El andaluz: ¿lengua criolla o dialecto castellano?

JM. Persánch

Versión de Nuestra Andalucía 2 (ene.-jun. 2015): 57-64

Versión original publicada en Sarasuati (2009);
Reproducido en Fundéu BBVA (2011);
SIES de la Generalitat valenciana (2011);
El castellano (2015); Sevilla visual (2015)

[E]n la actualidad, pocos somos los académicos que aún nos atrevemos a exponer abiertamente las dudas sobre el andaluz como dialecto del castellano. La cuestión se me antoja de vital importancia, debido a que el andaluz presenta una estigmatización de inferioridad frente al castellano, obstaculizando una relación entre iguales. La opinión popular generalizada sobre el andaluz aún hoy día es que se trata de castellano mal hablado, en distintos grados y dependiente de múltiples variables, por tanto, dialecto procedente del castellano y no lengua propia de una comunidad.

Los estereotipos andaluces (vago, inculto, etc.) no hacen más que reforzar la estigmatización proyectada a través de la lengua durante siglos. Y es que «los factores paralingüísticos, por muy externos que sean a una lengua, llegan a convertirse en factores internos (historia, sociología, economía, etc.)» (Alvar 14). Es por ello que la actitud del hablante se plasma en la realización de su lengua en el habla. Ésta es una actitud evidente del castellano sobre el andaluz, de la lengua de los vencedores en la reconquista. Según Manuel Alvar, «por prestigio se aceptan como buenas las ideas de los vencedores, porque la victoria tiene prestigio» (16). […] Ahora bien, «ese prestigio significa una aceptación lograda más por conveniencia que por imposición, aunque puedan darse una y otra forma sin ninguna clase de dramatismo. La conveniencia es utilitaria y no todos los hablantes tienen fidelidad hacia el instrumento que poseen» (Alvar 16). Pero, la cuestión tal vez sea preguntarse: ¿fidelidad a quién? ¿Al Reino de Castilla? ¿A Isabel II? ¿Aceptación por conveniencia? ¿De quién?

Los castellanos vencieron en su reconquista y sometieron a una aculturación a los habitantes de la zona reconquistada, que durante ocho siglos de presencia musulmana habían forjado un habla criolla, pues la lengua de los vencidos tiende a adaptarse a la de la vencedora. Esto lo hemos presenciado recientemente, en términos históricos, con la lengua de la única superpotencia actual en el mundo, el inglés, cuando Estados Unidos se hizo con un tercio del territorio de México, anexionándolo tras la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), cuyo resultado es que toda esa zona habla inglés ahora, junto al surgimiento del espanglish. Antes se aprendía latín en época del Imperio romano y trajo como consecuencia el desarrollo de las lenguas romances. De forma análoga, España, como tal, cuenta con 500 años de historia, mientras que los musulmanes estuvieron en Andalucía 8 siglos, ¿debemos pensar que su habla y su cultura no calaron en la población cristiana de aquel contexto histórico?

Para crear un Reino (Estado) fuerte se debe consolidar una identidad lo más homogénea posible, con un factor común: la lengua. La España de la reconquista se cimentó sobre el castellano y la religión católica, de ahí que se ignore al andaluz como lengua criolla, que si bien es cierto que conserva un gran sustrato léxico castellano, presenta múltiples rasgos propios. Y no sólo fonéticos ni fonológicos, tal como se reproducen sin cesar en libros y libros de manuales sobre el «dialecto andaluz», que bien podrían sumarse en un sólo ejemplar, y cuyo postulado resumo a continuación en tan sólo un par de párrafos.

Desde un punto de vista diacrónico –histórico– se ha considerado oficialmente al andaluz como dialecto del castellano porque, se afirma, es expresión lingüística resultante del proceso histórico de la «fragmentación de una anterior unidad» (Carreter 140) y, como lo hace Vicente Alonso Zamora, «de todas las hablas peninsulares, el andaluz es la única variedad dialectal de orígenes no primitivamente románicos. [Sino que] se trata de una evolución in situ del castellano llevado a tierras andaluzas por los colonizadores y repobladores a partir del siglo XIII» (287) (Cursiva mía). Desde el plano sincrónico, se engloba al andaluz como una modalidad lingüística perteneciente a una región hispanohablante. Para esclarecer hasta qué punto ello es tan así, se deberían, uno, analizar el contexto sociolingüístico concerniente a la variante andaluza, dos, examinar la dialéctica entre la unidad lingüística española frente a conceptos de variedad y aceptabilidad, tres, explorar los límites de inteligibilidad entre ambas modalidades, tanto ideales –descriptivas– como funcionales –pragmáticas–, junto a, cuatro, elaborar un estudio pormenorizado acerca de las actitudes tanto de los hablantes castellanos hacia los hablantes andaluces y viceversa como medir los niveles de conciencia lingüística de ambas comunidades la una respecto de la otra y sobre sí mismas.

Este artículo, debido a limitación de extensión, no tiene por objeto dar respuesta a todas y cada una de las cuestiones que plantea el párrafo anterior; tampoco tiene afán doctrinal y por tanto no fue escrito creyéndose en posesión de la verdad. En él simplemente señalo cuestiones que permiten pensar sobre el origen del andaluz como lengua criolla aljamiada-mozárabe-castellana en lugar de dialecto castellano, esbozando aspectos culturales, históricos, sociológicos y estableciendo paralelismos que fundamentan la duda. Sobre los orígenes del andaluz, muchas preguntas quedan abiertas o, al menos, encuentran respuestas ambiguas y parciales, dependiendo de la mano que escribe. Yo humildemente creo en el andaluz como hibridación lingüística, por tanto lengua propia de Andalucía, que combina rasgos fonéticos, morfo-sintácticos de la aljamía, con una base léxica esencialmente castellana, salpicada con otras voces léxicas del mozárabe, además de una fuerte aportación morfo-sintáctica igualmente castellana. Por todo ello, me sumo a la opinión expresada por David Hidalgo: «Yo no hablo un mal castellano sino un perfecto andaluz».

Frente a la idea tradicional de aceptación del andaluz como dialecto castellano, cabe plantearse lo que sigue: la lengua pidgin es la variedad lingüística que se crea a partir de dos o más lenguas con el fin de satisfacer necesidades inminentes de comunicación entre individuos que no poseen ninguna variedad en común, tal como ejemplifica hoy el uso del inglés en el continente africano para la comunicación entre diferentes etnias pertenecientes a un mismo país. Este tipo de lenguas pidgin carecen de hablantes nativos porque son soluciones sociales a necesidades inminentes y, por ello, se caracterizan por normas de aceptabilidad. Cuando el pidgin encuentra hablantes nativos, pasa a ser lengua criolla, y ésta ya no es ninguna de las anteriores, sino un híbrido, otra cosa. A partir de ahí, junto a la aparición de la conciencia del hablante nativo sobre su modalidad nativa, la lengua criolla se desarrolla, se enriquece, aumenta su complejidad morfo-sintáctica, desarrolla variedad léxica y, sobre todo, se convierte en variedad materna de una comunidad. Todos estos factores se dan en el andaluz:

Se desarrolla: La prueba inequívoca de que el andaluz se ha desarrollado es la acumulación de particularidades que presenta en todos los aspectos de la lengua, que bien no encuentran equivalente en castellano o la distancian de esa unidad en todos y cada uno de los planos lingüísticos, tanto del contenido como de la expresión en sus ámbitos fonético, fonológico, morfo-sintáctico, léxico, semántico y estilístico.

Se enriquece: Toma un gran sustrato del léxico castellano, pero no rechaza influencias árabes (aljamiada-mozárabe-castellana) ni gitanismos y conserva arcaísmos. Además, el andaluz presenta una acuciante diversidad interna, expresado principalmente en dos modalidades generales andaluzas con presencia de zonas isoglosas: por un lado, la variante occidental con su eje en Sevilla y Cádiz, y por otro lado, la oriental con eje en Granada y Jaén. A su vez, en su riqueza, ambos modelos de referencia encuentran expresión diferencial intralingüística en caracterizaciones de variabilidad y aceptabilidad de ámbitos rural y urbano; de manera que, por ejemplo, asoma una triplicación mono-uso del fonema /s/ resultando en zonas con tendencias al (1) seseo, mayormente urbanas: sí, eso ehtá bien; (2) ceceo, mayormente rurales: zí, ezo ehtá bien y (3) heheo, generalmente señalado como marcador socio-cultural y clase social con presencia tanto en la urbe como en el campo: hí, eho ehtá bien.

Aumenta su complejidad morfo-sintáctica: El andaluz no elimina u omite nada, sino que por el contrario se configura por un sistema de sustitución, complejización y variabilidad en lugar de disponerse –como vienen entendiendo tradicionalmente– bajo un fenómeno de eliminación en oposición al castellano. Es un hecho que los castellanoparlantes –imbuidos en sus prejuicios heredados por vía de una conciencia lingüística de superioridad hacia los andaluzparlantes como castellano mal hablado– no captan la complejidad del comportamiento lingüístico del andaluz y, de ahí, que sirva de ejemplo, tal como esgrimiera en mi ponencia El significado sociocultural y el comportamiento morfo-sintáctico de la aspiración andaluza presentada en el V encuentro de la Hunta d’ehkritoreh en andalú, cuando imitan el acento andaluz se limiten a no pronunciar las /s/ finales cuando en realidad los pájaros no son lo pájaro en boca de un andaluz sino que pasa a ser loh páharo. En este comportamiento de sustitución y complejización, el fonema /s/ del artículo determinado «los» no es omitido, sino que, en la modalidad andaluza occidental, es suplido por una aspiración, al tiempo que la segunda «s» del sustantivo «pájaros» no se hace necesaria debido a que, uno, el sustantivo comienza por consonante y, dos, el plural del mismo queda indicado por medio de la propia aspiración. Este mismo fenómeno, en el caso del modelo oriental, deriva en la apertura de las vocales finales, aquí resaltadas mediante el diacrítico /¨/, siendo resultante en lo pájarö. Por tanto, la aspiración occidental y la apertura vocálica oriental son a la par rasgo fonético y marcador morfológico desinencia de plural. No obstante, cuando el sustantivo que le sigue empieza por vocal, por ejemplo en el caso de los ojos, la «s» es pronunciada sustituyendo la aspiración del modelo occidental pero guarda su carga morfológica: los oho. En el caso del modelo andaluz oriental, se realiza una leve aspiración al tiempo que se preserva la apertura vocálica: loh ojö.

Desarrolla variedad léxica y semántica: Además de la conservación de arcaísmos del castellano antiguo, en el andaluz se atisba independencia léxica con palabras que no encuentran correspondencia en castellano, como ejemplifica el modismo shufla (idiota) o los andalucismos acharar (disgustar, enojar, desazonar) y repeluco (frío, escalofrío). A ello se unen los usos literarios, por ejemplo, tal como recoge Tomás Gutier sobre el uso que hace Arturo Reyes Aguilar sobre la palabra abrigaero, en «a ónda vah a buhkà abrigaero», entendido como un lugar protegido de la intemperie, es decir, una «covacha», definido en la RAE como «cueva pequeña». Igualmente se encuentran en el andaluz uso de vocablos comunes con distinción de significado, como bien ilustra el caso de abollaura, cuyo equivalente castellano sería «chichón», el cual es definido en la RAE como «Bulto que de resultas de un golpe se hace en el cuero de la cabeza». Este caso establecería un uso andaluz de cosificación semántica carente en el castellano, ya que el equivalente castellano para «abolladura» tan sólo se recoge como «acción o efecto de abollar». Este factor del andaluz respecto al castellano de distinción y enriquecimiento semántico, junto a juegos de pronunciación, incide en el doble sentido tan característico del humor andaluz, así: maté do çegato en andaluz podría derivar en «maté doce gatos» o «maté dos cegatos», mientras que esa misma frase expresada en castellano sólo encontraría o bien la una o la otra.

Se convierte en variedad materna de una comunidad: Es evidente que el andaluz es la lengua materna/vehicular en Andalucía. Juan Luis Onieva Morales refleja este hecho en un libro, tan peculiar como sintomático, titulado Ortografía y vocabulario para andaluces a través de los textos (1985), cuando, a modo de prólogo, argumenta el objeto del mismo:

El presente libro está concebido como instrumento de trabajo para ayudar a los escolares andaluces a escribir, partiendo de la base los andaluces hablamos en andaluz y escribimos en castellano. […] En él no se cuestiona, ni muchísimo menos, la forma de hablar de los andaluces, y prueba de ello es que siempre se parte de un texto en que se reproduce el habla andaluza para que el alumno, reflexionando sobre su propia forma de hablar, sea consciente de su originalidad y riqueza, y deseche, de una vez por todas, ese infundado complejo de inferioridad lingüística que considera al andaluz como un castellano degenerado. (11)

 

Otras consideraciones o requisitos para ser lengua en lugar de dialecto, según la mayoría de teorías lingüísticas, es poseer: ortografía (el dialecto se caracteriza por no ser escrito sino meramente oral), gramática y literatura propias. Consideremos estos aspectos en relación al andaluz:

Ortografía: Si bien es cierto que a día de hoy el andaluz no cuenta con una ortografía normativa del andaluz, conocemos varios intentos para reflejar sus rasgos, aunque no extensible a toda Andalucía debido a su variedad interna. Actualmente son varios los intentos para dotarse de una ortografía andaluza, como las diversas propuestas de transcripción presentadas por Huan Porrah y Gorka Reondo en las sucesivas Hunta d’Ehkritoreh n’Andalú (Junta de Escritores en Andaluz) organizadas por la ZEA y por la propuesta de un servidor con la elaboración de una Normatiba Henerà Funçionà Ortográfika Andaluça (NHFOA), modelo del que se sirve la revista Nuestra Andalucía tanto en su Poefraçio/Poefracio como en su sección de creación literaria, y que será incluido en un libro sobre el andaluz que llevo perseverando desde 2008. Algunos textos ya publicados en los que he ido explorando y he reflejado el modelo ortográfico NHFOA son los siguientes:

En relato corto: Loh año (Sarasuati, dic. 2009; Letras, abr. 2011), La-hperança (Sarasuati, feb. 2010), Monedah al aire (Sarasuati, abr. 2010), Kama pa tre (Sarasuati, jul. 2010), Er profeta i er biahero merkante (Sarasuati, nov. 2010), El amò d-un loko (Sarasuati, feb. 2011), Kaça papè (Sarasuati, feb. 2011), Er Semari yega a Londre (Sarasuati, may. 2011), Bragah roça (Sarasuati, nov. 2011), y La kaça (Sarasuati may. 2011); En poesía: La çombra d-akeya kaça loka (ZEA, Actas de 2010; Nuestra Andalucía, N.1: jul-dic. 2014), Andaluçeh lebantao, Nuehtra Andaluçía, Ektum (ZEA, Actas de 2014). En ensayo: Er çihnifikáo çoçio-kurturà i er komportamiento morfoçintahtiko de l-ahpiraçión andaluça (ZEA, Actas de 2010), Ideolohía, konçenço i lenwa: La luxa lah lenwa minoritaria (ZEA, Actas de 2014).

A continuación reproduzco el primer relato corto de los citados, Loh año, para ilustrar dicho modelo normativo:

[Ç]entáo-n un lokà kon unah kopa de má, Miguè Ernánde çe inkietó kuando dehkubrió k-er tiempo paçaba también pa-è. Abía-hkuxáo kon deçidia a çuh amigo la infançia kuando le akonçehaban ke çentara la kabeça, pero nuehtro ombre çiempre çe tomó akeyah palabra komo patrañah kon lah ke enkubrían çuh fruhtraçione, proyehtándolah çobre Miguè pa evità ke éhte pudiera açè lah koça ke eyoh nunka tubieron la oportnidá d-açè, ni arían. Fuera çierta la kriçi loh kuarenta o fuera debío al efehto del arcò, Miguè çe çentía aturdío por akeya çençaçión de soledá en un lugà der ke çiempre abía dihfrutáo; aora miraba arredeò i tó le pareçía efímero: loh baile kareçían de çentío, i la aparente feliçidá loh otro le molehtaba. No reprimió el impurço de lebantarçe pa çalì a tomà aire i, una beh ayí, dehpertaba…
Éhte era un çueño rekurrente loh úrtimoh doh meçe. kómo debía interpretahlo? la únika konkluçión klara ke lograba çakà era ke akeyo no le guhtaba, i ke hamá çe debe leè la metamrfoçih de Kafka anteh de dormì.

 

Gramática: A día de hoy el dialecto andaluz sigue sin poseer una gramática normativa (ni descriptiva) distinta a la castellana. En el ya citado libro que estoy preparando hago estudio de casos gramaticales andaluces como, por citar sólo uno, la existencia y funcionamiento de sustantivos preposicionales.

Literatura: Algunas obras literarias históricas en andaluz son las siguientes: el sainete Los hijos del tío tronera de Antonio García Gutiérrez (parodia de El trovador del mismo autor), El esquilaor (parodia de El trovador de Antonio García Gutiérrez), el libreto de El amor brujo de Gregorio Martínez Sierra, el libreto de La vida breve de Carlos Fernández-Shaw y los entremeses de los Hermanos Álvarez Quintero como Ganas de reír y ¿A qué venía yo?

Recientemente, Francisco de Borja García Duarte (Paco Albadulí) ha hecho acopio y consideración respecto del andaluz en la literatura, o literatura andaluza, en un libro titulado La literatura en andaluz: La representación gráfica del andaluz en los textos literarios (2013). En él, García Duarte hace un recorrido por la literatura en andaluz a través del reflejo ortográfico aparecido en textos de poesía, zarzuelas, cuentos, sainetes, novela, letras flamencas, y prensa. En este sentido, García Duarte explica cómo:

La utilización del andaluz gráficamente de una manera intencionada no la conocemos hasta finales del siglo XVIII cuando se empiezan a editar obras que pudiéramos catalogar como ‘costumbristas’. La primera que hemos localizado está escrita en 1784 por el sacerdote malagueño Gaspar Fernández y Ávila (1734-1809) y es un auto sacramental titulado La infancia de JesuChristo. [Y] En el prólogo el propio autor declara: ‘Yo sólo escribo para los humildes y devotos, no para los que en el siglo se han alzado con el miserable título de ilustrados’. Por eso Fernández y Ávila no duda en recrear en su obra el habla del pueblo andaluz donde vive en boca de los dos pastores que aparecen en la obra. (15)

 

No obstante, para finalizar, si bien este ensayo pone de manifiesto el posible origen criollo del andaluz y fundamenta la duda acerca de su estatus oficial como dialecto castellano, es muy reseñable que en la nueva era de una aldea global de comunicación y tecnología, el castellano y el andaluz contemporáneo se encuentran inmersos en un proceso de nivelación lingüística, y que las fronteras entre ambos son cada vez más borrosas. A medida que las nuevas tecnologías irrumpen en la vida cotidiana, se acortan las distancias. Antes salir, por ejemplo, de España para vivir en el extranjero suponía perder un contacto prolongado con tu cultura, tu lengua, etc. Hoy día es lo mismo vivir en Madrid que en Londres, en Sídney, Nueva York o Tokio… en Andalucía o, como es mi caso actualmente, en Estados Unidos. Pues mi cultura, mi lengua y mi vida anterior están a sólo un clic de ratón.

Obras citadas:

  • ALCALÁ VENCESLADA, Antonio. Vocabulario Andaluz. Andújar: La Puritana, 1933. Impreso.
  • ALVAR, Manuel. Manual de dialectología hispánica: El español de América. Barcelona: Ariel, 1996. Impreso.
  • CARRETER, Lázaro Fernando. Diccionario de términos filológicos. Madrid: Gredos, 1971. Impreso.
  • GARCÍA DUARTE, Francisco de Borja. La literatura en andaluz: La representación gráfica del andaluz en los textos literarios. Barcelona: Carena, 2013. Impreso.
  • GUTIER, Tomás. Entrevista por Manuel Ochando (3 de febrero de 2012). Programa de radio Desde Jayyán. Asociación Cultural Almenara. Audio.
  • ONIEVA MORALES, Juan Luis. Ortografía y vocabulario para andaluces a través de las textos.Madrid: Playor, 1985. Impreso.
  • PERSÁNCH, JM. El significado sociocultural y comportamiento sociolingüístico de la aspiración andaluza. En V Hunta d’Ehkritoreh n’Andalú. Málaga: Sociedad para el estudio del Andalú, 2010. Impreso.
  • ZAMORA, Vicente Alonso. Dialectología española. Madrid: Gredos, 1970. Impreso.