De romances, gaiteros y rockeros

El Jarramplas: las máscaras del folclore.

Carlos Domínguez Rico

Hoy nos ocupamos de hadas, duendes, gnomos, brujas y otras criaturas mágicas que han recorrido España de norte a sur bajo un mismo estandarte: la música folclórica. Esa que se transmite de padres a hijos por vía oral, custodiando los valores y la cultura de un pueblo. Y pueblos no le faltan a este país, cuya riqueza y diversidad de estados no conoce frontera alguna. Porque un viaje de San Sebastián a Cádiz bien podría quedar resumido en algunas de sus más importantes producciones musicales. Tan originales y numerosas como insondable la inmersión en las aguas identitarias de nuestro país de países.

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La Bullonera en directo

Comenzamos conociendo a un dúo (Eduardo Paz y Javier Maestre) de música aragonesa en actividad allá por los 70. Calificarlos como canción protesta sería injusto para esta bellísima banda del norte. La Bullonera es crítica, sátira y demanda, así como un profundo interés, casi antropológico, por el folk aragonés y las raíces de su pueblo. Si bien el primer nombre con el que fueron conocidos fue Vientos del pueblo, después de algunos cambios en la formación lo sustituyeron por La Bullonera. Con cuatro álbumes en la faltriquera, deciden separarse en 1980 después de su último trabajo, Punto. Su canción más conocida es «Ver para creer», un himno por todo Aragón.

A un asturcón se refiere Nacho Vegas en su último trabajo. Y esa precisamente es la siguiente parada en nuestro viaje. Nos situamos en Asturias. Bajo el lema del rock con raíces se presenta una de las bandas más destacadas de finales de los 70: desde Asturias y para el mundo, Asturcón. Un conjunto que está a la altura del mejor progresivo nacional, con la riqueza del cante popular y autóctono asturiano. Asturcón se funda en Gijón en el 1978, encabezado por Víctor Carrizo junto con José Carlos (Mingla), Paulino Solona y Juan Carlos Martínez (posteriormente se incorporará Tomás Asueta). Pioneros no sólo en la incorporación de una gran cantidad de instrumentos del folklore en sus composiciones progresivas, sino por la integración de la lengua astur en sus líricas. Progresivo en bable y caballos asturianos: puro folclore setentero.

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Asturcón-Asturcón (1981)

Estos Jethro Tull autóctonos cataban la libertad tras la dictadura con jovialidad y un aroma tan fresco que aún se palpa. Y aunque inevitablemente han envejecido en lo musical, el exceso de edad se ve contrarrestado por su desarrollo folk y originalidad. Que suene una de sus inolvidables canciones, «Mayu», donde parecen cantar a la luz de la mañana después un mal sueño. El sol ya está aquí, se les oye decir…

Bajamos un poco hasta Castilla. Más concretamente a Valladolid. Un grupo de universitarios conectados con la realidad social y política de nuestro país deciden a finales de los 70 expresar la declaración de un pueblo mediante la canción. Influenciados por el gran Labordeta, encuentran en el folklore un arma de acción política y cambio social. Conocidos por tocar en mítines y asociaciones locales, estos jóvenes vallisoletanos llegaron a grabar dos elepés con Movieplay: Y cada paso que demos… (1977) y La fanega (1978). Después de unos cuatro o cinco años en activo, la banda se disuelve en el 79. En el 2004 tuvieron un interesante reencuentro que dio como fruto la publicación del libro La canción poética. Entre la subversión y la subvención. Aún suena La Fanega en las cosechas industrializadas, si acaso en su recuerdo…

Vamos ahora con Pau Riba. ¿Qué decir de este genio de la música? El polémico estandarte de la vanguardia en la tierra yerma de la dictadura. Fue Pau un tipo de tal originalidad que apenas quedan otros que le puedan hacer sombra a su estilo particular.

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Pau Riba

Su producción musical es excepcional, a la altura de otros grandes como Smash o Máquina. Nacido en Mallorca, rápidamente se consagra, con su Dioptria (1970-71), como uno de los máximos exponentes de la música catalana a finales de los 60 y principios de los 70. Iconoclasta y transgresora, la obra de Pau merece mucho más que una breve reseña. Un visionario en la trascendencia psicodélica desde un rincón local. Un enigma inexplicable de la deriva musical de nuestro país. Escuche Electroccid àccid alquimístic xoc (1975), uno de sus mejores trabajos:

No podríamos finalizar sin hacer referencia a la mejor muestra de folk-rock en nuestra tierra, Aguaviva. Banda multitudinaria de músicos, actores y artistas a los que ya nos hemos referido anteriormente. Aguaviva supone, sin lugar a dudas, la mejor representación de «música con raíces» que nuestra tierra ha contemplado. Aguaviva es una lección artística en toda regla. Con una trayectoria activa durante toda la década de los 70, interpreta y musicaliza los textos de las mejores voces poéticas con un resultado inigualable. Explorando además las sendas de un sonido exquisito sobre influencias internacionales con un encaje perfecto en la identidad de una tierra. Le dejamos con su último trabajo, La invasión de los bárbaros (1979).

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Aguaviva

Y una de nuestras canciones favoritas, «El día que los maniquíes rompan los escaparates»:

 

Este artículo fue publicado originalmente en Gpysy Rock de lavozdelsur.es

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