que nos daría «el monte de la punta». Esta palabra, como Gibalbín, es curiosa por asociar dos lenguas en ella. Tarifa tampoco viene del supuesto Tariq, sino de ser la punta de Europa.

Como ejemplo de este habla romance-árabe tenemos la jarcha, del árabe jarya que significa «salida» o «final», composición lírica que cerraba las moaxajas; y el zéjel o zajal, que se escribía directamente en lengua andalusí.

Esta lengua andalusí es la algarabía, que significa «el árabe de occidente», donde las palabras en árabe se parecen más al árabe vulgar que se habla en el magreb que al clásico. Lengua que hablaría el pueblo en general. Pero el problema está en que se escribía en caracteres arábicos y eso dificulta su comprensión pero, si sustituimos los caracteres por latinos, nos daremos cuenta de que la algarabía no está tan lejana del castellano antiguo. Pongamos un par de ejemplos transcritos que no precisan comentarios:

Váise mieo corachón de mib.
¡Ya Rabb! ¿Si se me tornarad?
Tan mal duóled li-habib,
enfermo yed ¿Cuánd sanarad?

* * *

Garr: ¿Qué fareyo?
¿Cómo vivireyo?
Este ‘l-habib espero;
por él morreyo.

¿Qué faré, mamma?
Mieo ‘l-habib est’ad yana.

Non dormireyo, mamma.
¡Ya madre ar-raima.
¿Qué faré, mamma?
¿Qué fareyo, mamma?

Alfonso X, tras conquistar el Bajo Guadalquivir y comprobar su riqueza idiomática, se percata de la necesidad de tener una única lengua para todo el pueblo que está bajo su dominio. Esa lengua debía ser la que hablasen todos sus súbditos, pues en ningún momento nos dice la historia que obligase a cambiar el idioma de ningún pueblo, ni ese cambio se puede lograr de un día para otro; vamos, que no se crearon urgentes academias de lengua para que todos los habitantes del sur aprendiesen un habla que no era la suya. De hecho, los distintos nombres usados para la administración del Estado y del ejército de Alfonso X se siguieron denominando y organizando según las taifas musulmanas; de esta forma tenemos almojarife (recaudador de rentas), almocadenes (grupos militares de incursión), alcabalas (impuestos), almotacén (inspector de mercado y talleres); así como los diferentes establecimientos de las ciudades conservaron ese nombre en algarabía: alhóndiga (almacén con fonda), alcaicería (comercio textil), por citar algunos. Comprobamos cómo muchas de las palabras del español actual provienen directamente de la algarabía, solo que, por distorsionar la historia, a la mayoría de ellas, las que no vienen del árabe, se les da la referencia «de origen desconocido» o se les inventa una etimología que, a veces, está cogida por los pelos.

El rey castellano normalizó la lengua que se hablaba por toda la Península y que provenía de Alándalus, su escritura la trocó de la grafía árabe a la latina y por nombre le dio, puesto que él era el rey de Castilla, el castellano; la primera lengua romance que surge en la historia.

Recordemos que Alándalus abarcó casi toda la península Ibérica, con la frontera del Duero por el norte. De ahí que Galicia tuviese su propia evolución dando origen al galaico-portugués, idioma que, como su nombre indica, se extendió luego por Portugal.

Aquí nos topamos con la Iglesia, que siempre ha influido mucho en la historia de España. Según ella no es español nada que no sea cristiano y, además, católico. Alándalus tenía como religión oficial el islam, por ello no puede ser creación española sino de unos extranjeros a los que la fe consiguió expulsar. Los romanos y los visigodos, aunque estos sí llegaron de fuera, son españoles, pues al final se convirtieron al cristianismo y al catolicismo. ¡Cómo va a venir nuestro idioma patrio de unos musulmanes! ¡Cómo el himno de España puede provenir de un moro como Avempace!

La sintaxis tiene mucha más importancia en un idioma que la pronunciación. La sintaxis del castellano que se utiliza en Andalucía es la más correcta de cuantos pueblos lo hablan, aquí no se comete ni leísmo ni laísmo, los verbos se conjugan sin confundir unos tiempos con otros, como sucede en otros territorios. Además, está considerado que es en Andalucía donde más y mejor ha evolucionado el castellano. Nuestra forma de hablar no es de ahora, recordemos la anécdota de Adriano que, no siendo aún emperador, fue a Roma y el senado se rió de su manera de pronunciar el latín.

Pero en Andalucía no hay una manera única de pronunciar el castellano, existen visibles diferencias entre la zona Oriental y Occidental, incluso entre los habitantes de las zonas rurales y los de las ciudades; se da el seseo, el ceceo o, perdonad la palabra, el jejeo. Nada tiene que ver la pronunciación en un pueblo de la provincia de Cádiz con la de Cádiz capital, ni de ésta con Jerez. Son demasiados años de evolución autónoma como para que no se produzca la singularidad.

Existe en la actualidad quienes pretenden que se cree una especie de Academia de la Lengua Andaluza. En nuestra opinión es algo erróneo, pues lo que tenemos que reivindicar es la autoría del castellano, que proviene de Alándalus y no inventar nada nuevo. Si nos roban la cartera la reclamaremos, no nos compraremos una nueva. Esa energía gastada en crear un idioma basado en la pronunciación debería aprovecharse para instaurar becas de estudio, realizar congresos y cuantos eventos o instituciones sean precisos para determinar, sin complejos ni falso patriotismo, la relación que existe entre la algarabía y el castellano. Si, como proponemos en este artículo, éste es la evolución de aquella, habremos dado un gran paso para recuperar lo que nos pertenece según la historia. Esto no es óbice para que continúen los estudios de las diferentes pronunciaciones que concurren en Andalucía.

Cuando un texto está normalizado según el castellano escrito, al leerlo en voz alta, cada cual le da la pronunciación que le viene de su tierra, de su madre, sin tener que andar descifrando un galimatías. Como ejemplo tenemos el francés, donde la escritura tiene una normalización diferente a la pronunciación pero, claro, esa es una pronunciación de cultos, pues está también normalizada, en cambio la forma andaluza es tachada de inculta, como lo demuestra, por ejemplo, el reciente ataque del obispo de Salamanca. Podríamos normalizar la pronunciación andaluza, pero con ello perdería su impronta, su libertad, su capacidad de evolución. Además, ¿cuál o cuáles de las diferentes formas de pronunciación normalizaríamos?, ¿todas? Esta es una tarea absurda e innecesaria, pues ya pronunciamos cada cual como estamos educados. También hay que tener en cuenta que tenemos varios registros según las circunstancias, no hablamos igual cuando estamos en un ambiente familiar, donde la jerga es poco entendida por los ajenos, que cuando estamos rodeados de amigos, al estar entre extraños o al dar una conferencia. No es que en este último caso reneguemos de nuestro origen, sino que la pronunciación se adapta para lograr el propósito buscado: comunicar.

Pues esa es nuestra tarea, defender nuestra particular forma de pronunciar y demostrar que se puede ser muy culto aunque se cecee o se jejee, que la cultura es un estado de la mente, no del habla.

Escriban Principito o Prinzipito, en la sierra de Cádiz leerán, sin meditarlo, Prinjipito, con la jota pronunciada como hache aspirada; a que , perdón, a que sí.

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2 Comments

  1. Si la historia se enseñará como usted la enseña….
    Los niños aprendería mejor y con más entusiasmo.
    Gracias

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