El 4 de diciembre de 1977, también en Cataluña

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Manifestación del 4D en la Plaça de Sant Jaume de Barcelona

 

Francisco García Duarte

Con el inicio de la transición democrática, después de la muerte del dictador, vuelven a resurgir en todo el Estado las movilizaciones por la autonomía política de los diferentes pueblos peninsulares, autonomía que había quedado truncada por el golpe militar de 1936.

En otras zonas del Estado habían conservado la memoria histórica de su identidad cultural, histórica y la de sus símbolos. En Andalucía estaba todo por reconstruir. Siglos de aculturación castellanista han ido sepultando la identidad histórica y cultural de nuestra tierra. El propio Blas Infante ya veía esa gran dificultad en su tiempo: «Piensen Uds., restauradores de Andalucía, que tienen que empezar hasta por notificar, aun, a gran parte del pueblo andaluz, el hecho mismo de su propia existencia». Con estas dificultades se llega a 1976. Los andalucistas nos tuvimos que poner «manos a la obra» para desbrozar nuestra historia y recuperar nuestros símbolos. Ya la gran mayoría de los andaluces no sabían ni cómo era la bandera andaluza que recuperó el Congreso andalucista celebrado en Ronda, en 1918, y que reconoció la II República como símbolo de la Andalucía autónoma que se estaba empezando a gestar en esos años.

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En Andalucía, y también en Cataluña, se reivindicaba la autonomía andaluza desde los primeros momentos de la Transición. Visitábamos las peñas andaluzas en Cataluña, enseñando a la gente la historia y los símbolos. Se hacían acciones reivindicativas como la de sacar en el campo de fútbol de Sarriá, en Barcelona, en los prolegómenos del partido entre el Español y el Betis, una gran bandera con el lema: «Autonomía»; la misma bandera que poco tiempo antes habían descolgado en la Giralda otros andalucistas sevillanos. Al terminar el partido, la policía nos la requisó porque consideraba que era un símbolo ilegal. Era marzo de 1977, después vinieron las primeras elecciones y la preparación de la gran manifestación del primer Día de Andalucía.

Los partidos políticos y sindicatos, asumiendo la campaña en pro de la autonomía impulsada por asociaciones culturales como Averroes, acordaron que el domingo 4 de diciembre de 1977 se declarara como Día de Andalucía. Se convocaron manifestaciones en apoyo de la Autonomía en todas las capitales andaluzas para ese día.

En Cataluña también se convocó una manifestación. La iniciativa la tomó el Partido Socialista Andaluz que, a través de los militantes que tenía en diferentes centros andaluces, montó una coordinadora pro «Día de Andalucía» e invitó a sumarse a ella a las demás casas regionales y peñas.

La coordinadora decidió convocar la manifestación el mismo 4 de diciembre en la plaza Cataluña, con recorrido por las Ramblas hasta la plaza Sant Jaume, donde se encuentran las sedes del Ayuntamiento de Barcelona y de la Generalitat de Catalunya.

Se convoca como Día Nacional del País Andaluz, a diferencia de Andalucía, donde sólo se convoca como Día de Andalucía, y se decide invitar a todos los partidos políticos de Cataluña a adherirse a la convocatoria y a participar en la manifestación. Se confecciona un cartel para pegar en las calles y una octavilla de mano en verde y blanco, conformando la bandera andaluza, con el lema: «¡Andaluz acude! 4 de Diciembre de 1977. Concentración y marcha por la Autonomía de Andalucía. Día Nacional del País Andaluz».

Se encargan, expresamente, centenares de metros de bandera andaluza a un fabricante, ya que no existían en el mercado todavía banderas, y se hacen miles de pegatinas con el lema: «Día Nacional del País Andaluz». También se confecciona otro cartel que lleva las banderas andaluza y catalana con el texto: «Llamada solidaria a todos los pueblos del Estado Español. ¡Acudid! Concentración y marcha solidaria pro Autonomía del País Andaluz. Día Nacional del País Andaluz», y añade una larga lista de organizaciones adheridas, entre las que se encuentran la mayoría de los partidos y sindicatos de Cataluña. Estos, al principio, no acababan de ver bien la organización de una manifestación que ya se les daba como algo hecho y a la que sólo se les pedía que se adhirieran sin haber intervenido directamente en su organización. Tampoco les gustaba que se convocara haciendo un llamamiento a los andaluces en Cataluña, en vez de «a los catalanes de origen andaluz».

Las reticencias se plasmaron en las inhibiciones de algunas de las organizaciones que se habían adherido y en la confección de su propia propaganda de la manifestación, así como en la publicación de un comunicado el día anterior por parte de un nutrido grupo de partidos y sindicatos catalanes en la que hacían un llamamiento «a todos los catalanes, los catalanes de origen y de adopción, para que participen en la concentración que se celebrará en Barcelona el 4 de diciembre». Estas reticencias también se pusieron de manifiesto en las presiones, primero, para que se desconvocara la manifestación y, ante la no desconvocatoria, para que entre los oradores finales figuraran dirigentes políticos catalanes como Joan Reventós, del PSC, Ángel Pedrosa, un andaluz en las filas de Convergencia Democrática de Cataluña o el senador de la Entesa dels Catalans, Francisco Candel.

Todos ellos fueron los que hablaron, junto al locutor de Radio Miramar, Juan Torrijos; José Acosta Sánchez, por el Partido Socialista de Andalucía y Ramón Porras, por la comisión organizadora. El acto terminó con el canto de los himnos de Andalucía y Cataluña.

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La cantidad de personas que acudieron a la manifestación desbordó todas las previsiones. La prensa daba la cifra de más de doscientas mil, que ocupaban toda la plaza de Sant Jaume y las calles adyacentes.

Toda aquella riada de andaluces que llenaban la Plaza de Cataluña y las Ramblas de Barcelona anhelaban, al igual que sus hermanos de Andalucía, una autonomía plena que, además de que reconociera a Andalucía su identidad como pueblo, sacara a nuestra tierra de la postración social y económica en la que se le había sumido en las últimas décadas.

Aquellos eran tiempos Constituyentes. Las Cortes elegidas en junio de ese mismo año elaboraban la Constitución que terminó aprobándose en diciembre de 1978. Cuando convocamos las grandes manifestaciones del 4-d, éramos conscientes de lo que Andalucía se estaba jugando en el nuevo modelo territorial que se estaba discutiendo. La idea del Constituyente era la de un reconocimiento de autonomía política para los territorios que ellos llamaban «históricos», dejando en una mera descentralización administrativa para los demás territorios.

Los andaluces no queríamos una autonomía solo administrativa, sino un reconocimiento de la personalidad política como pueblo al máximo nivel. Con el cuatro de diciembre de aquel año, se inició un proceso imparable que desembocó en el referéndum del 28 de febrero de 1980. En ese proceso, Andalucía se ganó jurídicamente el derecho a ser reconocida como nacionalidad «histórica», aunque la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), aprobada en 1982, y la acción del Gobierno autonómico de la Junta de Andalucía, durante todos estos años, han ido «descafeinando» nuestra autonomía. El «café» solo estaba previsto para otros.

Hoy, cuando se está hablando de reformar la Constitución, —especialmente el modelo territorial— debemos estar alerta para que Andalucía no vuelva a ser marginada y se le prive del reconocimiento adquirido en la calle el 4 de diciembre y en las urnas el 28F.

 

Francisco García Duarte, co-organizador del 4-D de 1977 en Cataluña, autor del libro «El Ideal de Blas Infante en Cataluña», propuestas para una historia del andalucismo en la emigración (2007). Miembro del Centro de Estudios Históricos de Andalucía.

 

 

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