Argentina, ¿era flamenca?

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Manolo Yglesias, tocaor madrileño afincado en Argentina (Foto: guitarrasdelmundo.com)

 

La Andalucía recupera el archivo de Triste y Azul: Flamencos cabales en la red

Desde La Andalucía, vamos a rescatar las crónicas, los trabajos de investigación y el archivo completo de Triste y Azul: Flamencos cabales en la red, uno de los primeros espacios de Internet dedicado exclusivamente al flamenco.

Triste y Azul fue fundado por Manolo Chilla desde Buenos Aires, tierra que acogió a este jerezano forzado a emigrar en 1953. «Lolo» encontró en el flamenco una vía de comunicación con su tierra, Andalucía, desarrollándose como crítico e investigador flamenco. Rescatamos el archivo de Triste y Azul, perdido en la red durante estos últimos años, en homenaje a Manuel Chilla González, fallecido en Buenos Aires en septiembre de 2015, y a todos los que lo hicieron posible, sus colaboradores y sus técnicos.

 

Manuel Chilla González

Argentina, y principalmente Buenos Aires, fue siempre la mejor plaza flamenca que hubo en América. Aquí se difundía el buen y más puro Cante Jondo. Desde principios del siglo XX, con la masiva afluencia de emigración andaluza, llegaron buenos aficionados y también profesionales que se afincaron por estas tierras. Después, en tiempos de la Guerra Civil, fueron muchos los que se tuvieron que exiliar, no sólo gente del flamenco sino muchos artistas, poetas e intelectuales que dieron mayor difusión a toda nuestra cultura andaluza.

En los años que van desde el 40 hasta los 70, las giras y actuaciones de artistas flamencos eran normales en la vida cultural. Aquí se vivían tiempos prósperos y se trabajaba bien. Sin embargo, en España eran tiempos de posguerra difíciles y penosos y los flamencos eran muy bien considerados. Por aquí ha desfilado lo más granado del arte flamenco.

Tuvimos la suerte de que se quedara para siempre la exquisita guitarra de Esteban de Sanlúcar. La compañía de Manolo Caracol y Lola Flores era un clásico anual. Posteriormente Manolo Caracol, ya sin «la Faraona», nos visitó varias veces con su espectáculo Las Caracolas con su hija Luisa Ortega. También Lola Flores con «el Pescaílla» nos hicieron varias visitas. Pilar López con su ballet, en el cual venía un muy buen bailaor llamado Félix Paredes, otro de los que se quedaron en este país. Rosario y Antonio, en pareja y después con sus respectivas compañías. Un gran cantaor como fue Jesús Perosanz nos visitó en un espectáculo inolvidable con la Paquera de Jerez y Rafael Farina, infinidad de primeras figuras del cante jondo como Fosforito o bailaores de talla, la lista es interminable.

Por los escenarios de Buenos Aires han desfilado cantaores como «el Pena», Manuel Mairena, Juanito Valderrama, José Mercé, Antonio Molina, el Chato Valencia, Pepe Valencia, Angelillo, «el Niño de Utrera», «el Niño León», el inolvidable Camarón… Varios de ellos quedaron por aquí, guitarristas como «el Niño Posadas», Pepe Molina, Juanito Sánchez, Juan José Cortés, Pedro Cortés, «el Morito», el gran Mario Escudero, Pepe Monreal… Bailaores de gran prestigio como el Guito, el Mimbre o Enrique el Cojo, Curro Terremoto, el que también quedó por varios años entre nosotros.

Existían por aquellos años dos empresas, Bronce y Sol y La Copla Andaluza, que se ocupaban de traer espectáculos flamencos y artistas de forma individual, siempre traían a los más exitosos del momento. Ellos fueron los responsables de mantener vivo el sabor flamenco de estas tierras, que nos ayudaba mucho a los emigrantes que tanta añoranza teníamos de nuestra Andalucía.

Gracias a los excelentes maestros que por aquí se quedaron (Francisco Marrodán, el maestro Zarzoso, Agustín Demingo, Balaguer, Díaz, Colero…) y a las continuas visitas de primeras figuras, se dieron buenos artistas argentinos, principalmente en baile y toque como el bailaor Morenito de Granada y el guitarrista Alberto Torres que, en la cumbre de su carrera, tuvo que dejar de tocar por una enfermedad. Y así muchos otros. Fueron épocas en que Buenos Aires respiraba y vivía flamenco y Andalucía.

Pasaron los años y con ellos, la bonanza económica y otros avatares políticos dejaron mermado el ambiente que se vivía tiempo atrás. La afición al flamenco se mantiene gracias a unos cuantos cabales, entre los que modestamente me incluyo. Las visitas de los primeros figuras siguieron siendo cada vez menos y distanciadas. Por ejemplo, en 1998 tuvimos la de Paco de Lucía y Tomatito y en el 99, nuevamente a Tomatito y Cristina Hoyos, ambas actuaciones de un solo día. Unicamente Paco de Lucía es capaz de llenar un teatro por dos dias, así que los empresarios no se arriesgan a traer a otros artistas y perder dinero.

Actualmente en Buenos Aires funcionan aproximadamente unos quince tablaos, aunque los espectáculos dejan mucho que desear. La cuestión es que el público se divierta, por lo tanto el flamenco de verdad no tiene cabida, pero ya sabemos que la palabra mágica atrae a personas que no tienen ninguna afición, y eso degenera el ambiente. Los artistas se entregan a estos espectáculos por cuatro duros, pero al no haber otros cauces, tienen que hacer de tripas corazón.

Escuelas de toque prácticamente no hay. Los pocos guitarristas que enseñan lo hacen de forma que después no saben acompañar un cante o baile. En cuanto a baile, existe, por decirlo gráficamente, una plaga. La cuestión es que cualquiera que termina sus estudios básicos de danza monta su academia particular, siendo muy pocos los que realmente pueden enseñar y formar a un futuro bailaor o bailaora. Últimamente han venido profesores de prestigio desde España y los que económicamente se lo han permitido han aprovechado para impartir clases con una mayor profesionalidad. Destacamos a la Tati, Manolo Marín, Juan Paredes, Miguel Cañas, la China, Rafael Amargo y Antonio Ortega.

El cante es la faceta del flamenco que está peor por estas tierras. Al no haber tradición, no se «mama» ni se puede aprender como se debe. Al aficionado al cante hay que educarle la voz, y sólo lo hace el que chanela algo de cante, pues la voz propia es una condición necesaria para que el cantaor suene flamenco, de otra forma suena a lírico u operístico o a cualquier cosa.

No existen comercios donde poder encontrar artículos flamencos. Algunas veces, por equivocación, traen algo interesante. Otras veces, las discográficas editan algo que saben que se va a vender. Así que casi todo lo tenemos que pedir a España. Menos mal que Internet nos mantiene informados, siendo un punto importante para seguir manteniendo la afición y el contacto con los aficionados de otros lugares del mundo.

Que la prensa se ocupe del flamenco es un acontecimiento, lo mismo que haya un terremoto. Por ejemplo, el último disco de Camarón de La Isla, grabado en París en vivo en 1987, tuvo una pequeña reseña en el diario El Clarín, el de más tirada en la República Argentina, en la edición del 19-1-2000 meses después de su publicación. Esa es la importancia que la prensa le da al flamenco en Buenos Aires. De los espectáculos que se producen y se presentan aquí, las críticas suelen ser todas muy buenas, nada más lejos de la realidad.

Todavía quedan reductos donde los flamencos podemos practicar y disfrutar de nuestra afición. Son las Instituciones Andaluzas que la colectividad posee en distintos puntos del país. En ellas, se hace lo que buenamente se puede, debido como siempre a las dificultades económicas. De la Junta de Andalucía se reciben ayudas, pero lamentablemente con eso se hace poco o nada. Creemos que la Junta debería crear una serie de giras con artistas de calidad para que el flamenco tenga la difusión y el desarrollo que se merece.

No todo son penas, en Buenos Aires todavía tenemos algo rescatable. En baile aún está en actividad, Jorge Luis «el Chino» (padre de Adrián Galia), con mucha presencia en escena y buen coreógrafo junto a su compañera Conchita España, que, aunque viniendo del clásico, no deja de ser una buena bailaora. Otros nombres son Alicia Fiuri, Sibila, Graciela Ríos Saiz o Néstor Spada. En guitarra tenemos dos muy buenos tocaores, Manolo Yglesias, madrileño llegado con muy poca edad a la Argentina, de manera que está formado artísticamente aquí y también Quique de Córdoba, no la de Andalucía sino la Córdoba de aquí. En el cante, lamentablemente sólo nos queda un cantaor de pura estirpe flamenca, Rafael de Triana, que todavía guarda los cantes de su tierra, aunque su carrera artística la ha realizado en Argentina, donde debutó como cantaor profesional en el ballet de Ángel Pericet en Montevideo en el año 1963. Desde aquel momento, no ha dejado de actuar en giras por América y en los escenarios de Buenos Aires y otras ciudades del país, tanto en tablaos como instituciones españolas y andaluzas o en televisión. Un dato curioso, Rafael emigró de España en 1958 como mecánico de oficio, las vueltas que da la vida.

Las diferencias que hay entre el flamenco que se practica en Argentina y el que se hace en España es brutal por una lógica fundamental: el flamenco refleja vivencias del pueblo, es un sentimiento y hay que vivirlo, si no se vive y no se hace, en origen tiene otro sabor. Se nota mucho cuando viene una bailaora como Cristina Hoyos y después, uno ve la actuación de otra bailaora formada aquí. Por bien que baile, nunca será igual. Por ese motivo, las profesionales que pueden hacerlo, procuran ir la mayor cantidad de veces posibles a España a perfeccionarse y aprender, pero principalmente a respirar el «aire», porque allí es donde está el «duende». La llegada de buenos maestros a dar clases ayuda, pero no soluciona todo el problema.

A pesar de todo, soy optimista. Últimamente el entusiasmo que ha tomado en la juventud el flamenco es muy grande y si nos preocupamos de que esa savia crezca con fundamentos serios, estoy seguro de que volverá a lo que siempre fue: un flamenco puro de calidad de origen hecho en Argentina.

Este artículo fue publicado en Triste y Azul en el año 2000

 

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