Contra el mito de la repoblación de la Andalucía conquistada

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Alfonso X ‘El Sabio’ tras la toma de Cádiz. Óleo de Matías Moreno.

 

Héctor J. Lagier

Dicen: La reconquista de Andalucía provocó la expulsión de los moros de España.

Pasando por alto la inconsistencia del término «reconquista», la indefinición despectiva del término «moro» y el anacronismo del término «España» referido a los siglos XIII, XIV y XV, que ya es mucho pasar por alto, permitidme que me centre en la veracidad de la teoría histórica que argumenta que la conquista por la tropas castellanas de lo que hoy se llama Andalucía produjo la total expulsión de la población autóctona que la habitaba. Como mínimo, que ponga en duda esta afirmación en base a una serie de datos históricos y dudas razonables.

El 16 de Julio de 1212, las tropas aliadas de los reinos de Castilla, Aragón, Navarra y Portugal vencen al ejército conjunto almohade-andalusí en la batalla de Las Navas de Tolosa o Al-Uqab. Este hecho marcaría el definitivo declive de al-Ándalus; este declive sería tremendamente lento, casi tres siglos, aunque en los libros de historia de primaria o secundaria ocupe menos de un párrafo.

La ocupación tiene dos fases diferenciadas, la primera, durante el siglo XIII en Andalucía la Baja y la segunda, a finales del siglo XV con el derrumbe del Reino de Granada o Emirato Nasrí en Andalucía la Alta.

Vayamos con la primera fase. Existen estudios muy minuciosos sobre esta época centrados en la ciudad de Sevilla; J. González analiza profundamente el reparto de esta ciudad en su libro Repartimiento de Sevilla, ciudad que fue repoblada en un principio fundamentalmente por pobladores de la zona norte de Castilla, principalmente burgaleses, atraídos por el reparto de casas y tierras. A sus habitantes se les dio un mes para que retiraran sus enseres y, una vez vaciada por completo, fue habitada por sus nuevos inquilinos; la población autóctona marchó a zonas musulmanas o a poblaciones rurales, cosa nada mal vista por los conquistadores en un principio, ya que eran fundamentales para mantener la productividad del fecundo campo andaluz. Sin embargo, J. González nos indica varias causas por las que esta repoblación resultó fallida: la poca destreza de los colonos para conseguir rendimiento de la tierra, las continuas razias desde las zonas musulmanas y finalmente, la sublevación mudéjar de 1264; en definitiva, según el propio autor, entre el 85 y el 90% de los repobladores devolvieron sus tierras y abandonaron sus casas. En relación con este hecho, el historiador Morales Padrón identifica como barrios moriscos de Sevilla los actuales Santa Catalina, San Isidoro y El Salvador. Es decir, los mudéjares volvieron a Sevilla después de su expulsión, aunque sí es cierto que la mayoría de su población se refugiaría en zonas rurales, al igual que pasó con otras ciudades.

En 1492, cae en manos de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los llamados Reyes Católicos, la ciudad de Granada y con ello, el último emirato en terreno ibérico. La primera revuelta se produce en el Albaicín en 1499 al no respetarse los términos de las capitulaciones; este hecho provoca la orden de conversión forzosa al catolicismo de los mudéjares.

A finales de 1568, y en respuesta a la Pragmática Sanción de Felipe II de 1 de Enero del año anterior que prohibía costumbres, ritos, ropajes y demás elementos tradicionales de los moriscos del Reino de Granada, se inicia la rebelión de estos en Las Alpujarras, con Hernando de Córdoba y Válor (Aben Humeya) a la cabeza. Casi tres años después y tras la intervención de tropas regulares comandadas por Don Juan de Austria, la rebelión es sofocada; 80.000 moriscos son expulsados a Castilla y al resto de Andalucía.

Finalmente, Felipe III en 1609 decreta la expulsión de los moriscos de todos sus reinos ibéricos, como consecuencia de un conjunto de elementos religiosos y de política interna y externa. En Andalucía, 30.000 moriscos son embarcados en los puertos de Sevilla y Málaga rumbo al norte de África.

Todos estos son datos históricos más o menos demostrables yendo a las fuentes; sin embargo, muchas lagunas hacen que nos permitan dudar sobre la frase que inicia este artículo, estas son:

En el plano general, ¿podemos argumentar que cualquier conquista provoca forzosamente el éxodo de su población autóctona y el reemplazo por sus conquistadores? Esto querría decir, en el espacio geográfico que nos ocupa, que los romanos expulsaron a los tartésico-turdetanos y bastetanos, que los vándalos desterraron a los hispanorromanos y que los árabes, sirios, bereberes y magrebíes sustituyeron a los hispanovisigodos. ¿Es esto razonable?, no voy a profundizar, pero tenemos multitud de datos que nos demuestran la superposición de pueblos, razas y religiones que cada ocupación llevó consigo, tales que hicieron de la Bética una de las provincias más prósperas y latinizadas de Roma y de al-Ándalus, uno de los focos de civilización en el yermo Medioevo europeo.

En el plano concreto de la conquista castellana, ya hemos expuesto los problemas que sufrieron la repoblación y los movimientos masivos de población. Pero además de esto, tengamos en cuenta que, incluso ahora, con los medios técnicos y las poderosas maquinarias administrativas de los estados modernos, organizar el éxodo masivo de decenas de miles de personas e inspeccionar el cumplimiento del mandato representaría un reto formidable y de difícil cumplimiento, no digamos ya en la época a la que nos referimos.

El profesor de la Universidad de Londres Trevor J. Dadson, en su mastodóntico estudio Los moriscos de Villarubia de los Ojos, expone claramente que no hubo expulsión real de los moriscos, en unos casos porque eran esclavos y la orden de expulsión no les afectaba, ya que eran propiedad de sus dueños, en otros porque la población se había ido mezclando hasta la confusión total; además, la diseminación en las zonas rurales había complicado la orden de expulsión hasta hacerla imposible, y a todo esto hay que añadir los miles que fueron volviendo paulatinamente a lo que, en justicia, consideraban su casa y su tierra natal.

Hasta el profesor Cuenca Toribio, en su Historia General de Andalucía, escribe: «Si los moriscos como minoría disidente dejaron de existir, no por ello claro es, elementos mil de su cultura desaparecieron de la existencia de los andaluces posteriores, que en su folklore, maneras de vida, cosmovisión y diversos aspectos idiosincráticos, seguirán hasta nuestra actualidad rindiendo tributo a una etnología que forzosamente ahonda de manera intensa en su historia y personalidad… ». A lo que yo añado que esos elementos no pueden mantenerse durante siglos por un medio etéreo, deben haber sido propagados y guardados en la cultura de un pueblo mediante una tradición de padres a hijos, es decir, real y física.

Para terminar, reproduzco este párrafo del interesante libro de Antonio Manuel Rodríguez La huella morisca, que ahonda precisamente en lo que acabo de exponer: «Pescadores, jornaleros, amas de casa o artesanos, descendientes de aquellos moriscos deportados por media España que terminaron quedándose, constituyeron la reserva cultural de nuestro pasado en nuestro presente. Y sus hijos, nosotros, yo, la generación del olvido. Los hijos del consumismo globalizado. De la homogeneización planetaria. De la uniformidad cultural basada en la negación del espacio y el tiempo…. A nosotros nos toca mirar para atrás para mirar hacia adelante».

One comment

  1. Reconquista es completamente adecuado, Hispania ya se recogía en tiempos de los romanos, y la expulsión de “moros” es real como la vida misma. ¿Qué se quedaron algunos miles? Claro, pero que se fueron muchos más de los que se quedaron también. Sólo tienes que ver quienes se bautizaron… Los matrimonios entre distintas religiones no estaban contemplados ni bien vistos; la pureza de sangre eran super importante porque conllevaba muchos privilegios y tdos los casos honores, así que todo eso no era tan fácil de salvar. Qué hubo uniones mixtas, por asi decirlo sí.. pero no tantas, también. En lo que yo he estudiado de genealogía en andaluces, no me he encontrado ni un solo caso que no sea de colonizadores de otras partes de España.

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