Ayer y hoy de la mujer en el cante

Pastora Pavón, «La Niña de los Peines»

 

Por Manuel Ríos Ruiz

Desde los albores de la historia conocida del arte flamenco, la mujer ha estado presente en el cante con cierta significación. Los nombres de La Pilí, La Jacoba, La Lola, Ana y Antonia la Lora, gaditanas, han quedado en los anales del género como cantaoras legendarias punteras, según la tradición oral. Sus valores artísticos debieron ser importantes y expresados en público, de lo contrario nadie las habría recordado. Y sin salir de la comarca gaditana, se erige un nombre artístico destacadísimo, el de María Borrico, realmente llamada María Fernández Piña (siglo XIX), siguiriyera genial y hermana del cantaor El Viejo de la Isla. A la que seguiría en fama Josefa Díaz, artísticamente Pepa Oro, hija de matador de toros. Esta singular y bella mujer triunfó en América y se le considera creadora del cante por colombianas. De su misma generación, Luisa la del Puerto, aplaudida en los cafés cantantes. De Sanlúcar de Barrameda aparecen en el panorama cantaor del siglo XIX María la Mica, gran siguiriyera y creadora del denominado cante de Las Mirris, y su hermana Pepa la Bochoca, de la familia de los Vargas. Y de Huelva, la célebre La Parrala, motivo de coplas por circunstancias vitales.

Al unísono, en Jerez de la Frontera, lucían cantaoras del rango de Tía María la Jaca, Tía Salvaora, María la Regalá, La Lobata, Candelaria Fernández, La Geroma, La Loca Mateo, Curra la Sandita y La Junquera, que actuaron en los cafés cantantes del siglo XIX, poniendo de relieve un amplio repertorio estilístico. Y les sigue en celebridad y maestría Merced Fernández Vargas, La Serneta (1834-1912), creadora de una forma por soleá y figura reconocida como magistral aquende y allende Despeñaperros. Sus coplas, muy populares, entre ellas la siguiente: «Quitarme de que te quiera/ es quitarme la salú,/ porque, a la callá, callando,/ mi alma la tienes tú». Copla de mujer, que han interpretado cantaoras posteriores abundantemente, como La Sorda y La Serrana, hijas del mítico Paco la Luz. La segunda fue la primera cantaora en grabar en disco.
Mientras por la parte de Málaga, en la misma época, surgieron Anilla la de Ronda, que además era guitarrista; La Trini, con malagueñas personales; La Águeda y Paca Aguilera —que realizó una apreciable discografía—, consideradas sucesoras de la maestra anterior. Otras cantaoras malagueñas del siglo XIX que podemos recordar fueron La Bocanegra, La Brígida, La Camisona, La Pirula, La Antequerana, La Faraona, La Chirrina, La Chilanga, La Juanaca, La Nena, María Tacón, Joaquina Payans, La Perla, Rita Ortega…, requeteaplaudidas en su comarca.

Después, nacidas en diversas comarcas cantaoras andaluzas, dejaron sus cantes en la discografía de pizarra, dando razón de su calidad, entre los siglos XIX y XX: Niña de la Alfalfa, Luisa la Pompi, La Andalucita, Luisa Requejo, Lola Cabello, La Rubia, Gloria Romero, Encarna la Finito, Niña de Jaén, Niña de Patrocinio, La Salerito, Señora Soler, La Trianita, La Pastora, Rosario la Cordobesa, La Pompi, Gracia de Triana, María la Clavellina, La Trinitaria, Estrellita Castro y La Rubia de las Perlas.

Y llegamos a Pastora Pavón Cruz (Sevilla, 1890-1969), hermana de los cantaores Tomás y Arturo Pavón. Esposa del cantaor Pepe Pinto y artísticamente llamada «La Niña de los Peines», nombre cartelero debido a que en sus comienzos cantaba una copla por tangos que empieza diciendo: «Péinate tú con mis peines…», copla que se hizo popularísima cuando, siendo todavía una niña, actuaba en la Taberna de Ceferino de su ciudad natal, desde donde pasó a los principales tablaos de la geografía española. Considerada la cantaora más importante de la historia de su arte, fue amiga de Manuel de Falla, Federico García Lorca —de quien interpretó por bulerías las coplas llamadas lorqueñas— y del pintor Julio Romero de Torres, que la reflejó en uno de sus lienzos. Su figura y su cante ha sido cantada por numerosos poetas y su discografía, muy amplia, abarca más de setenta cantes. Puede decirse que ha creado escuela y está valorada como la gran maestra de todos los tiempos. El poeta y flamencólogo Ricardo Molina escribió: «Pastora es la encarnación misma del cante flamenco, como Bach lo fue de la música. Genios de la talla de esta gitana aparecen en la historia de tarde en tarde. Pastora es una figura pontificial que une a través de su personalidad el pasado ilustre con el presente renacimiento».

Otra cantaora magistral fue Isabelita de Jerez (1895-1935), así como su paisana Tía Anica la Piriñaca (1899-1987), largas de estilos y muy personales en sus interpretaciones. Sevillana de La Puebla de Cazalla, La Ñiña de la Puebla (1909-1999), al igual que las anteriormente citadas, ha dejado en la discografía su amplio repertorio, destacando sobremanera en su versión de los campanilleros, así como en los aires fandangueriles de distintas comarcas, sin menoscabo de sus saberes en los cantes básicos. Y maestra de la soleá y sucesora en este estilo de La Serneta, Fernanda de Utrera (1923-2007) ha sido la cantaora más jonda de su generación, poseedora de una voz afillá conmovedora hasta en los fandangos, los tangos y las bulerías. Y gran festera su hermana Bernarda (1927-2008). Coetánea de ellas, La Perla de Cádiz (1925-1975), maestra de los estilos de su tierra, a los que les injertó su concepción personal, considerándose que ha tenido un seguimiento interpretativo en cantaoras posteriores.

Una gran acogida de público y crítica tuvo en su debut madrileño, concretamente en el tablao El Corral de la Morería, en 1957, Francisca Méndez Garrido, La Paquera de Jerez (1934-2004). Desde aquella fecha, su popularidad sería máxima, desarrollando una trayectoria triunfal por teatros y festivales, creando un estilo por bulerías verdaderamente tan jondo como brillante. Y no hay que olvidar que los primeros discos de La Paquera de Jerez sonaban continuamente en las emisoras de radio, no solamente en los programas especializados, sino también en aquellos tan populares de los discos solicitados y dedicados, por lo que era conocida en toda la geografía española por su voz inconfundible.

Igualmente muy popular, a la malagueña La Repompa (1937-1959) se le recuerda como una cantaora sumamente original, especialmente por tangos. En cuanto a la sanluqueña María Vargas (1947), puede decirse que es una de las intérpretes más completas del acervo cantaor. Lo que también puede aplicarse a Carmen Linares (Linares, 1951), cuyo dominio de los estilos es admirable. Sin olvidar a las recientemente desaparecidas María la Burra y Adela Chaqueta. A estas grandes cantaoras, hay que añadir los nombres de Perlita de Huelva, Remedios Amaya, Ana Reverte, Aurora Vargas, Inés Bacán, María Soleá, Tina Pavón, La Cañeta, Paqui Corpas, La Susi, Mayte Martín, Esperanza Fernández, Ginesa Ortega, Mariana de Cádiz, La Macanita, Niña Pastori y Estrella Morente, cantaoras consagradas, que lo mismo que las maestras reseñadas, poseen una discografía que pone de manifiesto sus valores artísticos de forma determinante.

Y nuevas cantaoras continúan surgiendo en el panorama actual del cante flamenco, entre ellas: Elu, Carmelilla Montoya, Montse Cortés, Argentina, Marina Heredia, María Toledo, Dolores Agujetas, Encarna Anillo, Montse Pérez, Elena Andújar, Nazaret Cala, Sonia Miranda…, cantaoras que tienen su cartel y demuestran que la presencia del cante de mujer prosigue vigente con mayor número de voces que nunca. Y lo que es más importante, apareciendo con fuerzas renovadas, porque frente a las fusiones tan en boga, la mayoría de las nuevas cantaoras mantienen las características del cante tradicional. La mujer en el cante flamenco ha competido siempre con una profesionalidad digna de encomio, desde las primeras cantaoras surgidas en las postrimerías del siglo XVIII hasta la actualidad, interpretando todas las formas flamencas.

 

Este artículo pertenece al archivo de Triste y Azul.

La Andalucía recupera el archivo de Triste y Azul: Flamencos Cabales en la Red.

Desde La Andalucía, vamos a rescatar las crónicas, los trabajos de investigación y el archivo completo de Triste y Azul: Flamencos cabales en la red, uno de los primeros espacios de Internet dedicado exclusivamente al flamenco.

Triste y Azul fue fundado por Manolo Chilla desde Buenos Aires, tierra que acogió a este jerezano forzado a emigrar en 1953. «Lolo» encontró en el flamenco una vía de comunicación con su tierra, Andalucía, desarrollándose como crítico e investigador flamenco. Rescatamos el archivo de Triste y Azul, perdido en la red durante estos últimos años, en homenaje a Manuel Chilla González, fallecido en Buenos Aires en septiembre de 2015, y a todos los que lo hicieron posible, sus colaboradores y sus técnicos.

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