Alcazaba de Málaga

 

Por Miguel Bueno Jiménez, «Piedra»

Fenicia, romana, visigoda, bizantina, musulmana, cristiana y de los turistas. Siempre unida a los avatares de la ciudad, que llegó a integrarla tanto en su casco urbano que casi la hizo desaparecer rodeada de viviendas hasta fechas muy recientes.

Nosotros hemos conocido las casas adosadas a la muralla en el actual paseo de Don Juan Temboury, que recibe el nombre del gran restaurador de la Alcazaba a partir de los años cuarenta del siglo XX.

Como anécdota, podemos contar que mi madre vivió, sobre los años treinta, en una de dichas casas, vecina a la del poeta Salvador Rueda, y mis tíos usaban como campo de fútbol el vecino solar del actual Banco de España.

Un poco antes, en la segunda década del siglo VIII, se inicia la historia musulmana de la Alcazaba al ser levantada por Badis-Maksan en los primeros años de la conquista árabe. En tiempos del primer emir del al–Ándalus, Abd al-Rahman I, se mejora su estructura y murallas. Tras la caída del Califato en 1026, se convierte en fortaleza-palacio de los reyes de Taifas de Málaga y en 1238, pasa a ser residencia del gobernador del Reino nazarí de Granada, hasta que el 19 de agosto de 1487, tras un largo y cruento asedio, cae en manos de los denominados Reyes Católicos.

 

Fotos del interior

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Fotos del exterior

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Este artículo fue publicado originalmente en el espacio de Piedra en una primera y segunda parte

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