Del romanó al caló: seis siglos de lengua gitana en España

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Marcelo Romero Yantorno
Archivo de Triste y Azul

El caló, llamado también romanó, es una lengua mixta de base gramatical española y variable vocabulario gitano (romaní), hablada por gitanos españoles (calé). Registrado en textos al menos desde el siglo XVIII, junto con el calâo portugués-brasileño, el romanó catalán y el errumantxela vasco, forman el grupo ibérico de la lengua romaní, que en contacto con lenguas vernáculas como el castellano o el catalán, se fraccionó primero en dialectos y finalmente en lenguas neo-romaní, clasificadas por los especialistas como para-romaní. En rigor, es más preciso hablar de «lenguas» que de «dialectos» romaníes en razón de que el caló, por ejemplo, como el romany inglés, ya no puede ser considerado dialecto del romaní al ser su gramática la de otra lengua. Se reserva, pues, el rótulo de «dialectos» del romaní para aquellas variedades como el «romanés» (kelderasitsko) rumano cuya gramática aún hoy es de base india.

Gitanos en España

La primera mención histórica del pueblo gitano en España se remonta al 12 de enero de 1425, cuando el rey Jorge de Aragón concedió un salvoconducto al conde Juan del Pequeño Egipto y su «kumpanya». Tras un período de cierta benevolencia, a partir de 1499, la Corona española persiguió sin piedad al pueblo gitano, obligado a elegir entre el abandono de sus costumbres y nomadismo o el destierro y la pena capital. A partir del siglo XVII, comienzan a surgir comunidades gitanas sedentarias en ciudades como Jerez de la Frontera, y a menudo las «gitanerías» reemplazaron las «morerías» como barrios extramuros. Tras la espantosa «gran redada» de 1749 (1), poco a poco el furor de las pragmáticas reales comienza a ceder, de manera que el siglo XIX vería el florecimiento del cante flamenco gitano y la aparición pública de toreros que no temían en revelar su identidad. Después de las tinieblas de la pesadilla franquista, con la democracia, las asociaciones gitanas han formado la Unión Romaní de España, que a su vez está conectada con las demás organizaciones gitanas del resto del mundo.

La lengua gitana

Aunque, como dijimos, la lengua gitana europea (2) se encuentra hoy en día fraccionada en dialectos y lenguas mixtas, en su origen, al llegar los primeros gitanos a Europa hacia el siglo XII, era una sola Romani chib, cuyo origen puede buscarse en el sánscrito, hoy lengua sagrada de la India, o más precisamente en alguna forma de prácrito (lengua popular) hablada en la India poco antes de o hacia comienzos de nuestra era (3). Y si, como dice el historiador persa Firdusi, los primeros gitanos llegaron al actual Irán hacia el año 420, la influencia de las lenguas iranias parece corroborar una larga permanencia gitana en estas tierras, no sólo en el léxico sino también en la gramática. Menor es la influencia de las lenguas que se hablan en el Cáucaso como el armenio, el oseta o el georgiano (en ese orden).

Aunque no se pueda precisar con exactitud el impacto de esas y otras lenguas asiáticas en la romaní, sí se puede afirmar por la gramática comparada que la influencia del griego popular fue decisiva sobre la Romani chib, al punto tal que los expertos hablan de que la lengua gitana es una lengua india «balcanizada», es decir que comparte una serie de características propias de las varias lenguas habladas en la zona de los Balcanes como el griego, el rumano o el búlgaro, todas pertenecientes a diferentes familias lingüísticas. Esto es evidente no tan sólo en el vocabulario, con numerosos préstamos de esas lenguas, sino también en la gramática, que, sobre todo en el caso de la sintaxis, es a menudo paralela a la del griego moderno.

Posteriormente al éxodo gitano de Grecia, en el siglo XV, comienzan a surgir dialectos al entrar en contacto el romaní con lenguas europeas como el alemán o el español.

Primeras referencias de Romaní en España

En los documentos oficiales españoles de los siglos XVI y XVII, la Romani chib es malintencionadamente descripta como una «jerga artificial», «cingerionza», argumento útil para la negación de una identidad gitana específica. Inclusive el lingüista Covarrubias creía que los «egipcianos» habían olvidado su lengua original, emparentada con las eslavas, y se valían de una suerte de germanía para no ser entendidos. Libelos como el «Discurso contra los gitanos» (4) esgrimían una estúpida sinrazón para justificar una represión despiadada. No obstante, y contradictoriamente, las Pragmáticas Reales son puntualmente explícitas en su prohibición del uso de una «lengua gitana».

En la literatura, el panorama no es mucho más ilustrativo: los «gitanos» de Cervantes o Góngora por lo general cecean pero no usan ninguna palabra romaní… Todo esto indicaría un carácter hermético del romaní de aquella época, lo cual a su vez parece confirmar que el caló como lengua mixta aún no había nacido, más allá de que la germanía del diecisiete pueda contener algunos vocablos romaníes.

El romaní ibérico

Comparando las lenguas que forman el grupo ibérico del romaní es posible concluir que aquellas surgieron de una única raíz romaní llegada en el siglo XV a España. Aunque, como vimos, no existe ningún testimonio concreto de ese romaní ibérico, a juzgar por los restos de gramática romaní presentes en el caló y sus hermanos y en los testimonios de dos variedades, hoy prácticamente extinguidas, el romaní catalán (5) y el vasco (6), se puede afirmar que la lengua madre no difería en esencia del romaní que aún hoy se habla en los Balcanes por ejemplo, aunque naturalmente con diferencias léxicas y un carácter más «arcaico».

La transición del romaní al caló

El léxico de la Romani chib puede dividirse claramente entre el vocabulario «original», común al romaní europeo en su conjunto (de origen pre-europeo) y el específico de cada dialecto o lengua romaní (con préstamos de lenguas europeas). El romaní tiene numerosos dialectos a veces ininteligibles entre sí. A su vez, en algunos países del Occidente europeo y también de Medio Oriente, el romaní se mezcló con la lengua del lugar, perdiendo su gramática y transformándose en una serie de lenguas nuevas que no pueden entenderse con el romaní, las ya mencionadas lenguas para-romaní. Pues bien, a partir del siglo XVIII, es evidente a partir de los primeros testimonios escritos que el romaní «gramatical» va cediendo paso al caló, cuya gramática es casi totalmente la misma del español. Las causas de este proceso, así como la época exacta son objeto de controversia. Habría que tener en cuenta consideraciones de orden tanto lingüístico como social e histórico. Como quiera que sea, este proceso, en el marco de las mencionadas persecuciones y de la interacción de comunidades nómades y sedentarias, se desarrolló a lo largo de dos o tres siglos, en un escenario donde coexistieron variedades más y menos «españolizadas», para producir al comienzo una «lengua común» quizás algo simplificada.

En realidad, el caló parece ser el resultado de un proceso que podemos llamar de cambio lingüístico, en el cual el romaní español, tras haber asimilado gradualmente la fonología y la sintaxis del castellano (del cual asimismo ya había tomado abundantes préstamos de vocabulario), fue abandonado en favor de una forma particular del español donde se retuvieron ciertas palabras romaníes especificas, muchas de las cuales («chaval», «menda» etc.) pasaron al español coloquial. Al mismo tiempo, quizás en contacto con otras regiones de España donde se conservaba el romaní «gramatical» como Cataluña, se mantuvo en ocasiones un caló «cerrado», el cual incorporó una cierta cantidad de vocabulario de origen romaní o desconocido, a menudo jergal, además de mantener algunas características gramaticales romaníes si bien dentro del marco de una gramática española. Interesante es el caso de los topónimos como Chim ye manró, literalmente «tierra del pan», para Extremadura, que es una españolización de un presunto vocablo romaní them e manreskoro.

El caló primitivo

El primer vocabulario conocido de caló es un manuscrito del siglo XVIII titulado «Jerigonza, y más propio: guirigay de gitanos», hallado en la Biblioteca Nacional de Madrid y publicado por el filólogo inglés John Hill en 1921 y recientemente revisado por el catedrático Ignasi Xavier Adiego (7) de la Universidad de Barcelona. La fonología de este caló temprano ya muestra influencia del dialecto andaluz y es evidente que la lengua descrita aquí ya es caló y no romaní, porque por caso los verbos aparecen con la terminación española de infinitivo, tal como hoy en día. Una curiosidad única del caló entre las lenguas romaníes, ya reflejada en este vocabulario, es el uso de sustantivos que en vez de aparecer en el caso nominativo, aparecen con la forma de otro de los casos gramaticales del romaní, por ejemplo, en vez de «mol», ya aparece «mollate» (ambos como «vino»), el origen de la segunda forma es el caso preposicional o locativo romaní «moliate», que gramaticalmente y aún hoy en los dialectos romaníes tiene el valor de toda una frase: «en el vino».

El caló comienza a ser cada vez más común en los sainetes y obrillas del teatro costumbrista dieciochesco, por ejemplo en las obras del gaditano González del Castillo, por donde se deja ver que muchas palabras del caló ya habían pasado al léxico coloquial andaluz.

El caló del XIX al XX

Con el abandono (de hecho, que no de derecho) de las leyes antigitanas de los siglos anteriores, el pueblo gitano saldrá del anonimato y a la vez que el flamenco gitano irá ganando audiencia con sus soleares y siguiriyas, se desatará una intensa fiebre «gitanófila» por toda España: se dice que hasta los monjes escribían poesías en (un muy peculiar por cierto) caló. Es la época del famoso George Borrow, vendedor de biblias y comprador de aventuras por los caminos de Europa, polémico personaje que publicó en 1842 en Londres el primer diccionario de caló (8). En ediciones posteriores, se echa de ver la «corrección» y «ultra-gitanización» por él mismo de sus propios textos, antes más fidedignos, al substituir por ejemplo a ultranza las preposiciones castellanas usadas normalmente en caló por equivalentes romaníes tomados a veces de otros dialectos europeos. Seguirán una serie de a menudo poco científicos diccionarios bilingües, cuyo mejor exponente tal vez sea la obra de Francisco de Sales Mayo (9), si bien el «super-caló» de sus ejemplos de prosa o poesía es dudoso si fue hablado como lengua coloquial alguna vez. Otro trabajo meritorio es el de Don Luis Usoz y Río (que conoció a Borrow), manuscrito de 1835, sobre el que se discute una posible fuente escrita, que no fue publicado hasta 1987 (10). Más allá de todo el mundillo gitanófilo, el caló se siguió hablando en mayor o menor medida pese a los pronósticos sombríos que sobre él se hicieron, aunque hay que admitir que quizás se redujo el número de calo-parlantes con el correr de los años. Se dice que en realidad fue la desaparición del chalaneo, como actividad económica gitana, lo que llevó a una mayor decadencia del caló en nuestra época, así como una mayor integración a una sociedad que aún hoy discrimina al caló como lengua nacional (el caló no es considerado de la misma manera que el gallego, el catalán o el vasco; aún el ladino sefardí, que ya no se habla en España, goza aquí de un reconocimiento en la práctica que el caló aún no ha recibido)(11).

En realidad, hoy en día el grado de competencia en caló varía de persona a persona y de comunidad a comunidad, así para algunos es en algunas ciudades del sur donde más se ha perdido y entre grupos nómades donde más se conserva, si bien en general existe un vocabulario «básico» de transmisión oral, más o menos conocido por todos, ya sea activa o pasivamente.

El caló del futuro: Romanò-Kalò

Tal vez el aspecto más interesante del caló hoy en día sea la recuperación del romaní. Más allá de algunos intentos bienintencionados pero de dudosa practicidad llevados a cabo esporádicamente, cuyo objeto es la recuperación de un caló «ideal», un «supercaló» que, a pesar de no llevar palabras españolas en su estructura gramatical, sigue siendo español y, por lo tanto, es incomprensible para el resto del mundo romaní; merece la máxima atención la iniciativa de «re-gramaticalizar» el caló, volver en lo posible al romaní, aprender otra vez sus leyes gramaticales para adaptar el vocabulario caló existente a estas y tomar de los otros dialectos las palabras romaníes perdidas (12). Esto pareciera simple, pero requerirá no sólo del mayor esfuerzo de la comunidad calorrí, sino también de un apoyo activo de especialistas e instituciones. Ya han sido publicados algunos textos en este «Romanò-Kalò» que intenta ser comprensible para los demás gitanos del mundo, resta ver qué se puede esperar de los organismos oficiales y de cada una de las personas que puedan contribuir.

De todas maneras, es opinión del autor de estas líneas que el ambicioso proyecto (a mediano-largo plazo) de recuperación del Romanò-Kalò no invalida el intento de enseñar y aprender el caló de siempre, sin «re-gitanizaciones», porque es la lengua del pueblo gitano español, y en ella están presentes seis siglos de historia, una historia de duquelas pero también de amor y de lucha, porque después de tantos «caminos de tristes sombras», el caló sigue vivo. Que lo sigan naquerando los chavorrós del tasata porque el caló sinela la historia de los calorrós. Sastipen ta lí.

Himno Romanó (fragmento)

«Gelém gelém
lungoné dromensa…
maladilém
chorimé Rromensa.
Gelém gelém
lungoné dromensa…
maladilém
baxtalé Rromensa.
O chavale!
O Rromale!
Opré Rromale!
Opré chavale!»

«Andaítos tengo
caminos muy largos,
¡gitanitos pobres
cómo me he encontrao…!
Andaítos llevo
caminos muy largos,
¡gitanos felices
cómo me he encontrao…!
¡Ay, compadres…!
¡Ay, gitanitos…!
¡Arriba, gitanos…!
¡Arriba, compadres…!»

 

Notas

(1) Ver entre otros: Gómez Alfaro, Antonio. La «reducción» de los niños gitanos. En I Tchatchipe, nº 8, 1994, pp. 27-42. Y, sobretodo, por el mismo autor: La Gran redada de Gitanos. Ed. Presencia Gitana, Madrid, 1994.

(2) El nombre de la lengua gitana en la lengua gitana (europea) es Romani chib. A menudo, en varios dialectos se dice simplemente vakyarel romanés («habla gitanamente», en contraposición a vakyarel gadyikanés («habla a lo payo»), lo que ha hecho que se interprete como si el nombre de la lengua fuera «romanés». Esta palabra en realidad es un adverbio, que se puede usar también en lo referente a la vestimenta por caso. Así, lo correcto es hablar de «romaní», o «romanó», si bien este último término, más castellanizado, se aplica en España con frecuencia al caló propiamente dicho. Por otra parte, en Asia existen otras lenguas gitanas, como el domari de Israel, que guardan estrecha relación con la lengua romaní pero sobre cuyo origen común los expertos discrepan en cuanto a si se separaron en la India o si proceden de un tronco común «post-indio».

(3) Ver: Turner, R.L. The Position of Romani in Indo-Aryan. En Turner, R.L., Collected Papers, Londres, 1973, 251-290. Turner fue uno de los más eminentes estudiosos de las lenguas de la India, autor entre otros de un monumental diccionario comparado de todas ellas. Su trabajo aquí citado sobre la posición del romaní dentro de las lenguas indoarias es una imprescindible referencia para comprender las leyes de la evolución del romaní a partir del sánscrito, y una prueba de su origen en el centro de la India (y no el Noroeste como se sostenía a menudo).

(4) En Grande, Félix. Memoria del Flamenco. Espasa Calpe, Madrid, 1979, pp. 678-692.

(5) En Ackerley, Frederick. The Romani Speech of Catalonia. En Journal of the Gypsy Lore Society, 1914, new series: 8, pp. 99-140.

(6) En Ackerley, Frederick. Basque Romani. En Journal of the Gypsy Lore Society, 1929, third series: 8, pp. 50-94.

(7) Adiego, Xavier Ignasi. The Spanish Gypsy Vocabulary of Manuscript 3929. En Journal of the Gypsy Lore Society, 1998, vol. 8, nº 1: 1-18.

(8) En Borrow, George. The Zincali. Ed. John Murray, Londres, 1842 y 1846, texto luego reeditado.

(9) En De Sales Mayo, Francisco («Quindalé»). Diccionario gitano. Oficina Tipográfica del Hospicio, Madrid, 1867.

(10) Por Torrione, Margarita. El Diccionario Caló-Castellano de Don Luis Usoz y Río. Universidad de Toulouse, Toulouse, 1987.

(11) En efecto, el ladino, que hoy se habla mayormente sólo en Israel, ha merecido un interesante espacio en la programación de Radio Exterior de España, por ejemplo; para no mencionar los noticieros diarios en catalán, gallego y vasco.

(12) Ver Ramírez Heredia, Juan. A propósito de nuestra lengua. En I Tchatchipen, nº 2: pp. 38-41, 1993. Para los interesados en la gramática romaní, ver Gramática gitana, también por Ramírez Heredia. En I Tchatchipen, nº 2: pp. 35-64, nº 3: pp. 46-63, nº 4: pp. 44-63, nº 8: pp. 54-62, y nº 9: pp. 44-52.

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