Andalucía, una tierra colonizada para que nadie proteste

 

José Ruiz Mata

La mayor conquista que puede realizar un pueblo invasor sobre otro conquistado es arrebatarle su historia, disolver su cultura, anular sus señas de identidad. De esta forma, se consigue la unidad de una patria inventada, se anulan los derechos, se aplasta cualquier conato de subversión.

Para lograr este propósito, se modifican o inventan hechos históricos, se repintan nuevos blasones, se ridiculiza la cultura popular del pueblo dominado y las señas de identidad, más arraigadas y de difícil anulación, son adoptadas por el dominante como propias.

Los primeros en sumarse a esa apropiación son las elites económicas y educativas, las primeras, para continuar con sus beneficios y poder; las segundas, para obtener las prebendas que las conviertan en los dirigentes de la cultura oficial.

Esto es lo que ha pasado y pasa en Andalucía, donde ni siquiera la fauna y la flora nos son propias, todo ha venido de algún otro lugar como si nuestra tierra hubiera sido un páramo. Donde a cualquier yacimiento arqueológico que muestre un cierto grado de civilización se le buscan unos autores extranjeros. Del megalitismo ni se habla. Tartesos, según algunos historiadores oficiales, o no existió o es producto de unos fenicios que vinieron de oriente. Alándalus es una creación árabe que consiguieron expulsar los españoles tras la supuesta Reconquista.

No quieren ver que Alándalus fue de esencia hispano-romana, que si la religión oficial era la musulmana, la cultura que de él emanaba era occidental. El califato de Córdoba fue heredero directo de Baetica romana, por eso tuvo su capital en esa ciudad. Alándalus, primer Renacimiento que conoció Europa, no fue un producto de camelleros venidos de los confines del desierto. Alándalus, por mucho que les pese a algunos, sigue corriendo por nuestras venas porque es la manifestación de nuestra cultura.

Nos quieren hacer creer que nada es nuestro, que nada actual pertenece a nuestros antepasados, que nuestra historia empieza con la conquista castellana, que todos los actuales andaluces somos fruto de repoblaciones cristianas, para tener como resultado previsto que nuestra historia es la de Castilla, que somos castellanos.

Nos quitaron el idioma, que pasó a llamarse castellano porque así lo quiso Alfonso X, rey de Castilla, no porque fuera suyo en exclusiva. Pero no quieren reconocer que el castellano es la evolución de la algarabía, el idioma que se hablaba en Alándalus, y que era una mezcla entre lengua romance y árabe. Y para no tener que explicar lo evidente, que la lengua española está plagada de palabras que vienen directamente de la algarabía, en el diccionario de la lengua española estas palabras, en su mayoría, tienen la anotación etimológica: «de origen desconocido» o de cualquier otro idioma traído por los pelos.

Dicen que el flamenco, una de nuestras mayores señas de identidad, cuyo origen se puede remontar a tiempos muy pretéritos de nuestra historia, es una creación del pueblo gitano que vino de la India, como si allí se cantara algo parecido al flamenco, como si un gitano que no sea andaluz pudiese cantar flamenco. El flamenco, que se enteren de una vez, es ancestral y transmitido desde Alándalus por los moriscos, no por los gitanos.

La copla andaluza ha pasado a denominarse canción española, como si se pudiese dar en cualquier otro lugar de la Península. El toreo, algo neta y ancestralmente andaluz, cuyos rituales se pierden en la noche de los tiempos, ha pasado a llamarse Fiesta Nacional.

Andalucía es una tierra colonizada culturalmente para la mejor explotación de sus recursos, para dominar mejor a sus habitantes, para que nadie proteste.

Anuncios

1 Comment

Deja un comentario