28F. De recuerdos y manipulaciones

Recuento del 28F

 

Héctor J. Lagier

Andalucista militante

Zaragoza, febrero de 2018

 

Recuerdo mi barrio, El Tardón —ese al que canta Manuel Molina—, lleno de banderas andaluzas que atestaban esos balcones diminutos rebosantes de geranios y gitanillas.

Me recuerdo junto a mi amigo, portando la blanquiverde de brazalete en nuestros chaquetones, hacía frío, tal como ahora; y como poco a poco el colegio se llenó de más brazaletes, de más cintas que anudaban las coletas de las chiquillas que jugaban en aquel patio de albero.

Recuerdo la sensación de que algo importante estaba pasando, las conversaciones apasionadas de los adultos a las que poco a poco me iba sumando, tímidamente.

Recuerdo un febrero frío pero con la luz de Andalucía más resplandeciente que nunca.

También recuerdo puños cerrados, lágrimas de tíos como carros, gritos, miradas y palabras quedas, ¿y ahora qué va a pasar?, de una noche del 28 de febrero de 1980 allá junto al Parque de María Luisa, en el Casino de la Exposición; mirando esa pizarra imposible que paradójicamente hoy está colgada en Dar al-Farah (la casa de la alegría de nuestro Don Blas), como testigo mudo de un referéndum que se perdió en votos pero que se ganó en legitimidad.

Estos son retazos de vivencias que se han quedado en mi memoria; no admiten tergiversación, ahí están de forma clara y como parte de mi experiencia vital.

Pero el resto de la historia sí admite tergiversaciones, manipulaciones; las que durante décadas se han realizado impunemente y que es necesario rememorar para que la verdad sea tan nítida como los recuerdos. Las que, entre muchos, tenemos que desmontar, reiteradamente si es necesario, para que la historia no la reescriban los poderosos.

Vayamos a ello.

El 28 de diciembre de 1979, pasados los referéndums catalán y vasco, UCD y PSOE aprueban con sus votos la Ley Orgánica de Modalidades de Referéndum que obligaba a que cada provincia, individualmente, ratificara por mayoría absoluta no de votantes sino del censo electoral. Es decir, dos partidos que en su momento habían apoyado las movilizaciones el 4 de diciembre de 1977 aprobaban una ley orgánica que estaba pensada para impedir el acceso del resto de las regiones y nacionalidades a la autonomía por la vía rápida y plena del artículo 151 y derivarlas por la vía lenta e incompleta del 143. Y por supuesto, esta ley iba diametralmente en contra de Andalucía, que había dado todos los pasos para conseguir la autonomía plena a través del 151. Fue un verdadero pacto de Estado entre los dos partidos mayoritarios para agilizar las autonomías vasca y catalana y ralentizar o incluso impedir el resto.

Posteriormente UCD tomaba la opción de aquel «andaluz, este no es tu referéndum», pidiendo la abstención o el voto en blanco, al igual que Alianza Popular, de la cual es heredero directo el Partido Popular.

Semanas antes del referéndum, se producían las sonadas y mediáticas huelga de hambre del Presidente de la Junta Rafael Escuredo y dimisión como ministro de UCD de Manuel Clavero.

El referéndum que se celebró aquel mítico 28F estuvo marcado por una feroz campaña en contra del Gobierno del Estado, con las condiciones leoninas ya comentadas, con un censo inflado y retocado, una campaña especialmente corta, una pregunta inverosímil…. Y aun así, el 55,42% del censo andaluz votó que sí,… pero Almería se quedó en el 48, 98%. El referéndum, legalmente, se había perdido.

Había habido una victoria moral y política pero la situación estaba bloqueada.

En un principio, digan lo que digan, tanto la UCD como el PSOE dieron por zanjado el asunto. Posteriormente socialistas y comunistas se decantaron por intentar la repetición de la votación en Almería. El PSOE había visto la debilidad de la UCD y estaba dispuesta a sacar el mayor rédito político posible a la situación; recordemos, el mismo PSOE que, pactando una ley de referéndum restrictiva, había entorpecido y bloqueado la posibilidad de acceso a la autonomía plena.

Significativa la declaración de Manuel Clavero a Diario 16 en 1989: «Rafael Escuredo me comunicó la intención de la Junta de Andalucía de seguir con el proceso autonómico por el artículo 143…». Y también la de José Rodríguez de la Borbolla (secretario general del PSOE-A): «al PSOE le tiene sin cuidado la reforma de la legalidad vigente en cuanto a la regulación de los referéndum autonómicos, porque es una operación política carente de operatividad».

Para los socialistas, por lo menos para sus órganos ejecutivos, lo importante era capitalizar el previsible hundimiento electoral de la UCD en Andalucía, no precisamente el que alcanzara el 151.

Los grupos socialista, comunista y andalucista propusieron la reforma de la ley orgánica sobre referéndum para que se pudiera repetir la votación en Almería; fue rechazada con los votos del centro derecha.

En junio del 80, el Grupo Parlamentario Andalucista presenta una propuesta de reforma constitucional sobre el artículo 151 para desbloquear la situación; su propuesta es rechazada con los votos del centro derecha y de las minorías vasca y catalana.

En septiembre de 1981, Adolfo Suárez presenta una moción de confianza en el Congreso de los Diputados, en respuesta a la moción de censura presentada y perdida por Felipe González meses antes. Los andalucistas pactan con el Gobierno su voto favorable a cambio de utilizar el artículo 144 de la Constitución para desbloquear el camino de la autonomía plena del 151. El 144 contempla la posibilidad de que «por motivos de interés nacional» la Cortes Generales puedan declarar sustituida la iniciativa autonómica en una provincia. Se trataba de un artículo pensado para Ceuta y Melilla que encajaba perfectamente en aquellas circunstancias y que garantizaba el acceso de Andalucía a la misma autonomía que detentaban ya Catalunya y Euskadi.

Estos son los titulares de la prensa el día después, 18 de septiembre:

El Correo de Andalucía: «Andalucía tendrá autonomía plena».

Ideal de Granada: «Martín Villa aceptó todas las condiciones de Rojas Marcos».

ABC: «Andalucía tendrá autonomía plena».

El País: «La autonomía andaluza se negociará de modo similar a la vasca y a la catalana».

Diario 16: «Rojas-Marcos recuperó el 28 de febrero».

Sin embargo, este éxito del andalucismo no le sentó nada bien al PSOE; inmediatamente pusieron en marcha una demoledora campaña tachando a los andalucistas de traidores, aquella famosa escena del sofá con Martín Villa, y comparando y asimilando el 144 al 143.

Es cierto que, desgraciadamente, el andalucismo político se ha caracterizado por cometer numerosos errores, pero precisamente este no fue uno de ellos, sino todo lo contrario.

Mientras, en el Congreso de los Diputados el 23 de octubre de 1980, se presentaba una propuesta conjunta de los grupos centrista, socialista, comunista y andalucista que definitivamente desbloqueaba el proceso autonómico andaluz:

«Las Cortes Generales, por los motivos de interés nacional a los que se refiere el Título VIII de la Constitución declara sustituida en esta provincia (Almería) la iniciativa autonómica con objeto de que se incorpore al proceso autonómico de las otras provincias andaluzas por el procedimiento del artículo 151 de la Constitución».

Es decir, se utiliza la vía del 144 sin mencionarlo, ya que la citada referencia del Título VIII sobre «motivos de interés nacional» sólo se hace en el artículo 144. Y es una interpretación extensiva de este artículo la que permitió que Andalucía prosiguiera su camino por la vía del 151; justo lo que el Grupo Parlamentario Andalucista había pactado con la UCD y justo lo que el PSOE tachaba como traición a Andalucía.

Este giro propiciaría que el PSOE se atribuyera el desbloqueo de la situación y siguiera adelante con su campaña de intoxicación sobre el PSA de entonces y Partido Andalucista de después. Intoxicación que siguió utilizando durante lustros y que le vino de perlas para mantener a raya a un partido que había conseguido cinco diputados y el 11% de los votos en Andalucía en las elecciones del 79; votos y escaños que al Partido Socialista de la época le eran vitales para alcanzar el gobierno del Estado, como así fue con el hundimiento de la UCD en el 82.

Esta es la falacia en la que el PSOE ha basado su poder durante décadas en Andalucía, la leyenda del partido que trajo la autonomía, la falsa leyenda del mismo partido que pactó una ley orgánica que relegaba a nuestra tierra a una autonomía de segunda, que, como siempre, supeditó sus intereses electorales a los intereses comunes de los andaluces y que basó su ascenso en la mentira continua. Ya es hora de desmentir a los que reescriben y manipulan la historia. Y decir la verdad, tan nítida como nuestros recuerdos.

Y ahora llega otro 28F y Andalucía vuelve a estar en la casilla de salida, y ahora no existe ni un solo diputado andalucista, que ejerza como tal, en el Congreso de los Diputados de Madrid.

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