Breve visión de la guarnicionería en Jerez

Alumnos de guarnicionería de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre.
(Foto: Sebastián Chilla)

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milio Ciprés

Hoy en día, muchas personas no son conscientes de la intrínseca relación entre la historia de Jerez y la del caballo. No incidiremos en este artículo en las razones por las cuales esto ha ocurrido, pero me gustaría señalar que, hasta la industrialización del siglo XIX, este animal era el que mayor fama y prestigio daba a la ciudad y, por supuesto, a la región. Como muestra de esta relevancia, me gustaría acudir a un pequeño extracto de uno de los primeros historiadores de Jerez, Gonzalo de Padilla, que, entre los siglos XVI y XVII, diría lo siguiente en su Historia de Xerez de la Frontera:

«Sobretodo tiene Xerez la primacía en criar cavallos por el cuidado grande que pone en examinar los que se han de hechar a las yeguas que sin eceptuar persona va siempre por sus cavales al examen de ellos e graves penas a los quebrantadores de las ordenanzas que ay, y su magestad también las tiene en mandar por sus cédulas que se tenga gran cuenta en ello, así los cavallos de Xerez son nombrados e tenidos en mucho en todas partes».

Es por todo esto por lo que en Jerez, encontraremos una larga tradición ligada al oficio de la guarnicionería, que consiste en el trabajo y repujado de la piel y el cuero para realizar todo tipo de productos relacionados con el mundo ecuestre. El producto más reconocido de la guarnicionería es la silla de montar, en sus múltiples variantes, pero el guarnicionero fabrica muchos otros útiles que emplean como materia prima para el cuero y que van desde zahones a riendas, cabezales y colleras, productos que son demandados tanto por su valor estético como por su utilidad, y que suelen pasar desapercibidos.

Esta actividad, desde antaño, ha estado ligada al campo y, por ello, ha sido vista más como una necesidad que como un trabajo o una artesanía que diera prestigio al que la realizara. Igualmente, para entender bien esta profesión, veo adecuado citar a José Rodríguez y Zurdo, maestro guarnicionero del taller de las reales caballerizas, del siglo XIX, que definía de la siguiente manera la profesión:

«El oficio de guarnicionero es producto de un arte, que, aunque mecánico en sus elementos, se enlaza con las artes de lujo en sus principales artefactos. No es por consiguiente un simple oficio mecánico, en el que baste un trabajo material y un cierto número de años para llegar a producir labores perfectas: requiere absolutamente de algunos conocimientos previos, constante laboriosidad, y cierto gusto inventivo para poder ocuparse con éxito de sus artefactos, en cuya mayor parte entra por complemento una esmerada elegancia».

Podemos ir viendo que la historia de la guarnicionería es muy extensa pero ha sido poco trabajada y, en España, contamos con pocos libros o manuales para aprender del oficio en la actualidad. Ya no hablemos, por ejemplo, para conocer su pasado o sus variantes regionales. Esto no es algo nuevo, porque ya en el siglo XIX, don José Rodríguez y Zurdo lamentaba de esta forma la ausencia de manuales y trabajos para el estudio y el perfeccionamiento de esta profesión:

«La perfección de los artefactos que elaboramos se hace cada día más necesaria, porque el gusto y el refinamiento del país no se satisface con lo que, pocos años ha, bastaba para un no despreciable lujo en monturas y demás adornos de nuestro arte. Estamos en él siendo tributarios de los extranjeros, como por desgracia sucede en productos de otros muchos ramos. Tienen otros países manuales para aprender toda clase de artes y oficios: nosotros carecemos hasta de un libro que guíe a nuestros aprendices. Vamos adelantando bastante en muchas obras, y nadie se cuida de publicar los esfuerzos y laboriosidad de nuestros compañeros. No hay estímulo, ni emulación, ni premio, ni por consiguiente porvenir para el arte».

Esta falta de documentación puede deberse a que, en nuestro país, tradicionalmente y a día de hoy, se aprende el oficio en el taller y de los conocimientos prácticos, técnicos y directos del maestro. Ello se debe a que, para aprender esta clase de oficios, debemos utilizar tres sentidos: la vista, el tacto y el olfato. Los tres son imprescindibles y, por ello, a través de manuales, no podemos adquirir un conocimiento completo de la profesión, por lo que, sabiendo esto, podemos llegar a entender por qué hay una carencia de documentación acerca de esta artesanía en nuestro país. Cuando alguien deseaba aprender el oficio, lo hacía a través de las enseñanzas orales y prácticas de un profesional.

Dicho todo esto, podemos decir que la artesanía en Jerez alcanzó tal prestigio que, durante el reinado de Alfonso XIII, se convirtió en proveedora oficial de la Casa Real, ya que Jerez destacaba en la confección de sillas o monturas vaqueras al combinar un elemento rígido –como puede ser el hierro– junto con otros más flexibles –como la paja, la lana o el centeno para su relleno–, que eran cubiertos y decorados con pieles de vaca, de toro y hasta con cuero de becerro de gran calidad. También eran notables las ornamentaciones que se realizaban sobre los zahones, trabajados manualmente con herramientas como la lezna, las agujas, los punzones, la media luna y el sacabocados. Este prestigio provocó que hubiera muchos más talleres de los que vemos en la actualidad en la ciudad, pero no debemos olvidar que este oficio, ligado al campo, no estaba dirigido solo al trabajo de lujo sino también al día a día de las labores del campo.

Será en el siglo XIX cuando se conforme el oficio con las características que vemos hoy en día, debido a que pasa a tener un sentido más amplio que el meramente utilitario, pero, por otro lado, sufrió un progresivo declive, ya que la ganadería se vio desplazada por la maquinaria. El oficio tradicional y artesanal fue decayendo y algunos de los procesos de la producción fueron sustituidos por la elaboración mecánica para ahorrar costes. Esto, sumado a la ausencia de documentación, ha relegado al práctico olvido algunas de las formas de trabajo más tradicional de este oficio.

En estos tiempos, se ha perdido buena parte de esta tradición artesanal y ello ha supuesto que no se preste tanta atención a los finos detalles de las piezas de las guarniciones –como el bocado– y esta falta de conciencia supone un detrimento del bienestar del caballo y, como consecuencia de ello, de la calidad de la equitación, pues no olvidemos que cada animal es único. No es lo mismo producir de forma seriada las diferentes guarniciones que trabajar pensando en las características concretas del animal.

Es a día de hoy cuando se intenta recuperar la raíz de oficios como este que pueden ser dirigidos no solo hacia el mercado tradicional sino también hacia el turismo, ya que conforma una actividad íntimamente ligada a uno de los atractivos de nuestra ciudad, el caballo.

 

Bibliografía

  • Asociación para el Desarrollo de la Zona Rural de la Campiña de Jerez. Artesanías de Jerez. La Barca de la Florida.
  • De Padilla, Gonzalo. Historia de Xerez de la Frontera. Del XIII al siglo XVI. AGRIJA, 2009.
  • Hartley Edwards, Elwyn. El Bocado. Teoría y práctica. 1994.
  • Steinke, Robert. Harness Making. A Step- by- Step Guide. Jane Lake, 2004.
  • Rodríguez y Zurdo, José. Manual del sillero y guarnicionero.
  • Sanz Parejo, José. El caballo Español de Estirpe Cartujana. Madrid: Marbán Artesanías, 1992.

 

 

Agradecimientos a la Fundación de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre.

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