El alhambrismo sinfónico

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Vista general de la Alhambra, Gustave Doré, 1881

 

Miriam Orozco Núñez

En el contexto del siglo XIX, el pintoresquismo que triunfó en el ámbito de la música culta de la mano del movimiento nacionalista, surgido con el fin de construir unas señas de identidad comunes a través de las cuales legitimar el emergente Estado-nación español, tuvo como objetivo la recuperación de las melodías y sonidos propios de la tradición musical nacional. Una tendencia de raíces románticas que logró la identificación entre la cultura popular andaluza y la renovada imagen de España construida durante las últimas décadas de esta centuria que podemos observar de manera evidente a través del alhambrismo. Un movimiento que tuvo su reflejo en el ámbito de la música, llegando a convertirse en una corriente a la cual se sumaron importantes compositores pertenecientes a este período.

La ciudad de Granada se convirtió, según la visión romántica, en el símbolo del orientalismo en España y la Alhambra, en su máximo exponente. El gusto de los artistas adscritos a este movimiento cultural por el exotismo de la cultura árabe llegó de la mano de la literatura de viajeros, un género de gran éxito durante el transcurso del siglo XIX en el que destacaron relevantes figuras de la literatura como François de Chateubriand, Washington Irving o Víctor Hugo, entre otros. Unos autores que, a través de obras como Las aventuras del último Abencerraje (1826), de Chateubriand, Cuentos de la Alhambra (1832) de Irving u Orientales (1829) de Hugo, crearon un mito en torno a todo lo que esta ciudad andalusí albergaba en su interior.

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Cartel de presentación de la ópera Jardín de Oriente de Joaquín Turina, Teatro Real, 1923.

En el ámbito musical, uno de los más importantes creadores extranjeros que se dejó seducir por esta corriente fue el francés Debussy, quien plasmó su atracción por el exotismo árabe a través de partituras como La puerta del vino, incluido en el segundo libro de Preludios para piano (1911-1913), o su pieza titulada Soirée dans Grenada (1903). En España, la producción musical adscrita a este estilo comenzó a producirse a partir de 1848, año clave en el contexto de la Europa de las revoluciones políticas. Unas revoluciones impulsadas por diversos sectores de la burguesía y el movimiento obrero, que comenzó a manifestar sus primeras reivindicaciones durante estos años.

A nivel nacional, fueron muchos los compositores que se adscribieron a este pintoresquismo a través del cual la ciudad de Granada y, especialmente la Alhambra, se convirtieron en el símbolo más representativo del orientalismo español, tan aclamado por los autores románticos. Artistas que dedicaron algunas de las más afamadas obras de su producción musical a ensalzar la belleza del pasado de esta localidad andaluza, conformando una estética que pasó a denominarse como Alhambrismo sinfónico. Caracterizada por una «tendencia melódica a las arquitecturas arabescas», este estilo utiliza muchas de las características propias de la música popular del sur de España, logrando una identificación entre lo árabe y lo andaluz.

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La Alhambra [Fuente: National Geographic]

A través de la ópera, uno de los géneros más aclamados, compositores como Sandoni, con Boabdil, último rey de Granada (1845), o Arrieta, con La conquista de Granada (1850), trasladaron a la escena de los teatros nacionales estas imágenes del legado andalusí.

Durante los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX fueron otros muchos los compositores que se iniciaron en la creación de nuevas partituras de temática árabe,  inspiradas  en  la ciudad de Granada.  Entre los  ejemplos  más  representativos encontramos los poemas sinfónicos Fantasía morisca y Los gnomos de la Alhambra de Ruperto Chapí, En la Alhambra de Tomás Bretón, Suite morisca de Isaac Albéniz, las piezas Zambra y Arabesca, pertenecientes a las Doce Danzas españolas de Enrique Granados, Noches en los jardines de España, La vida breve y El amor brujo de Manuel de Falla o Jardín de Oriente de Joaquín Turina. Estos últimos cuatro considerados los máximos exponentes del nacionalismo musical español.

Como podemos observar, este nuevo modelo estético, basado en la recuperación del pasado andalusí, tuvo su reflejo en la producción musical nacional de la mano de la corriente denominada como Alhambrismo sinfónico, un estilo propio del pintoresquismo en el que se incluyeron algunos de los más prestigiosos compositores de las últimas décadas de este siglo y que dio lugar a la identificación, arraigada en el imaginario colectivo, de lo árabe con lo andaluz y esto, por ende, con lo español. Una percepción que continúa presente en la actualidad.

Bibliografía

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